El acontecimiento renovador de Aparecida
Indice general
Presentación
Núcleos temáticos
Aportes para la reflexión - Temas Sociales
Discípulos misioneros para la Comunión de Vida en el Amor de Cristo. Promoviendo la integración de los pueblos de América Latina y del Caribe (Pbro. Dr. Carlos María Galli)

Las Conferencias Generales del Episcopado Latinoamericano se están realizando casi todas las décadas, a partir de 1950. Son muchos días de profunda reflexión sobre la situación social y eclesial del Continente, para intentar ofrecer una respuesta como Iglesia latinoamericana. Allí numerosos obispos de los diversos países se reúnen a dialogar con la compañía y la ayuda de muchos sacerdotes, religiosos/as, laicos/as y también no católicos.

La Conferencia de Río de Janeiro (1955) se concentró brevemente en la pastoral vocacional y en la formación de los sacerdotes. La convocó el Papa Pío XII.

La Conferencia de Medellín (1968) pensó la transformación de América Latina. Fue un efecto latinoamericano del gran Concilio Vaticano II. Aunque trató muchos temas se recuerda por el fuerte impulso que dio a la lucha por la justicia. La convocó y la inauguró el Papa Pablo VI, y fue la primera vez que un Papa vino al Continente americano. Creó un fuerte espíritu latinoamericano y despertó una intensa sensibilidad social.

La Conferencia de Puebla (1979) fue la recepción creativa de Evangelii Nuntiandi y de su propuesta de evangelizar la cultura. Se considera muy logrado su aporte sobre la cultura popular. Puso un fuerte acento en “la comunión y la participación” y revalorizó la religiosidad popular. La convocó el Papa Pablo VI, pero la inauguró Juan Pablo II. Tuvo bastante impacto en la actividad evangelizadora, ayudó a la integración pastoral del Continente y enriqueció la reflexión con sólidos aportes.

La Conferencia de Santo Domingo (1992) recibió la llamada a una nueva evangelización de Juan Pablo II. Reflexionó nuevamente sobre la opción preferencial por los pobres y avanzó en el tema de la inculturación del Evangelio. También se detuvo en la reflexión sobre los 500 años de la evangelización de nuestro Continente. La convocó y la inauguró Juan Pablo II. Tuvo menos impacto que las dos anteriores, aunque estuvo fuertemente centrada en Jesucristo y destacó la necesidad de la promoción humana.

1. La nueva Iglesia de los pobres

La tradición de las Conferencias Generales del Episcopado de América Latina se inició con la I Conferencia convocada por Pío XII, que se celebró en Río de Janeiro en 1955. Fruto de aquella Conferencia fue la creación del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), instrumento de la comunión episcopal latinoamericana. Es muy importante el paso de la primera Conferencia (Río de Janeiro) a la segunda (Medellín), porque en el medio está un acontecimiento que fue como un terremoto: el Concilio Vaticano II. Allí participaron 600 obispos latinoamericanos. Ellos, entre 1962 y 1965, descubrieron que había mucho que cambiar en América Latina.

A los obispos latinoamericanos les llamaba la atención que en el Concilio se hablaba de la "Iglesia de los pobres" y de la "gran dignidad de los pobres en la Iglesia". Hasta ese momento no existía en América Latina una "teología de la liberación".

Para remover más el avispero, Juan XXIII dijo por la radio que “frente a los países subdesarrollados, la Iglesia se presenta tal como es, y quiere ser la Iglesia de todos, pero, particularmente, la Iglesia de los pobres".

Pero lo que terminó de conmocionar a muchos obispos latinoamericanos fue una intervención del cardenal arzobispo de Bolonia (Italia), Giacomo Lercaro, quien reclamó que al Concilio le faltaba "un principio vivificador y unificante" de todos sus temas. Y propuso este eje: "el Misterio de Cristo en los pobres, la eminente dignidad de los pobres en el Reino de Dios y en la Iglesia, y el anuncio del evangelio a los pobres". Dijo lo siguiente: "Esta es la hora de los pobres, de los millones de pobres que están por toda la tierra: esta es la hora del Misterio de la Iglesia madre de los pobres, esta es la hora del Misterio de Cristo en el pobre". Y pidió que el Concilio le diera prioridad a “la evangelización de los pobres"1. Cuando él concluyó, “la asamblea estalló en uno de los más vivos aplausos que ha conocido el Concilio".2

Cuando se clausuró el Concilio, el 7 de diciembre de 1965, el Papa Pablo VI dijo lo siguiente: "Quizás nunca como durante este Concilio se había sentido la Iglesia tan impulsada a acercarse a la humanidad que le rodea, para comprenderla, servirla y evangelizarla en sus mismas rápidas transformaciones… En el rostro de cada ser humano, sobre todo si se ha hecho transparente por sus lágrimas y dolores, podemos y debemos reconocer el rostro de Cristo (Mt 25,40)". 3

Después, el 24 de noviembre de 1965, Pablo VI reunió a la directiva y equipos del CELAM, y a todos los obispos latinoamericanos que participaban en el Concilio, y les dijo: "La súplica dolorosa de tantos que viven en condiciones indignas de seres humanos, no pueden dejar de afectarnos, venerables hermanos, y no pueden dejarnos inactivos ". 4

Cuando, en 1968 se celebró la Conferencia de Medellín los obispos estaban decididos a tomarse muy en serio la situación peculiar de América latina. Allí se inició un camino sin retorno. Después, la Conferencia de Puebla reafirmó con fuerza la opción por los pobres (1134-1165), acentuando el respeto por la cultura y la religiosidad de los pobres (395-397; 413; 444-450). El Documento de Santo Domingo, aunque fue acusado de “tibieza”, no deja de hablar de la promoción humana" y de la solidaridad con los "nuevos rostros sufrientes" (178-181). También recoge "los desafíos de las culturas indígenas, afroamericanas y mestizas" (228-262).

Aparecida reafirmó la opción preferencial por los pobres con todas sus exigencias, entendiéndola como dimensión transversal a toda la pastoral, pero poniendo el acento en la necesidad de una cercanía más concreta y real.

2. Aparecida

Aparecida es una pequeña ciudad, situada 160 kilómetros al noreste de San Pablo. Una larga rampa permite llegar directamente desde el centro de la ciudad al santuario, que está más abajo. Recorriendo esa pasarela de más de trescientos metros se divisa la ciudad, el río que la rodea, el campo muy verde y los cerros, pero sobre todo se destaca el inmenso santuario. Es hermoso hacer este recorrido al atardecer, cuando comienzan a encenderse las luces de Aparecida y se oye a lo lejos el rumor alegre de los brasileros.

La V Conferencia se desarrolló en el santuario, lo cual brindó a los participantes una especial cercanía con la gente, la mayoría de ellos pobres, y con la piedad popular. Al mismo tiempo, otorgó un ambiente de oración y de recogimiento. El acontecimiento de Aparecida tuvo así unas notas de mucha vida, participación, fraternidad latinoamericana, espiritualidad, esperanza y preocupación por nuestros pueblos. Los que habían participado de la Conferencia de Santo Domingo decían que estábamos a “años luz”, porque en Aparecida había un clima de mucha mayor libertad, apertura, cordialidad y participación de todos. Igualmente dijeron que el documento recogía mucho más las preocupaciones de las Iglesias particulares y los nuevos desafíos, con un tono más positivo y alentador.

El documento final de la V Conferencia tiene una gran importancia. Si bien no es un documento para toda la Iglesia, tiene un valor y un peso muy grande para la Iglesia en América Latina y el Caribe. Es una orientación pastoral que todos los que trabajamos apostólicamente en América Latina y el Caribe estamos llamados a tener en cuenta para iluminar lo que hagamos y para vivir así un espíritu de comunión pastoral latinoamericana.

Más que ver cuáles son los variados temas que trata el documento, lo importante es percibir las grandes líneas que le dan forma. Hay que tener muy en cuenta que no es un libro escrito por una sola persona, que se sienta a pensar bien cada frase que escribe y redacta lo que a él le parece. Este es un documento hecho por más de 260 personas. Por eso no hay que ir a este documento a buscar frases o expresiones que a uno le gusten. Algunos leen una frase que no les agrada, y por eso ya tiran todo el documento a la basura, olvidando que lo que interesa aquí son las grandes propuestas. Mejor es descubrir los grandes acentos que resultaron de un proceso de mucho debate y participación. Este documento es el resultado de muchos días de discusión y de oración comunitaria para ir encontrando grandes coincidencias, algunos consensos fundamentales que nos unan a todos los que queremos evangelizar en América Latina y el Caribe. Por eso, lo que interesan aquí son las grandes líneas, los núcleos de fondo que estructuran el conjunto del documento y que permiten comprender el sentido que se quiere dar a las distintas frases y a los diversos párrafos.

3. Grandes ejes de Aparecida 5

La gran clave para entender el documento es el tema general de la V Conferencia: “Discípulos y misioneros de Jesucristo para que nuestros pueblos, en él, tengan vida”.

Podemos detectar en esta frase cuatro grandes ejes que marcan a fondo todo el documento: “discípulos – misioneros – ofrecer vida en Cristo – nuestros pueblos”.

a) El primer eje (discípulos) quiere destacar la necesidad de encontrarse personalmente con Jesucristo y seguirlo. Eso supone la oración personal, la lectura orante de la Palabra, y sobre todo que él sea el centro de nuestras vidas. Lo que se quiere acentuar es que los cristianos no sólo tienen que saber ideas, hacer cosas o cumplir normas, sino que ante todo están llamados a encontrarse con una persona que los ama y los salva: Jesucristo.

Este documento ha querido remarcar que todos somos discípulos (el Papa, los empresarios, cada ama de casa, etc.) y que siempre somos discípulos: uno siempre tiene que estar aprendiendo, escuchando cautivado a Jesucristo, dejándose iluminar por los demás, dejando que el Maestro le cambie los planes, etc.

Este desarrollo del tema “discípulos” muestra que la V Conferencia quiso detenerse particularmente en los “agentes”, porque se advierte que la nueva evangelización no será posible con cualquier tipo de agentes. Los verdaderos misioneros que cambien el mundo deben ser auténticos discípulos de Jesucristo y necesitan una espiritualidad sólida, un acompañamiento estimulante y una adecuada formación. Este documento otorga mucho más espacio a la espiritualidad y a la formación que los anteriores.

b) El segundo eje (misioneros) quiere destacar que todos somos misioneros y que siempre somos misioneros. El Papa, en su discurso inaugural, dijo con toda claridad que “discipulado y misión son como dos caras de una misma medalla”. Esto nos ayuda a entender bien el sentido de la formación. No es que primero tenemos que formarnos para después ser misioneros. Ya desde el primer encuentro con Jesucristo, si es verdadero, nos brota la necesidad de comunicarlo a los demás. La misión es parte inseparable del discipulado. Por eso, el tema de la misión también aparece por todas partes. Se destaca más en la tercera parte, pero está presente ya desde el comienzo.

Es más, en los capítulos dedicados especialmente al discipulado se deja bien claro que el discipulado es para la misión.
La conclusión del documento subraya el deseo de despertar la Iglesia “para un gran impulso misionero” y menciona la necesidad de una Misión Continental para “poner a la Iglesia en estado permanente de misión” (570). En el Mensaje a los Pueblos se dice: “Al terminar la Conferencia de Aparecida, en el vigor del Espíritu Santo, convocamos a todos nuestros hermanos y hermanas, para que, unidos, con entusiasmo realicemos la Gran Misión Continental. Será un nuevo Pentecostés que nos impulse a ir, de manera especial, en búsqueda de los católicos alejados y de los que poco o nada conocen a Jesucristo, para que formemos con alegría la comunidad de amor de nuestro Padre Dios. Misión que debe llegar a todos, ser permanente y profunda”.

c) El tercer eje del tema es “para que tengan vida”. El “para qué” es sumamente importante, porque indica la finalidad de todo, tanto del discipulado como de la misión. Esto significa que todo lo que hacemos es para comunicar vida, para que la gente pueda llevar una vida digna, plena y feliz. Para eso hace falta mostrar que la relación con Jesucristo no nos hace menos felices, sino que nos ayuda a desarrollarnos plenamente y a disfrutar más de la existencia. Esto tiene expresiones muy concretas. Así queda claro que la fe católica no pretende hacer sufrir a las personas o limitar su felicidad legítima. La propuesta de Jesús siempre debería dar ganas de vivir, llenar de ilusión y de esperanza.

Pero hay que recordar que el Papa quiso agregarle al tema la expresión “en él”, es decir en Cristo. Se trata de tener una vida digna y feliz “en él”. Estamos llamados a descubrirlo en todas las cosas, y sobre todo a encontrarnos con él viviendo en su amistad. El documento dice que “la vitalidad que Cristo ofrece nos invita a ampliar nuestros horizontes” y que “Jesucristo nos ofrece mucho, incluso mucho más de lo que esperamos. A la samaritana le da más que el agua del pozo, a la multitud hambrienta le ofrece más que el alivio del hambre. Se entrega él mismo como la vida en abundancia”.

Al mismo tiempo, se muestra que nadie es realmente feliz si no se preocupa por la felicidad de los demás, especialmente de los pobres, y que “la vida se alcanza y madura a medida que se la entrega para dar vida a los otros” en la misión. Hay que tener presente que el discurso de Benedicto XVI al abrir la V Conferencia, dedica toda una sección a este tema de la “vida en Cristo”, donde destaca que esa vida desarrolla todas las dimensiones de nuestra existencia, exige la “promoción de todo el ser humano” y también reclama estructuras justas para que todos puedan vivir bien.

Este tema de la vida que Cristo ofrece ha marcado a fondo todo el documento. Por eso la palabra “vida” aparece más de 600 veces y es la que más se repite. Al mismo tiempo, se quiso que los títulos de las tres partes del documento destacaran la “vida”. Esto le da a todo el documento un tono marcadamente positivo, a la vez que responde al carácter marcadamente vitalista de las culturas latinoamericanas.

d) Por último, el cuarto eje del tema es “nuestros pueblos”, es decir, los destinatarios de la misión de la Iglesia. Podría decir “para que las personas tengan vida”, pero dice “para que nuestros pueblos tengan vida. Así se quiere mostrar que la actividad evangelizadora no se dirige sólo a individuos aislados, sino que quiere llegar a transformar a nuestros pueblos como realidades colectivas. La misión tiene que llegar a impregnar con el Evangelio las sociedades y las culturas de nuestros países en toda América Latina y el Caribe. La situación que están viviendo “nuestros pueblos” está presente en el capítulo 2, donde se describe la realidad, pero también en el último capítulo, que toma a nuestros pueblos como conjunto. Allí se reflexiona sobre la “evangelización de la cultura”, para que se desarrolle una cultura cristiana que marque las costumbres, las instituciones, las sociedades en general.

Cuando se habla de “cultura” se quiere decir todo lo que caracteriza a un pueblo: su forma propia de sentir, de cantar, de expresarse, de trabajar, de pensar, de rezar, etc. Por eso, evangelizar la cultura de un pueblo significa lograr que se desarrollen costumbres generalizadas donde se refleje y se transmita el Evangelio, y que se generalicen instituciones más cristianas, un arte más cristiano, una forma de vivir en familia más cristiana, etc. En el capítulo 10 también se habla de la integración entre nuestros pueblos latinoamericanos, para que formemos una Comunidad regional de Naciones.

3. Las propuestas pastorales más repetidas

Como ya dijimos, el documento de Aparecida es el resultado de mucho debate y de un trabajo de varios días para lograr consensos entre muchas personas. Los participantes se dividieron en 7 comisiones, que a su vez se subdividieron. Cada comisión reflexionó sobre un tema, discutió y propuso una redacción sobre su tema. En cada una de esas comisiones (y subcomisiones) hubo un ambiente de viva y libre participación. Más allá del reglamento, los obispos favorecieron generosamente una constante intervención de sacerdotes, religiosas, laicos, laicas, e incluso de los no católicos. Por eso este texto, más que el resultado del trabajo de algunos teólogos, es una obra común que está llena de imperfecciones, pero recoge mucha vida. En este caso vemos que, si bien la Iglesia es jerárquica, puede tener un nivel de participación que no existe en muchas instituciones de la sociedad civil.

Después de la primera redacción realizada en cada una de estas comisiones temáticas, hubo una revisión de la Comisión de redacción, que devolvió el texto a cada comisión con modificaciones y propuestas. La comisión respectiva volvía a discutir su tema y entregaba nuevamente su texto mejorado. Luego eso iba a la asamblea general y todos los obispos podían proponer modificaciones (“modos”) a cualquiera de los temas. Finalmente, las propuestas que no se incorporaron se podían presentar de nuevo si tenían la firma de siete presidentes de Conferencias episcopales. Entonces toda la asamblea votaba si aceptaba o no esas propuestas. Sólo después de este largo proceso se aprobó el documento final.
Por eso, podemos pensar que los temas que están más destacados y repetidos son los que realmente interesaban a la gran mayoría y representan el pensamiento de la V Conferencia, no de algunas personas o grupos.

A continuación les voy a mencionar los temas prácticos más destacados y algunos textos que tuvieron mucho consenso. No me detendré nuevamente en los cuatro ejes del gran tema de la Conferencia y en los asuntos que forman parte de esos ejes (por ejemplo: el discipulado con la preocupación por la espiritualidad y la formación, o la dimensión comunitaria del discipulado, o la misión y el fervor misionero, o la vida nueva que Cristo ofrece, o la evangelización de nuestros pueblos y su cultura). Ahora les mencionaré algunas preocupaciones más particulares y propuestas pastorales que están muy repetidas pero que, además, aparecen varias veces de una forma práctica, concreta, aplicada. Cuando uno ve varias veces el interés por darle una aplicación concreta a una preocupación, entonces descubre que es algo que realmente interesa.

