ISCA: - Usted elaboró un proyecto de iniciación cristiana: consultó a los obispos y confeccionó un documento de consulta...
Mons. Eichhorn: - Nuestra propuesta de reiniciación cristiana surge por algunas cuestiones muy concretas: primero, el planteo de la nueva evangelización que requiere un adulto bautizado y misionero. La nueva evangelización significa un proceso evangelizador. Implica un primer momento kerigmático, misionero, y una etapa de vida comunitaria, crecimiento, maduración en la fe. Pero ese adulto al que nos dirigimos hoy, aunque se encuentre bautizado, puede decirse que es un cristiano tan solo de nombre, porque está alejado de la Iglesia. Y aquí estamos hablando de cerca del 90% de los bautizados….
- La transmisión de la fe dejó de hacerse en la familia.
- Estamos en una sociedad que vive con otros parámetros que no son los del Evangelio… (cuando no son directamente antievangélicos). Hay necesidad de una iniciación en la fe: estos cristianos de los que hablamos han sido bautizados, introducidos a la vida cristiana, pero no iniciados. En esta situación se encuentra la mayoría de nuestro pueblo.
Por otra parte la mirada a nuestra catequesis de niños. Hay logros valiosísimos, se ha ganado mucho y ahí que valorarlo. Pero no hay que olvidar una realidad: se trata de formar a un cristiano, con un compromiso coherente: se trata de hacer a un cristiano. Si yo fabrico 30.000 pares de zapatos y vendo solamente dos…. Es un tema serio.
- ¿Y la religiosidad popular?
- La mayoría de nuestros bautizados tienen una fe que se alimenta en una religiosidad popular, pero esta religiosidad es muy poco cristocéntrica. Muchas veces me dicen “la Argentina es católica, es un país de mucha fe, ¿qué país pone un millón de peregrinos a Luján?" Pero tenemos que preguntarnos: ¿qué clase de fe es esta?
La religiosidad popular es un excelente punto de partida para crecer en la fe, pero no es un punto de llegada. Tenemos la necesidad de rever nuestra práctica catequística. Hay elementos que falta integrar, y algunas distorsiones.
- Hay que replantear el lugar de nuestra catequesis.
- Pretender que la catequesis puede hacer al cristiano por sí sola, es pensar desde una catequesis autista. Es parte de un proyecto pastoral y un proyecto eclesiológico.
- ¿Por qué plantear este cambio solamente para la catequesis?
- La renovación de la reiniciación que proponemos no es solamente para la catequesis. Debe haber requisitos previos: un cambio en la eclesiología y en el proyecto eclesial. Lo que tenemos que replantearnos es el modelo pastoral. Solemos estar abocados a lo catequístico, no a lo pastoral. Y este es un planteo que va "junto con". Si lo eclesial y lo pastoral no están resueltos, el trabajo va a ser inútil… Pero son cuestiones que se resuelven en la praxis. En la medida en que hagamos un proceso de iniciación...
- ...esto se convierte en una comunidad. ¿Es posible en el corto plazo?
- Una verdadera renovación lleva su tiempo; va a demorar cincuenta años al menos, porque es un cambio cultural: en la manera de pensar de los curas, los obispos, los catequistas... El esquema de la catequesis sacramental es aún muy fuerte. Todavía entro a las parroquias y encuentro carteles como "el 15 de marzo vence la inscripción para la catequesis de primera comunión", como la única actividad catequística...
- La nuestra es una catequesis eminentemente sacramental
- Es que la catequesis es un proceso en el que los sacramentos tienen un papel fundamental. Pero estamos ante la necesidad de un cambio. Antes hay que pensar en la formación de catequistas.
El planteo parte de acá: replantearnos el proceso de iniciación cristiana. Los chicos deberían ser introducidos a la vida de fe de una comunidad adulta. "Iniciados a". Lo que queremos es integrarlos en una comunidad.
- Otro problema es la escolarización. Los catequistas hemos asumido métodos, horarios y objetivos de la escuela. Y en la parroquia tienen aula, banco, clases... Cuando no hay clases, no se va a catequesis.
- Son métodos excelentes en la escuela, pero, en la transmisión en la fe, son insuficientes. Al catequista deberíamos aliviarlo en la exigencia de lo académico.
