Mons.
Antonio Stanovnik, Secretario General
del CELAM, nos presenta algunas claves
de lectura del Documento de Participación
de la Vª Conferencia, para leerlo
animados por un sentimiento de conversión
personal y comunitaria.
La Vª Conferencia General del
Episcopado Latinoamericano y del Caribe
(VCG) se propone abordar, a la luz
de la fe y de las grandes orientaciones
recibidas del magisterio pontificio,
principalmente en Ecclesia in
America , Novo Millennio
Ineunte , Pastores Gregis y en Ecclesia de Eucharistia , los desafíos nuevos
y urgentes que vive la Iglesia en
América Latina y el Caribe
en la hora actual, para buscar y acordar
juntos líneas pastorales que
orienten y animen la identidad católica
de nuestros pueblos, y den un nuevo
y fuerte impulso evangelizador a todo
el continente.
Éste es el contexto eclesial
en el cual nos movemos con el propósito
de identificar aquellos elementos
que nos faciliten la lectura, comprensión
y utilización del Documento
de Participación (DPa). Este Documento es el instrumento más
inmediato y universal, a través
del cual podemos participar activamente
en la preparación de la V º
CG, que se celebrará en el
mes de mayo de 2007 en Aparecida,
Brasil. Es un instrumento inmediato
porque es el medio que tenemos más
“a la mano” para concretar nuestra
participación.
Hoy es posible acceder a este material
a través del portal de la V
Conferencia: http://www.celam.info/content/view/6/26.
Allí se podrá encontrar,
además, información
muy útil acerca de cómo
trabajar con el Documento y las fichas.
Por su parte, las Conferencias Episcopales
de América Latina han hecho
publicaciones de este material y lo
han enviado a las Iglesias particulares,
a fin de que las comunidades y todos
los que estén interesados puedan
hacer uso del mismo.
Las reflexiones que siguen quieren
ofrecer aquellos elementos que faciliten
la lectura de dicho material. Cuando
decimos lectura, entendemos que se
trata de una lectura comprensiva,
que nos permita “entrar” en el texto
y familiarizarnos con su contenido.
Para ello, es oportuno hacer una reflexión
sobre las claves que nos ayuden a
hacer ese “ingreso”, a fin de poder
comprender el texto.
Tratándose de un acontecimiento
eclesial, es ineludible que enseguida
destaquemos la actitud creyente, como
condición necesaria para una
adecuada lectura del acontecimiento
en sí mismo y, en ese marco,
del Documento que ayuda a prepararlo.
La
V Conferencia General : ejercicio
de comunión episcopal
La V Conferencia
General del Episcopado Latinoamericano
remite a las cuatro Conferencias anteriores
celebradas en Río
de Janeiro (1955), Medellín (1968). Puebla (1979) y Santo Domingo (1992), y evoca la
memoria de estos grandes acontecimientos
eclesiales con un profundo sentido
de gratitud a Dios por el medio siglo
de historia que lleva esta experiencia
de colegialidad episcopal en nuestro
Continente y de efectiva y afectiva
comunión cum Petro et sub
Petro.
Esta modalidad colegial se desprende
del Decreto Conciliar Christus
Dominus , donde se afirma que
“la misma potestad colegial” pueden
ejercerla conjuntamente con el Papa
los Obispos dispersos en toda la tierra,
con tal que la Cabeza del Colegio
los convoque a una acción colegial
o, a lo menos, apruebe o reciba libremente
la acción unida de los obispos
dispersos, de forma que se constituye
un verdadero acto colegial” (Capítulo
1, n. 4). Luego, en Apostolos
Suos , se afirma que “la suprema
potestad que el cuerpo de los Obispos
posee sobre toda la Iglesia no puede
ser ejercida por ellos si no es colegialmente,
ya sea de manera solemne reunidos
en Concilio ecuménico, o dispersos
por el mundo, a condición de
que el Sumo Pontífice los convoque
para un acto colegial o al menos apruebe
o acepte su acción conjunta”.
A diferencia de una Conferencia Episcopal,
la Conferencia General no se concibe
si no es convocada por el Santo Padre
o acepte su acción conjunta.
La pregunta que nos podemos hacer
es si esta modalidad puede algún
día constituirse una práctica
más frecuente en la Iglesia
universal y encontrar una forma canónica
permanente. Actualmente, sabemos,
que esta modalidad de ejercicio de
la colegialidad episcopal no fue asumida
en el cuerpo legislativo de la Iglesia.
Por eso, es el Papa quien aprueba
un Reglamento propio para cada Conferencia
General.