¿Cuáles son los temas donde se ve una preocupación sincera y generalizada?:

a) Concretar la animación bíblica de toda la pastoral
Este asunto despertaba un gran interés dentro de la V Conferencia. El documento evita hablar de la “pastoral bíblica” como una tarea más dentro de tantas actividades pastorales, y prefiere hablar de la “animación bíblica de toda la pastoral. Por ejemplo, cuando propone el crecimiento y maduración de la piedad popular, ante todo afirma que se debe procurar “un contacto más directo con la Biblia” (279).

b) Llevar a su plenitud la vida del pueblo en la participación de la Eucaristía dominical
El documento hace una valoración sumamente positiva de la piedad popular, pero constata que un porcentaje reducido asiste a la Eucaristía dominical, y remarca la preocupación por acercar a todos los fieles al centro, la fuente y la cumbre de toda la vida cristiana.

c) Renovar todas las estructuras eclesiales para que sean esencialmente misioneras
El acento puesto en la misión llevó a tomar conciencia de que esa misión no será transformadora, fervorosa y permanente si no se modifican las estructuras de las diócesis, parroquias, movimientos y de todas las instituciones católicas para que sean real y efectivamente misioneras, es decir, orientadas concretamente a llegar a los alejados. Por eso no hay que pensar en una “Gran Misión” que durará un tiempo, sino en “poner a la Iglesia en estado permanente de misión”. Es interesante advertir que esta renovación de estructuras implica la creación de estructuras nuevas para acompañar y alentar constantemente la misión permanente, pero también la valentía de destruir todas las estructuras que no sirvan a la misión o alienten un cristianismo cerrado, cómodo, individualista o intimista. Hay que “abandonar las estructuras caducas que ya no favorezcan la transmisión de la fe”. La verdadera conversión “despierta la capacidad de someterlo todo al servicio de la instauración del Reino de vida”. Esto implica renunciar a “una pastoral de mera conservación”, o “en espera pasiva en nuestros templos”. Interesa que “la Iglesia se manifieste como una madre que sale al encuentro, una casa acogedora, una escuela de permanente comunión misionera”. Exige también un proyecto pastoral diocesano donde “los laicos deben participar del discernimiento, la toma de decisiones, la planificación y la ejecución”.

d) Reafirmar la opción preferencial por los pobres y excluidos
Con respecto a la opción por los pobres, lo que agrega esta V Conferencia a lo ya dicho en las anteriores es que muchos tenemos que pasar de las ideas y palabras a una cercanía real, que implica dedicar tiempo a los pobres y llegar a ser sus amigos, para así poder reconocer sus valores y acompañarlos verdaderamente en la defensa de sus derechos. Aquí se acogió la autocrítica de muchos, incluyendo teólogos de la liberación (como Comblin), que reflexionaron acerca del éxodo de pobres que han abandonado la Iglesia Católica. Se ha reconocido que hablamos mucho sobre ellos pero pocos estuvimos realmente cerca de ellos. Los barrios pobres han sido los menos atendidos pastoralmente.
Esta decisión de estar más cercanos exige una opción misionera por ellos, haciéndose más presentes allí donde ellos viven. La V Conferencia retoma el discurso del Papa a los obispos de Brasil, donde convocó a todas las fuerzas vivas a un gran esfuerzo evangelizador, “sin ahorrar esfuerzos”, orientado especialmente “a las casas de las periferias urbanas y del interior”. Indicó que el pueblo pobre “necesita sentir la proximidad de la Iglesia” y que “los pobres son los destinatarios privilegiados del Evangelio”. Pero para que lo dicho en la V Conferencia se pueda aplicar, será necesario instrumentar decididamente esta misión en los barrios pobres, dedicándole generosamente personas, tiempo y recursos.
Esta opción por ser amigos de los pobres implica una evangelización integral, que incluye tanto la ayuda a las necesidades inmediatas como la participación por transformar las estructuras injustas.

e) Crecer en un estilo de cercanía cordial al pueblo
En esta misma línea, se quiere asumir un nuevo estilo, más evangélico, que se caracterice por la cercanía a la gente, compartiendo su vida. Al mismo tiempo, se propone adaptarse más al lenguaje de la gente, tratando de “comunicar los valores del Evangelio de manera positiva y propositiva”.

f) Estimular el compromiso de todos en la vida pública
Cuando se lamentan las sombras actuales de la Iglesia se dice: “Constatamos el escaso acompañamiento dado a los fieles laicos en sus tareas de servicio a la sociedad, particularmente cuando asumen responsabilidades en las diversas estructuras del orden temporal”. Sin duda esta es una de las preocupaciones que reaparece, de una forma o de otra, en todo el documento. Cuando se constata que “es una contradicción dolorosa que el continente del mayor número de católicos sea también el de mayor inequidad social”, se percibe que aquí no se logró iluminar y transformar con el Evangelio la realidad social. Retomando el discurso inaugural del Papa, se reconoce que la realidad actual de nuestro continente manifiesta “una notable ausencia en el ámbito político, comunicativo y universitario, de voces e iniciativas de líderes católicos de fuerte personalidad y de vocación abnegada que sean coherentes con sus convicciones éticas y religiosas”. Al mismo tiempo, se reconoce que “si muchas de las estructuras actuales generan pobreza, en parte se ha debido a la falta de fidelidad a sus compromisos evangélicos de muchos cristianos con especiales responsabilidades políticas, económicas y culturales”. Se insiste que los laicos “tienen que actuar a manera de fermento en la masa para construir una ciudad temporal que esté de acuerdo con el proyecto de Dios”. Pero no se trata sólo de un testimonio de buen comportamiento, sino de un compromiso creativo, para que estén presentes en la vida pública, y más en concreto en la formación de los consensos necesarios y en la oposición contra las injusticias”. Se reafirma que “su misión propia y específica se realiza en el mundo, de tal modo que con su testimonio y su actividad contribuyan a la transformación de las realidades y la creación de estructuras justas según los criterios del Evangelio”. Para ello habrá que ofrecer espacios de acompañamiento y de formación orientada al compromiso público. Esta necesidad se reafirma en varias partes de documento. También se pide a las parroquias que no se ocupen sólo de sus agentes pastorales sino de formar y acompañar a “los laicos insertos en el mundo”. En dicha formación se destaca la Doctrina Social de la Iglesia.

4. Conclusión

Aparecida es un acontecimiento latinoamericano. Los argentinos no nos destacamos por ese espíritu. De hecho, cuando se hizo la consulta antes de Aparecida, el país que menos propuestas envió fue el nuestro, lo que contrastaba con el fuerte espíritu de entusiasmo y participación que se vio en otros países. Yo colaboré en el mes de enero (en Bogotá) en el trabajo de recoger los aportes, y las pocas páginas que llegaron de Argentina me daban vergüenza. Espero que eso pueda revertirse en la recepción del documento, para lo cual será necesario ampliar nuestros horizontes y abrir el corazón, de manera que hagamos nuestro aporte, como Iglesia, al necesario proceso de integración latinoamericana.
El documento no es perfecto, porque no quiso ser el resultado de tres o cuatro manos expertas sino la expresión de la vida y las inquietudes de cientos de personas involucradas. Más allá de los límites de su redacción y de sus contenidos, es una riquísima cantera con muchos aportes valiosos que podremos explotar en nuestra vida y en nuestras tareas. Y sobre todo, aporta un espíritu estimulante, misionero, espiritual y social, que a todos nos viene muy bien en estos tiempos de apatía, desconcierto y privatización existencial.

1. G. Lercaro, Intervención en la Congregación General del 6 de noviembre de 1962: Acta Synodalia Sacrosancti Concilii Ecumenici Vaticani II Vol I, Periodus Prima,Pars IV, 327-330. Traducción española: T. Cabestrero, "En Medellín la semilla del Vaticano II dio el ciento por uno", Revista Latinoamericana de Teología 46, Enero-Abril 1999, 65-67.
2. J. L. Martín Descalzo, Un periodista en el Concilio IV, Madrid, 1966, 326-327.
3. Pablo VI, Alocución en la clausura del Concilio Vaticano II, en: Concilio Vaticano II, Madrid, BAC, 1966, 490-493.
4. Pablo VI, Exhortación Apostólica al Episcopado de América Latina en Roma, en op. cit., 851-862.
5. Próximamente editorial San Pablo publicará un comentario y guía para lectura del documento, que preparé para favorecer su recepción.

 
Aparecida, ¿un nuevo Pentecostés en América latina y el Caribe?
Una primera lectura entre la pertenencia y el horizonte

Artículo publicado en la Revista CRITERIO 2328 (Julio 2007)
pag. 362-371. Autor Pbro. Dr. Carlos María Galli
Perito en la V Conferencia General del Episcopado de América latina y el Caribe,
el decano de la Facultad de Teología de la UCA parte de lo que llama
“testimonio de una novedad” y ensaya una primera lectura de esa experiencia.
El primer lenguaje: el testimonio de una novedad


Quiero dar gracias a Dios por la gracia de haber participado como perito en la Quinta Conferencia General del Episcopado de América Latina y del Caribe celebrada en el santuario de Nossa Senhora da Imaculada Conceiçâo Aparecida en el Brasil, con el tema Discípulos y misioneros de Jesucristo para que nuestros pueblos en Él tengan vida.‘Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida’ (Jn 14,6).

A fines de marzo -un mes antes de la Conferencia, cuando ya se había difundido una lista en la que no estaba- recibí el nombramiento del Santo Padre como uno de los quince peritos, entre los cuales hubo pocos teólogos. La envió el Cardenal G. B. Ré, Prefecto de la Congregación para los Obispos y Presidente de la Pontificia Comisión para América Latina y, por eso, copresidente de la asamblea. Un perito sirve a la Conferencia “en orden a la elaboración de intervenciones y textos”. 1

El 12 de abril participé en el debate de CRITERIO: ¿Qué futuro tiene la Iglesia en América Latina? Lamentablemente mi intervención no pudo ser publicada, lo que permitiría confrontar lo que decía entonces, lo que dijo Aparecida y lo que ahora digo. Mi aporte previo a la Conferencia se limitó a mis ideas, propuestas y expectativas escritas. Publiqué dos artículos en Medellín, revista del Instituto del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) que se encuentran en la web de mi Facultad 2. En la Argentina se difundió Discípulos misioneros, 3 libro que escribimos con Víctor Fernández. Allí pensamos la misión como un servicio a la vida plena, digna y feliz en Cristo, y miramos a todos los bautizados como sujetos del discipulado misionero. Luego el P. Fernández elaboró con otros el Documento de Síntesis que resumió los aportes al Documento de Participación 4. Recuerdo esos textos porque fueron ensayos complexivos. Sumo el del querido P. Mario de França Miranda SJ, que colaboró en la Síntesis y también fue perito teológico en Aparecida, con quien trabajamos muy bien 5.

En varios ámbitos expuse mi esperanza realista de que Aparecida fuera un nuevo Pentecostés en el que el Espíritu de Dios irrumpiera para animar la comunión misionera respondiendo a los signos de los tiempos. Advertía señales de esperanza a pesar de que predominaba el escepticismo, acrecentado en la Argentina por la apatía ante la Conferencia, vinculado a la hipoteca de la frustada IV Conferencia de Santo Domingo -cuyo documento tiene muchos valores-, e imbuido de diversas lecturas de la situación eclesial. Se creó un clima pesimista y, en medios de algunos países, hubo una campaña en contra que vaticinaba “más de lo mismo” o, incluso, “otro golpe de timón más conservador”.
He leido textos, pocos serios y muchos inconsistentes, que alimentaron esa desconfianza, teniendo cierta base en la realidad pero desatendiendo las razones para esperar. Ese estado de ánimo negativo explica parte del desconcierto y la sorpresa que sienten varios católicos de buena fe ante Aparecida.

Creo que pasó algo similar, mutatis mutandis, a lo sucedido en el Concilio y en Puebla: la novedad que irrumpió superó expectativas y temores. Es difícil sintetizar la novedad percibida en la experiencia de una Conferencia de tres semanas y en su Documento final de 118 páginas, cuyos párrafos no puedo aún citar. Sin embargo, ensayo una primera lectura de esa novedad intentando fusionar pertenencia y horizonte, apropiación y distanciación, palabras que evocan a Gadamer y Ricoeur.

¿Hay un “acontecimiento” de Aparecida?

Las Conferencias de Río de Janeiro (1955), Medellín (1968), Puebla (1979) y Santo Domingo (1992) fijaron líneas comunes de un estilo eclesial y de una praxis pastoral a escala subcontinental. Este es un rasgo original de la Iglesia de América Latina, ya que otros continentes recién a fines del siglo XX llegaron a instancias similares con los Sínodos continentales. Nuestras iglesias, por los factores comunes que que tienen a nivel religioso, histórico, cultural, lingüístico, socioeconómico y geopolítico, se anticiparon al regionalismo. Esta Conferencia se sitúa en el mapa que forman bloques regionales y estados continentales en el Norte de América y en regiones de EuroAsia. En ese marco, la integración de América Latina y El Caribe que Aparecida promueve como una línea pastoral, en su Introducción y en su capítulo décimo, es una condición de supervivencia para nuestros pueblos.

En esa tradición colegial la Conferencia impulsa una renovación eclesial mediante el acontecimiento vivido como un nuevo Pentecostés -frase muy repetida- y los textos finales -Mensaje y Documento- que resumen las conclusiones del diálogo y trazan metas para la nueva evangelización regional.

Sólo la Iglesia latinoamericana y caribeña, con el 43% de los fieles del catolicismo actual, puede realizar un encuentro comunional que determine líneas tan misioneras con un altísimo consenso y a mediano plazo. Hice esta observación a muchos, pero recuerdo el consentimiento emocionado del Cardenal Hummes, prefecto de la Congregación para el Clero, y el comentario agradecido de Mons. Blázquez, presidente del Episcopado español. Él me dijo que en Europa era imposible realizar una Conferencia así y que ella era un gran estímulo para sus iglesias, especialmente para las de España.

Aparecida estaba llamada a ser un acontecimiento salvífico y eclesial. El lenguaje teológico dice que se “celebra” un Concilio, un Sínodo, una Conferencia. Aparecida fue un acontecimiento, que el paso del tiempo, la recepción eclesial y su influjo real dirán si llega a ser “histórico”. Ciertamente, el documento se entiende dentro del acontecimiento, en el que se vivió un espíritu, se trató el tema y se lograron conclusiones. El 16 de mayo se votó preparar un Documento; los días 30 y 31 éste fue aprobado en particular y en general por más del 90% de los votos. Yo hubiera preferido que la decisión de hacer un texto se tomara el lunes 21, cuando se votó el Esquema de Trabajo de la Presidencia, después de ordenar los aporte de los grupos y antes de pasar a elaborarlos en comisiones.

A los cuarenta años del Concilio escribí sobre su eclesiología y su cristología en el marco del evento de la renovación conciliar 6. La correlación entre acontecimiento, enseñanza y espíritu es decisiva para interpretar sus textos y los que emanan de cualquier encuentro eclesial, como Medellín, Puebla y Santo Domingo. Esta circularidad es un criterio hermenéutico para interpretar Aparecida. Por otro lado, la Conferencia será un acontecimiento-documento-espíritu significativo si lleva a la Iglesia a responder con una fuerte acción misionera a los nuevos desafíos de nuestro momento histórico, como las otras conferencias quisieron hacerlo en sus propios contextos civiles y pastorales.

Fernández, además de su gran servicio como delegado convertido en el perito dieciséis, escribió un Diario de Aparecida “desde dentro”, que nuestra facultad puso cada día en la web y ahora se publica aquí 7. La riqueza de su testimonio, información, opinión y estilo me exime de narrar hechos. Supongo todo lo que cuenta, pido leer en paralelo su relato y mi ensayo, y lo cito varias veces (cf. Diario).

Un acontecimiento religioso y comunicacional

* Aparecida ha sido un acontecimiento religioso en el que se sintió la comunión entre Dios y su Pueblo. Fue la primera Conferencia realizada en un santuario mariano, en el que se expresó la piedad del pueblo católico brasileño. Los participantes fuimos discípulos de tantos maestros de oración que expresaban su fe en las plegarias de la ternura, el dolor y la esperanza. Los fines de semana peregrinaban cientos de miles de romeiros del Brasil profundo. Nos conmovía estar en el santuario, el más grande de América y modelo de pastoral popular. Sólo la capilla de la reconciliación, en el subsuelo, tiene treinta salas-confesionarios, y a las ocho de la mañana había cinco sacerdotes atendiendo.

Los participantes rezamos mucho juntos; eso modeló la reunión y se refleja en los documentos que insisten en la oración, la Palabra y la Eucaristía. Cada día compartimos nueve horas in situ: seis de trabajo, una informal (dos pausas) y dos de oración entre la Misa y las horas litúrgicas (laudes, nona y vísperas), empleando un libro de oración y canto en varios idiomas (647 págs.). La Eucaristía estuvo muy bien preparada, alimentada por la homilía y sostenida por un magnífico coro. Conmovía cantar el himno Viva a Mâe de Deus o escuchar un canon eucarístico de Taizé. Era televisada por el santuario y se elevaba al satélite para ser proyectada en otros países, como el nuestro. Hubo momentos emotivos como la celebración penitencial en la que pedimos perdón por nuestras infidelidades eclesiales y pastorales, o la Misa final, con los gestos simbólicos de la procesión hacia el altar, la visita a la Virgen y el envío misionero. La Conferencia, que fomenta el primado de la Palabra de Dios en el pueblo católico y la animación bíblica de la pastoral, practicaba la lectio divina en las Vísperas.

El acontecimiento religioso habló con los lenguajes populares de los sentimientos, gestos, símbolos, palabras y silencios. Esa basílica es una enorme casa de oración que une el bullicio de un santuario y el silencio de un monasterio. Es impresionante el silencio de multitudes orantes que expresan lo que el Documento llama “espiritualidad o mística popular”, profundizando lo que el Papa dijo sobre “el precioso tesoro” de la piedad popular (DI 1). Su visita no tuvo las dimensiones de los encuentros de Juan Pablo II pero ayudó a hacer visible, en el mundo mediático, la imagen plástica y móvil del Pueblo de Dios peregrino al santuario. El trabajo oculto y la celebración pública de la Conferencia, que conjugó peregrinación, comunión y misión, acentuaron lo que dice un párrafo clave del Documento: en la Iglesia peregrina la comunión es para la misión y la misión es para la comunión.

* Pienso que Aparecida es un acontecimiento comunicacional innovador con respecto a sínodos, conferencias y asambleas. La Oficina de Prensa, conducida por Mons. Lozano, dió un gran servicio a mil doscientos periodistas acreditados, muchos especializados. Hubo ruedas de prensa diarias –participé en una con innumerables preguntas difíciles- y se daba el boletín CELAM.INFO. Todos los informes, homilías e intervenciones -salvo las redacciones provisionales de los textos- se publicaban en la web del CELAM, lo que permitió a leer esos aportes y sentirse parte del evento a la distancia.

