Año 2 • Nº 10
Septiembre 2004
..Catequesis familiar

La catequesis familiar, en la Argentina, tiene poco más de treinta años de vida. Fue en el año 1973 cuando llegó a las librerías la primera edición de "Le hablo de Dios a mi hijo", la primera publicación de un texto catequístico con fichas para padres e hijos. Este método de padres catequistas fue el resultado de las experiencias desarrolladas y sostenidas bajo la convicción de que así se respondía en forma evangelizadora a las necesidades de su esquema familiar. A treinta años de estos primeros ensayos, la realidad familiar parece proponer nuevos desafíos. Comparando las cifras estadísticas de los censos de 1970 y 2001, se puede apreciar el impacto económico que las familias han sufrido en estos treinta años.

La desocupación en Buenos Aires y el Gran Buenos Aires aumentó del 4 al 16,7 %. El salario real, el sustento de estas familias, desciende de una estimación de 100 a otra de 72,1. Estas familias de la crisis no han podido permanecer al margen de esta situación. Hay, además, un notable descenso en el número de matrimonios: de 169.936 en 1970 a 130.533 en el 2001. Es notable, también, el aumento de las uniones de hecho y el descenso del número de matrimonios tanto civiles como religiosos. Son apenas unos poquísimos datos, pero alcanzan para una primera conjetura: la familia argentina del año 1973 no es la misma familia del año 2004. Pero si bien la familia -el sujeto de nuestra catequesis- permanece, también cambia. La realidad nos desafía a conocerlas mejor para saber a quién nos dirigimos en nuestro anuncio y poder responderles mejor.

  La familia: Imagen del amor de Dios

Extracto del documento de los Obispos de la Argentina reunidos en la 87 ª Asamblea Plenaria - San Miguel, 15 de mayo de 2004

Dios es Amor
Queremos acercarnos y acompañar a aquellas familias que viven situaciones difíciles, en medio de sufrimientos, injusticias, carencias, o dolorosas experiencias afectivas que las han llevado a un sentimiento de fracaso, o a fracturas que no son plenamente compatibles con la propuesta del Evangelio. Tal vez muchos hoy, como aquel mendigo en la puerta del templo, están extendiendo su mano buscando una ayuda que les permita encontrar nuevamente motivos para la alabanza. El gran anuncio que experimentaron los Apóstoles al palpar al Señor resucitado, es el que compartimos con ustedes: DIOS ES AMOR. Desde esa experiencia de amor, reflexionamos una vez más sobre el misterio de la familia, y nos acercamos con algunas consideraciones sobre problemáticas y ambigüedades que preocupan e inquietan nuestro caminar.

La familia en nuestra situación cultural
Percibimos que la familia continúa siendo un valor apreciado por nuestro pueblo. El hogar sigue siendo el lugar privilegiado de encuentro de las personas donde, en las pruebas cotidianas, se recrea el sentido de pertenencia. Gracias a los afectos auténticos de nupcialidad, paternidad y maternidad, filiación y fraternidad, aprendemos a sostenernos mutuamente en las dificultades, a comprendernos y perdonarnos, a acompañar a los niños y a los jóvenes, a tener en cuenta, valorar y querer a los abuelos y a las personas con capacidades diferentes. Cuando hay familia, se expresan verdaderamente el amor y la ternura, se comparten las alegrías haciendo fiesta y sus miembros se solidarizan ante las dificultades cotidianas, la angustia del desempleo y el dolor que provoca la enfermedad y la muerte.

Pero inmersas en la crisis de la civilización y en el drama de la ruptura entre Evangelio y cultura, constatamos que las personas, el matrimonio y la familia, no encuentran nuevos cauces para sostenerse y crecer. La fragmentación presente en nuestra cultura, marcada por el individualismo y la crisis de valores, llega también a las familias, jaqueadas además por legislaciones que alientan su disolución; por modelos ideológicos que relativizan los conceptos de persona, matrimonio, familia; por la situación socioeconómica, por la falta de comunicación, superficialidad e intolerancia, e incluso por la agresión y violencia en el trato entre las personas.

Valorar y celebrar el misterio de la vida
La mentalidad materialista aprecia la vida sólo en la medida en que alcanza la fama, la eficiencia, la riqueza, el placer. No le reconoce un valor en sí misma ni por sí misma. Por eso termina por alimentar una cultura de muerte, que se manifiesta en el desprecio y la marginación de los enfermos y ancianos, en el aborto, la eutanasia, el homicidio, el desprecio por el compromiso para siempre. La enseñanza cristiana es decididamente diversa. Jesús, con su amor preferencial hacia los pecadores, los enfermos y los marginados, ha revelado que el Padre considera importante a todos los hombres, cualquiera sea su condición. Descubrir un valor debería llevarnos a descubrir las obligaciones que entraña acogerlo y vivirlo plenamente; podría decirse que a un gran valor concurre una gran obligación ética, y así sucede con la vida y con el amor. La Iglesia enseña que el hombre, imagen viviente de Dios, vale por sí mismo y no por aquello que sabe, produce o posee. Es su dignidad de persona la que confiere valor a los bienes que le sirven para expresarse y realizarse.


  Proclamamos por tanto
que la vida física aún no siendo un bien absoluto, es un bien fundamental; y el fundamento de todos los otros bienes, de su desarrollo y manifestación, razón por la cual ha de ser respetada desde su concepción hasta la muerte natural;
que debe ser respetada, cuidada y servida, de modo que todos puedan tener alimento, vestido, vivienda, educación, trabajo, tiempo libre, asistencia sanitaria, seguridad;
que debe ser resguardada de toda forma de violencia y preservada de todos los peligros que la amenazan: las nuevas formas de reproducción artificial y la manipulación genética, la promoción de la anticoncepción, la esterilización; el alcoholismo, la drogadicción, la pobreza, la miseria y la eutanasia;
que el homicidio es un crimen tremendo en cualquiera de sus formas, particularmente en el aborto, pues en esa instancia, la vida se encuentra en el grado más alto de vulnerabilidad y de mayor indefensión.

Continúan abiertas las inscripciones para los cursos a distancia que dicta el Instituto Superior de Catequesis Argentino (ISCA).
Catequética Fundamental. Una manera de pensar la Catequesis en la Argentina de hoy
Una nueva mirada al Directorio General para la Catequesis, desde el documento argentino Navega Mar Adentro
Recorriendo caminos en la Catequesis con niños. Métodos y metodologías
 

La catequesis familiar (CaFa), ¿es adecuada para evangelizar a la familia de hoy?. Si reconocemos que el impacto de la catequesis está orientado en función de sus destinatarios, ¿se puede cuestionar la pertinencia de la CaFa y su propuesta?. Existe la necesidad de reflexionar sobre esta cuestión; por eso invitamos a participar del Foro Compartido, junto a www.san-pablo.com.ar y a www.paracatequistas.com. En este sitio podrán dejar sus reflexiones y compartir los distintos puntos de vista sobre el tema.

 
El próximo 27 de septiembre y hasta el 1º de octubre, se realizará en Santiago de Chile, la VIIIª Reunión Continental que organiza la RIIAL (Red Informática de la Iglesia en América Latina). El Encuentro se ubica dentro del marco de la necesidad de seguir avanzando en la Evangelización y las Nuevas Tecnologías En la citada Reunión, participará el rector del Instituto Superior de Catequesis Argentino, Pbro. José Luis Quijano, quien presentará la propuesta del ISCA y la tarea que ésta desarrolla en materia de Catequesis a través de la informática
 

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