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Este
es el discurso que dirigió
el lunes 25 de septiembre el Papa
Benedicto XVI, al recibir en la Residencia
Pontificia de Castel Gandolfo a los
exponentes de las comunidades musulmanas
en Italia y a los Embajadores de los
países de mayoría islámica
acreditados ante la Santa Sede. En
el encuentro participó el Cardenal
Paul Poupard, Presidente del Consejo
Pontificio para el Diálogo
Interreligioso.
Señor
Cardenal, señoras y señores
Embajadores, queridos amigos musulmanes:
"Con
mucho gusto os doy la bienvenida en
este encuentro que he deseado con
el objetivo de consolidar los lazos
de amistad y de solidaridad entre
la Santa Sede y a las comunidades
musulmanas del mundo. Doy las gracias
al señor Cardenal Paul Popuard,
Presidente del Consejo Pontificio
para el Diálogo Interreligioso,
por las palabras que me acaba de dirigir,
así como a todos vosotros por
haber respondido a mi invitación.
Las circunstancias que han suscitado
nuestro encuentro son bien conocidas.
Ya he tenido la oportunidad de hablar
de ello en la semana pasada. En este
contexto particular, quisiera hoy
volver a expresar toda la estima y
el profundo respeto que siento por
los creyentes musulmanes, recordando
las afirmaciones del Concilio Vaticano
II que para la Iglesia católica
constituyen la "Charta Magna"
del diálogo islámico-cristiano:
"La Iglesia mira también
con aprecio a los musulmanes que adoran
al único Dios, viviente y subsistente,
misericordioso y todo poderoso, Creador
del cielo y de la tierra, que habló
a los hombres, a cuyos ocultos designios
procuran someterse con toda el alma
como se sometió a Dios Abraham,
a quien la fe islámica mira
con complacencia" (Declaración
"Nostra Aetate", n.3).
Situándome con decisión
en esta perspectiva, desde el inicio
de mi Pontificado he tenido la ocasión
de manifestar mi deseo de seguir estableciendo
puentes de amistad con los seguidores
de todas las religiones, manifestando
particularmente mi aprecio por el
crecimiento del diálogo entre
musulmanes y cristianos (Cf. Discurso
a los representantes de las iglesias
y comunidades cristianas y de otras
religiones no cristianas, 25 de abril
de 2005).
Como subrayé en Colonia, el
año pasado, "el diálogo
interreligioso e intercultural entre
cristianos y musulmanes no puede reducirse
a una opción temporánea.
En efecto, es una necesidad vital,
de la cual depende en gran parte nuestro
futuro" (Discurso a los representantes
de algunas comunidades musulmanas,
20 de agosto de 2005).
En un mundo caracterizado por el relativismo
y que con demasiada frecuencia excluye
la trascendencia de la universalidad
de la razón necesitamos imperativamente
un auténtico diálogo
entre las religiones y entre las culturas
capaz de ayudarnos a superar juntos
todas las tensiones, con un espíritu
de colaboración fecunda.
Continuando la obra emprendida por
mi predecesor, el Papa Juan Pablo
II, deseo por tanto vivamente que
las relaciones de confianza, que se
han desarrollado entre cristianos
y musulmanes desde hace numerosos
años, no sólo continúen,
sino que se desarrollen en un espíritu
de diálogo sincero y respetuoso,
fundado en un conocimiento recíproco
cada vez más verdadero que,
con alegría, reconoce los valores
religiosos que tenemos en común
y que, con lealtad, respeta las diferencias.
El diálogo interreligioso e
intercultural es una necesidad para
construir juntos el mundo de paz y
de fraternidad ardientemente deseado
por todos los hombres de buena voluntad.
En este sentido, nuestros contemporáneos
esperan de nosotros un testimonio
elocuente para mostrar a todos el
valor de la dimensión religiosa
de la existencia.
Fieles a las enseñanzas de
sus propias tradiciones religiosas,
cristianos y musulmanes tienen que
aprender a trabajar juntos, como ya
sucede con diversas experiencias comunes,
para evitar toda forma de intolerancia
y oponerse a toda manifestación
de violencia; y nosotros, autoridades
religiosas y responsables políticos
tenemos, que guiarles y alentarles
en esta dirección. En efecto,
"si en el transcurso de los siglos
surgieron no pocas desavenencias y
enemistades entre cristianos y musulmanes,
el Sagrado Concilio exhorta a todos
a que, olvidando lo pasado, procuren
y promuevan unidos la justicia social,
los bienes morales, la paz y la libertad
para todos los hombres" (Declaración
"Nostra Aetate", n.3).
Por tanto, las lecciones del pasado
tienen que ayudarnos a buscar caminos
de reconciliación para vivir
en el respeto de la identidad y de
la libertad de cada quien, de cara
a una colaboración fecunda
al servicio de toda la humanidad.
Como declaraba el Papa Juan Pablo
II en su memorable discurso a los
jóvenes en Casablanca (Marruecos),
el respeto y el diálogo exigen
la reciprocidad en todos los campos,
sobre todo en lo que afecta a las
libertades fundamentales y más
en particular a la libertad religiosa.
Favorecen la paz y el entendimiento
entre los pueblos" (n. 5).
Queridos amigos: estoy profundamente
convencido de que, en la situación
que hoy atraviesa el mundo, es un
imperativo el que cristianos y musulmanes
se comprometan juntos para afrontar
los nuevos desafíos que se
plantean a la humanidad, en particular,
los que afectan a la defensa y a la
promoción de la dignidad del
ser humano, así como a los
derechos que de ella se derivan. Cuando
aumentan las amenazas contra el hombre
y la paz, cristianos y musulmanes
manifiestan su obediencia al Creador,
que quiere que todos vivan con la
dignidad que les ha otorgado, reconociendo
el carácter central de la persona
y trabajando con perseverancia para
que su vida siempre sea respetada.
Queridos amigos: deseo de todo corazón
que Dios misericordioso guíe
nuestros pasos por los caminos de
una comprensión recíproca
cada vez más verdadera. En
el momento en el que los musulmanes
comienzan el itinerario espiritual
de Ramadán, les hago llegar
mis mejores deseos, esperando que
el Todopoderoso les conceda una vida
serena y tranquila. ¡Que el
Dios de la paz os llene con la abundancia
de sus bendiciones, al igual que a
las comunidades que vosotros representáis!"
[Traducción
del original francés distribuida
por la Santa Sede © Copyright
2006 - Libreria Editrice Vaticana].
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