El Cardenal chileno F. J. Errázuriz, presidente del CELAM y de la Conferencia, estableció nuevas reglas para la relación entre el “adentro” y el “afuera”, entre los que participamos en la asamblea y los que estaban en la ciudad -o más lejos- asesorando a obispos y elaborando textos, entre los cuales había miembros del grupo Amerindia. Esto significó para ellos un reconocimiento, permitió una comunicación fluida y evitó la sensación de un evento paralelo. También abrió la participación a mucha gente y se dió una señal de transparencia en plena cultura del celular, el mail y la Internet.

Los participantes no debíamos trasmitir textos en gestación pero algunos los filtraban y así llegaban a otros en el mismo momento en el que los conocíamos. Entonces noté esta paradoja: hubo cierta comunicación ampliada en la forma pero parcializada en el contenido. Situaciones que sucedían en la asamblea eran recibidas afuera por comentarios y versiones mezcladas de verdades y falsedades. Es doloroso constatar que aquí, donde la prensa informó poco, se dieron y se dan por ciertas noticias escritas desde el afuera -trasmitidas por mails, foros y páginas- que contenían algunas informaciones veraces y muchísimas simplificaciones, equívocos, malentendidos, suspicacias, anécdotas y chismes mediados por “teléfonos descompuestos” entre confidentes, divulgadores y receptores. Es paradigmática la versión de “supuestas” introducciones o sustracciones de párrafos en la tercera redacción.

También hubo “inventos”. Uno fue decir que distinguir capítulos sobre la familia (nueve) y la cultura (diez), que antes eran parte del siete y el ocho, se debió a dos figuras romanas. La verdad es que la subdivisión de la tercera parte en tres capítulos fue propuesta por un perito y su conversión en cuatro fue obra de otro, a altas horas de la noche, cuando sólo trabajaban miembros de la comisión redactora ampliada y los presuntos lobbistas dormían en sus hoteles. Se podría hacer un libro con las indicaciones, presiones y versiones orales y escritas sufridas por redactores y peritos de parte de grupos opuestos. Yo no lo escribiré. Noto, porque estudié las lecturas de Puebla y Santo Domingo, que un Documento suscita un razonable “conflicto de hermenéuticas”, porque cada texto abre un mundo y hay tantas lecturas como lectores. Pero un elemental rigor intelectual pide que quien esboza la historia de la redacción de temas o secciones se informe seriamente y no difunda macanazos sin sustento.

El logos y el dia-logos: los “documentos” de Aparecida

La Conferencia buscó la forma de comunicar la fe católica en tiempos de nueva evangelización. En la Introducción al Documento los obispos expresan, con Benedicto XVI, que el patrimonio más valioso de la cultura de nuestros pueblos es la fe en Dios Amor, que reveló su rostro en Jesucristo. Reconociendo luces y sombras en la vida eclesial, inician una nueva etapa pastoral marcada por un fuerte ardor apostólico para proponer el Evangelio como camino a la verdadera vida en Dios. En diálogo amoroso con todos los hombres y en comunión creyente con todos los cristianos, asumen “la gran tarea de custodiar y alimentar la fe del Pueblo de Dios” (DI 3). Quieren renovar las comunidades eclesiales y estructuras pastorales para evangelizar a las nuevas generaciones. Buscan cultivar la vida teologal para renovar la existencia de las personas y las culturas de los pueblos. Con ese objetivo brindan sus conclusiones en el Mensaje a los pueblos y en el Documento final.

* Los textos del Papa.
Junto con el Documento es probable que se editen la Homilía en la Misa y el Discurso Inaugural (DI), 8 piezas de un gran valor teológico y pastoral, más allá de frases discutidas. Me llama la atención que, prescindiendo de ellos, se difunda una hermenéutica de Aparecida en la que coinciden las llamadas “derecha e izquierda” eclesiásticas. Esa interpretación subordina la Conferencia al viaje del Papa, cuando él dijo, desde que pisó tierra brasileña hasta que evaluó su visita en la Catequesis del 23 de mayo, que fue a ese fascinante país para inaugurar la asamblea. Ya en octubre de 2005 él propuso hacer la Conferencia en el santuario y no en otra ciudad. Pero, tanto unos sectores “más papistas que el Papa”, como otros “hipercríticos” del Pontífice, subordinan la Conferencia a dichos de su visita, en especial a puntos y acentos del discurso a la Conferencia Nacional de los Obispos del Brasil. Pero, ¿qué importancia les otorgan a la peregrinación al santuario y a los textos inaugurales? En el Discurso -editado en la versión digital de CRITERIO- el Papa integró sus ideas-fuerza (vg. la vida plena en Cristo, Dios con rostro humano, la primacía del amor, la racionalidad de la fe, la acción por la justicia, los consensos morales), con nuestras realidades (vg. el mestizaje cultural, la piedad popular, la evangelización liberadora, la opción por los pobres, el debilitamiento de la fe, las estructuras injustas), desarrolló el tema general en forma creativa, y abrió cauces para el trabajo posterior.

* El Mensaje a los pueblos.
Dije que la Conferencia habló con los lenguajes universales de la oración y la imagen. Como palabra escrita se expresó en su Mensaje a los pueblos de América Latina y El Caribe, que se edita en este mismo número y que merece ser leido íntregro porque es la vía de acceso a Aparecida. Comunica el espíritu de la asamblea y el contenido del Documento en un tono kerigmático y sintético, espiritual y afectivo, profundo y sencillo. Este compendio fue preparado por una Comisión especial, tuvo varias redacciones e incorporó muchos aportes escritos, lo que en el lenguaje técnico se llaman “modos”.

Sus cinco títulos, acompañados por citas evangélicas claves, enmarcan un mensaje proclamado en el estilo de una buena noticia y con el lenguaje cordial y respetuoso querido por la asamblea. Su contenido resume los grandes ejes: Cristo y vida, discipulado y misión, pueblos y Continente, e integra verdades, valores, fines y prioridades transversales: la Palabra bíblica y la Eucaristía dominical, el protagonismo del Espíritu Santo y el servicio al Reino de Dios, el testimonio de los santos y la dignidad de los pobres, la pedagogía espiritual y la doctrina social, la comunión fraterna y la justicia estructural, el respeto a la vida y la cultura de la honestidad, el valor de la familia y la solicitud por los jóvenes, el desarrollo integral y la integración regional, el traslado a las periferias y la formación de dirigentes, la credibilidad del ministerio pastoral y el compromiso laical público, el diálogo ecuménico e interreligioso y la profecía del presente histórico. Cierra su confesión de fe en Dios y su declaración de amor a varones y mujeres con un canto de esperanza. Sus varios “esperamos” concluyen: ¡Que este Continente de la esperanza también sea el Continente del amor, de la vida y de la paz!

* El Documento final.
Los Obispos quisieron hacer un Documento. Sus destinatarios somos agentes pastorales organizados, laicos que se preocupan por la fe y la cultura aunque no participen en la pastoral ordinaria, y personas de otros medios religiosos, intelectuales y dirigentes. Tenemos derecho a esperar de los Obispos una palabra evangélica y significativa. Ellos se atrevieron a pensar y escribir juntos, en la unidad de la fe y la variedad de sus iglesias y sociedades. El ejercicio del pensamiento y la palabra en el diálogo entre 265 personas con voz -145 obispos con voz y voto- durante tres semanas, expresa la fe en Dios Logos y Dia-logos, 9 y el coraje de discernir en común. En su Homilía, a partir de la reunión de Jerusalén (Hch 14,4-21), el Papa dijo que el discernimiento comunitario, método que la Iglesia emplea en sus asambleas, expresa su misterio de comunión y no es un mero procedimiento.

Si pueden cuestionarse criterios fijados para elegir a los miembros -delegados de los episcopados- e invitados -representantes de estamentos eclesiales- e incluso a los peritos, los que estuvimos adentro sabemos que hubo una formidable participación. Ayudaron a eso el ambiente de libertad y confianza creado por la Presidencia y la Secretaría, la secuencia metodológica -69 pasos con aciertos y errores, cuidados y desprolijidades-, el Reglamento y el Manual de convivencia, celebración, comunicación y trabajo, las normas del debate en plenarias, grupos y comisiones, y la amplitud de obispos moderadores y relatores que facilitaron las intervenciones de todos con estilo fraterno y horizontal. A veces el diálogo sereno se volvía una discusión vehemente, y no sólo entre obispos. También laicos, religiosas y presbíteros argumentaban con respeto y firmeza ante cardenales de nuestros países y de Roma. Los tres obispos argentinos que estuvieron en Santo Domingo solían decir: acá hay otro clima.

La Comisión de Redacción estuvo integrada por ocho obispos y presidida por el Cardenal Bergoglio. Él, con una paciente y perseverante tarea de escucha y diálogo, condujo el discernimiento, asumió los aportes de las siete Comisiones (que resumían a las dieciséis Subcomisiones), incorporó a los peritos en diversas tareas e integró a algunos en la Comisión de redacción ampliada, y dirigió un proceso de reelaboración que logró pasar de los primeros borradores a un documento. Éste tomó forma, sobre todo, cuando en la segunda redacción se adoptó la actual estructura tripartita. Los cientos de aportes a la segunda y los miles de modos a la tercera indican que la asamblea fue el sujeto comunitario de la redacción, si bien la Comisión tuvo un rol decisivo en corregir, articular y sintetizar.

El Documento, con sus virtudes y defectos, es otro milagro de Aparecida. En su cuarta redacción, tiene 118 páginas y 573 numerales. Está escrito por muchas manos en pocos días, a partir de lo gestado en las subcomisiones, sin un texto de trabajo previo ni un equipo teológico-pastoral de apoyo, con temas muy elaborados y otros muy esquemáticos, con muchos méritos y varias lagunas, deficiencias y repeticiones. Queda en el silencio de Dios el enorme trabajo de sus principales redactores. No hablo de lo que uno propuso, hizo o escribió en el nivel reservado de los esquemas y textos. Como los de otras conferencias, éste es un Documento del Episcopado latinoamericaño y caribeño.

Creo que los obispos han visto reflejados sus grandes consensos, que ya emergían en los informes de los veintidós episcopados (cf. Diario 15-17/V), y los aportes particulares surgidos en las comisiones. De ahí la casi unanimidad de las aprobaciones del texto en su tercera y cuarta redacción (cf. Diario 30-31/V). Valorando el arduo trabajo de muchos, pienso que esta Conferencia -con su valor, comunión, dinámica, clima y novedad- no hubiera sido así sin el Cardenal Errázuriz, y que este Documento -con su estructura, contenido y estilo- no hubiera salido así sin el Cardenal Bergoglio.
Planteo un criterio hermenéutico para un Documento que desarrolla el tema general abordando muchísimos subtemas con riqueza, coherencia y articulación. Antes aclaro que no es una obra de autor y siento que no se integraron aportes previos de personas y reuniones, incluidos algunos de mis artículos. Pero celebro esta obra que los participantes preparamos en comunión y los obispos votaron con consenso. Recomiendo valorar los núcleos fundantes, las coincidencias principales y las líneas innovadoras -algunas sorprenderán- más que el asunto teórico o práctico que interesa individualmente por disciplina o tarea. Cada uno hallará varias de sus inquietudes, porque se abordan vitales cuestiones contemporáneas y latinoamericanas. Pero, además de buscar el propio centro de interés, propongo un doble ejercicio intelectual más fecundo: entender la lógica de la propuesta teológica-pastoral e interrogarse por su significado para el pensamiento y la vida en la propia vocación y misión.

Doy dos ejemplos personales. A pesar de mis esfuerzos, cuando se tratan los desafíos a la investigación y la enseñanza en las universidades católicas, no logré que se pusiera la frase integración del saber y, cuando se habla del servicio a la reflexión teológica y a la acción evangelizadora que prestan los “centros de teología y pastoral”, no conseguí que se agregara el modo especialmente las facultades de teología. No juzgo a quienes tuvieron la colosal labor de integrar muchos modos en ese capítulo. Más que lamentar la ausencia de esa referencia quiero, como Decano de una Facultad de Teología, dejarme afectar en mi realidad particular por la nueva perspectiva general. Por eso propuse que los miembros del claustro repensemos qué significa hoy y aquí, a nivel teológico, institucional y pedagógico, la formación académica de discípulos y misioneros al servicio de la Vida plena en Cristo.

Estructura y método del Documento final


En mis escritos sugerí que el Documento reordenara el enunciado del tema, que sigue la secuencia: agentes de la misión: discípulos y misioneros de Jesucristo; destinatarios: nuestros pueblos; contenido y fin: para que en Él tengan vida. Se quería poner la mirada en el sujeto discípulo y misionero para resaltar su unión con Cristo, el discipulado como itinerario y el compromiso en la misión. Algunos, compartiendo ese énfasis, no descuidamos a los destinatarios, nuestros pueblos, a los que pertenecemos los evangelizados enviados a evangelizar. El Resucitado envió a sus apóstoles así: Vayan y hagan discípulos a todos los pueblos (Mt 28,18). No dice “enseñen a todos los pueblos” sino “hagan discípulos a todos los pueblos”, porque discípulos era una autodenominación de las comunidades cristianas (Hch 6,1.2.7). Para cumplir esa misión ordena: “bautizándolos… enseñándoles”. El envío consiste en hacer comunidades de discípulos para compartir la vida nueva en el Reino de Dios.

A mi modo de ver el Documento debía analizar la realidad de nuestros pueblos desde la fe en el Amor del Padre; desarrollar dimensiones teológicas, espirituales y pastorales sobre Cristo como Vida del hombre; considerar a la Iglesia como comunidad de discípulos misioneros y trazar nuevos caminos evangelizadores. Así, la atención al sujeto evangelizado-evangelizador, punto de partida del enunciado del tema, se volvería punto de llegada del discurso y punto de partida de la acción.

Esto lo propuse antes del Documento de Síntesis, que asumió creativamente el método ver / mirar - juzgar / iluminar, obrar / actuar (DSint 31-39). En mi segundo artículo justifiqué teóricamente ese método de reflexión, asumido ya por Juan XXIII (MM 236) y practicado por el Magisterio desde la Gaudium et spes a varios documentos de Juan Pablo II (vg. ChL 4-6, PDV 10). Requiere ser practicado integralmente, porque los momentos histórico, teórico y práctico se interrelacionan circularmente. Ya en la asamblea, ante la falta de orden interno del primer Esquema de Trabajo de la Presidencia, repropuse en forma privada y pública mi esquema tripartido con variaciones. Indico sólo mi intervención en una plenaria (cf. Diario 21 de mayo) en la que sugiero este itinerario: mirar nuestro tiempo latinoamericano desde el amor del Padre, asumiendo los grandes desafíos de la realidad secular y eclesial; iluminar la vocación a compartir la vida con Cristo en nuestros pueblos, presentando a la Iglesia como sacramento del Reino en constante renovación; orientar los nuevos caminos que el Espíritu Santo impulsa para vivir un discipulado más misionero en América Latina y el Caribe.
Por varias causas y aportes, la Comisión de Redacción decidió articular la Segunda Redacción con un esquema tripartito, haciendo desplazamientos de secciones y lúcidas innovaciones, y tomando como eje la vida, lo que se refleja en los títulos de las tres partes (cf. Diario 28/V). Desde entonces el esquema se mantuvo hasta la versión actual, incorporando correcciones y desdoblamientos.

El Documento tiene tres grandes partes estructuradas según el método propuesto e incluso agrega una cita del Documento de Síntesis que lo fundamenta 10. Los obispos miran la realidad con ojos iluminados por la fe y un corazón lleno de amor, proclaman con alegría el Evangelio de Jesucristo para iluminar la meta y el camino de la vida, y buscan, mediante un discernimiento comunitario del soplo del Espíritu, las líneas de una acción realmente misionera, que ponga a todo el Pueblo de Dios en un estado permanente de misión. Este esquema tripartito está hilvanado por un hilo conductor en torno a la vida, en especial la Vida en Cristo, y está recorrido transversalmente por las palabras de Jesús, el Buen Pastor: Yo he venido para que las ovejas tengan vida y la tengan en abundancia (Jn 10,10).

Resumen del contenido y del espíritu del Documento

Aprovecho el Resumen del Documento final (30/V), disponible en la versión digital de esta revista.

* Primera parte: La vida de nuestros pueblos hoy
El capítulo uno, Los discípulos misioneros, comienza por los sujetos, pero no es autorreferencial. Expresa una (teo)lógica del don que canta el amor de Dios revelado en la entrega de Cristo y en la donación del Espíritu. Lo bendice por los dones recibidos, en especial por la gracia de la fe que convierte al ser humano en seguidor de Jesús y particípe de la misión evangelizadora de la Iglesia. Tiene el tono de un himno de alabanza y acción de gracias, como el de Efesios, que es uno de los primeros lenguajes de la cristología neotestamentaria. Es una de las secciones que esboza una cristología.

El segundo, Mirada de los discípulos misioneros sobre la realidad, hace una lectura pastoral de los grandes cambios que suceden en nuestro continente y en el mundo, y que nos interpelan. Analiza complejos procesos en curso ordenados en los niveles sociocultural, económico, sociopolítico, ecológico -“biodiversidad, ecología, Amazonia y Antártida”- y étnico -“presencia de los pueblos indígenas y afroamericanos en la Iglesia”, con sus luces y sombras. Discierne grandes desafíos, como la globalización multidimensional, las injusticias escandolosas, los cambios culturales, la consolidación de la democracia, la falta de desarrollo, la corrupción estructural, el pluralismo ético, la trasmisión de la fe, las amenazas a la vida, y otras realidades debatidas en este momento histórico que afectan la vida cotidiana de los pueblos, sin ser exhasutivo. En ese contexto analiza la situación de nuestra Iglesia en esta hora, haciendo un balance de signos positivos y negativos, y expresando una autocrítica. Los lenguajes del don, la bendición, la mirada y el discernimiento de esta parte, referidos a la presencia cristiana en el hoy de América Latina y el Caribe, llevan a ingresar en un núcleo del tema.

