Isca  
 
CatechesiTradendae
 

16.10.2009

LEER CATECHESI TRADENDAE EN EPOCA DE APARECIDA
Me atrevo a hacer una lectura de una encíclica de hace 30 años en época de Aparecida motivado por el mismo texto de la encíclica y el documento de Aparecida.
“Muy pronto se llamó catequesis al conjunto de esfuerzos realizados por la Iglesia para hacer discípulos, para ayudar a los hombres a creer que Jesús es el Hijo de Dios, a fin de que, mediante la fe, ellos tengan la vida en su nombre” (CT 1)
El título de las fichas de preparación hacia la V Conferencia del Episcopado Latinoamericano y del Caribe decía:
“Discípulos y misioneros de Jesucristo, para que nuestros pueblos en Él tengan vida.”
Pero antes de entrar en esta lectura de la encíclica me parece necesario hacer una anotaciones previas:
No quiero hacer una lectura comparativa por varios motivos, entre otros

- Catechesi Tradendae es una encíclica, e.d. magisterio del Papa mientras que el documento de Aparecida es un documento elaborado por la Conferencia General de los Obispos de América Latina, e.d. magisterio de los obispos de nuestro continente.
- Han pasado 30 años desde Catechesi Tradendae, no tengo que explicar que han pasado muchas cosas en estos 30 años
- El tema de Aparecida no fue la catequesis, sino la acción pastoral de la Iglesia Latinoamericano en su conjunto.

Solamente quiero hacer una lectura nueva de la encíclica para animar nuestra reflexión sobre la catequesis. Y lo quiero hacer desde el hoy, a partir del momento que estamos viviendo en nuestra Iglesia, e.d. “época de Aparecida”. Voy a seguir el mismo esquema de la encíclica, enriqueciéndola con el documento de Aparecida, tomando también algunos elementos del documento de la III Semana Latinoamericana de la Catequesis.
Me gustaría utilizar una imagen para explicar el trabajo que quiero hacer. Hacemos sonar una campana (la Encíclica) delante de un vidrio (la época de Aparecida) y vamos a oír la campana pero también la vibración del vidrio. Y todo para que podamos hacer sonar nosotros con mayor fervor el mensaje de Cristo.
Después de cada capítulo dejaré un momento para que vaya también ir resonando mi palabra en el corazón de ustedes, y por ahí hagan de “vidrio”, e.d. dejaré también que ustedes respondan, opinan, cuestionan,….

INTRODUCCIÓN
Si bien la encíclica es del papa Juan Pablo II, a base del documento está ciertamente Pablo VI. En primer instancia por lo que Pablo VI ha hecho para la catequesis:
“El aprobó el 18 de marzo de 1971, el Directorio General de la Catequesis… instituyó la Comisión Internacional de Catequesis, en el año 1975. .. se dirigió a los participantes en el Primer Congreso Internacional de catequesis, el 25 de septiembre de 1971, y se detuvo explícitamente sobre este tema en la Exhortación Apostólica Evangelii nuntiandi. El quiso que la catequesis, especialmente la que se dirige a los niños y a los jóvenes, fuese el tema de la IV Asamblea general del Sínodo de los Obispos, celebrada durante el mes de octubre de 1977..” (CT 2)
En esta IV Asamblea general del Sínodo de los Obispos participa el Card. Carlos Woytyla. Los Padres sinodales entregan al Papa una documentación rica de todo lo discutido en la asamblea como también las conclusiones de los grupos de trabajo, el mensaje dirigido al pueblo de Dios y sobre todo una serie imponente de “proposiciones”.
El Papa Pablo VI preparó unas reflexiones, utilizando toda esta documentación, pero no pude terminar el trabajo. El Papa Juan Pablo I, cuyo celo y cualidades de catequistas son conocidos, siguió el trabajo de Pablo VI y se disponía a una publicación en el momento de su muerte. El Papa Juan Pablo II asume la herencia de estos dos Pontífices, para responder a la petición de los obispos. Pasaron 2 años desde el Sínodo y la encíclica.
La introducción termina con un deseo:
“Deseo ardientemente que esta Exhortación Apostólica, dirigida a toda la Iglesia, refuerce la solidez de la fe y de la vida cristiana, dé un nuevo vigor a las iniciativas emprendidas, estimule la creatividad – con la vigilancia debida – y contribuye a difundir en la comunidad cristiana la alegría de llevar al mundo el misterio de Cristo.” (CT 4)
El Papa Juan Pablo estaba preparando conjuntamente con el CELAM la Vta Conferencia General del Episcopado de América Latina y el Caribe. Dada su situación de salud se había ya pensado de realizarla en Roma. Pero fue su sucesor que impulsó la realización de la Conferencia y que propuso de hacerla en Aparecida. El documento de Aparecida, escrito por los obispos, resultado de trabajos grupales, de comisiones, asambleas, etc… recibió pocas semanas después la autorización de ser publicado:
“..autorizo la publicación del Documento Conclusivo, pidiendo al Señor que, en comunión con la Santa Sede y con el debido respeto por la responsabilidad de cada Obispo en su propia Iglesia particular, sea luz y aliento para una fecunda labor pastoral y evangelizadora en los años venideros.”
La introducción del documento de Aparecida termina con una declaración de intenciones de los obispos:
“Conocer a Jesucristo por la fe es nuestro gozo; seguirlo es una gracia, y transmitir este tesoro a los demás es un encargo que el Señor, al llamarnos y elegirnos, nos ha confiado. Con los ojos iluminados por la luz de Jesucristo resucitado, podemos y queremos contemplar al mundo, a la historia, a nuestros pueblos de América Latina y de El Caribe, y a cada una de sus personas.” (DAp 18).

