|
Bajo este lema, un grupo de ochenta
formadores de todo el país,
reunidos en Castelar, Prov. de Buenos
Aires; iniciamos un camino de reflexión
centrado en la Palabra, intentando
abrir nuevos horizontes que respondan
a los desafíos de "acompañar
a otros en sus trayectos formativos,
haciéndose discípulos
que escuchando al Señor, acrecientan
su anhelo de seguirlo".
El clima fue de fiesta, de encuentro,
de experiencias compartidas, de hacerse
voz de las comunidades de procedencia
y de muchos catequistas que silenciosamente
construyen el Reino.
Abrazamos el texto de Emaús
y fuimos adentrándonos en él,
para redescubrir la formación
como un camino y al formador como
un acompañante.
Lavamos nuestros ojos para mirar de
otro modo y partimos el pan, en la
Eucaristía que presidió
Monseñor Luis Eichhorn, como
signo de nuestro compromiso de hombres
y mujeres de fe.
Trabajamos en pequeños grupos
de reflexión, que imitando
a las primeras comunidades, se mantuvieron
unidas durante los tres días
soñando perfiles, diseñando
programas, focalizando la mirada en
la imagen del discípulo que
escucha, que acoge, que espera, que
celebra, que es profeta y testigo;
para completar el última día
con la elaboración de criterios
que ayuden a la formación,
en un camino catecumenal.
El marco teórico tomado de
la 3era Semana Latinoamericana de
Catequesis y la Síntesis de
los aportes para la 5ta. Conferencia,
junto con la exposición de
la hermana Irene Nesi de Venezuela;
iluminaron el recorrido.
Los espacios informales en torno a
la mesa o el café, dieron cuenta
de la existencia de una comunidad
catequística que está
en marcha, convencida de la necesidad
permanente del anuncio kerygmático
y de la puesta en marcha para continuar
dando pasos en la formación
catequística desde la Iniciación
Cristiana.
El equipo del ISCA, que participó:
Padre José Luis Quijano, Laura
De Isla, Ana Cincunegui, Andrea Zannol,
Luis Benavides y María Luisa
Landgrebe, damos gracias al Buen Dios
por su obrar misericordioso en nuestras
vidas y en la vida de la Iglesia.
|
|
Del
encuentro con Jesucristo a la
misión en el mundo: una
lectura de Ecclesia In America
(Primera parte)
|
Dos interrogantes nos hemos hecho
en el presente trabajo, primero, ¿Cuál
es el escenario histórico-social
en el que acontece el encuentro con
Cristo y la misión de la Iglesia
hoy según Ecclesia in America?
Puesto que partimos de la premisa
que es el mismo marco de realidad
en que se realiza el proceso de la
V Conferencia. En segundo lugar nos
preguntamos: ¿Cuál es
la herencia que nos ofrece Ecclesia
in America para afrontar los desafíos
del mundo actual y los que el futuro
pueda deparar en perspectiva de la
V Conferencia General de los obispos
latinoamericanos? En ese escenario
acontece el encuentro del discípulo
con el Re sucitado; en ese contexto
también se forma el discípulo,
hombre o mujer, en cuanto es un ser
situado en la historia y en el mundo
sin ser del mundo; esa formación
viene urgida por la conversión,
que es una llamada permanente para
quienes viven apasionados por el Reino,
y por la comunión, que es una
nota de eclesialidad fundamental e
importante hoy. Finalmente, desde
ese marco el discípulo proyecta
su compromiso solidario y su responsabilidad
con la nueva evangelización.
Emergencia
de los pueblos indígenas
Todo análisis pastoral de la
realidad latinoamericana debe incluir
a los pueblos indígenas, no
solamente como destinatarios de la
acción evangelizadora sino
como protagonistas y agentes de la
misión. Además es mucho
lo que pueden aportar, dada su sabiduría
rnilenaria, en la construcción
de una vida digna para todos.
Probablemente todavía no hemos
asimilado la inmensa riqueza de la
sabiduría que tienen en cuanto
a sus valores éticos, a su
espiritualidad, a su cosmovisión
en la relación con Dios, con
la naturaleza y con el mundo, En la
última década del siglo
XX, nuestra Iglesia, al igual que
la sociedad, se vio fuertemente interpelada
por la emergencia de los pueblos originarios
que buscaban recuperar su identidad,
reclamaban el respeto de sus derechos
sus derechos y el reconocimiento de
su existencia. Ellos, de diversasa
maneras, hicieron oír su voz,
en demanda de una más activa
participación y efectiva.
Alejandro Vl (1492-1503) había
concedido a los Reyes de España
y a sus sucesores el derecho de estas
tierras Y sus pueblos para que fueran
evangelizados. Los conquistadores
abusaron de tal disposición
hasta despojar a los indígenas
de su legítima propiedad fueron
y convertirlos en extranjeros en su
propia tierra. Este despojo de sus
tierras, de su identidad cultural
y de su cosmovisión fue la
constante durante 500 años,
dando como resultado su total marginación
Y exclusión de la sociedad.