* Segunda parte: La Vida de Jesucristo en los discípulos misioneros

Muestra la belleza de la fe en Cristo como fuente de Vida para los hombres y mujeres que se unen a Él y entran en el discipulado misionero. Considera cuatro dimensiones: alegría, vocación, comunión e itinerario de los discípulos. Es la parte con mayor desarrollo bíblico-teológico, espigando temas cristológicos, eclesiológicos, antropológicos, teologales, espirituales, pedagógicos y pastorales.

El capítulo tres dice todo en su título: La alegría de ser discípulos misioneros para anunciar el Evangelio de Jesucristo. Anuncia a Jesucristo, Evangelio de Dios (Mc 1,1) y presenta como buenas noticias sus repercusiones en la existencia. Habla de la “buena nueva” de la dignidad humana en la vida, la familia, la actividad humana -trabajo, ciencia y tecnología- y el destino universal de los bienes, con expresiones que llamarán la atención. La sección no sigue el iter de Gaudium et spes (persona, comunidad, actividad) y carece de un apartado sobre la “buena nueva” de vivir en comunión y convivir en sociedad, aunque culmina con el tema “El continente de la esperanza y del amor”.

El cuarto, La vocación de los discípulos misioneros a la santidad, contiene un aporte bastante elaborado a nivel bíblico aunque, a mi gusto, podría haberse enriquecido con otros materiales disponibles. Considera el llamado a la santidad recibido en el encuentro y el seguimiento de Jesús, que se lleva a cabo por la animación del Espíritu Santo y Santificador. Pone la santidad en el centro de la vida y de la misión en cuatro tópicos: llamados al seguimiento de Jesucristo, configurados con el Maestro, enviados a anunciar el Evangelio del Reino de vida y animados por el Espíritu Santo.

El quinto, La comunión de los discípulos misioneros en la Iglesia, enseña que la vocación al discipulado del Señor es la con-vocación (ekklesía) a la comunión en su Iglesia. Todo el Pueblo de Dios y todos en el Pueblo de Dios somos sujetos históricos del discipulado y la misión en comunión. En una breve sección eclesiológica señala los espacios de la comunión a partir de las iglesias particulares, porque las diócesis son los ámbitos privilegiados de comunión misionera y pastoral orgánica. En la comunión diversificada de y entre las iglesias locales se ubican otras expresiones eclesiales y pastorales: parroquias, comunidades eclesiales de base y otras pequeñas comunidades, antiguas asociaciones apostólicas y nuevos movimientos eclesiales. En ese marco se contemplan las formas de existencia eclesial o “vocaciones específicas” desde una perspectiva discipular y misionera y empleando varios títulos cristológicos. Los fieles laicos y laicas son vistos como discípulos y misioneros de Jesús Luz del mundo, los consagrados y consagradas de Jesús Testigo del Padre, los diáconos permanentes de Jesús Servidor, y los pastores, tanto los obispos como los presbíteros, de Jesús Sumo Sacerdote y Buen Pastor. También se expresa la solicitud por los “bautizados alejados” de la comunión visible y se impulsa el diálogo ecuménico, el vínculo con el judaísmo y el diálogo interreligioso.

El sexto, El itinerario formativo de los discípulos misioneros, tiene dos secciones. La primera valora la riqueza espiritual de la piedad popular católica y presenta una espiritualidad trinitaria, cristocéntrica, mariana y misionera capaz de animar la vida y la acción. Ante las conferencias anteriores aporta dos novedades: un subcapítulo extenso dedicado a la espiritualidad y la consideración de la religiosidad popular como espiritualidad. La segunda analiza varios procesos formativos, con sus criterios (vg. una formación integral, kerigmática y permanente) y una especial atención a la iniciación cristiana, la catequesis permanente y la formación pastoral. Habla de los lugares de formación: familias, escuelas y parroquias, pequeñas comunidades y nuevos movimientos eclesiales, seminarios y casas de formación religiosa, universidades y centros superiores de educación católica. Otra de sus novedades está en plantear los caminos de formación bíblica, catequística, espiritual y social bajo la perspectiva discipular y misionera, para impulsar en los cristianos de cualquier condición el crecimiento en el seguimiento de Jesús. Debemos intensificar el potencial de todos los bautizados y promover distintos estilos laicales de formación permanente, porque “todo fiel está llamado a la santidad y a la misión” (Rmi 90) y todos los cristianos estamos llamados a ser discípulos y misioneros siempre.

* Tercera parte: La vida de Jesucristo para nuestros pueblos
El otro núcleo duro desarrolla líneas pastorales para el futuro con un marcado dinamismo misionero.
El capítulo siete, La misión de los discípulos misioneros al servicio de la vida plena, es decisivo. Considera la Vida nueva que Cristo nos comunica en el discipulado y nos llama a trasmitir en la misión, porque el discipulado y la misión son como las dos caras de una misma medalla. No hay discipulado sin misión y no hay misión sin discipulado. Para realizar aquello fomenta la conversión misionera de las comunidades eclesiales y organismos pastorales, y renueva el compromiso por la misión ad gentes pensando en la “otra orilla” del Pacífico. Aquí se ubican dos grandes opciones: una presenta la misión como la comunicación de la vida nueva en Cristo a nuestros pueblos, destacando las dimensiones de esa plenitud de vida. La otra recoge la voluntad de varios episcopados, incluyendo el argentino, de promover la conversión de toda la Iglesia en una comunidad más misionera. Desde estos ejes, los siguientes capítulos analizan ámbitos y prioridades de la misión de los discípulos.

El octavo, El Reino de Dios y la promoción de la dignidad humana, confirma y actualiza la opción preferencial por los pobres -y excluidos, agrega- que se remonta a Medellín, a partir del hecho de que en Cristo Dios se hizo pobre por nosotros, para enriquecernos con su pobreza. Estas palabras paulinas (2 Co 8,9), repetidas por Benedicto XVI (DI 3), indican un acento típico de la Conferencia: reafirmar el fundamento cristológico de la opción preferencial por los pobres. La fe afirma que “los rostros sufrientes de los pobres son rostros sufrientes de Cristo”(SD 178), porque “cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos más pequeños, lo hicieron conmigo” (Mt 25, 40).

Luego fomenta una renovada pastoral social, reconoce nuevos rostros de los pobres (desempleados, migrantes, abandonados, enfermos, adictos, presos, parafraseando a Mt 25,31-46), y promueve la justicia y la solidaridad internacional. En Aparecida la Doctrina social de la Iglesia recobra vigor como fundamento de la convivencia social, a quince años de Santo Domingo y a dieciséis de Centesimus annus, si bien en 2005 se publicó el Compendio de la Doctrina social de la Iglesia y en Deus caritas est Benedicto XVI se refirió a cuestiones de doctrina y pastoral social (DCE 19-31).

El noveno, Familia, personas y vida, promueve la cultura del amor en el matrimonio y la familia, y la cultura de la vida y de su defensa en la Iglesia y la sociedad. Desea acompañar pastoralmente a las personas en sus diversas condiciones de niños, jóvenes y adultos mayores, y de mujeres y varones, y fomenta el cuidado del medio ambiente como casa común. Se podrían comentar cada situación elegida. Hay una gran preocupación por los jóvenes que forman la mayoría de la sociedad latinoamericana pobre y son los más vulnerables a los cambios culturales, como la crisis de sentido y de esperanza, y a los tragedias sociales, como la falta de educación y de trabajo. Sólo en San Pablo hay un millón de niños, adolescentes y jóvenes que no estudian ni trabajan, expuestos a la droga y la violencia.

Es significativo que Aparecida, al mismo tiempo que dedica una sección a “la dignidad y partipación de las mujeres”, no sólo a nivel familiar, sino también a nivel social y eclesial, dedica otra a “la responsabilidad del varón y padre de familia”, fomentando el respeto a la dignidad de la mujer frente al atávico machismo, y la responsabilidad familiar frante a la cultura del padre ausente. Ambas secciones pueden sorprender y ayudan a vivir nuestras relaciones de reciprocidad y colaboración mutua.

El décimo, Nuestros pueblos y la cultura, continúa y actualiza las opciones por la evangelización de la cultura de Puebla y la evangelización inculturada de Santo Domingo. No tiene un sólido desarrollo de los fundamentos pero trata con lucidez pastoral los desafiós de la educación y la comunicación, los nuevos aréopagos y los centros de decisión, las grandes ciudades, la presencia de los cristianos en la vida pública, en especial el compromiso político de los laicos por una ciudadanía plena en la sociedad democrática, la integración de los indígenas y afrodescendientes, y una acción evangelizadora que señale caminos de reconciliación y solidaridad en cada país, y de unidad y fraternidad entre nuestros pueblos, para que formen una comunidad de naciones en América Latina y El Caribe.

El Documento tiene un tono evangélico y pastoral, un lenguaje positivo y propositivo, un espíritu interpelante y alentador, un entusiasmo misionero y esperanzado, una búsqueda creativa y realista. En su primer capítulo recuerda que la Iglesia existe para evangelizar (EN 14) y en su Conclusión quiere renovar en sus miembros la dulce y confortadora alegría de evangelizar (EN 80). Echando las redes mar adentro, proclama con audacia a Jesucristo para que nuestros pueblos tengan Vida en plenitud. Con palabras de los discípulos de Emaús y del Discurso inaugural, el Documento concluye con una oración al Señor: Quédate con nosotros, porque ya es tarde y el día se acaba (Lc 24,29).

¿Un nuevo milagro en Aparecida? ¿Reaparición de la Iglesia latinoamericana y caribeña?

En 1717, humildes pescadores estuvieron días sin pescar en el río Paraíba. Amenzados por el hambre y el poder, lanzaron sus redes día y noche sin éxito. De repente, en la red de uno apareció la pequeña imagen de una Virgen negra y luego se produjo una abundante pesca milagrosa. La fe del pueblo percibió un signo de la providencia de Dios y de la protección de Nuestra Señora Aparecida.

El paso del tiempo y los frutos de la Conferencia permitirán decir si vivimos un nuevo Pentecostés. Pentecostés es la manifestación del Espíritu de comunión a la Iglesia y de la misión de la Iglesia a los pueblos - lenguas (cf. Hch 2,1-11). ¿Se dió en Aparecida una novedosa manifestación del Espíritu? ¿Es la aparición de una nueva figura de la Iglesia latinoamericana y caribeña en la Catholica? ¿Será el inicio mariano de otra pesca milagrosa para una evangelización más misionera del Continente, que extraiga del Evangelio luces nuevas para iluminar los nuevos problemas? Hay tiempo para responder estas preguntas en otro artículo. Cierro esta lectura con cinco reflexiones para el postAparecida.

* Siempre sostuve que convenía realizar la V Conferencia por tres grupos de razones: 1) expresar la comunión eclesial en el nivel subcontinental para afianzar la identidad cristiana en América Latina y El Caribe, y manifestar el rostro de la Iglesia católica latinoamericana y caribeña; 2) promover una nueva evangelización de la cultura en el inicio del tercer milenio impulsando, mediatamente, líneas pastorales comunes e, inmediatamente, una misión continental de todos y a todos; 3) animar, mediante la comunión, el testimonio y el servicio de nuestras iglesias, el ideal de una comunidad regional de naciones que haga efectiva la integración latinoamericana como una unidad plural.

El tiempo mostrará si el primero y el tercero de esos objetivos se convertirán en realidades. Con respecto al segundo, los Obispos aprobaron líneas pastorales y decidieron hacer una misión continental a partir de los episcopados y las diócesis. Tal revitalización misionera no es una contraofensiva frente al éxodo hacia otros cultos y espiritualidades, ni una reconquista de la región para la tradición católica ante el auge de “sectas” (palabra casi ausente). Tal vez algunos interpreten la Conferencia así, pero los textos no avalan ningún proyecto de neocristiandad latinoamericana. Hay signos de una actitud distinta, como notaron observadores no católicos. Aparecida habla de atracción por el testimonio del amor de Cristo y rechaza todo proselitismo. Confiesa que la Iglesia Católica bautiza a muchos hijos a los que no visita, ni acompaña, ni catequiza, y se siente abandonada por ellos cuando los ha abandonado primero. Quiere acercarse a sus bautizados, en especial a los alejados en las periferias humanas y urbanas, para que redescubran en su casa el Agua que colme su sed y el Fuego que les dé calor. A nivel ecuménico propone “nuevas formas de discipulado y misión en comunión”.

* La Iglesia ha estado presente en todo el tiempo y el espacio del continente latinoamericano. En 1863, la primera institución en el mundo que llevó ese nombre fue el Colegio Pío Latino-Americano de Roma. La comunión eclesial debería ayudar a construir una comunidad de naciones cultivando la cultura de la integración y el intercambio. La fuerza profética, educativa y simbólica de la Iglesia pueden contribuir a formar el nuevo imaginario integrador para tener un proyecto posible de vida en común. En la Argentina de la crisis nos preguntamos: ¿Queremos ser una nación? Ante los bicentenarios patrios conviene interrogarse: ¿Qué nación queremos ser? Con Aparecida cabe hacerse estas preguntas en profundidad y sin retórica: ¿Queremos ser una región? ¿Qué región queremos ser?

* Aparecida potencia la opción preferencial por los pobres y ahonda su fundamento cristológico. Para Juan Pablo II la parábola del juicio final es “una página de cristología” que “ilumina el misterio de Cristo” (NMI 49). Benedicto XVI, comentándola, expresó: “Jesús se identifica con los pobres... en el más humilde encontramos a Jesús mismo y en Jesús encontramos a Dios” (DCE 15). En Cristo el grande se hizo pequeño, el fuerte se hizo débil, el rico se hizo pobre. La Iglesia confiesa, con Guamán Poma de Ayala, indio peruano de la primera generación cristiana de América, que donde está el pobre está Jesucristo 11. Hay que pensar el amor a los pobres como “un ámbito que caracteriza de manera decisiva la vida cristiana, el estilo eclesial y la programación pastoral” (NMI 49).

* Dios es Amor (1 Jn 4,8) y lo más grande es el amor (1 Cor 13,13). Nuestro patrimonio más precioso es la fe en el Dios Amor. El Amor de Dios es la base para construir “el Continente del Amor” (DI 4). Dios-Amor es Trinidad. El 21 de mayo propuse dos versiones para hacer una formulación cristocéntrico-trinitaria del tema. No tuve éxito pero veo necesario pensar nuestro cristocentrismo trinitario. La señal de la cruz invoca con la palabra al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo mientras confiesa con el gesto a Cristo que nos salva en la cruz pascual. La Conferencia profesó su fe trinitaria en credos, oraciones y textos. El Documento cita a Puebla: “la evangelización es un llamado a la participación en la comunión trinitaria” (DP 218). Para el postAparecida recuerdo esos enunciados: “el amor del Padre nos convoca a ser discípulos y misioneros de Jesucristo para que nuestros pueblos tengan Vida plena, digna y feliz en su Espíritu”; y “somos discípulos y misioneros de Jesucristo que comunicamos el Amor del Padre para que nuestros pueblos tengan vida en el Espíritu Santo”.

* En Aparecida reaparecen los lenguajes del don, la belleza, la bendición, la esperanza y la alegría. La oración del Papa dice: enciende en nuestros corazones el amor del Padre que está en el cielo y la alegría de ser cristianos. La pastoral misionera debe mostrar la belleza de la comunión con la Trinidad y la alegría de la vida teologal. Compartir el Evangelio como un feliz sí de Dios al hombre para que tenga vida y ver “cómo la fe en el Dios que tiene rostro humano trae la alegría al mundo” 12.

Con los miembros del Pueblo de Dios peregrino por América Latina y El Caribe, los discípulos misioneros encontramos la ternura, belleza y alegría del amor de Dios en el rostro de la Madre de Dios. Desde la colina del Tepeyac el rostro mestizo de la Virgen de Guadalupe lleva a su pueblo en la pupila de sus ojos y lo cobija en el hueco de su manto. Desde el río Paraíba el rostro negro de Nuestra Señora Aparecida nos invita a echar las redes para acercar a todos a Jesús, “el Camino, la Verdad y la Vida” (Jn 14,6), porque Él quiere que todos “tengan Vida y la tengan en abundancia” (Jn 10,10).

1. QUINTA CONFERENCIA GENERAL DEL EPISCOPADO DE AMÉRICA LATINA Y DEL CARIBE, “Reglamento” art. 2, punto 4.2, en Manual del Participante, CELAM, Aparecida, 2007, 14.
2. C. GALLI, “Comunicar el Evangelio del amor de Dios de Dios a nuestros pueblos de América Latina y El Caribe para que tengan vida en Cristo”, Medellín 125 (2006) 121-177; “Discípulos misioneros para la comunión de vida en el amor de Cristo promoviendo la integración de los pueblos de América Latina y El Caribe”, Medellín 129 (2007) 113-163.
3. Cf. V. FERNÁNDEZ - C. GALLI, Discípulos misioneros, Agape, Buenos Aires, 2006, 126 págs.
4. Cf. CELAM, Síntesis de los aportes recibidos para la Quinta Conferencia, CELAM, Bogotá, 2007 (DSint).
5. Cf. M. DE FRANÇA MIRANDA, Aparecida. A hora da América Latina, Paulinas, Sâo Paulo, 2006, 71 págs.
6. Cf. C. GALLI, “Claves de la eclesiología conciliar y posconciliar desde la bipolaridad Lumen gentium - Gaudium et spes. Síntesis panorámica y mediación especulativa”, en SOCIEDAD ARGENTINA DE TEOLOGÍA (ed.), A cuarenta años del Concilio Vaticano II: recepción y actualidad, San Benito, Buenos Aires, 2006, 49-107; “Cristo, por su Espíritu, en su Iglesia y en el hombre. Centralidad de Cristo y nexos entre sus diversas presencias según el Concilio Vaticano II”, en V. FERNÁNDEZ - C. GALLI (dirs.), Presencia de Jesús. Caminos para el encuentro, San Pablo, Buenos Aires, 2007, 9-63.
7. Cf. V. FERNÁNDEZ, “Diario de Aparecida. I”, CRITERIO 2327 (2007) 299-306. El resto se publica en este número.
8. Los textos se pueden ver en el Suplemento AICA-DOC 659 del Boletín AICA 2633 del 6/6/2007 y, en formato virtual, en la web del CELAM. El Discurso del Papa y el Resumen del Documento final se pueden leer en nuestra página www.revistacriterio.com
9. Tomo la idea y la frase de J. RATZINGER en Introducción al cristianismo, Salamanca, Sígueme, 1969, 151.
10. “Este documento continúa la práctica del método ‘ver, juzgar y actuar’, utilizado en anteriores Conferencias Generales del Episcopado Latinoamericano. Muchas voces venidas de todo el Continente ofrecieron aportes y sugerencias en tal sentido, afirmando que este método ha colaborado a vivir más intensamente nuestra vocación y misión en la Iglesia, ha enriquecido el trabajo teológico y pastoral, y en general ha motivado a asumir nuestras responsabilidades ante las situaciones concretas de nuestro continente. Este método nos permite articular, de modo sistemático, la perspectiva creyente de ver la realidad; la asunción de criterios que provienen de la fe y de la razón para su discernimiento y valoración con simpatía crítica; y, en consecuencia, la proyección del actuar como discípulos misioneros de Jesucristo. La adhesión creyente, gozosa y confiada en Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo y la inserción eclesial, son presupuestos indispensables que garantizan la pertinencia de este método” (DSint 34-35, en el capítulo uno).
11. Cf. G. GUTIÉRREZ, “Donde está el pobre, está Jesucristo”, Páginas 197 (2006) 6-22. Cf. su reciente estudio “Benedicto XVI y la opción por el pobre”, en la web: Portal de Noticias de la Pontificia Universidad Católica del Perú, 6/6/2007.
12. BENEDICTO XVI, “Ser testigos de Jesús resucitado. Discurso en la IV Asamblea eclesial nacional italiana en Verona”, 19/10/2006, L’Osservatore romano (edición semanal en lengua española), 27/10/2006, 9.