1. Tenemos un solo maestro: Jesucristo
En el sínodo los obispos habían insistido mucho en el cristocentrismo de la catequesis. Por eso el Papa afirma ya en el primer capítulo de su encíclica:
“Hay que subrayar, en primer lugar, que en el centro de la catequesis encontramos esencialmente una Persona, la de Jesús de Nazaret” (CT 5)
“Se trata por lo tanto de descubrir en la Persona de Cristo el designio eterno de Dios que se realiza en Él” (CT 5)
“El cristocentrismo significa también que, a través de ella se transmite no la propia doctrina o la de otro maestro sino la enseñanza de Jesucristo, la Verdad que Él comunica o, más exactamente, la Verdad que Él es”. (CT 6)
Tenemos que tener la constante preocupación que como catequista tenemos comunicar, a través de su enseñanza y su comportamiento, la doctrina y la vida de Jesús. Ciertamente nos suena las palabras del Evangelio: “Mi enseñanza no procede de mí, sino de aquél que me envió” (Jn 7, 16) o “Yo no hago nada por mi propia cuenta; solamente enseño lo que aprendí del Padre (Jn 8,28). San Pablo escribió a la comunidad de Corintia: “Por lo que a mí toca, del Señor recibí la tradición que les he transmitido…” (1Cor 11,23)
Esta doctrina de Jesús no es un conjunto de verdades que se pueden aprender de memoria, esta doctrina es la comunicación del Misterio vivo de Dios. Y ahí estamos invitados a mirar al mismo Jesús:
“Es evidente que los Evangelios indican claramente los momentos en que Jesús enseña, ‘Jesús hizo y enseñó’: en estos dos verbos que introducen al libro de los Hechos, San Lucas une y distingue a la vez dos dimensiones en la misión de Cristo” (CT 7)
El que enseña es el Maestro. Cuántas veces no podemos leer en el Evangelio que los discípulos, la gente, le llaman ‘Maestro’, a veces lo hacen con admiración, otras veces con confianza u con ternura. Incluso lo llama así los fariseos, los saduceos y los judíos en general: “Maestro queremos ver una señal hecha por ti” (Mt 12, 38). Es a la figura de Jesús Maestro que estamos invitado a acercarnos en la Encíclica. Pero no solamente a su palabra sino a toda su vida:
“… la majestad de Cristo que enseña, la coherencia y la fuerza persuasiva únicas de su enseñanza, no se explican sino porque sus palabras, sus parábolas y razonamientos no pueden separarse nunca de su vida y de su mismo ser. En este sentido, la vida entera de Cristo fue una continua enseñanza: su silencio, sus milagros, sus gestos, su oración, su amor al hombre….” (CT 9)
En esta época se habla mucho del “discípulo-misionero”, para ser discípulo hay que tener un maestro.
“Los discípulos de Jesús reconocemos que Él es el primer y más grande evangelizador enviado por Dios (cf. Lc 4, 44) y, al mismo tiempo, el Evangelio de Dios (cf. Rm 1, 3). Creemos y anunciamos “la buena noticia de Jesús, Mesías, Hijo de Dios” (Mc 1, 1). Como hijos obedientes a la voz del Padre, queremos escuchar a Jesús (cf. Lc 9, 35) porque Él es el único Maestro (cf. Mt 23, 8). Como discípulos suyos, sabemos que sus palabras son Espíritu y Vida (cf. Jn 6, 63. 68). Con la alegría de la fe, somos misioneros para proclamar el Evangelio de Jesucristo y, en Él, la buena nueva de la dignidad humana, de la vida, de la familia, del trabajo, de la ciencia y de la solidaridad con la creación.” (DAp. 103)
Hay más de 20 numerales en el Documento de Aparecida que dan a Jesús, el título de “maestro”. Citamos algunos:
“Jesús nos dice: ‘uno es su maestro, y todos ustedes son hermanos’ (Mt 23,8)..” (DAp 110)
“De su Maestro, el discípulo ha aprendido a luchar contra… (DAp 112)
En el capítulo 4, sobre la vocación de los discípulos misioneros a la santidad se nos dice que somos llamados al seguimiento de Jesucristo, configurados con el Maestro para ser enviados a anunciar el Evangelio del Reino de vida, animados por el Espíritu Santo. Configurados con el Maestro.
Al sabernos llamados por nuestro nombre el discípulo quiere dar una respuesta libre y consciente madurando la respuesta “Te seguiré adondequiera que vayas” (Lc 9,57). El llamado de Jesús tiene una gran novedad. Diferente de los Maestros de la lay, no es el discípulo que elige al maestro, sino que es Él quien llama, para estar con Él y vincularse a su misión en cuanto llamados y enviados. Según Aparecida, para configurarse con el Maestro, es necesario asumir la centralidad del mandamiento del amor, distinto de todo cristiano y característica de su Iglesia. En el seguimiento de Jesús aprendemos a vivir las bienaventuranzas del Reino y su estilo de vida:
“Para configurarse verdaderamente con el Maestro, es necesario asumir la centralidad del Mandamiento del amor, que Él quiso llamar suyo y nuevo: ‘Ámense los unos a los otros, como yo los he amado’ (Jn 15,12)” (DAp 138)
“En el seguimiento de Jesucristo, aprendemos y practicamos las Bienaventuranzas del Reino, el estilo de vida del mismo Jesucristo: su amor y obediencia filial al Padre, su compasión entrañable ante el dolor humano, su cercanía a los pobres y a los pequeños, su fidelidad a la misión encomendada, su amor servicial hasta el don de su vida” (DAp 139)
“Identificarse con Jesucristo es también compartir su destino” (DAp 140)
Enviados a anunciar el Evangelio del Reino de Vida, no es una tarea opcional sino integrante de la identidad cristiana. La misión consiste en compartir la experiencia del acontecimiento del encuentro de Jesucristo, testimoniarlo y anunciarlo de persona en persona, de comunidad a comunidad y, de la Iglesia a los confines del mundo. (Cfr. DAp 144-145)
“En el hoy de nuestro continente latinoamericana, se levanta la misma pregunta llena de expectativa: ‘Maestro, ¿dónde vives?’ (Jn 1,38)” (DAp 245)