En las cuatro Conferencias Generales,
fue muy importante la presencia y
la palabra orientadora del Santo Padre.
Podemos recordar que, excepto la I
Conferencia , en todas las demás
estuvo presente el Papa. Su discurso
inaugural marcó profundamente
la reflexión de los Obispos.
Además, en todos los discursos,
incluyendo la carta que envió
el Papa Pío XII a los Obispos,
reunidos en la I Conferencia General
, podemos recoger algunas valiosas
expresiones que reflejan la estima
y el reconocimiento que los Papas
han tenido de las Conferencias Generales
del Episcopado Latinoamericano. Ya
en la I Conferencia General podemos
recoger expresiones de gratitud y
reconocimiento de parte de los Obispos
sobre lo que significó la presencia
de la palabra del Papa en ese encuentro:”Nos
ha sido motivo de sumo consuelo y
aliento la generosísima participación
que el Augusto Pontífice gloriosamente
reinante ha querido tomar en nuestra
Asamblea, sobre todo dirigiéndonos
las importantísimas letras
apostólicas Ad Ecclesiam
Christi , que constituyeron para
nosotros la Magna Charca en los trabajos y en las conclusiones
de la Conferencia (Conclusiones, Río
de Janeiro, 4 de agosto de 1950).
Como podemos notar, todo este esfuerzo
de comunión fraterna y de corresponsabilidad
pastoral, ocurre en profunda comunión
con el Santo Padre. Es él quien
acoge el propósito de reunirse
y el tema que se ha elegido, quien
convoca la reunión y sus participantes,
quien aprueba, precisa y enriquece
el tema propuesto, quien ilumina la
reflexión con los Documentos
que le ha confiado a la Iglesia sobre
las materias que se traten, quien
abre la Asamblea y la orienta con
su discurso inicial, quien envía
a colaboradores suyos y a otros obispos
a fin de que participen en la Asamblea
y profundicen juntos la comunión
con la Iglesia universal, y quien
recibe, acoge y da su aprobación
a las conclusiones del modo que estima
más adecuado, para vigorizar
la conducción pastoral con
“nuevo ardor, nuevos métodos
y nuevas expresiones”.
Desde esta perspectiva, podemos traer
a colación una bellísima
consideración que hace Juan
Pablo II en Pastores gregis sobre el ministerio pastoral que recibe
el Obispo en la consagración
y aplicarlo, por extensión
y analogía, a la Conferencia
General , como cuerpo colegial. Dice
el texto: “El ministerio pastoral
recibido en la consagración,
que pone al Obispo «ante»
los demás fieles, se expresa
en un “ser para” los otros fieles,
lo cual no lo separa de “ser con”
ellos. Eso vale tanto para su santificación
personal, que ha de buscar en el ejercicio
de su ministerio, como para el estilo
con que lleva a cabo el ministerio
mismo en todas sus funciones. La reciprocidad
que existe entre sacerdocio común
de los fieles y sacerdocio ministerial,
y que se encuentra en el mismo ministerio
episcopal, muestra una especie de
«circularidad» entre las
dos formas de sacerdocio: circularidad
entre la vida santa de los fieles
y los medios de santificación
que el Obispo les ofrece; circularidad,
por fin, entre la responsabilidad
personal del Obispo respecto al bien
de la Iglesia que se le ha confiado
y la corresponsabilidad de todos los
fieles respecto al bien de la misma”
(Pastores gregis, 10).
Es muy bella, profunda y clara la
relación que plantea el Papa
Juan Pablo II con la imagen de la
circularidad entre las dos formas
de sacerdocio. En esta función
circular, el Obispo es un “ser para”
los fieles y, al mismo tiempo, un
“ser con” ellos. Esto recuerda la
feliz expresión de San Agustín
“ con ustedes soy cristiano, para
ustedes soy obispo ”. Estos pensamientos
nos pueden ayudar a desentrañar
elementos muy valiosos para fundamentar
e iluminar adecuadamente la participación
y corresponsabilidad de los fieles
en la preparación de la próxima
reunión episcopal en nuestro
continente.
Para una lectura
creyente del acontecimiento
La fe nos capacita para acoger y entender
la V Conferencia como un verdadero
don del Amor de Dios a su Iglesia.
La respuesta que corresponde al creyente
ante tal don es recibirlo con humildad
y gozoso agradecimiento, junto con
una confiada súplica al Espíritu
Santo para que este don sea fecundo
para toda la Iglesia y, en particular,
para nuestro Continente. La fe se
convierte así en una clave
fundamental para situarse ante la
V Conferencia General y, en concreto,
también ante el Documento de
Participación. La fe nos coloca
en las coordenadas más hondas
de la comunión y participación,
y desde allí dispone nuestro
espíritu y nuestra mente para
comprender la finalidad de este Documento
y realizar los aportes al mismo.