Es comprensible entonces que después
de tantos años de oprobio e
injusticia quisieran hacer oír
su voz, pronunciar su palabra, recuperar
el espacio que injustamente se les
ha negado, afianzar su identidad y
participar activamente en la Iglesia
y en la sociedad.
Juan Pablo II, escuchó el clamor
de estos pueblos y denunció,
desde Santo Domingo en 1992, los problemas
que los golpean: la tenencia de la
tierra, la seguridad social, el derecho
de asociación, la capacitación
agrícola, la participación
en la vida nacional, la formación
integral de los hijos, la educación,
la salud, la vivienda. Once años
antes, en marzo de 1987, desde Quetzaltenango,
Guatemala, ya había elevado
su voz de condena frente a la marginación
que sufren, las injusticias que soportan,
las grandes dificultades que tienen
para defender sus tierras y sus derechos,
la falta de respeto a sus tradiciones
y costumbres: "Hay que reconocer
con toda verdad los abusos cometidos
debido a la falta de amor de aquellas
personas que no supieron ver en los
indígenas hermanos e hijos
del mismo Padre Dios (SD 20). Ecclesia
in America reconoce que todavía
las etnias son objeto de discriminaciones
injustas. Es necesario, entonces erradicar
todo intento de marginación
contra las poblaciones indígenas,
lo cual implica un empeño serio
por respetar sus tierras y los pactos
contraídos con ellos, también
hay que responder a sus legítimas
necesidades sociales, sanitarias y
culturales (EAm. 64).
Mientras preparaba este artículo,
el CELAM, publicó en dos interesantes
y amplios volúmenes el resultado
de dos significativos Encuentros sobre
la llamada "Teología India",
ambos realizados en el año
2002, uno en Oaxaca, México,
y el otro, en Riobamba, Ecuador. Estos
encuentros tenían como objetivo,
según lo manifiesta en la Introducción
el I,hispo de Jalapa, Guatemala, Mons.
Julio Cabrera Ovalle, dar a conocer
el tema de la Teología India
... acompañar los procesos
de inculturación del Evangelio
... realizar un discernimiento acerca
de los diferentes caminos que se presentan
como reflexión teológica
o Teología India", y por
último iniciar "un dialogo
teológico con los expertos
en este camino de reflexión
teológica17
Aceleración
de los procesos de globalización
El
avance de los procesos de globalización
ya sean de tipo económico o
cultural constituye otro de los elementos
contextuales que marcan la década
de los '90, más aún
la nuestra de comienzos del siglo
XXI. Este es otro de los nuevos espacios
en el que hoy caminan las naciones
del Continente Y en el que también
hoy se realiza el en cuentro con Jesucristo
vivo y la nueva evangelización.
Hay estudios con el fin de analizar
e interpretar el fenómeno de
la globalización desde la perspectiva
de los "signos de los tiempos"
para descubrir qué nos dice
el Señor de la Historia y cómo
incide en la vida de la Iglesia y
en el desarrollo de su misión
en el mundo. Uno de ellos es de uno
de los profesores del ITEPAL. Nos
referimos al Pbro. Dr. en Teología
Pastoral, Salvador Valadez, quien
en su estudio concluye que "la
globalización es un fenómeno
complejo, que se presenta como un
hecho y a la vez como una tendencia;
es un proceso con diversas fases y
matices ... ; es un fenómeno
ambiguo" , porque conjuga "valores
y antivalores","riesgos
y posibilidades"; "es un
proceso de desarrollo multisecular,
de creciente interrelación
e interdependencia entre los pueblos
del mundo; por tanto, no es un fenómeno
nuevo, si bien, en su fase actual,
encierra unas características
peculiares; es un proceso de desenvolvimiento
desigual", por lo tanto asimétrico.
La globalización según
el análisis del P. Salvador
"es un fenómeno pluridimensional,
que afecta todas las dimensiones de
la vida y la actividad humanas: económica,
política, social, cultural,
ecológica, religiosa, etc".
Reconoce que la globalización
no está conduciendo a los pueblos
"a la igualdad y al bienestar",
al contrario, cada vez más
se "acentúa la desigualdad
y la exclusión" "Es
un hecho sociológico indiscutible
e irreversible, en cuanto tendencia,
pero no en algunas de sus versiones
(como la actual), cuyos mecanismos
perversos deben necesariamente ser
modificados, redimensionados e incluso
invertidos", Valadez, concluye
afirmando que la globalización
no es producto de la fatalidad, es
más bien un fenómeno
pensado e impulsado por el ser humano.