2. Una experiencia tan antigua como la Iglesia
La catequesis no es un invento de ahora, si bien quizás nunca se ha reflexionado y hablado tanto como en nuestros tiempos. En la encíclica el Papa Juan Pablo II nos acerca una reflexión sobre esta experiencia a través de los tiempos
Los apóstoles recibieron el mando después de la resurrección cuando el Señor los confía formalmente la misión de hacer discípulos a todas las gentes. El libro de los Hechos de los Apóstoles nos narra como ellos fueron fiel a esta misión. Tenemos la imagen de una Iglesia que nace gracias al fervor de los discípulos y que tiene 3 características muy concretas:
“se nutre continuamente de la Palabra del Señor, la celebra en el sacrificio eucarístico y da testimonio al mundo con el signo de la caridad” (CT 10)
Muy pronto los Apóstoles asocian en su tarea de enseñar a otros discípulos. Como podemos leer en el libro de los Hechos: “Judas y Silas, que también eran profetas, consolaron y confortaron a los hermanos conversando largamente con ellos. Pasado algún tiempo, fueron despedidos con afecto por los hermanos, y regresaron a la comunidad que los había enviado. Pablo y Bernabé, por su parte, se quedaron en Antioquía enseñando y proclamando la palabra del Señor, junto con otros muchos.” (Hechos 15, 32.35). Hay muchos otros ejemplos.
En los primeros siglos que siguen al nacimiento de la Iglesia encontramos muchos obispos y pastores que consideraban como una parte importante de su ministerio enseñar de palabra o escribir tratados catequéticos, por ej. Cirilo de Jerusalén, Juan Crisóstomo, Ambrioso, Agustín,….
También en los Concilios darán siempre nuevos impulsos a la catequesis, el Concilio de Trento fue ciertamente el concilio que con mayor fuerza ha dado a la catequesis. El “Catecismo Romano”, que fue fruto del concilio de Trento, fue por muchos siglos el libro de cabecera con respecto a la catequesis. El Papa Juan Pablo II expresa ahí su deseo:
“¡Ojalá suscite el Concilio Vaticano II un impulso y una obra semejante en nuestros días!” (CT 13)
Una forma concreta de hacer catequesis fueron las misiones, hay congregaciones que fueron fundadas para esta tarea específica. A través de la historia podemos ver como la catequesis está íntimamente unida a toda la vida de la Iglesia. Por lo cual el Papa llega a una primera conclusión: la catequesis – derecho y deber de la Iglesia.
“Es evidente, ante todo, que la catequesis ha sido siempre para la Iglesia un deber sagrado y un derecho imprescriptible. Por una parte, es sin duda un deber que tiene su origen en un mandato del Señor…. Por otra parte, puede hablarse igualmente de derecho: desde el punto de vista teológico, todo bautizado por el hecho mismo de su bautismo, tiene el derecho de recibir de la Iglesia una enseñanza y una formación que le permitan iniciar una vida verdaderamente cristiana” (CT 14)
La segunda lección se refiere al lugar mismo que ocupa la catequesis en los proyectos pastorales de las distintas iglesias.
“Cuanto más capaz sea, a escala local o universal, de dar la prioridad a la catequesis – por encima de otras obras e iniciativas cuyos resultados podrán ser más espectaculares – tanto más la Iglesia encontrará en la catequesis una consolidación de su vida interna como comunidad de creyentes y de su actividad externa como misionera” (CT 15)
Una tercera conclusión a lo cual se llega a través de esta corta recorrida histórica de la catequesis, es que la catequesis ha sido y sigue siendo una misión de la que toda la comunidad entera debe sentirse y querer ser responsable. No es responsabilidad de unos pocos, es responsabilidad de los pastores, los sacerdotes, los religiosos y las religiosas, los padres de familia, los distintos ministerios,…
“Uno de los mejores frutos de la Asamblea General del Sínodo dedicado por entero a la catequesis sería despertar, en toda la Iglesia y en cada uno de sus sectores, una conciencia viva y operante de esta responsabilidad diferenciada pero común. (CT 16)
Y finalmente a la historia nos enseña que la catequesis necesita renovarse continuamente, tanto en el concepto mismo de la catequesis, en metodología, en lenguaje, … En el “Mensaje al pueblo de Dios podemos leer:
“la repetición rutinaria, que se opone a todo cambio, por una parte, y la improvisación irreflexiva que afronta con ligereza los problemas, por la otra, son igualmente peligrosas” (CT 17)
El proceso de evangelización en nuestro continente se remonta al momento del descubrimiento de éste y el proceso de colonización. Como bien han dicho nuestros obispos en diferentes momentos, este proceso tiene sus luces y sombras, ya que la conquista y colonizaci´no tienen dos protagonistas, la cruz y la espada.
Sin detenernos en lo que podrían ser las sombras encabezadas por la espada, la evangelización tiene sus grandes luces y en ella la catequesis ocupó un puesto de gran relieve. El interés por la catequesis se ve reflejada en la impresión de diferentes doctrinas y catecismos para la instrucción religiosa, no sólo en lengua castellana sino varios de ellos en lenguas indígenas y en pictogramas.
La preocupación por el adoctrinamiento a través de la catequesis se ve reflejada en las diferentes juntas eclesiásticas y los primeros Concilios provinciales, tanto de México como de Lima. Durante la Colonia la catequesis fue transmitida a través de los catecismos preparados en estas tierras y otros traducidos de catecismos hechos en Europa.
Entre las guerras de independencia y el Concilio Vaticano II, los catecismo pasaron por períodos de lucha, de quienes estaban a favor de los movimientos de Independencia contra los que querían la permanencia bajo el régimen de la Corona Española, esto como consecuencia de un pluralismo ideológico y religioso.
El primer Concilio Plenario de América Latina, convocado por Leon XIII en 1899 tuvo como preocupación principal el tema de la catequesis, animando una catequesis con fórmulas tradicionales para evitar confusión.
En el caminar de la catequesis en América Latina, Brasil ocupa un lugar destacado que se ve reflejado en los tiempos actuales, no sólo por la producción de diferentes subsidios sino por las diferentes orientaciones que su magisterio han dado sobre el tema, muchas veces con una proyección hacia toda Latinoamérica.