- Es más fácil quedarse en el ámbito de lo intelectual, que es menos comprometido.
- Pero es que la teología no nos asegura la religión. ¿Saben algo? El que más sabe de teología… ¡es el diablo! Ese se sabe toda la teología… pero no es capaz de amar. Si me conozco toda la Summa Teológica, pero no tengo amor... Nuestras homilías son teológicas porque a los curas nos enseñaron teología, no catequesis. Pero si el cura no rezó antes aquello que tiene que predicar, ¡la guitarreada que pega! Si no te sale del corazón...
Como catequistas tenemos que saber que a nuestro anuncio lo hacemos de pie, pero lo aprendemos de rodillas. Rezar y pedirle al Señor que el Espíritu Santo ponga en nuestra boca la palabra… Tenemos que aprender a ser más neumáticos y espirituales, dejar que hable el Espíritu. Nosotros lo amordazamos tantas veces...
- Es un problema la separación entre catequesis y liturgia.
- Hay comunidades que no celebran. Tienen actividades, no vida comunitaria. Pero la catequesis es una necesidad de toda la comunidad y la celebración eucarística es el momento de esa catequesis. ¿Cómo podemos hacer para que la comunidad se reúna y luego viva lo que se proclamó en la lectura del domingo?
Hay un libro que se llama "Catequesis de toda la comunidad"; es interesantísimo: allí ellos cuentan que "nos reunimos con el Consejo Pastoral, y vemos la misa del domingo: lectura, tema central, la homilía, hacia donde debe apuntar. Hacemos una pregunta que aparece en todos los afiches y todas las familias son invitadas a meditar la palabra". ¡Es un recurso tan sencillo! ¡Y el cambio que significó en la parroquia!... Fundado en la palabra: construyen sobre roca.
- ¿Hay experiencias concretas de este proceso de reiniciación del que estamos hablando?
- En nuestra diócesis tenemos dos parroquias que están haciendo la experiencia de iniciación renovada. Se acabó la catequesis de primera comunión y confirmación. Primero está lo que llamamos el “Belén”, un momento kerigmático. Después de ese momento viene el “Nazaret”, un proceso de catecumenado que continuará para siempre. La idea es una continuidad catequística. Es un desarrollo, una experiencia, que, por ahora, se está viviendo… Este kerigma se vive en grupos y se celebra.
Luego viene la difusión del Espíritu. Lo hacemos por medio de celebraciones de la palabra. Se realiza un anuncio, una propuesta: vivir en la Iglesia y en la comunión. Con esto se cierra el pre catecumenado. Si alguno en este momento no se plantea la opción de su fe y el seguimiento, se va.
Después viene el catecumenado. Nos separamos del esquema tradicional que implica la recepción de los sacramentos de iniciación. Insertamos los elementos fundamentales del símbolo de la fe. Todo esto nos lleva a la cuaresma por medio de la lectura orante de la fe. Les a los catecúmenos que participen en su parroquia de la Semana Santa, y, después de la vigilia Pascual: hacemos una mistagogia de la Pascua. Allí les pedimos que escriban una profesión de fe: hemos leído algunas y son tremendas, riquísimas. Así terminamos el primer año. Entonces empezamos el discipulado -que dura dos años- donde los temas de la fe cristiana se van desarrollando de forma catequística, no como si fuera una clase de teología.
- Es un cambio de paradigma, este que se propone.
- Es un cambio que hacemos junto con nuestros propios catequistas. La mayoría de los ellos son gente bienintencionada, empeñosa, con ganas de cambios… Con un proyecto de iniciación bien hecho, van a poder enseñar mas plenamente. Un catequista de escuelas decía en su presentación: "estoy sólo en mi catequesis y tengo que enseñar un montón de cosas en las que no creo". El primer año de formación precatecumenal, kerigmática, vivencial suele ser un shock para esta clase de personas: el shock del anuncio de la palabra de Dios. Después de esa experiencia, se los escucha decir: "nunca había experimentado la realidad de un Dios que me ama”. Otro catequista con años de predicación comentaba: "recién ahora me doy cuenta de que Dios me ama y de que Jesucristo es el Salvador”. |