Por eso, el Santo Padre, además
de convocarnos para este encuentro,
de entregarnos el tema y señalar
el lugar donde celebrarlo, nos regala
la “Oración para la V Conferencia
General de Episcopado Latinoamericano
y del Caribe”. En efecto, en la Ficha
N º 0, además de las orientaciones
generales para el trabajo que allí
encontramos, también podemos
leer la motivación que se hace
sobre la oración para todo
el proceso de preparación de
la V Conferencia y, desde ya, también
para su celebración. En esa
ficha se recuerda que “si el Señor
no edifica la casa, en vano trabaja
el obrero” (cf. Sal 127, 1). Por eso,
para la fecundidad espiritual de nuestro
trabajo, es muy importante que lo
abramos y clausuremos con un momento
de oración. Para ello, les
proponemos invocar la asistencia y
la luz del Espíritu Santo en
todos nuestros encuentros de trabajo.
Oremos también por la y Conferencia
General y muy especialmente durante
los días de su celebración.
Al inicio y al final les recomendamos
especialmente la oración que
nos entregó el Santo Padre
por la VCG. También podemos
agregar otras oraciones que les sugerimos
para estos encuentros.
Como decíamos, la fe nos permite
vivir la V Conferencia como un verdadero
don de Dios. Durante el proceso de
su preparación, el DPa es un
instrumento muy importante y, como
tal, también debe ser acogido
en la fe como un don de Dios. Sería
un error si considerásemos
este escrito como mero resultado del
esfuerzo humano o como un producto
más o menos acertado de las
diversas reuniones episcopales que
lo precedieron y gestaron. Precisamente
el don de la fe le permite al creyente
“ver” la presencia y acción
del Espíritu Santo, que nos
libera de la privatización
del acontecimiento y nos coloca en
ese misterio de circularidad que se
gesta en la comunión y nos
abre a la trascendencia. Por eso la
mirada contemplativa se distingue
por la capacidad de asombro, de gratitud
y de alabanza, e invita a la humildad
y a la acogida. Por eso está
bien decir que hemos “recibido” el
DPa, puesto que también hemos
“recibido” el acontecimiento de la
V Conferencia General.
Una verdadera actitud de acogida no
se contrapone a una mirada crítica.
Al contrario, la dispone positivamente
para buscar la verdad y discernir
el bien. Disponerse positivamente
es tomar como punto de partida una
mirada buena sobre la realidad. La
bondad, que da lugar a esa “mirada”,
es propiedad de Dios. Propiedad que
Él reveló en la creación
y en la redención. Dios Creador
tuvo esa mirada: “y vio Dios que era
muy bueno”. Jesucristo la mantuvo
hasta el final: “Padre, perdónalos...”.
El discípulo de Jesucristo
está llamado a “seguirle”,
aprendiendo a mirar como Él.
Este modo de ver acoge, implica, integra,
crea comunión, genera solidaridad
y supera toda exclusión. Es
importante partir con este modo de
ver, porque luego cualifica y determina
todo el proceso.
El Papa Juan Pablo II, con el paso
del milenio, nos invitó a contemplar
el rostro de Cristo. Ése es
el “punto de partida” al que siempre
necesitamos volver para rectificar
nuestra mirada. Es precisamente ese
punto de partida que nos da la disposición
interior y la luz necesaria para ver
“desde Dios”. El ver de Dios se distingue,
como decíamos, por el bien,
lo cual no se opone a una profunda
“observación crítica”.
La profundidad crítica de este
modo de ver se mide por la bondad.
Para ilustrar esto, recordemos las
primeras páginas del Génesis
y las dos preguntas críticas
que Dios dirige al hombre:” ¿Dónde
estás” y “Dónde está
tu hermano?”. Estas preguntas surgen
de las profundidades de la bondad
de Dios. Esta sabiduría de
Dios, nos invita a nosotros, imagen
y semejanza suya, a aprender de Él
su modo de ver y desde esa perspectiva
aportar todas las observaciones críticas
al DPa, que se vieran necesarias y
oportunas. Es necesario someter este
escrito a la dura prueba del trabajo
y de la crítica para purificarlo
y completarlo. Pero todo depende del
ánimo espiritual que adoptamos
para realizar este trabajo. Y ese
“ánimo espiritual” lo da la
fe, que nos permite ver con ojos de
fe estos acontecimientos.
Por
Mons. Antonio Stanovnik • Obispo
de Reconquista • Secretario General
del CELAM
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