3. La catequesis en la actividad pastoral y misionera de la Iglesia
Después de ver como la catequesis se fue evolucionando en la acción pastoral de la Iglesia a través de los tiempos llego el momento de ver cómo hoy día la catequesis se ubica en el conjunto de actividades pastorales y misionales de la Iglesia. El Papa Juan Pablo II no quiere entrar en una discusión y hace referencia a la definición rigurosa y formal de la catequesis que está en el “Directorio General de la Catequesis” . A su vez invita a los especialistas seguir enriqueciendo cada vez más su concepto y su articulación.
Igualmente el Papa nos recuerda algunos puntos esenciales:
“Globalmente, se puede considerar aquí la catequesis en cuanto educación de al fe de los niños, de los jóvenes y adultos, que comprende especialmente una enseñanza de la doctrina cristiana, dada generalmente de modo orgánico y sistemático, con miras a iniciarlos en la plenitud de la vida cristiana….
Recordemos ante todo que entre la catequesis y la evangelización no existe ni separación u oposición, ni identificación pura y simple, sino relaciones profundas de integración y de complemento recíproco.” (CT 18)
A continuación se separa claramente la catequesis del anuncio primero del Evangelio.
“La peculiaridad de la Catequesis, distinta del anuncio primero del Evangelio que ha educar al verdadero discípulo por medio de un conocimiento más profundo y sistemático de la persona y del mensaje de Nuestro Señor Jesucristo” (CT 19)
Pero dice el Papa hay que tener en cuenta que muchas veces esta primera evangelización no ha tenido lugar y describe la situación de:
- cierto número de niños bautizados pero sin haber recibido alguna iniciación en la fe
- otros niños no bautizados, para quienes los padres no aceptan sino tardíamente la educación religiosa
- otros han sido bautizados, han tenido catequesis pero no tienen una adhesión ni se comprometan en su vida con Jesús,
por lo cual:
“La “catequesis” debe a menudo preocuparse, no sólo de alimentar y enseñar la fe, sino de suscitarla continuamente con la ayuda de la gracia, de abrir el corazón, de convertir, de preparar una adhesión global a Jesucristo en aquellos que están aún en el umbral de la fe. Esta preocupación inspira parcialmente el tono, el lenguaje y el método de la catequesis.” (CT 19)
La finalidad de la catequesis no consiste solamente en iniciar a la fe, sino de hacer crecer el germen de la fe sembrado por el Espíritu Santo con el primer anuncio.
“La finalidad de la catequesis, es el conjunto de la evangelización, es la de ser un período enseñanza y de madurez, es decir, el tiempo en que el cristiano, habiendo aceptado por la fe la persona de Jesucristo como el solo Señor y habiéndole prestado una adhesión global con la sincera conversión del corazón, se esfuerza por conocer mejor a ese Jesús en cuyas manos se ha puesto” (CT 20)
Para lograr esto es necesario una catequesis sistemática. Ya Pablo VI en su discurso de clausura hizo alusión a la gran necesidad de una catequesis orgánica y bien ordenada. Esta catequesis orgánica tendría que tener las siguientes características:
“debe ser una enseñanza sistemática, no improvisada, siguiendo un programa que le permita llegar a un fin preciso; una enseñanza elemental que no pretenda abordar todas las cuestiones disputadas ni transformarse en investigación teológica o en exégesis científica; una enseñanza, no obstante, bastante completa, que no se detenga en el primer anuncio del misterio cristiano, cual lo tenemos en el kerigma; una iniciación cristiana integral, abierta a todas las esferas de la vida cristiana” (CT 21)
Pero conjuntamente a esta enseñanza cristiana orgánica y sistemática tan importante, no podemos olvidar de la experiencia vital. El Papa advierte que no podemos oponer una catequesis que arranque de la vida a una catequesis tradicional, doctrinal y sistemática. Por eso dice en la encíclica:
“Es inútil insistir en la ortopraxis en detrimento de la ortodoxia: el cristianismo es inseparablemente la una y la otra. Una convicciones firmes y reflexivas llevan a una acción valiente y segura; el esfuerzo por educar a los fieles a vivir hoy como discípulos de Cristo reclama y facilita el descubrimiento más profundo del Misterio de Cristo en la historia de la salvación.” (CT 22)
Luego se entra en el tema catequesis y sacramentos, la catequesis está intrínsecamente unida a toda la acción litúrgica y sacramental. Mirando la Iglesia primitiva podemos ver como catecumenado e iniciación a los sacramentos (bautismo y eucaristía) se identificaban. Por lo cual concluye el Papa:
“Por una parte, una forma eminente de catequesis es la que prepara a los sacramentos, y toda catequesis conduce necesariamente a los sacramentos de la fe. Por otra parte, la práctica auténtica de los sacramentos tiene forzosamente un aspecto catequético.” (CT 23)
La catequesis tiene una dimensión comunitaria, todo aquel que se ha adherido a Jesucristo tiene necesidad de vivir su fe en comunión con todos aquellos que son seguidores de Jesús. La comunidad tiene una doble tarea: la responsabilidad de atender a la formación de sus miembros, pero también la responsabilidad de acogerlos.
Y para terminar este capítulo sobre la catequesis en la actividad pastoral y misionera de la Iglesia, el Papa dice:
“En definitiva, la catequesis es tan necesaria para la madurez de la fe de los cristianos como para su testimonio en el mundo: ella quiere conducir a los cristianos ‘en la unidad de la fe y en el conocimiento del Hijo de Dios y a formar el hombre perfecto, maduro, que realice la plenitud de Cristo’; también quiere que están dispuestos a dar razón de su esperanza a todos los que les pidan una explicación”. (CT 25)
Leemos algunos numerales de la III Semana Latinoamericana de catequesis:
“La tarea de articular el proceso evangelizador partiendo de la Iniciación Cristiana compete a la comunidad con sus diferentes agentes de pastoral, donde los catequistas tienen un papel fundamental. La Iglesia realiza su tarea de evangelizar en diversos momentos concatenados, tal como fue propuesto por Pablo VI. Uno de aquellos momentos es la Catequesis, donde los catequistas están encargados preferentemente del proceso de la Iniciación Cristiana, tarea ardua y compleja” (IIISLat. 103)
“Sin embargo el catequista ha de conocer la dinámica del proceso evangelizador y el modo como la iniciación se articula, coordina y relaciona con la etapa que le precede y con la que le continúa. Es necesario, aunque no suficiente, renovar la catequesis y realizar la Iniciación Cristiana desde el respeto a la unidad y articulación de los tres sacramentos de iniciación. Se necesita también la coordinación, articulación y relación entre las distintas etapas de evangelización: misionera, catecumenal-iniciatoria-pastoral y de presencia en el mundo. Lo repetimos: se ha de actuar desde la dinamicidad y circularidad del proceso.” (id. 105)
“El catequista debe saber operar con una visión global, integral, dinámica, procesal y circular de la evangelización. De modo tal que esté en capacidad de ubicar lo propio de la acción de iniciación en el proceso de evangelización, así como de favorecer su integración, colaboración e incidencia, en la etapa misionera que la prepara y antecede; y en la etapa de pastoral y presencia que le precede y es consecuencia. Así, supera también una mirada lineal de la misma y asume en su acción la complejidad del proceso de evangelización y la importancia de la Iniciación Cristiana dentro del mismo”. (id. 106)