 
El verdadero paso ecuménico de Aparecida:
la aceptación de la diversidad en América Latina

Nos preguntamos qué aporta al ecumenismo la V Conferencia General del Episcopado latinoamericano y del Caribe. Pero antes de comenzar a considerar cualquier tema tratado en el Documento, conviene recordar un criterio hermenéutico decisivo.

1. El ecumenismo en el contexto del tema de la V Conferencia

Es indispensable tener en cuenta que el Documento conclusivo no es un libro escrito por un autor, que se detuvo a pensar bien cada frase y a redactar lo que sólo a él le parecía adecuado. Este es un documento hecho por más de 260 personas, a partir de un diálogo intenso de tres semanas. Es el resultado de mucho tiempo de discusión y de oración comunitaria en orden a encontrar grandes coincidencias, algunos consensos fundamentales para evangelizar en América Latina y el Caribe. Por eso, lo que interesan aquí son las grandes líneas, los núcleos de fondo que estructuran el conjunto del Documento y que permiten comprender mejor el sentido de los diversos párrafos.

No conviene leerlo para buscar frases interesantes, ya que hay expresiones colocadas por insistencia de alguna persona, o palabras modificadas por la propuesta de algún sujeto muy respetable, pero que no siempre representan las preocupaciones reales de la mayoría. En esos detalles es posible que no siempre haya consenso. Mejor es descubrir los grandes acentos que resultaron de un proceso de mucho debate y participación.

Por esa misma razón, no parece conveniente hablar aquí sólo de lo que dice Aparecida acerca del ecumenismo sin hacer previamente un esfuerzo para asumir en nuestra propia tarea los grandes ejes y los consensos profundos, que a su vez tienen consecuencias ecuménicas.

Ante todo, invito a reconocer los tres grandes ejes que conforman el tema de la V Conferencia y que atraviesan todo el Documento: Misión, vida en Cristo y discipulado.

Esto aporta mucho al ecumenismo, ya que los tres ejes, tal como han sido desarrollados, invitan a simplificar la vida y la actividad de la Iglesia volviendo a lo esencial: El eje “discípulos” lleva a recordar que somos cristianos por el encuentro con Jesucristo más que por una doctrina o una ética (243). El eje “misioneros” exhorta a “abandonar las estructuras caducas” que no sirvan a la misión (365) y a “someterlo todo al servicio de la instauración del Reino de vida” (366). El eje “vida” somete todo a la comunicación de una vida digna y plena en Cristo:
“La propuesta de Jesucristo a nuestros pueblos, el contenido fundamental de esta misión, es la oferta de una vida plena para todos. Por eso, la doctrina, las normas, las orientaciones éticas, y toda la actividad misionera de la Iglesia, deben dejar transparentar esta atractiva oferta de una vida más digna, en Cristo, para cada hombre y para cada mujer de América Latina y de El Caribe” (361).

Advirtamos que los tres ejes invitan, de un modo o de otro, a una reforma que nos concentre más en Jesucristo y permita reflejar mejor la frescura del Evangelio. Esto, que parece muy sencillo, tiene innumerables y revolucionarias consecuencias prácticas y es de invalorable ayuda para el ecumenismo. Porque siempre que intentamos volver a lo esencial y somos capaces de restablecer una jerarquía de verdades y de valores que responda mejor al Evangelio, el camino del diálogo y del encuentro se allana maravillosamente.

Así sucedió, de hecho, en el admirable proceso que llevó a la Declaración conjunta sobre la Justificación, en un diálogo de treinta años que buscó precisar los núcleos básicos de la doctrina.

2. El contexto histórico-existencial

Cualquier cosa que digamos sobre Aparecida implica analizar el texto, pero considerando también el contexto existencial en el que surgió. Es verdad que el texto es parte del acontecimiento, porque en general utiliza un tono y un estilo que refleja una actitud pastoral, humilde, cercana, dialogal. Pero el acontecimiento rebasa lo que pueda expresarse en un Documento. Por eso detengámonos brevemente a recoger algo de la vida y la convivencia del acontecimiento de la V Conferencia.

En las intervenciones de los presidentes de Conferencias Episcopales, el 15/05 abundaban las referencias al proselitismo de las sectas, pero en algunos casos se evidenciaba que se referían también a comunidades eclesiales cristianas, englobando a todos los no católicos bajo la expresión “sectas”. El uso de esta expresión despectiva, y la ausencia de necesarias distinciones preocupó no sólo a los observadores evangélicos, sino también a muchos de los católicos presentes. Por otra parte, parecía que los obispos de países que habían sufrido un mayor éxodo de católicos, lo atribuían sólo al proselitismo de otros grupos sin tomar demasiado en cuenta las propias responsabilidades en una evangelización deficiente, en la escasa formación de los cristianos, en la falta de cercanía a los sectores más empobrecidos y periféricos.

Por otra parte, en estas mismas intervenciones se vislumbraban algunas perspectivas diferentes. Hay que tener en cuenta que en esa asamblea los oradores procuraban representar diversas opiniones de los miembros de sus Conferencias Episcopales, por lo cual el contenido de sus intervenciones era heterogéneo.

Finalizadas estas exposiciones se hizo una aclaración pública a los observadores protestantes, indicándoles que el uso despectivo de la expresión “sectas” no se refería a las comunidades eclesiales cristianas sino a otros grupos agresivos y cerrados a todo diálogo. Igualmente se les pidió disculpas por la falta de cuidado en el lenguaje utilizado. En mis conversaciones con algunos observadores evangélicos no advertí una preocupación particular al respecto, porque para ellos lo sucedido sólo reflejaba lo que de hecho ocurre habitualmente en muchas Diócesis. Pero también me manifestaron que el único modo de advertir un verdadero cambio de actitud en la V Conferencia sería que se reconociera a los cristianos no católicos el derecho y el deber de ser misioneros.

Yo mismo, el 19/05, viendo que persistían expresiones inadecuadas, tuve una intervención en la asamblea donde pedí una mayor atención al lenguaje en orden a expresar una actitud de reconocimiento del otro. Entre otras cosas dije que “si nos duele la pérdida de católicos, mostremos que nos preocupa que se vayan de nuestra casa, más que atacar a quienes los reciben”. Debo decir que esa intervención fue muy bien acogida. Advertí que mi preocupación era compartida por muchos. De hecho, en los debates posteriores en grupos y comisiones, y en el trabajo de redacción, se advirtió una mayor sensibilidad al respecto.

Sin embargo, escuchando diversas conversaciones pude reconocer cómo, aun en los sacerdotes y obispos, hay deficiencias formativas de diverso orden que los hermanos protestantes nos perdonan amablemente. Para poner un ejemplo sencillo, menciono que en la Eucaristía del 29/05 pidieron al pastor bautista Harold Segura que hiciera la primera lectura. No advirtieron que los protestantes no aceptan el libro del Eclesiástico como parte del canon. Y el pastor, finalizada la lectura, tuvo que decir “Es Palabra de Dios”.

Los pastores presentes podían disculpar estos detalles con buen humor porque eran personas muy abiertas y con larga experiencia ecuménica. Pero no podemos decir que su actitud sea la de la mayoría de los pastores de sus comunidades eclesiales. El mismo pastor Segura comenta en su blog (el 12-05) que un pastor amigo rechazaba que él fuera a la V Conferencia y le dijo: “Lamento que tengas que cumplir ese papel. Soy de la opinión de que es nefasto para el testimonio del cristiano”.

Al mismo tiempo, debo decir que los pastores presentes se caracterizaban por una sensibilidad particular hacia la cultura latinoamericana, que les permitía también ser respetuosos hacia la piedad popular, caracterizada por muchos grupos evangélicos como supersticiosa e incluso idolátrica. Uno de ellos decía que en este tema “el protestantismo corre los riesgos del conservadurismo excluyente tras su aspiración al Evangelio puro”. Por otra parte, el pastor metodista Néstor Míguez habló a la asamblea en nombre de otros cuatro evangélicos presentes diciendo que se sentían convocados por el Papa Benedicto a un despertar misionero. Destaco que valoró la evangelización de América porque sembró la Palabra y constituyó comunidades servidoras de los necesitados que celebraron al Dios Trino y enraizaron el mensaje de Cristo en las variadas culturas. De ese modo contribuyeron a delinear los rostros hermosamente diversos de nuestros pueblos. Dijo que, si bien hubo aspectos cuestionables, tampoco la evangelización realizada por los protestantes estuvo libre de ambigüedades. Rechazó las prácticas sectarias o beligerantes que atentan contra el verdadero ser misionero, pero invitó a erradicarlas mediante el camino del diálogo.

Pero en el acontecimiento de Aparecida se destaca una metodología participativa de trabajo que hizo posible un diálogo sincero y fecundo. Durante mucho tiempo se trabajó en grupos y comisiones integrados por obispos, sacerdotes, religiosos/as, laicos/as, incluyendo hermanos protestantes de diversas comunidades eclesiales. Si bien el reglamento establecía que se podía dar la palabra a cualquiera de ellos, el hecho es que los obispos moderadores en la práctica favorecieron una amplia y constante participación de todos. Por consiguiente, tanto la presencia de los protestantes como los aportes de los participantes católicos con mayor sensibilidad ecuménica provocaron un especial cuidado del lenguaje y una creciente delicadeza a la hora de referirse a los no católicos o a los temas que nos dividen. En los hoteles, los hermanos protestantes frecuentemente compartían la mesa con los obispos. Todo esto hizo que, de hecho, la palabra “sectas” que se repetía con frecuencia y descuido en los primeros días, poco a poco fuera desapareciendo.

Por eso en el Documento conclusivo aparece sólo una vez (185). Por otra parte, se redactó un párrafo que vale la pena leer para advertir las adecuadas distinciones que aporta:
“Dentro del nuevo pluralismo religioso en nuestro continente, no se ha diferenciado suficientemente a los creyentes que pertenecen a otras iglesias o comunidades eclesiales, tanto por su doctrina como por sus actitudes, de los que forman parte de la gran diversidad de grupos cristianos (incluso pseudocristianos) que se han instalado entre nosotros, ya que no es adecuado englobar a todos en una sola categoría de análisis. Muchas veces no es fácil el diálogo ecuménico con grupos cristianos que atacan a la Iglesia Católica con insistencia” (100g).

Podríamos decir que lo sucedido en la V Conferencia es un verdadero modelo de relaciones fraternas y cercanas, pero también sinceras y realistas, como no es frecuente encontrar en otros ámbitos. Debo decir que las actitudes y el lenguaje que fueron generalizándose en la convivencia cotidiana a lo largo de la V Conferencia superaron las relaciones muchas veces distantes y otras veces meramente diplomáticas que puede haber en algunas diócesis y parroquias de nuestros países.

3. El reconocimiento del otro diferente

Más allá de lo que diga Aparecida sobre el ecumenismo, que en general es una síntesis de cosas ya suficientemente repetidas, interesa advertir una decisión básica que está detrás de todo camino ecuménico que sea sincero y no una mera astucia pragmática. Me refiero a la aceptación serena y sincera de la presencia del otro diferente, con el reconocimiento teórico y práctico de su derecho a estar aquí y ser él mismo. Esta aceptación ha permitido que, desde hace varios años, el objetivo del diálogo se plantee como la consecución de una “diversidad reconciliada”, donde la comunión no anula al otro como otro, sino que le permite seguir siendo diferente.

Esto, que en Europa o en América del Norte puede haber entrado hace tiempo en la conciencia colectiva cristiana, todavía provoca resistencias en América Latina a raíz de la conciencia de ser depositarios de una cultura católica aceptada y vivida por la mayoría de la población.

Pero la globalización posmoderna nos ha obligado a reconocer la emergencia de las diferencias. La aceptación de esa diferencia, en el Documento de Aparecida, se manifiesta, entre otras cosas, en el modo de tratar la cuestión de los indígenas y afroamericanos. Se dice, por ejemplo, que “los indígenas y afroamericanos son, sobre todo, ‘otros’ diferentes, que exigen respeto y reconocimiento. La sociedad tiende a menospreciarlos, desconociendo su diferencia” (89).

Si bien se destacan los factores de unidad de América Latina, se reconoce que “se trata de una unidad desgarrada” y atravesada por profundas contradicciones, donde no todos están incorporados (527).

Después de muchos años acentuando férreamente el “sustrato católico” de la población, como si fuera una realidad monolítica, en Aparecida se prefirió reconocer “la riqueza y la diversidad cultural de los pueblos de América Latina”, mencionando “diversas culturas indígenas, afroamericanas, mestizas, campesinas, urbanas y suburbanas” (56). Por eso las relaciones no se plantean de un modo meramente paternalista, sino como un “diálogo fraterno y respetuoso” con los afroamericanos y se propone un “diálogo entre cultura negra y fe cristiana” (533). Se reconoce que las culturas indígenas autóctonas se caracterizan por “una cierta búsqueda de Dios” (56) y se explicita que el servicio pastoral a los indígenas exige también “fomentar el diálogo intercultural, interreligioso y ecuménico (95).

Los “diferentes” aparecen también con rostro de migrantes:
“Existen también comunidades de migrantes que han aportado las culturas y tradiciones traídas de sus tierras de origen, sean cristianas o de otras religiones. Por su parte, esta diversidad incluye a comunidades que se han ido formando por la llegada de distintas denominaciones cristianas y otros grupos religiosos. Asumir la diversidad cultural, que es un imperativo del momento, implica superar los discursos que pretenden uniformar la cultura, con enfoques basados en modelos únicos” (59).

Fuera de estos ejemplos, suficientemente significativos, la palabra “diferente/diferencia” aparece 38 veces en el Documento, y la raíz “diversa/diversidad” se repite 95 veces. Más allá del sentido preciso que tengan las distintas recurrencias de los términos, su abundante presencia ya indica una estructura mental que se abre y que hace posible, dentro de ese marco, un camino ecuménico más esperanzador.

Esta aceptación amante de la diferencia tiene su raíz en el mismo Dios, porque “el misterio de la Trinidad nos invita a vivir una comunidad de iguales en la diferencia” (452).

Pero, en lo que se refiere más directamente al ecumenismo, el reconocimiento del otro como diferente y la aceptación de la diferencia encuentra una manifestación muy creíble en Aparecida cuando se convierte en la aceptación de su derecho a comunicar su fe, a difundir la propuesta cristiana, a ser misionero, sin tener miedo a su acción misionera. Ya no es tolerar su existencia como un hecho inevitable y fatal, sino reconocerle el derecho a ser y por lo tanto a ser difusivo de sí. Esto es lo que sugerían reiteradamente los observadores protestantes como un avance importante que debía producirse en Aparecida: que, además de lamentar el proselitismo de los grupos agresivos, se reconociera a las demás Iglesias y Comunidades eclesiales cristianas el derecho y el deber de anunciar a Cristo, de ser misioneras. Eso demostraría de modo convincente que, cuando los católicos lamentan el proselitismo de las “sectas” no están incluyendo allí a los anglicanos, presbiterianos, bautistas, metodistas o pentecostales históricos. Por eso los hermanos protestantes reclamaban también para ellos la convocatoria a la misión, como un paso necesario hacia un ecumenismo más auténtico. De otro modo, seguirían sintiendo que la Iglesia Católica en América Latina sólo soporta que existan, mientras no molesten, mientras no interfieran, mientras no crezcan. Si la misión es una exigencia que brota necesariamente de la vida recibida. ¿Quién puede negar a los cristianos de otras confesiones el derecho y el deber de anunciar a Jesucristo, sin acusarlos por ello de proselitismo? Sin embargo, este paso no se daba.

Pero en Aparecida sí se dio. En un párrafo importante se propone “una evangelización mucho más misionera, en diálogo con todos los cristianos” (13). Pero el desafío planteado se acogió sobre todo con estas palabras:
“En esta nueva etapa evangelizadora, queremos que el diálogo y la cooperación ecuménica se encaminen a suscitar nuevas formas de discipulado y misión en comunión. Cabe observar que, donde se establece el diálogo, disminuye el proselitismo, crece el conocimiento recíproco, el respeto y se abren posibilidades de testimonio común” (233).
Se trata de un diálogo que procura lograr una comunión en la tarea misionera. La misión en comunión integra no sólo el anuncio explícito de Jesucristo a quienes no lo conocen, lo olvidan o prescinden de él en sus vidas. También significa estar juntos en la defensa de la justicia, en la denuncia profética ante todo lo que atenta contra la dignidad humana, en la promoción integral de las personas, en el servicio de la caridad, etc. Destaco, por ejemplo, el punto 426, que reconoce el esfuerzo que realizan “las Iglesias” para acompañar a los adictos dependientes. En otro párrafo se invita a “realizar acciones conjuntas en los diversos campos de la vida eclesial, pastoral y social” (232).