Su principal protagonista es la acción
libre del hombre. Desde esa perspectiva
"constituye un desafío
y una oportunidad, que exige la intervención
inteligente y creativa del ser humano,
para proseguir su verdadero rumbo
hacia la integración de la
familia humana".
Para construir una sociedad más
justa e igualitaria es necesario potenciar
en todos un sentido de mayor responsabilidad
para el bien común, y nunca
perder de vista que la persona humana
es el centro de cualquier proyecto
social. El cumplimiento de estos dos
principios éticos que tienen
sustentación evangélica
nos abre el camino para asegurar una
globalización en solidaridad
y una globalización sin marginación.
Es decir, orientada en la perspectiva
de la defensa de la dignidad humana
y de la promoción de la cultura
de la vida.
Para nuestra Iglesia católica,
esto es de gran importancia y es un
potencial enorme para la realización
de la misión que Jesús
le ha encomendado. En segundo lugar,
la globalización esta favoreciendo,
el incremento de las oportunidades
de desarrollo y de promoción
humana. La tecnología de las
comunicaciones de esta nueva era global,
ha hecho posible una protección
efectiva de los Derechos Humanos y
una toma de conciencia frente a los
grandes problemas y desafíos
que enfrenta la humanidad en el campo
ético, ecológico, científico,
etc. En tercer lugar, en un mundo
globalizado se abre la oportunidad
para una mejor experiencia de la catolicidad
de nuestra Iglesia, de tal modo que
como sacramento de la unidad universal,
la Iglesia debe ser casa y escuela
de comunión, para infundir
un estilo "católico"
de vivir y convivir. En cuanto comunión
católica, ha de favorecer intercambio
entre los pueblos. Entendemos aquí
la catolicidad en sus dos dimensiones:
en su extensión por el mundo
entero, y en la plenitud de la verdad
que trae a la familia humana. Como
Iglesia extendida por todo el mundo,
la Iglesia Católica es una
institución que cuenta con
recursos especializados para un mundo
globalizado. La Iglesia tiene redes
de comunicación que construyen
la solidaridad entre las naciones
Y por medio de la comunidad humana,
En cuarto lugar, la comunión
entre las iglesias locales se hace
más efectiva y atrayente en
esta época de mundialización,
pues la Iglesia está implantada
en lo local y, siendo misionera por
naturaleza, se encarna en cada cultura.
Pero ofreciendo el mensaje universal
y transcultural del evangelio, es
también sacramento universal
de salvación.
Es el sistema económico denominado
neo liberal que subyace en esta economía
globalizada. El neoliberalismo, se
fundamenta en una "concepción
economicista del hombre, considera
las ganancias y las leyes del mercado
como parámetros absolutos en
detrimento de la dignidad y del respeto
de las personas y los pueblos. Provoca
la marginación de los más
débiles, se convierte en una
fábrica de pobres, pues de
hecho, los pobres son cada vez más
numerosos, víctimas de políticas
y de estructuras frecuentemente injustas"
(n 56). Entre los elementos positivos
de la globalización económica
se indican el fomento de la eficiencia
y el incremento de la producción,
la ampliación de las relaciones
entre los diversos países en
lo económico, consolidación
del ''Proceso de unidad de los pueblos
y abre el camino para un óptimo
servicio a la familia humana (n 20).
Con la globalización económica
existe la globalización "cultural"
que es fomenta da por los medios de
comunicación social. Se caracteriza
por la imposición de nuevas
escalas de valores ... a menudo arbitrarios
y en el fondo materialistas. El desafío
que plantea este otro rostro de la
globalización es la dificultad
para mantener viva la adhesión
a los valores del Evangelio (n 20).
Parte de la dignidad humana es el
derecho a la cultura, como una manera
distintiva del ser humano. Privar
a las personas de su idioma y forma
de vida, para forzados a entrar en
otros modelos o estilos de vida, es
robarles una dimensión básica
de su humanidad. Por eso como reacción
a esos procesos culturales homogeneizantes
se abre camino una globalización
desde la base local en el que hay
una significativa participación
de la sociedad civil, que defiende
las peculiaridades de las personas,
de los pueblos y de las culturas.
La propuesta que la Iglesia tiene
frente al mundo globalizado es la
globalización de la solidaridad.
El espíritu que anima a la
Iglesia a hacer tal propuesta se inspira
en el proceso dinámico de la
Encarnación que la conduce
a trabajar en función del Reino
para se instaure una cultura basada
en la justicia, el amor y la paz.
Esta propuesta nace también
nace del encuentro con Jesucristo
vivo que conduce necesariamente a
la solidaridad con todos. Finalmente
una cultura globalizada de la solidaridad
parte del Evangelio, para servir a
cada persona humana.
(Continúa)
Este
es el extracto de una extensa nota
publicada en la revista medellín/teología
y pastoral para américa latina
Nº 126, junio de 2006.
Por
P. Victor M. Ruano Pineda
|