4. Toda la buena nueva brota de la fuente
En el capítulo 4 de la encíclica el Papa Juan Pablo II se detiene sobre el contenido del Mensaje:
“Siendo la catequesis un momento o un aspecto de la evangelización, su contenido no puede ser otro que el de toda la evangelización: el mismo mensaje – Buena Nueva de salvación – oído una y mil veces y aceptado de corazón” (CT 26)
Este mensaje tiene como fuente viva la Palabra de Dios, transmitida mediante la Tradición y la Escritura. Es esta palabra que impregna todo la catequesis a través de un contacto asiduo con los textos mismos. Cualquier otra fuente, como la enseñanza, la liturgia y la vida de la Iglesia surge de esta fuente y conduce hacia ella. Una expresión privilegiada de esta herencia viva es el Credo. Como referencia segura para el contenido de la catequesis Juan Pablo II nos sugiere el texto del “Credo del Pueblo de Dios, proclamado por Pablo VI al cumplirse el XIX centenario del martirio de los Apóstoles Pedro y Pablo.
A continuación el Sumo Pontífice nos recuerda algunos elementos que no podemos olvidar:
- exponer brevemente el misterio del Verbo de Dios hecho hombre
- la realización de la salvación del hombre por su Pascua
- evitar reducir a Cristo a su sola humanidad y su mensaje a una dimensión meramente terrestre, hay que reconocer más bien como el Hijo de Dios
- la importancia de las exigencias morales personales correspondiente al Evangelio
- las actitudes cristianas ante la vida y ante el mundo, ya sean heroicas, ya las más sencillas (virtudes cristianas o virtudes evangélicas)
- no omitir realidades como la acción del hombre por su liberación integral, la búsqueda de una sociedad más justa y fraterna. (cfr. CT 29)
Con respecto a la integridad del contenido hay tres puntos importantes a tener en cuenta.
El primero se refiere a la integridad del contenido:
“el que se hace discípulo de Cristo tiene derecho a recibir ‘la palabra de la fe’ no mutilada, falsificada o disminuida, sino completa e integral, en todo su rigor y su vigor../.. a ningún verdadero catequista le es lícito hacer por cuenta propia una selección en el depósito de la fe, entre lo que estima importante y lo que estima menos importante o para enseñar lo uno y rechazar lo otro.” (CT 30)
Un segundo punto se refiera a los métodos pedagógicos que se utilizan para transmitir este contenido.
“El método y el lenguaje utilizados deben seguir siendo verdaderamente instrumentos para comunicar la totalidad y no una parte de las ‘palabras de vida eterna’ o del ‘camino de la vida’” (CT 31)
Y un tercer punto es la dimensión ecuménica de la catequesis dentro del marco que describe la encíclica:
“La catequesis tendrá una dimensión ecuménica si, sin renunciar a enseñar que la plenitud de las verdades reveladas y de los medios de salvación instituidos por Cristo se halla en la Iglesia Católica, lo hace, sin embargo, respetando sinceramente, de palabra y de obra, a las comunidades eclesiales que no están en perfecta comunión con esta misma Iglesia…/… la catequesis será ecuménica si se esfuerza por preparar a los niños y a los jóvenes, así como a los adultos católicos, a vivir en contacto con los no católicos, viviendo su identidad católica dentro del respeto a la fe de los otros.” (CT 32)
Puede haber una colaboración ecuménica en el ámbito de la catequesis pero tenemos que tener presente que la comunicación de fe entre los católicos y los demás cristianos no es completa ni perfecta, aún existen profundas divergencias. En este punto el Papa también dice una palabra sobre los manuales comunes a diversas religiones que están surgiendo a nivel de la enseñanza religiosa en ciertos países.
Confrontamos estos deseos con nuestra realidad descrita en el documento de Aparecida. La realidad de muchos cristianos de nuestra sociedad en América Latina es que no han tenido la oportunidad de contar con una catequesis que lo ayude a adquirir una identidad más personal y fundamentada (n. 297). Hay una práctica ordinaria de una catequesis que podemos llamar “ocasional” e.d. una acción de un momento, de un tiempo, tan común la catequesis previa a los sacramentos de iniciación cristiana, especialmente para la primera comunión (n. 298) Otra práctica ordinaria de la catequesis, es no sólo el hecho de ser presacramental sino que es común descubrir una catequesis puramente doctrinal, centrada en este aspecto, sin mirar a los otros aspectos de la fe cristiana y por lo tanta, falta una verdadera y dedicada formación integral de la fe de la mayoría de los cristianos, lo único que tienen medio presente es lo que se les ofreció en el curso para la primera comunión o confirmación y en otros casos para el matrimonio (n. 299)
5. Todos tienen necesidad de la catequesis
El tema del Sínodo explicitaba que se iba a tener una mirada especial hacia los niños y los jóvenes. En la encíclica el Papa dedica todo un capítulo al respecto, empezando a señalar la importancia de los niños y de los jóvenes ya que son numerosos y son el nuevos constructores de la civilización de mañana. Juan Pablo II se pregunta.
¿Cómo revelar a esta multitud de niños y jóvenes a Jesucristo, Dios hecho hombre? ¿Cómo dar a conocer el sentido, el alcance, las exigencias fundamentales, la ley del amor, las promesas, las esperanzas del Reino? (CT 35)
Para empezar a dar una respuesta a preguntas tan complejas, el Papa recorre las diferentes etapas de la vida.
- Párvulos: una iniciación precoz a cargo de los padres (CT 36)
- Niños: con un círculo social más amplio, el momento de una catequesis de manera orgánica en la vida de la Iglesia, incluida una preparación a la vida sacramental (CT 37)
- Adolescentes: con sus grandes y los riesgos típicos de esta edad que la catequesis no puede ignorar, por lo cual la catequesis tiene que ser capaz de conducir al adolescente a una revisión de su propia vida y al diálogo (CT 38)
- Jóvenes: el momento de las primeras decisiones, la catequesis cobra una importancia considerable, es el momento en que el evangelio podrá ser presentado, entendido y aceptado como capaz de dar sentido a la vida (CT 39).
A los jóvenes Juan Pablo II dedica unos numerales más:
o La adaptación de la catequesis a los jóvenes: un lenguaje al que es preciso saber traducir, con paciencia y buen sentido, sin traicionarlo, el mensaje de Jesucristo (CT 40)
o Los minusválidos: tienen el derecho a conocer como los demás coetáneos el misterio de la fe. (CT 41)
o Los jóvenes sin apoyo religioso (CT 42)
Y luego termina su recorrido con
- Los adultos: una catequesis dirigida a las personas que tienen las mayores responsabilidades y la capacidad de vivir el mensaje cristiano bajo su forma plenamente desarrollada. Tiene que ser una catequesis permanente (CT 43)
- Dentro de los adultos tenemos los cuasi catecúmenos (CT 44)
- Catequesis diversificada y complementarias: también los adultos son destinarios de la catequesis. La catequesis permanente y la catequesis de adultos no sean compartimientos estancos e incomunicados.
Reiteramos que el documento de Aparecida no es un documento sobre catequesis, se se acerca a los destinatarios lo hace desde una óptica más amplia.
- Familia: es un tesoro importante y tenemos que trabajar para que la familia asuma su ser y su misión en el ámbito de la sociedad y de la Iglesia. Se debe asumir la preocupación por ella como uno de los ejes transversales de toda la acción evangelizadora de la Iglesia (DAp 432-437)
- Niños: don y signo de la presencia de Dios en nuestro mundo por su capacidad de aceptar con sencillez el mensaje evangélico. Al ser la primera etapa de la vida del ya nacido, constituye una ocasión maravillosa para la transmisión de la fe. (DAp 438- 441)
- Adolescentes y jóvenes: la adolescencia es la etapa de la búsqueda de su propia identidad, de independencia frente a sus padres, de descubrimiento del grupo. Tenemos que proponer el encuentro con Jesucristo vivo y su seguimiento en la Iglesia, a la luz del Plan de Dios, que les garantiza la realización plena de su dignidad de ser humano, les impulsa a formar su personalidad y les propone una opción vocacional. (DAp 442-446)