4. Una novedosa preocupación por la Escritura

Otra cuestión transversal que tiene un importante efecto ecuménico es el lugar dado a la Escritura en la vida cristiana y en la misión. Este asunto despertaba un gran interés dentro de la V Conferencia. Ya cuando hablaron los presidentes de las distintas Conferencias episcopales (representando a todos los obispos de sus Conferencias), la mayoría se refirió a la necesidad de la formación bíblica, de entregar la Biblia al pueblo, de fomentar la “lectio divina”, o de hacer de la formación bíblica un eje transversal de toda la pastoral. Lo mismo apareció en las distintas Comisiones de diálogo. Por eso el Documento evita hablar de la “pastoral bíblica” como una tarea más dentro de tantas actividades pastorales, y prefiere hablar de la “animación bíblica de toda la pastoral”:
“Los discípulos de Jesús anhelan nutrirse con el Pan de la Palabra: quieren acceder a la interpretación adecuada de los textos bíblicos, a emplearlos como mediación de diálogo con Jesucristo, y a que sean alma de la propia evangelización y del anuncio de Jesús a todos. Por esto la importancia de una ‘pastoral bíblica’, entendida como animación bíblica de la pastoral” (248).

También agradece que debido a esta “animación bíblica de la pastoral, aumenta el conocimiento de la Palabra de Dios y el amor por ella” (99a).

Esta preocupación constante se aplica concretamente a diversas situaciones y tareas, con lo cual se confirma que se trata de un interés sincero e intenso. Por ejemplo:
a) Al referirse a la catequesis dice que debe conducir a los fieles “especialmente en la lectura y meditación de la Palabra de Dios, que es el primer fundamento de una catequesis permanente” (298), y que se debe asegurar un proceso de iniciación cristiana “guiado por la Palabra” (289).

b) Cuando propone el crecimiento y maduración de la piedad popular, ante todo afirma que se debe procurar “un contacto más directo con la Biblia” (262).

c) Cuando habla de la Virgen María, dice que ella “nos enseña el primado de la escucha de la Palabra en la vida del discípulo y misionero” (271).

d) Al valorar las pequeñas comunidades eclesiales dice que “son un ámbito propicio para escuchar la Palabra de Dios” (308) y que “es necesario suscitar en ellas una espiritualidad sólida, basada en la Palabra de Dios” (309).
e) Refiriéndose a la formación intelectual de los seminaristas dice que “se deberá reforzar el estudio de la Palabra de Dios en el currículo académico en los diversos campos formativos, procurando que la Palabra divina no se reduzca sólo a nociones, sino que sea en verdad espíritu y vida que ilumine y alimente toda la existencia” (323).
Los ejemplos mencionados bastan para confirmar la fuerza de esta preocupación que suena como una verdadera novedad en el Episcopado latinoamericano. Son diversos los caminos por lo cuales el Espíritu ha llevado a esta novedosa inquietud bíblica: Ciertamente la pastoral bíblica que ha ido creciendo en los diversos países después del Vaticano II, pero también el progreso en el encuentro ecuménico, sin olvidar la preocupación por los católicos que dejan la Iglesia. De hecho, al tratar directamente ese asunto, una de las propuestas es mejorar la formación bíblica de los fieles (cf. 226c).

Cabe destacar que, mientras las palabras “Eucaristía, Misa, eucarístico” aparecen 56 veces en todo el Documento, las palabras “Biblia, bíblica, Palabra, Escritura” aparecen 105 veces, sin contar las 59 veces que aparece la expresión “Evangelio”. Esto ayuda a advertir el esfuerzo por evitar un sacramentalismo que opaque la centralidad de la Palabra. Por otra parte, la expresión “Magisterio” se repite sólo 11 veces, con lo cual puede advertirse una debida proporción. Se trata de un esfuerzo que en sí mismo es altamente significativo en el camino ecuménico.

5. Ecumenismo

Repito que los párrafos dedicados más directamente al ecumenismo (227-234), fuera de lo mencionado acerca de la “misión en comunión” no aportan novedades, pero tienen el valor de recoger algunas convicciones más generalizadas que en las décadas anteriores.

Es destacable que estos párrafos estén ubicados dentro de un capítulo titulado: “La comunión de los discípulos misioneros en la Iglesia”. Así, el camino ecuménico se entiende como una exigencia interna de la misma comunión eclesial, que reclama ser ampliada y enriquecida.

Ante todo, se resalta que la actividad ecuménica es una exigencia “evangélica, trinitaria y bautismal” (228). No parte de una actitud pragmática, sino de motivaciones muy profundas, como “la comprensión y la práctica de la eclesiología de comunión” y el “deseo de Cristo” (227). Supone también, en último término, la marca trinitaria que late en el corazón humano:

“Reconocemos una profunda vocación a la unidad en el ‘corazón’ de cada hombre, por tener todos el mismo origen y Padre, y por llevar en sí la imagen y semejanza del mismo Dios en su comunión trinitaria (cf. Gen 1, 26)” (524).
Por eso, el ecumenismo “es un camino irrenunciable para el discípulo y misionero” (227) y “exige un camino de conversión” (228) y de oración (220).

El Documento pide “hacer más conocidas las declaraciones que la propia Iglesia Católica ha suscrito en el campo del ecumenismo desde el Concilio” (231) y alienta a participar de los organismos ecuménicos, de manera que “la promoción de la unidad de los cristianos, asumida por las Conferencias Episcopales, se consolide y fructifique bajo la luz del Espíritu Santo” (232).

Finalmente, citando UUS 79 pide evitar tanto el falso irenismo como la tibieza en la búsqueda de la unidad, y citando a Benedicto XVI reclama pasar de los buenos sentimientos a “gestos concretos que penetren en los espíritus y sacudan las conciencias” (234).

6. Sombras

No puedo dejar de decir que, dentro de un tono positivo generalizado, hay algunas expresiones de Aparecida que podrían suscitar rechazo en algunas Comunidades protestantes.

a) Con respecto al éxodo de fieles católicos, el Documento no deja de expresar la preocupación de los obispos, aunque es cauteloso a la hora de describirlo:
“En las últimas décadas, vemos con preocupación, por un lado, que numerosas personas pierden el sentido trascendente de sus vidas y abandonan las prácticas religiosas, y, por otro lado, que un número significativo de católicos está abandonando la Iglesia para pasarse a otros grupos religiosos. Si bien es cierto que éste es un problema real en todos los países latinoamericanos y caribeños, no existe homogeneidad en cuanto a sus dimensiones y su diversidad” (100f).

b) Cabe tener en cuenta la problemática peculiar de algunos países centroamericanos donde la pérdida de fieles católicos ha sido más notable y donde hubo grupos particularmente agresivos ligados a determinados intereses políticos. El caso más notorio es el de Guatemala, donde algunos grupos evangélicos estuvieron ligados a la imposición del general E. Ríos Montt como presidente, en un golpe de estado apoyado por los Estados Unidos. Ese gobierno, signado por una espantosa matanza de indígenas, apoyó el ingreso y la acción de ciertos grupos cristianos agresivos, con un discurso marcadamente anticatólico. Esto explica la invitación a desarrollar una nueva apologética, en un párrafo propuesto precisamente por obispos guatemaltecos. De todos modos, el párrafo aclara que esta apologética “no tiene porqué ser negativa o meramente defensiva per se. Implica, más bien, la capacidad de decir lo que está en nuestras mentes y corazones de forma clara y convincente” (229). Se trata simplemente de lograr que los fieles católicos puedan reconocer mejor y expresar adecuadamente las razones de su fe.

c) Hay un párrafo que particularmente podría dar lugar a malentendidos con los hermanos no católicos:
“Según nuestra experiencia pastoral, muchas veces, la gente sincera que sale de nuestra Iglesia no lo hace por lo que los grupos ‘no católicos’ creen, sino, fundamentalmente, por lo que ellos viven; no por razones doctrinales, sino vivenciales; no por motivos estrictamente dogmáticos, sino pastorales; no por problemas teológicos, sino metodológicos de nuestra Iglesia. Esperan encontrar respuestas a sus inquietudes. Buscan, no sin serios peligros, responder a algunas aspiraciones que quizás no han encontrado, como debería ser, en la Iglesia” (225).
Este párrafo, si bien expresa cierta autocrítica, al no precisar a quiénes se refiere cuando habla de “no católicos”, parece decir que en las demás Iglesias o Comunidades eclesiales hay “serios peligros”. Se trata de un lenguaje legítimamente agregado en la revisión que se realizó en la Curia vaticana, pero que difiere del lenguaje que se fue generalizando en la V Conferencia.

d) Finalmente, hay otro párrafo que podría ser interpretado como una suerte de “reconquista de fieles” que ahora integran otras Iglesias o Comunidades eclesiales. Dice que un camino a seguir es desarrollar un compromiso misionero “a fin de reencantarlos con la Iglesia e invitarlos a volver a ella” (226d), si bien en otra parte se aclara que “la Iglesia crece no por proselitismo” sino por la atracción de su vida comunitaria (cf. 159).
Pero creo que la presencia de estos párrafos no debe llevar a relativizar la importancia de los mejores aportes del Documento y de sus valores más generalizados. Estos pocos párrafos sólo reflejan la realidad, que es siempre compleja. Permiten que todas las inquietudes que estuvieron presentes en la V Conferencia se vean representadas por el Documento. En definitiva esto no hace más que mostrar que, si bien los avances son reales, todavía hay un largo camino por recorrer, también en la búsqueda ecuménica de la Iglesia en América Latina.

Pbro. Dr. Víctor Manuel Fernández

 
¿Qué hacemos con Aparecida?
Recepción y aplicación del Documento

La apatía previa a la V Conferencia hacía pensar que Aparecida pasaría desapercibida. Pero diversas razones han hecho que no fuera así. Dedicaré este artículo a comentar las polémicas desatadas por los cambios que sufrió el Documento, a la recepción que ha tenido hasta ahora, y a las grandes líneas para aplicarlo en nuestro país.

1. La polémica sobre los cambios al Documento

Sabemos que la versión aprobada por los obispos, con sólo dos votos en contra, no coincide con la que el Papa autorizó publicar. Hay unas 200 modificaciones de diversa importancia. Algunos han sostenido que el documento fue modificado por el CELAM, y eso desató la polémica mediática que ayudó a despertar el interés por Aparecida. El conflicto se agravó cuando el Cardenal Geraldo Majella, uno de los tres presidentes de la V Conferencia, declaró que él no estaba enterado de esas modificaciones y reclamó que se esclareciera quién las había efectuado (“O Estado de São Paulo”, 16/08). Pero el asunto se complicó más todavía por una información equivocada que aparece en la página digital de Aciprensa del 17/08 (repetida por Aica y por otros periódicos) donde sostienen que las modificaciones realizadas al texto sobre las Comunidades de Base, y otras, tuvieron la finalidad de “restablecer” un texto que supuestamente fue adulterado dentro de la V Conferencia.

Contrariamente a lo que dice Aciprensa, atestiguo que los párrafos sí estaban en el documento (incluso en la primera redacción numerada, aunque en otra parte). Era el texto que los obispos tenían en la mano para proponer modificaciones (“modos”) y que yo conservo como testimonio. La Comisión de Redacción, sin modificar esos párrafos, sólo decidió cambiarlos de capítulo. El secretario designado para ese servicio, al realizarlo, confundió estos párrafos con otros (los actuales 307-310) e involuntariamente borró tres párrafos. Yo mismo podría haber revisado el capítulo pero no lo hice por cansancio y porque estábamos abrumados debido al poco tiempo que quedaba para enviar el texto a imprenta. Por eso, juntando firmas de más de siete presidentes de Conferencias Episcopales, los obispos que habían redactado lo referido a las Comunidades de Base pidieron que se recuperara el texto borrado. En realidad no era necesario seguir ese procedimiento. La Comisión de redacción lo restituyó sólo por reconocer su propio error involuntario. Al día siguiente, el 31/05, se votó el texto íntegro del Documento, por 127 votos a favor, 2 en contra y 1 en blanco. Pero en su carta del 09/08 el Card. Errázuriz se refiere a los cambios en el texto sobre las Comunidades diciendo que, aunque algunos países las valoran, “en otros recuerdan malas experiencias”. Lo que uno se pregunta es si esa apreciación puede invalidar lo dicho en un documento que fue aprobado con sólo dos votos en contra después de un debate ampliamente participativo.

En septiembre, el Cardenal Re sostuvo que los cambios sobre las Comunidades de Base se efectuaron en la Curia vaticana, y que los párrafos sobre las Comunidades de Base se repusieron con modificaciones. Sabemos que, en Aparecida, las modificaciones en la votación para reponer los párrafos no se llegó a los dos tercios requeridos, con lo cual se advertía que un sector de los obispos tenía reparos. Pero la Curia vaticana incorporó el texto atendiendo al sentir de más de 70 obispos que votaron a favor de su reposición.

2. Mi versión sobre los cambios realizados

Creo que la mayoría de los cambios que se realizaron después de Aparecida eran oportunos y necesarios. Es más, al finalizar la V Conferencia se daba por supuesto que el CELAM realizaría una buena revisión de estilo, para corregir los abundantes errores gramaticales, para evitar repeticiones innecesarias e incluso precisar la redacción de algunos párrafos. Yo mismo, sabiendo que se realizaría esa tarea, dejé una página sugiriendo algunas correcciones. Hay que tener en cuenta que los capítulos han sido redactados en las diversas Comisiones en pocos días, y que si bien la Comisión de redacción trató de mejorarlos, no hubo tiempo suficiente para una adecuada revisión y corrección de estilo. Algunos párrafos eran impresentables y creo que no era adecuado entregar en Roma un texto en bruto donde el sentido de muchas expresiones era confuso.

Advierto que no todos los cambios responden a inquietudes de una sola línea. Por ejemplo: los que lamentan que el documento no fue demasiado crítico con el neoliberalismo podrían ver que el actual número 69 se mejoró notablemente, eliminando una afirmación que decía que la economía de Mercado “sigue siendo una forma idónea de organizar el trabajo, el conocimiento y el capital para satisfacer las auténticas necesidades humanas”. Habría sido terrible que ese párrafo quedara como estaba.

Sí reconozco que hay tres o cuatro cambios que no reflejan el espíritu de Aparecida. Por ejemplo, en el actual párrafo 100 se quitó que “lamentamos cierto clericalismo”, y en el 193 se eliminó una frase que decía que “antes que padre el presbítero es un hermano”, etc.

El hecho es que durante junio y hasta el mes de julio, en el CELAM seguía revisándose el texto. Algunos obispos de diversos países, que estuvieron presentes en la Asamblea del CELAM en julio (Cuba) testifican que eso aconteció. Por ejemplo, se pidió a un obispo que había redactado los párrafos 329-330 acerca de la educación, que clarificara el sentido de ese texto. También se realizaron cambios de orden entre párrafos del capítulo 1 porque, siendo fruto de varias manos, en Aparecida no alcanzó el tiempo para ordenarlos con coherencia. Por eso en un primer momento no comprendí que el Cardenal Errázuriz afirmara, en su carta del 20/08, que en el CELAM “no se cambió ni siquiera una coma”. No sospecho de la sinceridad del Cardenal, quien por otra parte ha hecho inmensos esfuerzos para que pudiera celebrarse la V Conferencia y favoreció un ambiente de amplia participación. ¿Pero qué significa su asombrosa afirmación?. Mi conclusión es esta: dicha afirmación se sostiene porque los cambios fueron realizados en diálogo con el Cardenal Re, quien fue autorizado por el Papa para realizarlos, no en cuanto presidente de la V Conferencia sino por presidir la Pontificia Comisión para América Latina. De este modo, la responsabilidad por los cambios no recae sobre el CELAM sino sobre la Curia vaticana, aunque el CELAM hubiera intervenido en la ejecución de algunos. Evidentemente, este procedimiento puede ser cuestionado, pero está dentro de las normas establecidas. En medio de este procedimiento fueron consultadas diversas Congregaciones vaticanas, pero ya no podemos saber de qué persona depende concretamente un cambio u otro. Sólo sabemos que la Congregación para la Doctrina de la Fe, que legítimamente podría aportar precisiones, simplemente dijo que “no había afirmación alguna en el documento que fuera en contra del dogma o la moral” (Errázuriz en Aciprensa del 18/08). También sabemos que el Papa “se resistió muchísimo” a realizar modificaciones, puesto que quería respetar la tarea de los obispos (Cnal. Bergoglio, Conferencia de prensa del 03/09).

Creo que el debate sobre los cambios –que en general no caen bien– no debe llevar a desconocer que el Documento impreso, aun con las modificaciones sufridas, contiene preciosas motivaciones para una misión incisiva que incluya una reforma profunda de las estructuras eclesiales. Muchas cosas sumamente valiosas quedaron en pie. Ahora podríamos alimentar la molestia por las modificaciones y debilitar así la fuerza de las grandes orientaciones del Documento, que no han sido alteradas y que son los verdaderos consensos de fondo. Eso sería muy mal negocio y daría argumentos a los sectores más regresivos para que ignoren las grandes líneas que invitan a la apertura, al dinamismo reformador y misionero, a la comunión pastoral, a la transformación de la vida pública y al compromiso con los pobres. Si es verdad que hay que “abandonar las estructuras caducas” que ya no favorezcan la comunicación del Evangelio (365), también hay que mitigar las polémicas que puedan distraernos de este fuerte llamado del Espíritu a iniciar una nueva etapa evangelizadora.

Es más, aun con los indeseables cambios realizados, hay que reconocer que el texto actual sobre las Comunidades de Base sigue siendo fundamentalmente valorativo de estas Comunidades y no deja de alentarlas. Así lo reconocen teólogos de la liberación como J. Comblin, G. Gutiérrez y otros.

3. Sobre la recepción de Aparecida

Aunque yo volví de la V Conferencia lamentando que el tiempo no alcanzó para realizar una buena revisión del texto, y sabiendo que todo podría ser mejor, me llamó la atención que la recepción de Aparecida fue muy positiva. Fuera de dos o tres comentarios ácidamente negativos, todo lo que escuché y leí es fundamentalmente valorativo. Es decir, las críticas sobre los límites del texto se sitúan en el contexto de una acogida gustosa. Conversando con Juan C. Scannone y con varios sacerdotes, advertimos una coincidencia fundamental a la hora de valorar el tono y el estilo del texto, claramente pastoral, positivo, cercano.

