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El
domingo 13 de agosto de 2006, Benedicto
XVI habló de las vacaciones
al rezar la oración mariana
del Ángelus junto a los peregrinos
congregados en el patio de la residencia
pontificia de Castel Gandolfo.
Queridos
hermanos y hermanas:
En este tiempo de verano muchos han
abandonado las ciudades y se encuentran
en localidades turísticas o
en sus países de origen para
sus vacaciones. Les deseo que este
esperado período de descanso
les sirva para fortalecer la mente
y el cuerpo, sometidos cada día
a un continuo cansancio y desgaste,
debido al ritmo frenético de
la vida moderna.
Las vacaciones brindan también
la oportunidad para estar más
tiempo con los familiares, para reunirse
con parientes y amigos, es decir,
para fomentar más los contactos
humanos, que el ritmo de los compromisos
de cada día impide cultivar
como sería de desear.
Ciertamente, no todos pueden gozar
de vacaciones, y no son pocos los
que, por diversos motivos, se ven
obligados a renunciar a ellas. Pienso,
en particular, en quienes viven solos,
en los ancianos y en los enfermos,
los cuales a menudo, en este período,
sufren aún más la soledad.
A estos hermanos y hermanas nuestros
quisiera manifestarles mi cercanía
espiritual, deseando de corazón
que a ninguno de ellos le falte el
apoyo y el consuelo de personas amigas.
El tiempo de vacaciones es para muchos
una magnífica ocasión
para encuentros culturales, para largos
momentos de oración y contemplación
en contacto con la naturaleza o en
monasterios y centros religiosos.
Al disponer de más tiempo libre,
nos podemos dedicar con mayor facilidad
a hablar con Dios, a meditar en la
sagrada Escritura y a leer algún
libro útil y formativo.
Quienes experimentan este descanso
del espíritu saben cuán
útil es para no convertir las
vacaciones en un mero entretenimiento
o diversión. La fiel participación
en la celebración eucarística
dominical ayuda a sentirse parte viva
de la comunidad eclesial, también
cuando se está fuera de la
propia parroquia. Dondequiera que
nos encontremos, siempre necesitamos
alimentarnos de la Eucaristía.
Nos lo recuerda el pasaje evangélico
de este domingo, que nos presenta
a Jesús como el Pan de vida.
Él mismo, como nos dice el
evangelista san Juan, se declara "el
pan vivo que ha bajado del cielo"
(Jn 6, 31), un pan que alimenta nuestra
fe y fortalece la comunión
entre todos los cristianos.
En el mundo en que vivimos, se convierte
casi en una necesidad poder tomar
nuevo vigor en el cuerpo y en el espíritu,
especialmente para quien vive en la
ciudad, donde las condiciones de vida,
con frecuencia frenéticas,
dejan poco espacio al silencio, a
la reflexión y al distendido
contacto con la naturaleza. Las vacaciones
son, además, días en
los que puede haber dedicación
más prolongada a la oración,
a la lectura y a la meditación
sobre los significados profundos de
la vida, en el contexto sereno de
la propia familia y de los seres queridos.
El tiempo de las vacaciones ofrece
oportunidades únicas de pausa
ante los espectáculos sugestivos
de la naturaleza, maravilloso "libro"
al alcance de todos, mayores y niños.
En el contacto con la naturaleza,
la persona reencuentra su justa dimensión,
se redescubre criatura, pequeña
pero al mismo tiempo única,
"capaz de Dios" porque interiormente
está abierta al Infinito. Empujada
por el interrogante de sentido que
le apremia en el corazón, percibe
en el mundo circundante la impronta
de la bondad y de la providencia divina
y casi naturalmente se abre a la alabanza
y a la oración.
Recitando juntos el Angelus desde
esta amena localidad alpina, pedimos
a la Virgen María que nos enseñe
el secreto del silencio que se hace
alabanza, del recogimiento que dispone
a la meditación, del amor por
la naturaleza que florece en acción
de gracias a Dios. Podremos así
más fácilmente acoger
en el corazón la luz de la
Verdad y practicarla en la libertad
y en el amor.
Saludo con afecto a los peregrinos
de lengua española. Que la
Virgen María, nuestra madre,
nos ayude a descubrir siempre la necesidad
de alimentar nuestra alma con la presencia
y la palabra de Cristo, saciando nuestra
sed de amor en el sacramento de la
Eucaristía. Así podremos
seguir con fidelidad el camino de
nuestra vocación cristiana.
¡Feliz domingo!
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