6. Métodos y medios de la catequesis
La búsqueda de métodos y medios para la catequesis ha existido siempre, desde las cartas de los apóstoles hasta los medios modernos. Pero el Papa no se extiende sobre el tema de los medios de comunicación social ya que hay otros aportes dentro de la Iglesia que habla sobre este tema. Pero es necesario ver los múltiples lugares, momentos o reuniones por valorizar: las peregrinaciones diocesanas, las misiones, círculos bíblicos, reuniones de las comunidades eclesiales de base, los grupos de jóvenes,… pero..:
“El esfuerzo catequético, posible en estos lugares y en otros muchos, tiene tantas más probabilidades de ser acogida y de dar frutos, cuanto más se respete su naturaleza propia.” (CT 47)
Juan Pablo II resalta la homilía diciendo que:
“La predicación centrada en los textos bíblicos, debe facilitar entonces, a su manera, el que los fieles se familiaricen con el conjunto de los misterios de la fe y de las normas de la vida cristiana. Hay que prestar una gran atención a la homilía: ni demasiado larga, ni demasiado breve, siempre cuidadosamente preparada, sustancias y adecuada…” (CT 48)
Se consta con respecto a las publicaciones catequéticas un florecimiento actual de la catequesis en la renovación y la multiplicación de los libros catequéticos. Pero también hay que reconocer que hay ensayos y publicaciones equívocas y perjudiciales. Adaptar al lenguaje de hoy a veces implica que se olvidan de los elementos esenciales de la fe de la Iglesia. Por eso, hay que multiplicar las publicaciones teniendo en cuenta algunas condiciones:
- Que se conecten con la vida concreta de la generación a la que se dirigen
- Que se esfuercen por encontrar el lenguaje que entiende esa generación
- Que se propongan decir toda e mensaje de Cristo
- Que tiendan a producir en sus usuarios un conocimiento mayor de los misterios de Cristo en orden a una verdadera conversión. (CT 49)
Por lo cual también se invita a las conferencias episcopales que emprendan el trabajo para lograr catecismos fieles a los contenidos esenciales de la Revelación.
En realidad se hace una breve mención a los métodos y medios de la catequesis, las proposiciones elaboradas en el Sínodo tuvieron una riqueza mucho más importante.
Y Juan Pablo II concluye este capítulo diciendo:
“Es reconfortante pensar que en cada país se realza actualmente una preciosa colaboración para una renovación más orgánica y más segura de estos aspectos de la catequesis. ¿Cómo es posible dudar de que la Iglesia pueda encontrar personas competentes y medios adaptados para responder, con la gracia de Dios, al las exigencias complejas de la comunicación con los hombres de nuestro tiempo?” (CT 50)
Aquí leo solamente dos numerales del documento de Aparecida:
La catequesis no debe ser sólo ocasional, reducida a los momentos previos a los sacramentos o a la iniciación cristiana, sino más bien “un itinerario catequético permanente”. Por esto, compete a cada Iglesia particular, con la ayuda de las Conferencias Episcopales, establecer un proceso catequético orgánico y progresivo que se extienda por todo el arco de la vida, desde la infancia hasta la ancianidad, teniendo en cuenta que el Directorio General de Catequesis considera la catequesis de adultos como la forma fundamental de la educación en la fe. Para que, en verdad, el pueblo conozca a fondo a Cristo y lo siga fielmente, debe ser conducido especialmente en la lectura y meditación de la Palabra de Dios, que es el primer fundamento de una catequesis permanente.” (DAp. 298)
“La catequesis no puede limitarse a una formación meramente doctrinal sino que ha de ser una verdadera escuela de formación integral. Por tanto, se ha de cultivar la amistad con Cristo en la oración, el aprecio por la celebración litúrgica, la vivencia comunitaria, el compromiso apostólico mediante un permanente servicio a los demás. Para ello, resultarían útiles algunos subsidios catequéticos elaborados a partir del Catecismo de la Iglesia Católica y del Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, estableciendo cursos y escuelas de formación permanente para catequistas.” (DAp. 299)

7. Cómo dar la catequesis
Se constata una gran variedad de propuestas catequéticas, según el lugar, según la edad, etc… Es una verdadera riqueza y un signo de vida. Pero no se puede negar que hay unas cuestiones a tener en cuenta:
El riesgo y la tentación de mezclar indebidamente la enseñanza catequética con perspectivas ideológicas (CT 52)
“La pauta que ha de procurar seguir es la Revelación, tal como la transmite el Magisterio universal de la Iglesia en su forma solemne u ordinaria”
Un segundo aspecto es la “aculturación” o “inculturación
“De la catequesis como de la evangelización en general, podemos decir que está llamada a llevar la fuerza del evangelio al corazón de la cultura y de las culturas. Para ello, la catequesis procurará conocer estas culturas y sus componentes esenciales; aprenderá sus expresiones más significativas, respetará sus valores y riquezas propias. Sólo así se podrá proponer a tales culturas el conocimiento del misterio oculto y ayudarles a hacer surgir de su propia tradición viva expresiones originales de vida, de celebración y de pensamiento cristianos. …/… “Los catequistas auténticos saben que la catequesis “se encarna” en las diferentes culturales y ambientes. …/… pero no aceptan que la catequesis se empobrezca por abdicación o reducción de su mensaje, por adaptaciones, aun de lenguaje, que comprometan el ‘buen depósito’ de la fe, o por concesiones en materia de fe o de moral; están convencidos de que la verdadera catequesis acaba por enriquecer a esas culturas, ayudándolas a superar los puntos deficientes o incluso inhumanos que hay en ellas y comunicando a sus valores legítimos la plenitud de Cristo.” (CT 53)
Un tercer aspecto tiene que ver con las devociones populares o los elementos válidos de la piedad popular.
“En la mayor parte de esas oraciones o de esas prácticas, junto a elementos que se han de eliminar, hay otros que, bien utilizados, podrían servir muy bien para avanzar en el conocimiento del misterio de Cristo o de su mensaje.” (CT 54)
Y una última cuestión metodológica a la cual hace alusión la encíclica es la memorización. Tenemos que reconocer que la catequesis ha conocido una larga tradición de aprendizajes por la memoria de las verdades. Como también hay que reconocer el peligro que estas verdades fueron memorizadas pero no asimiladas. Juan Pablo II hace eco de lo que se vivió en el Sínodo:
“se han hecho oír voces muy autorizadas para reequilibrar con buen criterio la parte de la reflexión y de la espontaneidad, del diálogo y del silencio, de los trabajos escritos y de la memoria” (CT 55)
Y para terminar este capítulo con algunas consideraciones sobre los métodos la encíclica nos dice:
“La pluralidad de métodos en la catequesis contemporánea puede ser signo de vitalidad y de ingeniosidad. En todo caso, conviene que el método escogido se refiera en fin de cuentas a una ley fundamental para toda la vida de la Iglesia: la fidelidad a Dios y la fidelidad al hombre, en una misma actitud de amor.” (CT 55)
Con respecto a la inculturación, nos dice Aparecida en el numeral 479:
“Con la inculturación de la fe, la Iglesia se enriquece con nuevas expresiones y valores, manifestando y celebrando cada vez mejor el misterio de Cristo, logrando unir más la fe con la vida y contribuyendo así a una catolicidad más plena, no solo geográfica, sino también cultural. Sin embargo, este patrimonio cultural latinoamericano y caribeño se ve confrontado con la cultura actual, que presenta luces y sombras. Debemos considerarla con empatía para entenderla, pero también con una postura crítica para descubrir lo que en ella es fruto de la limitación humana y del pecado. Ella presenta muchos y sucesivos cambios, provocados por nuevos conocimientos y descubrimientos de la ciencia y de la técnica. De este modo, se desvanece una única imagen del mundo que ofrecía orientación para la vida cotidiana. Recae, por tanto, sobre el individuo toda la responsabilidad de construir su personalidad y plasmar su identidad social. Así tenemos por un lado, la emergencia de la subjetividad, el respeto a la dignidad y a la libertad de cada uno, sin duda una importante conquista de la humanidad. Por otro lado, este mismo pluralismo de orden cultural y religioso, propagado fuertemente por una cultura globalizada, acaba por erigir el individualismo como característica dominante de la actual sociedad, responsable del relativismo ético y la crisis de la familia”
En el tema de las devociones populares, que ciertamente en nuestra diócesis está muy presente en el diario vivir, el documento de Aparecida da unas indicaciones muy interesante a tener en cuenta:
“Debe darse una catequesis apropiada que acompañe la fe ya presente en la religiosidad popular. Una manera concreta puede ser el ofrecer un proceso de iniciación cristiana en visitas a las familias, donde no sólo se les comunique los contenidos de la fe, sino que se las conduzca a la práctica de la oración familiar, a la lectura orante de la Palabra de Dios y al desarrollo de las virtudes evangélicas, que las consoliden cada vez más como iglesias domésticas. Para este crecimiento en la fe, también es conveniente aprovechar pedagógicamente el potencial educativo que encierra la piedad popular mariana. Se trata de un camino educativo que, cultivando el amor personal a la Virgen, verdadera “educadora de la fe” , que nos lleva a asemejarnos cada vez más a Jesucristo, provoque la apropiación progresiva de sus actitudes.” (DAp 100)
 