Aquellos que insistían en la formación de los agentes pastorales, están felices porque el Documento dedica un amplio espacio a la cuestión. Los que esperaban un acento en la espiritualidad, en el encuentro personal con Jesucristo o en la experiencia de fe, también han sido gratamente sorprendidos. Los que reclamaban que se valorara el compromiso de los laicos en la Sociedad civil han visto que se insiste en ello con frecuencia y contundencia.

Para poner algunos ejemplos, sólo citaré a continuación algunos párrafos de teólogos de la liberación (de diversas orientaciones) que manifiestan esta serena complacencia:
“Aparecida significó una cierta sorpresa.... En el horizonte surge el sueño de una Iglesia que se moviliza” (J. B. Libanio).
“El documento de Aparecida es el punto más alto del magisterio de la Iglesia latinoamericana. Es el mejor documento producido hasta hoy por nuestros obispos y tal vez por cualquier otro episcopado regional... El documento es una sorpresa del Espíritu... La opción por los pobres ganó una nueva amplitud” (C. Boff).

“Se trata nada menos que de una inversión radical del sistema eclesiástico... La Conferencia de Aparecida renueva la opción por los pobres. No se trata de una fórmula convencional. El texto es insistente... Fue un acontecimiento imprevisto... Constituye un motivo de renovada esperanza para los viejos y ofrece algunas orientaciones bien definidas a los jóvenes” (J. Comblin).

“Santo Domingo ha representado una ruptura inmensa, que provocó discontinuidad en el caminar que venía desde Medellín. Aparecida viene a sanar ese trauma pastoral” (J. Marins).

Por otra parte, en Argentina varias Diócesis ya han dedicado reuniones y encuentros a reflexionar sobre el Documento. También lo hizo el reciente Congreso Misionero Nacional, y lo harán varias Comisiones del Episcopado. La Comisión Permanente de la CEA consagró una tarde entera a pensar caminos concretos de aplicación, por no mencionar numerosas reuniones de los más diversos grupos e instituciones laicales.

4. Grandes líneas para la aplicación de Aparecida

La V Conferencia no quiere sobreponerse a los planes y líneas pastorales de las distintas Conferencias Episcopales y de las Diócesis. Sólo pretende promover un estado permanente de misión que comunique la alegría de ser discípulos y ayude a experimentar una vida digna y plena en Cristo. Ahora se espera que “las Conferencias Episcopales y otros organismos locales avancen en consideraciones más amplias, concretas, y adaptadas a las necesidades del propio territorio” (431).

En la última Asamblea del CELAM, en La Habana, se acordó no crear superestructuras continentales sino poner el acento en la creatividad de cada Diócesis y en todo caso de cada Conferencia Episcopal. Por eso se prefiere no hablar de una misión “del” Continente sino de iniciar una misión permanente “en” el Continente.

Con respecto al contenido y al modo de esa misión, creo que hay que destacar que en Aparecida no interesan tanto los detalles y los desarrollos acerca de cuestiones prácticas, sino los grandes consensos, los núcleos básicos, las líneas que estructuran todo el Documento. Esos acentos están concentrados en las tres partes del tema de la V Conferencia. Veamos a continuación las objeciones o planteos que se hicieron a esas tres cuestiones fundamentales y cuáles son los valores de esos ejes en el Documento tal como lo tenemos ahora:

4.1. «Discípulos»

Planteos en torno al eje “discípulos”

*Antes de la V Conferencia algunos temían que una insistencia inadecuada en el discipulado lleve a destacar la oración privada por encima del compromiso con el prójimo y con la sociedad.
* Otros piensan que puede dar lugar a una regresión privatizadora, que llegue a ser un modo de potenciar una conciencia aislada.
* También se teme que dé lugar a un estilo elitista, de personas que se sienten separadas del resto porque son especiales y están mejor formadas que los otros.

Valores del eje “discípulos”

* Nos permite volver a colocar el centro en Jesucristo.
* Invitando a una relación personal con él, muestra que el cristianismo, más que una ética o un conjunto doctrinal, es el encuentro con él (cf. DCE 1). Despierta la conciencia gozosa de vivir en él y de él.
* Bien planteado, impide la autosuficiencia, porque despierta la convicción de necesitar a Cristo, el deseo de escucharlo y de aprender de él constantemente.
* Por eso mismo impide que el Evangelio se convierta en un mensaje ya conocido y ayuda a volver a él siempre con nueva apertura.
* En Aparecida tiene un fuerte sentido comunitario, que implica dejarse interpelar también por los demás, dejarse modelar y renovar por el Espíritu a través de la comunidad.
* Permite que la misión no pierda frescura, ardor y fuerza testimonial, e impide que se convierta en una repetición vacía de cosas ya sabidas, ideas o normas que no conmueven ni movilizan.
* En Aparecida no adoptó un sentido elitista, ya que en el capítulo dedicado a la formación y a la espiritualidad se destaca y se valora notablemente la piedad popular.

4.2. «Misioneros»

Planteos en torno al eje “misioneros”

* Algunos temen que se entienda la Misión continental como una recuperación de la idea de Nación católica o una propuesta triunfalista de neocristiandad.
* Otros temen que se reduzca a la visita a los hogares, cosa que no todos podrían hacer.
* Pero otros temen más todavía que se la entienda de un modo tan amplio que no se concrete en algo significativo, y que el acento en la misión quede en palabras grandilocuentes pero sin incidencia alguna en nuestro país.
* Algunos sacerdotes y obispos, por plantearla desde una perspectiva clerical, y olvidar que supone un replanteo de fondo sobre la Iglesia, temen que esta iniciativa misionera venga a traerles más trabajo del que tienen, con el temor de no poder responder a los reclamos del pueblo.

Valores del eje “misioneros”

* Tal como está planteado en el documento, ayuda a reconocer que la misión no es algo accidental o secundario sino que la propia vida de cada uno es una misión en esta tierra.
* En el contexto individualista y privatizador actual, cuestiona los falsos discipulados, porque invita a romper con la conciencia aislada y a poner la propia vida en función de los demás.
* Impide que la actividad pastoral sea ante todo de mera conservación o de administración, y la vuelve más expansiva y abierta a la sociedad.
* Simplifica la vida de las personas y de las comunidades, porque coloca todo en función de la transmisión de la fe en Cristo. Por eso invita a la reforma de las estructuras eclesiales y a “abandonar las estructuras caducas que ya no favorezcan la transmisión de la fe” (366).
* Ayuda a recuperar la conciencia de la jerarquía de verdades y de valores, para no perderse en cosas secundarias y acentuar lo que más ayude a acercar a otros a Jesucristo.
* En Aparecida hay un acento constante en una cercanía cordial a la vida de la gente.
* Los planteos del Papa y del documento ya brindan orientaciones prácticas que permiten concretar algunas orientaciones. Creo que las mediaciones que permitirían que este acento misionero sea un verdadero hito en la historia, serían ante todo tres:
a) Organizar en cada Diócesis una misión en las periferias más pobres, alejadas y abandonadas, dotándola generosamente de personas y de recursos.
b) Crear espacios de acompañamiento y de formación de los laicos que cumplen su misión específica en la vida pública.
c) Incorporar constantemente en la predicación las motivaciones que alienten el compromiso misionero de todos los cristianos.
* Hay dos cuestiones muy repetidas y resaltadas en todo el Documento que podrían integrarse en esta misión: la animación bíblica de toda la pastoral (misión con la Biblia en la mano) y la preocupación por llevar a todos al banquete dominical de la Eucaristía, aunque no siempre pueda celebrarse la Misa (253).
* Hay que destacar que la unión inseparable de los dos ejes (“discípulos-misioneros”) es muy sana, porque ambos contienen aspectos complementarios y uno es correctivo del otro.

4.3. «Vida»

Planteos en torno al eje “vida”

* La expresión ha sufrido cierta reducción de su significado y hoy se la suele identificar con las cuestiones del control de la natalidad y la bioética.
* Puede entenderse en el sentido de un hedonismo individualista, que encierra al sujeto en la búsqueda obsesiva de satisfacciones inmediatas.

Valores del eje “vida”

* La expresión se repite 631 veces y otorga al documento un tono positivo, propositivo, alentador.
* Muestra la propuesta de Cristo no como una mutilación o una carga pesada de normas, sino como una oferta integradora de plenitud y dignidad.
* Tiene en cuenta las necesidades concretas de las personas y no las separa de su relación con Cristo.
* Permite conectar mejor la evangelización con la promoción humana y la opción por los pobres. Ya lo hizo el Papa en el discurso inaugural al colocar dentro de la “Vida en Cristo” la transformación de las estructuras injustas.
* Al servicio de esta vida digna y plena de la gente se coloca toda la actividad de la Iglesia, incluyendo la doctrina, las normas y las orientaciones éticas (361).
* El deseo de vivir con dignidad no es presentado de un modo individualista, ya que el documento habla de dos “leyes” internas de esa vida: que sólo crece cuando se comunica y cuando se vive en comunidad (ver 359-360).
* Además, el tema dice “para que nuestros pueblos” tengan vida, lo cual trasciende a los individuos aislados.
* Finalmente, lo que se propone es una vida digna y plena “en Cristo”, lo cual amplía los horizontes, ya que “Jesucristo nos ofrece mucho, incluso mucho más de lo que esperamos. A la Samaritana le da más que el agua del pozo, a la multitud hambrienta le ofrece más que el alivio del hambre. Se entrega Él mismo como la vida en abundancia” (357).

5. Para destacar

Es importante advertir cómo los tres ejes invitan a simplificar la vida y la actividad de la Iglesia volviendo a lo esencial: El eje “discípulos” invita a recordar que somos cristianos por el encuentro con Cristo más que por una doctrina o una ética (243). El eje “misioneros” invita a abandonar las estructuras caducas (365) y a “someterlo todo al servicio de la instauración del Reino de vida” (366). El eje “vida” somete todo a la comunicación de una vida digna y plena para las personas (361). El contenido de la misión debería ser entonces, más que cualquier otra cosa, la propuesta de una vida personal y comunitaria en Cristo para alcanzar y comunicar la dignidad y la plenitud que él está ofreciendo a nuestro pueblo. Esto, que parece muy sencillo, tiene innumerables y revolucionarias consecuencias prácticas que habrá atreverse a posibilitar. No desaprovechemos esta oportunidad que el Espíritu, a través de Aparecida, nos está poniendo por delante.

 

Víctor Manuel Fernández
Revista “Vida Pastoral”

 
 
Temas Sociales en Aparecida

Hace cuatro años comenzó un itinerario de preparación de la Vº Conferencia General en diversos aspectos. Sobre los temas sociales, hubo algunos congresos, seminarios y encuentros, a nivel latinoamericano. En ellos participarían varios de los Obispos miembros de la V Conferencia. Pastores, laicos, peritos en diversas áreas fueron compartiendo inquietudes y elaborando orientaciones durante estos años que forman parte de la reflexión social en el continente. También ha elaborado insumos el Observatorio Social del CELAM
Mencionamos algunos de ellos:

2005

- Encuentro para analizar los TLCs y su repercusión en nuestros países (San Pablo)
- IIIº Encuentro Latinoamericano de Pastoral de la Tierra, Agua, Ecología y Ambiente (Honduras)
- Encuentro Latinoamericano de Políticos Jóvenes (Chile)

2006

- Coloquios Iglesia y trabajo CELAM - CLAT (Bogotá).
- Coloquios Iglesia y trabajo en algunos países y Regiones.
- Coloquios Iglesia y empresa CELAM- UNIAPAC ( Buenos Aires).
- IIº Congreso Latinoamericano de DSI (México).

También se organizaron promovidos por el CELAM Encuentros sobre Derechos Humanos, Economía Solidaria, Desarrollo humano sostenible, Política y Democracia, Corrupción, Migraciones, Trata y Tráfico de personas… Es difícil consignar la rica actividad desplegada durante el período 2003 – 2007
Con este itinerario llegan los Obispos y algunos peritos a Brasil (Aparecida) para trabajar y compartir del 13 al 31 de Mayo.
En el Documento Final se recoge parte de este camino de Reflexión.
Es importante reconocer con sencillez que en el texto no encontraremos todos los temas, y no totalmente desarrollados los que allí se tratan.
No obstante sí podemos encontrar “temas nuevos” y otros novedosamente presentados.
Los Obispos contaron para la redacción de estos temas en el Documento final con “datos de realidad” (Observatorio, peritos), reflexión teológica y pastoral previa y durante el desarrollo (congresos, insumos, etc). Hubo también presentación testimonial de las problemáticas (Obispos que trabajan con aborígenes, afroamericanos, migrantes, en medios violentos, en situaciones de pobreza extrema, en la Amazonia, en lugares devastados o contaminados por minería a cielo abierto…) Con esto quiero explicitar que la reflexión estuvo acompañada por datos estadísticos, doctrina, aporte de peritos, y la vida (o muerte) de nuestras comunidades y pueblos.

I Parte: LA VIDA DE NUESTROS PUEBLOS HOY

Capítulo 2: Mirada de los discípulos misioneros sobre la realidad

Cuando miramos lo que sucede, lo miramos desde una identidad particular. No hay mirada sobre la realidad que sea inocua, que sea aséptica. Toda mirada siempre tiene vinculación y relación con el corazón de la persona, del sujeto que observa, que mira. Y nosotros miramos la realidad como Discípulos y Misioneros de Jesucristo. Esto es lo que está especificado en el capítulo 1 y 2 del Documento de Aparecida.
El Papa, en un pasaje del Discurso Inaugural, dice:
“Es necesario que los cristianos experimenten que no siguen a un personaje de la historia pasada sino a Cristo Vivo, presente en el hoy y el ahora de sus vidas. Él es el Viviente que camina a nuestro lado descubriéndonos el sentido de los acontecimientos, del dolor y de la muerte, de la alegría y de la fiesta, entrando en nuestras casas y permaneciendo en ellas”.
“Como discípulos de Jesucristo nos sentimos interpelados a discernir los “signos de los tiempos”, a la luz del Espíritu Santo, para ponernos al servicio del Reino, anunciado por Jesús, que vino para que todos tengan vida y “para que la tengan en plenitud” (Jn 10, 10)”. (DA 33)
Se enuncian expresiones que resuenan de modo particular. Algunas se desarrollarán en los números siguientes; otras quedaran en éstos párrafos:

0) Una cuestión previa (Nº 33 – 42): La realidad que nos interpela como discípulos y misioneros.

- cambios de alcance global (DA 34)
- Cambios vertiginosos que se comunican a gran velocidad (D A 34)
- Afectan al sentido religioso ético de nuestros hermanos (DA 35)
- La realidad se ha vuelto para el ser humano cada vez más opaca y compleja (D A 36)
- La palabra “opaca/opaco” se utiliza en 35-36-37 (algo semejante la palabra “compleja”)
- “Esto nos ha enseñado a mirar la realidad con más humildad” (DA 36)
- “Muchos estudiosos de nuestra época han sostenido que la realidad ha traído aparejada una crisis de sentido” (D A 37)
- Erosión de la tradición de la religiosidad popular. Fantasía de los medios masivos de comunicación. (D A 38)
- Ya no se transmite de una generación a otra: tradición cultural, experiencia religiosa (D A 39)
- Ideología de género (D A 40)
- Necesitamos recomenzar desde Cristo (DA 41)
- Anhelo de dignidad en lo más profundo de la vocación humana. Vocación de sentido. (DA 42)

1) Situación socio – cultural (Nº 43 – 59)

- Cambios que tienen alcance global, el mundo entero.
- Nuevos lenguajes, nuevos analfabetos
- Una mirada sabiéndonos amados por Dios.
- Crisis de sentido de la vida. La persona es libre, trascendente.
- Cambio de época
- Vivir día a día. Sin compromisos estables. Pragmatismo
- Felicidad en el consumo
- Positivo: - valor de la subjetividad personal,
- lo pequeño y sencillo
- las culturas (agraria, aborigen)
Transcribo sólo algunos renglones de los párrafos (para poder centrar nuestra atención en algunas de las ideas expresadas, a fin de comentarlas).

“Lo que hoy día está en juego no es esa diversidad, que los medios de información tienen la capacidad de individualizar y registrar. Lo que se echa de menos es más bien la posibilidad de que esta diversidad pueda converger en una síntesis, que, envolviendo la variedad de sentidos, sea capaz de proyectarla en un destino histórico común”. (DA 43)

“Vivimos un cambio de época, cuyo nivel más profundo es el cultural” (DA 44)
“Surge hoy, con gran fuerza, una sobrevaloración de la subjetividad individual. Independientemente de su forma, la libertad y la dignidad de la persona son reconocidas. El individualismo debilita los vínculos comunitarios y propone una radical transformación del tiempo y del espacio, dando un papel primordial a la imaginación”. (DA 44)

“Esta cultura se caracteriza por la autorreferencia del individuo, que conduce a la indiferencia por el otro, a quien no necesita ni del que tampoco se siente responsable. Se prefiere vivir día a día, sin programas a largo plazo ni apegos personales, familiares y comunitarios. Las relaciones humanas se consideran objetos de consumo, llevando a relaciones afectivas sin compromiso responsable y definitivo”.(D A 46)

“La avidez del mercado descontrola el deseo de niños, jóvenes y adultos. La publicidad conduce ilusoriamente a mundos lejanos y maravillosos, donde todo deseo puede ser satisfecho por los productos que tienen un carácter eficaz, efímero y hasta mesiánico.” (D A 50)

“Las nuevas generaciones son las más afectadas por esta cultura del consumo en sus aspiraciones personales profundas. Crecen en la lógica del individualismo pragmático y narcisista, que suscita en ellas mundos imaginarios especiales de libertad e igualdad. Afirman el presente porque el pasado perdió relevancia ante tantas exclusiones sociales, políticas y económicas. Para ellos, el futuro es incierto.” (DA 51)

“Entre los aspectos positivos de este cambio cultural, aparece el valor fundamental de la persona, de su conciencia y experiencia, la búsqueda del sentido de la vida y la trascendencia.” (DA 52)

“La necesidad de construir el propio destino y el anhelo de encontrar razones para la existencia.” (DA 53)

“El énfasis en la experiencia personal y lo vivencial nos lleva a considerar el testimonio como un componente clave en la vivencia de la fe.” (DA 55)

En el Cap. 2 del Documento Final se hizo una mirada acerca de la realidad social y cultural de América Latina , en cuanto a los cambios que tienen un alcance global, la situación social que lleva también muchas veces a una crisis en el sentido de la vida, en las preguntas más importantes del ser humano, vivir día a día que nos llegan la falta de predicibilidad del futuro; genera muchas veces situaciones humanas de gran inseguridad y angustia existencial. Fragmentación de la vida y los vínculos (con lenguaje de N.m.a.)