8. La alegría de le fe en un mundo difícil
Afirmar la identidad cristiana en un mundo indiferente con la pedagogía original de la fe. La catequesis tiene como tarea dar firmeza a los cristianos en su propia identidad y que tenga la fuerza de sobreponerse sin cesar a las vacilaciones, incertidumbres y desazones del ambiente.(CT 56)
El mundo secularizado, de una era postcristiana es una realidad profunda. Es necesario que el cristiano sea formado para vivir en este mundo de indiferencias, de menosprecio, etc.. La catequesis tienen que enseñar a los cristianos de las comunidades a permanecer lúcidos y coherentes en su fe. (CT 57)
Para realizar esta tarea la catequesis se servirá del modelo de la pedagogía de la fe aprendiendo de Dios mismo, a lo largo de toda la historia sagrada y el Evangelio. (CT 58) y concluye diciendo:
“En catequesis, una técnica tiene valor en la medida en que se pone al servicio de la fe que se ha de transmitir y educar, en caso contrario, no vale.” (CT 58)
Y ahí vuelve la encíclica sobre el tema del “lenguaje adaptado al servicio del Credo”.
“En efecto, ésta tiene el deber imperioso de encontrar el lenguaje adaptado a los niños y a los jóvenes de nuestro tiempo en general, y a otras muchas categorías de personas… ../… la catequesis no puede aceptar ningún lenguaje que, bajo el pretexto que sea, aun supuestamente científico, tenga como resultado desvirtuar el contenido del Credo” (CT 59)
Pero más allá no podemos olvidar que a veces viene un desafío muy sutil del mismo modo de entender la fe. Ahí podemos tener la imagen de Abrahán, una imagen de una marcha y no de una fe instalada. La fe no es una certeza, sino un interrogante, no es una claridad sino u n salto en la oscuridad nos dice la teología.
“En la educación de los niños, de los adolescentes y de los jóvenes, no les demos un concepto totalmente negativo de la fe – como un no-saber absoluto, una especie de ceguera, un mundo de tinieblas -, antes bien, sepamos mostrarles que la búsqueda humilde y valiente del creyente, lejos de partir de la nada, de meras ilusiones, de opiniones falibles y de incertidumbres, se funda en la Palabra de Dios que ni se engaña ni engaña, y se construye sin cesar sobre la roca inamovible de esa Palabra.” (CT 60)
Se entiende que tiene que haber una relación entre catequesis y teología (CT 61) y el Papa hace una advertencia:
“Conscientes de la influencia que sus investigaciones y formaciones ejercen en la enseñanza catequética, los teólogos y los exegetas tienen el deber de estar muy atentos para no hacer pasar por verdades ciertas lo que, por el contario, pertenece al ámbito de las cuestiones opinables o discutidas entre expertas. Los catequistas tendrán a su vez el buen criterio de recoger en el campo de la investigación teológica lo que pueda iluminar su propia reflexión y su enseñanza, acudiendo como los teólogos de a las verdaderas fuentes, a la luz del Magisterio.” (CT 61)
Es necesario que tenemos que tener el firmo propósito de formar unos cristianos firmes en lo esencial y humildemente felices en su fe.
O como lo dice Aparecida:
“Un auténtico camino cristiano llena de alegría y esperanza el corazón y mueve al creyente a anunciar a Cristo de manera constante en su vida y en su ambiente. Proyecta hacia la misión de formar discípulos misioneros al servicio del mundo. Habilita para proponer proyectos y estilos de vida cristiana atrayentes, con intervenciones orgánicas y de colaboración fraterna con todos los miembros de la comunidad. Contribuye a integrar evangelización y pedagogía, comunicando vida y ofreciendo itinerarios pastorales acordes con la madurez cristiana, la edad y otras condiciones propias de las personas o de los grupos. Incentiva la responsabilidad de los laicos en el mundo para construir el Reino de Dios. Despierta una inquietud constante por los alejados y por los que ignoran al Señor en sus vidas.” (DPa 280d)

9. La tarea nos concierne a todos
Este capítulo empieza con unas palabras de aliento:
“¡Sí, quiero sembrar pródigamente en el corazón de todos los responsables, tan numerosos y diversos de la enseñanza religiosa y del adiestramiento en la vida según el Evangelio, el valor, la esperanza y el entusiasmo.” (CT 62)
Palabras de aliento a los obispos (CT 63), a los sacerdotes (CT 64), a los religiosos y religiosas (CT 65) y por supuesto a los catequistas laicos (CT 66)
Y ahí voy solamente ir citando:
“En nombre de toda la Iglesia quiero dar las gracias a vosotros, catequistas parroquiales, hombres y, en mayor número aún, mujeres, que en todo el mundo os habéis consagrado a la educación religiosa de numerosas generaciones de niños. Vuestra actividad, con frecuencia humilde y oculta, mas ejercida siempre con celo ardiente y generoso, es una forma eminente de apostolado seglar, particularmente importante allí donde, por distintas razones, los niños y los jóvenes no reciben en sus hogares una formación religiosa conveniente. En efecto, ¿cuántos de nosotros hemos recibido de personas como vosotros las primeras nociones de catecismo y la preparación para el sacramento de la reconciliación, para la primera comunión y para la confirmación?” (CT 66)
Pero a su vez el Papa hace un llamado (y me tomo el atrevimiento de señalar algunas cosas que quizás a nivel diocesano tenemos que tener más presente)


• En parroquia
“Por esto, toda parroquia importante y toda agrupación de parroquias numéricamente más reducidas tienen el grave deber de formar responsables totalmente entregados a la animación catequética —sacerdotes, religiosos, religiosas y seglares—, de prever el equipamiento necesario para una catequesis bajo todos sus aspectos, de multiplicar y adaptar los lugares de catequesis en la medida que sea posible y útil, de velar por la cualidad de la formación religiosa y por la integración de distintos grupos en el cuerpo eclesial. En una palabra, sin monopolizar y sin uniformar, la parroquia sigue siendo, como he dicho, el lugar privilegiado de la catequesis. Ella debe encontrar su vocación, el ser una casa de familia, fraternal y acogedora, donde los bautizados y los confirmados toman conciencia de ser pueblo de Dios. Allí, el pan de la buena doctrina y el pan de la Eucaristía son repartidos en abundancia en el marco de un solo acto de culto; desde allí son enviados cada día a su misión apostólica en todas las obras de la vida del mundo”. (CT 67)
• En familia
“La acción catequética de la familia tiene un carácter peculiar y en cierto sentido insustituible, subrayado con razón por la Iglesia, especialmente por el Concilio Vaticano II. Esta educación en la fe, impartida por los padres —que debe comenzar desde la más tierna edad de los niños— se realiza ya cuando los miembros de la familia se ayudan unos a otros a crecer en la fe por medio de su testimonio de vida cristiana, a menudo silencioso, mas perseverante a lo largo de una existencia cotidiana vivida según el Evangelio. Será más señalada cuando, al ritmo de los acontecimientos familiares —tales como la recepción de los sacramentos, la celebración de grandes fiestas litúrgicas, el nacimiento de un hijo o la ocasión de un luto— se procura explicitar en familia el contenido cristiano o religioso de esos acontecimientos. Pero es importante ir más allá: los padres cristianos han de esforzarse en seguir y reanudar en el ámbito familiar la formación más metódica recibida en otro tiempo. El hecho de que estas verdades sobre las principales cuestiones de la fe de la vida cristiana sean así transmitidas en un ambiente familiar impregnado de amor y respeto permitirá muchas veces que deje en los niños una huella de manera decisiva y para toda la vida. Los mismos padres aprovechen el esfuerzo que esto les impone, porque en un diálogo catequético de este tipo cada uno recibe y da.” (CT 68)
• En la escuela
• En los movimientos
Y este capítulo termina con unas palabras sobre los institutos de formación y la necesidad de una formación esmerada. Una formación que tiene ser organizado. Es un campo en el que una colaboración diocesana, interdiocesana e incluso nacional se revela fecunda y fructuosa. (CT 71)
A partir del nº 296 del documento de Aparecida encontramos una lista de tareas que sería bueno tener en cuenta:
- La formación teológica y pedagógica de los catequistas; el tema de la formación de los discípulos misioneros aparece con mucha claridad en el Documento de Aparecida al hablar de la formación de éstos, aprovechando sus potencialidades, ésta debe ser a ejemplo de Jesús. En los criterios generales de esta formación se señala que debe ser integral, kerygmsática y permanente la cual implica la dimensión humana, comunitaria, espiritual, intelectual y pastoral-misionera. Cuando explicita la formación intelectual manifiesta que se da a través de un especial conocimiento bíblico teológico, juntamente con las ciencias humanas darán la competencia en vista a los servicios eclesiales y para la adecuada presencia en el mundo secular.
- Los materiales y subsidios integrados a una pastoral de conjunto.
- El papel de la familia en la catequesis: vista como uno de los lugares de formación de los discípulos misioneros, destaco el papel que ésta tiene en la iniciación cristiana de los niños. Se ha de trabajar para que la situación de la familia sea transformada y ésta asuma su ser y su misión en el ámbito de la sociedad y de la Iglesia.
- La falta de compromiso en la catequesis de los párrocos y demás responsables (cfr. nº 296); para que la catequesis cumpla con su vocación de ayudar a madurar la fe de los discípulos misioneros al interno de la comunidad se requiere el apoyo, en primer lugar de quienes ejercen el ministerio de ser Cristo Cabeza, de manera muy concreta desde la comunidad parroquial.
- Al asumirse la catequesis desde la Iniciación Cristiana, ésta tiene que dar la posibilidad de un aprendizaje gradual que lleve al conocimiento, amor y seguimiento de Jesús, esto ayudará a forjar la identidad cristiana; el asumir la dinámica de la Iniciación Cristiana se garantiza la renovación de una comunidad y despierta su carácter misionero, para esto se urge el cambio de actitudes pastorales (cfr. nº 291)
- Es necesario una catequesis que ayude a adquirir una identidad católica que promueva una adhesión personal y comunitario a Cristo (nº 297); en esto se encuentra la clave de la catequesis; hoy se insiste que su finalidad es precisamente poner a uno en contacto con una persona y esa es Jesucristo.
- Pasar de una catequesis ocasional a un itinerario catequético permanente. (nº 298)
- Etc….
Conclusión
“Al final de esta Exhortación Apostólica la mirada se vuelve hacia Aquél que es el principio inspirador de toda la obra catequética y de los que la realizan: El espíritu del Padre y del Hijo, el Espíritu Santo. …/… Yo invoco ahora sobre la Iglesia catequizadora este Espíritu del Padre y del Hijo, y le suplicamos que renueve en esta Iglesia el dinamismo catequético.
Que la Virgen de Pentecostés nos lo obtenga con su intercesión …/… Quisiera, pues, la presencia del Espíritu Santo, por intercesión de María, conceder a la Iglesia un impulso creciente en la obra catequética que le es esencial. Entonces la Iglesia realizará con eficacia en esta hora de gracia, la misión inalienable y universal recibida de su Maestro: “Id, pues; enseñando a todas las gentes”” (CT 72 y 73)

 

Comentarios
luisa fernandez
26.03.2011
exelente. Muy claro. es necesario tenerlo presente siempre. Es un privilegio anunciar al Señor de lahistoria. al Rey de reyes, que nos enseña a servir... loado sea nuestro Dios...

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Padre José Luis Quijano
Sacerdote del clero de San Isidro. Ha realizado estudios de Economía en la Universidad Católica Argentina y de Teología y Filosofía en el Seminario San Agustín del Obispado de San Isidro. Cursó la Catequética en el Instituto Teológico para América Latina y ha obtenido la Diplomatura en Educación Virtual de la Universidad de San Martín. Se desempeñó durante más de quince años como Director Diocesano de Catequesis. Recorrió el país, dando numerosos cursos y promoviendo la formación de los catequistas. Participó en la I Semana Internacional de Catequesis, invitado por el CELAM. Es autor de libros de Catequesis Escolar. Integró durante más de diez años el Equipo de Catequesis de Adultos de la Junta Nacional de Catequesis. Ha representado al ISCA en numerosos congresos y encuentros internacionales. Fue Asesor de la Junta Nacional de Catequesis y Profesor y Vice - rector del ISCA. Coordinó la Comisión de Revisión del Instituto, organismo que, por delegación de la Comisión Episcopal de Catequesis, tuvo a su cargo durante el año 2001 la revisión y el análisis de lo actuado por el ISCA.

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