2) Situación Económica (Nº 60 – 63)

- Monopolios: el lucro es valor supremo. (DA 60)
- Absolutización de eficacia y productividad. ( DA 61)
- Concentración de poder y riqueza. (DA 62)
- De oprimidos a “excluidos”, sobrantes y desechables (rostros) (DA 65)
- Daños al ambiente (la casa es solo recurso económico) (DA 66)
- Los TLCs entre países con economías asimétricas (D A 67)
- Capital especulativo que busca lucro inmediato (DA 69)
- Corrupción pública y privada (DA 70)
- Sub-empleo, desempleo, trabajo infantil. (DA 71)
- Latifundios en manos de unos pocos. Necesidad de reforma agraria (DA 72)
- Movilidad humana “obligatoria”. Esclavitud moderna. Trata y tráfico de personas. (DA 73)

“No obstante estos avances, el Papa también señala que la globalización “comporta el riesgo de los grandes monopolios y de convertir el lucro en valor supremo”. Por ello, Benedicto XVI enfatiza que, “como en todos los campos de la actividad humana, la globalización debe regirse también por la ética, poniendo todo al servicio de la persona humana, creada a imagen y semejanza de Dios”. (DA 60)

“En la globalización, la dinámica del mercado absolutiza con facilidad la eficacia y la productividad como valores reguladores de todas las relaciones humanas. Este peculiar carácter hace de la globalización un proceso promotor de inequidades e injusticias múltiples”. (D A 61)

“Conducida por una tendencia que privilegia el lucro y estimula la competencia, la globalización sigue una dinámica de concentración de poder y de riquezas en manos de pocos, no sólo de los recursos físicos y monetarios, sino sobre todo de la información y de los recursos humanos, lo que produce la exclusión de todos aquellos no suficientemente capacitados e informados”. (D A 62)

“Un fuerte llamado para promover una globalización diferente que esté marcada por la solidaridad, por la justicia y por el respeto a los derechos humanos” (DA 64)

“Esto nos debería llevar a contemplar los rostros de quienes sufren.” (DA 65)

“ Una globalización sin solidaridad afecta negativamente a los sectores más pobres. Ya no se trata simplemente del fenómeno de la explotación y opresión, sino de algo nuevo: la exclusión social. Con ella queda afectada en su misma raíz la pertenencia a la sociedad en la que se vive, pues ya no se está abajo, en la periferia o sin poder, sino que se está afuera. Los excluidos no son solamente “explotados” sino “sobrantes” y “desechables”. (DA 65)

“Las instituciones financieras y las empresas transnacionales se fortalecen al punto de subordinar las economías locales, sobre todo, debilitando a los Estados, que aparecen cada vez más impotentes para llevar adelante proyectos de desarrollo al servicio de sus poblaciones, especialmente cuando se trata de inversiones de largo plazo y sin retorno inmediato. Las industrias extractivas internacionales y la agroindustria, muchas veces, no respetan los derechos económicos, sociales, culturales y ambientales de las poblaciones locales y no asumen sus responsabilidades. Con mucha frecuencia, se subordina la preservación de la naturaleza al desarrollo económico, con daños a la biodiversidad, con el agotamiento de las reservas de agua y de otros recursos naturales, con la contaminación del aire y el cambio climático. Las posibilidades y eventuales problemas de la producción de agro combustibles deben ser estudiadas, de tal manera que prevalezca el valor de la persona humana y de sus necesidades de supervivencia. América Latina posee los acuíferos más abundantes del planeta, junto con grandes extensiones de territorio selvático, que son pulmones de la humanidad. Así, se dan gratuitamente al mundo servicios ambientales que no son reconocidos económicamente. La región se ve afectada por el recalentamiento de la tierra y el cambio climático provocado principalmente por el estilo de vida no sostenible de los países industrializados” (D A 66)

3) Dimensión socio-política (Nº 74-82)

- “Democracia participativa basada en respeto a los derechos humanos” (DA 74)
- “Sociedad civil y promoción de participación política. ONGs.” (D A 75)
- “Debilitamiento de los Estados tiende a revertirse.” (D A 76)

- “Desconfianza del pueblo en las instituciones públicas a causa de la corrupción en la sociedad y en el Estado.” (D A 77)
- “Deterioro del tejido social. Violencia” (D A 78)
- “Influencia del narconegocio.” (D A 81)
- “Creciente voluntad de integración regional.” (D A 82)

4) Biodiversidad, Ecología, Amazonia y Antártica (83-87)

América Latina posee una gran biodiversidad y una rica socio diversidad en sus pueblos y culturas. Nos enseñan la utilización sostenible de los recursos naturales. Conocen propiedades medicinales naturales que están siendo apropiados de manera ilícita por industrias farmacéuticas. (cfr. D A 83)

- Agresión a la naturaleza Tierra depredada y agua como mercancía (84)
- El Papa a los jóvenes en San Pablo (85)
- La agresión al medioambiente puede servir de pretexto para promover internacionalización de la Amazonia (86)
- Retroceso de los hielos en todo el mundo. Calentamiento global (87)

El trato de la cuestión ecológica (tierra, agua, aire, biodiversidad, clima...) ha ganado espacio creciente en la Doctrina Social de la Iglesia en las últimas décadas. La Pontificia Academia de las Ciencias ha organizado un seminario- congreso sobre el agua en el año 2006. El Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia le dedica un capítulo. Hemos tenido orientaciones y magisterio Pontificio, Regional y de algunas Conferencias Episcopales. En Aparecida se trabajó con esa riqueza del magisterio y con las experiencias traídas por los Obispos con conflictos ambientales en sus regiones geográficas.
Se habló de esta problemática desde la situación económica (Cfr. D A 66) y aquí se le da espacio propio. También se analiza su influencia en las familias, particularmente en los pueblos originarios y en los más pobres. Una de las ponencias en la Asamblea fue sobre “Medio Ambiente y Familia”.


II Parte: LA VIDA DE JESUCRISTO EN LOS DISCÍPULOS MISIONEROS

Cap. 3: La Alegría de ser discípulos y misioneros para anunciar el Evangelio de Jesucristo.

En el capítulo 1 se afirmó que “los cristianos somos portadores de buenas noticias para la humanidad y no profetas de desventuras.”(D A 29) En este capítulo se nos va a presentar lo que la alegría de la fe nos mueve a anunciar como “buenas noticias”.
No desarrollaremos todas sino aquellas que tengan mayor vinculación con los temas sociales.

1) La buena nueva de la dignidad humana (Nº 104 – 105)

Bendecimos a Dios por la dignidad de la persona humana, creada a su imagen y semejanza. Libres. Sujetos de derechos y deberes. Amor, inteligencia. Dignidad absoluta, innegociable, inviolable. Lo bendecimos por el don de la fe (Cfr. DA 104)

Dignidad de la persona humana que es absoluta, innegociable e inviolable. Cuando nosotros hablamos de derechos humanos, de dignidad de la persona humana no lo hacemos referidos a lo que conviene, o a lo que se puede o no se puede, según las condiciones de mercado o los consensos a construir. Tiene sin duda consecuencia después en la manera en que entendemos o miramos la cuestión social.

2) La buena nueva de la vida (Nº 106 - 113)

- La vida se dignifica en el servicio
Ante una vida sin sentido, la desesperanza de un mundo sin Dios, el individualismo y encierro, Jesús nos revela el amor de Dios y nos llama a la comunión. (Cfr. DA 109)
El ser humano es imagen viva de Dios desde su concepción hasta su muerte natural. (Cfr. D A 112)
Ante la naturaleza amenazada, Jesús nos convoca a cuidar la tierra para todos. (Cfr. D A 113)
Los números 106, 107, 108 comienzan con “Alabamos… Bendecimos…”
Los números 109, 110, 112 y 113 comienzan “ Ante…”

En el texto se habla de “estructuras de muerte”: porque amenazan la vida y la dignidad de la persona humana. De las “estructuras” hablamos en un aparte

3) La buena nueva de la actividad humana

3.1 El trabajo

- Es participación de la tarea creadora de Dios y servicio a los hermanos y hermanas. (D A 120) El trabajo garantiza la libertad del hombre. Es clave esencial de toda la cuestión social (cita de LE3)
- Para el cristiano es fuente de santidad
- “El desempleo, la injusta remuneración y el vivir sin querer trabajar son contrarios al designio de Dios”. Cultura del trabajo (121)
La empresa debe respetar la dignidad del trabajador el cuidado del ambiente y ordenarse al bien común (122)

3.2 La ciencia y la tecnología

- Positivo: prolongar expectativa y calidad de vida.
- Negativo: ausencia de criterio ético las vuelven en contra del hombre (123)

4) La buena nueva del destino universal de los bienes y la ecología

“Con los pueblos originarios de América alabamos al Señor que creó el universo como espacio para la vida y la convivencia de todos sus hijos e hijas.”( D A 125)
“La creación es manifestación del amor providente de Dios. Atentado contra bio-diversidad y el equilibrio en la creación, ofende a Dios y pone en riesgo la vida. (idem)
Dios entregó el mundo para TODOS: generaciones presentes y futuras. Su uso debe estar regulado según el principio de justicia distributiva respetando el desarrollo sostenible (Cfr. DA 126)

III Parte: LA VIDA DE JESUCRISTO PARA NUESTROS PUEBLOS

En los capítulos 8 y 9 se retoman los temas planteados en la parte I (Ver) y la parte II (Juzgar) tratados ahora como orientaciones para la vida en Cristo a ser llevados adelante por los discípulos y misioneros.
En razón del tiempo y la extensión no abordaré ahora esta temática en su conjunto.
Uno de los temas retomados por el Papa en el discurso inaugural y asumido en la reflexión durante la V° Conferencia en el vinculado con las “estructuras” (de muerte, de pecado, de vida, justas e injustas…)
Quisiera detenerme en algunos planteos, si bien no nuevos, si planteados de modo nuevo.

LAS ESTRUCTURAS DE LA SOCIEDAD

Cuando hablamos de la cuestión social, nuestra mirada tiene que estar puesta también en las estructuras que tiene la sociedad. Nosotros no solo percibimos que hay signos de esperanza y signos preocupantes, expresiones positivas o negativas, el bien y el mal, sino que miramos a una sociedad que está organizada, que está estructurada. En algunos documentos del Magisterio latinoamericano se hablaba de “estructuras de pecado” o “estructuras de justicia o injusticia”. Este lenguaje es tomado nuevamente por el Papa en el Discurso Inaugural. (nº 4).
Él nos decía hablando de la realidad social de América Latina: “En este contexto es inevitable hablar del problema de las estructuras, sobre todo de las que crean injusticia. En realidad, las estructuras justas son una condición sin la cual no es posible un orden justo en la sociedad”.
Y sigue diciendo más adelante: “Las estructuras justas son, como he dicho, una condición indispensable para una sociedad justa, pero no nacen ni funcionan sin un consenso moral de la sociedad sobre los valores fundamentales y sobre la necesidad de vivir estos valores con las necesarias renuncias, incluso contra el interés personal”.

El Documento de Aparecida, en consonancia con el Papa, nos enseña:

“Ante las estructuras de muerte, Jesús hace presente la vida plena. ´Yo he venido para dar vida a los hombres y para que la tengan en plenitud´ (Jn. 10, 10). Por ello, sana a los enfermos, expulsa a los demonios y compromete a los discípulos en la promoción de la dignidad humana y las relaciones sociales fundadas en la justicia”. (D A 112)

“Ser discípulos y misioneros de Jesucristo para que nuestros pueblos tengan vida. Nos lleva a asumir evangélicamente y desde la perspectiva del Reino las tareas prioritarias que contribuyen a la dignificación de todo ser humano, y a trabajar junto con los demás ciudadanos e instituciones en bien del ser humano. El amor de misericordia para con todos los que ven vulnerada su vida en cualquiera de sus dimensiones, como bien nos muestra el Señor en todos sus gestos de misericordia, requiere que socorramos las necesidades urgentes, al mismo tiempo que colaboremos con otros organismos o instituciones para organizar estructuras mas justas en los ámbitos nacionales e internacionales. Urge crear estructuras que consoliden un orden social, económico y político en el que no haya inequidad y donde haya posibilidades para todos. Igualmente, se requieren nuevas estructuras que promuevan una auténtica convivencia humana, y que impidan la prepotencia de algunos y faciliten el diálogo constructivo para los necesarios consensos sociales.”

“La misericordia siempre será necesaria, pero no debe contribuir a crear círculos viciosos que sean funcionales a un sistema económico inicuo. Se requiere que las obras de misericordia estén acompañadas por la búsqueda de una verdadera justicia social, que vaya elevando el nivel de vida de los ciudadano, promoviéndolos como sujetos de su propio desarrollo. En su Encíclica Deus Caritas est, el Papa Benedicto XVI a tratado con claridad inspiradora la compleja relación entre justicia y caridad. Allí nos dice `el orden justo de la sociedad y del Estado es una tarea principal de la política` y no de la Iglesia. Pero la Iglesia `no puede ni debe quedarse al margen en la lucha por la justicia. Ella colabora purificando la razón de todos aquellos elementos que la ofuscan e impiden la realización de una liberación integral. También es tarea de la Iglesia ayudar con la predicación, la catequesis, la denuncia, y el testimonio del amor y de justicia, para que se despierten en la sociedad las fuerzas espirituales necesarias y se desarrollen los valores sociales. Solo así las estructuras serán realmente mas justas, podrán ser eficaces y sostenerse en el tiempo. Sin valores no hay futuro y no habrá estructuras salvadoras, ya que en ellas siempre subyace la fragilidad humana” (DA Cap. 8, 384, 385)

Quisiera que centremos nuestra mirada, nuestra atención, en esto que el Papa dice y que fue recogido en el Documento de Aparecida: que las estructuras generan justicia o injusticia en nuestra sociedad.
Una de las dificultades de este tiempo, es desconfiar de toda estructura, de toda institución. Lo que llamamos fragmentación del tejido social, individualismo, la debilidad en los compromisos, se manifiesta también en una desconfianza de todo lo que es estructural, de todo lo que es institucional. Esto atraviesa a toda la sociedad. Hay desconfianza en la familia como institución, en la escuela como institución, en la justicia como institución, en los partidos políticos como instituciones, en los sindicatos. Hay una cierta desconfianza en toda estructura que organice a la comunidad humana.. Muchas veces se manifiesta en frases como: “no se le puede pedir todo a la escuela” o “no podemos esperar todo de la justicia” o “en los partidos políticos no se puede participar, no hay espacio”.
Esto genera que nuestros compromisos o búsquedas de cambio social muchas veces queden en expresiones solidarias, o de compromisos con aquellas cosas que podemos “medir” sensiblemente, llegamos hasta lo que podemos “controlar”.
Por ejemplo: Hay un problema de inundaciones en algún lugar. En seguida se organiza Cáritas para ver cómo asistimos. Pero; ¿hay después de eso, un compromiso de ver cuáles son las causas por las cuales se dio ese fenómeno? La lluvia, sí, pero ¿por qué ocurrió en esta ocasión? ¿Qué ha pasado en el norte, en el litoral?¿Ha habido previsión?
O situaciones de pobreza, niños y familias en la calle: vamos a darles de comer, vamos a jugar con ellos. ¿Trabajamos para ver cómo hacer para que esta sociedad no expulse niños o familias a la calle? No siempre. Vamos a cubrir el efecto concreto que percibimos. Hay como una especie de facilidad o cercanía para ayudar en aquello que depende de mí o que depende de los que estamos trabajando juntos. Pero en lo que tenemos que depender de otros a quienes no conocemos, ahí nos cuesta más confiar y participar.
Y esto es una dificultad seria a la hora de plantearnos, como factor de cambio, el querer transformar estructuras. Porque estas estructuras, a las que hace referencia el Papa y el Documento de Aparecida no son estructuras que se cambien con acciones comprometidas de grupos aislados. Son estructuras que solamente se cambian en la medida en que hay un cuerpo social dispuesto a cambiarlo, en la medida en que hay una participación que vaya más allá de la individualidad o del pequeño grupo.
Entonces, disculpen que insista con esta enseñanza del Papa:

“En este contexto, es inevitable hablar del problema de las estructuras, sobre todo de las que crean injusticias. Las estructuras justas son, como he dicho, una condición indispensable para una sociedad justa”.
Por último, la Asamblea de Aparecida consigna en una de sus líneas de acción para la Pastoral de Juventud: “ La Pastoral de Juventud ayudará a los jóvenes a formarse de manera gradual para la acción social y política y el cambio de estructuras, conforme da la Doctrina Social de la Iglesia, haciendo propia la opción preferencial y evangélica por los pobres y necesitado”. (DA 446 e.)

Dicho en otras palabras: si queremos una sociedad justa, el Papa nos está diciendo: “no podemos no trabajar en las estructuras de esta sociedad, no podemos dejar de generar estructuras que favorezcan una sociedad que sea mas justa.
En este contexto, el Papa hablaba de la necesidad de un consenso moral acerca de los valores. Y fíjense que el Papa resalta el consenso vinculándolo a la moralidad. Hay aspectos de la vida de una sociedad que podemos trabajar en la línea del consenso y otras que no.
Por ejemplo: hay una corriente en este momento, muy importante, que a partir, justamente de la búsqueda de consensos, pretende reafirmar por consenso cuáles son los derechos humanos. Esto es peligrosísimo, porque los derechos humanos no dependen de ningún consenso social. Los derechos humanos no los da el Estado, los derechos humanos no los da el gobierno que esté, los derechos humanos no los da el consenso de un parlamento, ni siquiera el consenso de una sociedad. El consenso es algo transitorio.

Los derechos humanos tienen su raíz en la dignidad de la persona humana.

El derecho al trabajo no tiene que ver con un nuevo consenso social, tiene que ver con que el ser humano se dignifica trabajando. El derecho a la vida no depende de que nos pongamos de acuerdo con que está bien, sino con la dignidad de la persona humana. El derecho a la salud no tiene que ver con que decidimos ahora, en la sociedad, hasta que nivel es importante la salud, no. La salud es un derecho de toda persona humana.

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