Teniendo en cuenta la experiencia (logros, avances) del movimiento catequístico de los últimos 50 años, que presenta el Directorio General para la catequesis (15 de agosto 1997), se comprueba que el modelo de catequesis basado exclusivamente sobre la transmisión de conocimientos (una doctrina, una moral) no resulta más adecuado. Hoy en día no es posible ya transmitir la fe como una herencia. Debemos implementar una catequesis de aprendizaje, de iniciación a una experiencia de vida, personal y comunitaria.
Esta nueva forma de abordar la catequesis se inspira en el modelo del catecumenado de los adultos, restaurado por el Concilio Vaticano II. Se trata de pasar de una catequesis de instrucción, de transmisión de conocimientos a una catequesis más global o de iniciación a la experiencia cristiana, a la fe vivida y practicada, a la vida en la Iglesia. Se trata también de salir de una concepción de la catequesis puntual y centrada en celebraciones (bautismo, primera comunión, profesión de fe, confirmación) para ir hacia la creación de un lugar o medio permanente de iniciación a la fe vivida y practicada.
El estado de la catequesis en la diócesis de Liege
Tesis: la encuesta pone de manifiesto el agotamiento del mecanismo actual y la búsqueda de otro proyecto catequístico.
La encuesta diocesana sobre el estado de la catequesis (Acta, Liege, octubre 1999) permite enumerar una serie de constataciones y sacar de ellas conclusiones sobre la necesaria re-configuración del proceso catequístico. Examinaremos brevemente cada uno de los elementos constitutivos del acto catequístico.
1. Los destinatarios
La catequesis está casi exclusivamente organizada para los niños (1º comunión y profesión de fe) y para los jóvenes (confirmación).
Sin embargo, se avizora una toma de conciencia (27 % de las parroquias) acerca de la necesidad de una catequesis para los adultos. Los niños y los jóvenes aparecen masivamente poco motivados, como no practicantes, viviendo en base a otros valores, difíciles de reunir para la catequesis que parece no tener efecto y, en todo caso, sin continuación por lo que respecta a la participación en la vida de la comunidad.
El número de niños y de jóvenes, afectados a la catequesis, representa alrededor del 50 % de los que pertenecen a la parroquia. Los catequizados están en vías de convertirse en minoritarios si la tendencia/corriente continúa.
Los catequizados no le dan más espontáneamente un sentido a la catequesis; lo cual obliga a construir la motivación, pero también a implementar un tipo de catequesis más misionera.
Lo que los catequistas subrayan particularmente es la desproporción que existe entre la participación en la catequesis y el compromiso en la vida de la comunidad, de la Iglesia.
Resulta pues necesario proponer otra forma de abordar el tema que nos conduzca por los caminos de una catequesis misionera, de una iniciación a una experiencia (vivencia) y a una práctica comunitarias cristianas.
Tanto más cuanto que los motivos que llevan a los padres a confiar a sus niños a la catequesis son muy diversos: por convicción (30 %), por tradición o interés cultural.
2. Los agentes de la catequesis
Resulta cada vez más difícil encontrarlos y renovarlos. La disminución del número de sacerdotes, la participación de los padres siempre en retroceso no permite entrever una mejora.
Es pues indispensable pensar en una organización de la catequesis más limitada en el tiempo, más extendida a lo largo de los años, más continua y a realizarse a otro nivel que el de la comunidad local (sector o decanato).
3. El mensaje
Nada o casi nada se dice en la encuesta, acerca de los contenidos y de las finalidades de la catequesis. Podemos constatar, por otra parte, una dispersión muy marcada de los métodos, en el espacio y en el tiempo.
Esta diversidad parece encubrir la ausencia de cuestionamiento sobre el sentido de la catequesis, pero también la intención de adecuarse (ajustarse) más a los destinatarios y a su cultura.
Pareciéramos estar dispuestos (prontos) a invertir, a ser más creativos y a proyectar (lanzar) a los actores de la catequesis
4. El contexto y los lugares de la catequesis
Los tres lugares tradicionales – familia, escuela, parroquia – no trabajan más en sinergia (concordancia) sino más bien como filas o formaciones autónomas. No se funciona más dentro del esquema de la complementariedad o de que lo que no hará uno lo hará el otro.
Cada uno de los tres lugares asegura un aporte irremplazable, y la catequesis parroquial no está más en condiciones de descansar sobre los otros dos lugares, ni de llenar sus lagunas. La catequesis parroquial debe ser pues pensada por ella misma y es preciso subrayar su aspecto propio: una iniciación a la vida cristiana en la Iglesia.
5. Las finalidades
Pareciera que, por doquier, nos encontrásemos en la búsqueda del sentido que pudiera tener todavía hoy la catequesis.
No es suficiente cambiar de método para aportar un sentido, es preciso re-pensar las finalidades.
6. Los modelos
Tres nuevos modelos de catequesis se citan en la encuesta: la catequesis misionera, la catequesis evolutiva personalizada, la catequesis de iniciación por la participación en la vida litúrgica de la comunidad local.
El perfil de la mayoría de los destinatarios impone la implementación de una catequesis catecúmena caracterizada por cuatro dimensiones: misionera; aprendizaje personalizado; integración a la vida cristiana en la Iglesia; obra de y a beneficio de la comunidad.
Esta última característica no aparece en la encuesta y descubre tal vez la razón del malestar actual: la ausencia de participación activa de la comunidad como tal en la catequesis que sigue siendo puntual y se vive al margen de la vida comunitaria.
7. La organización de la catequesis
Los tiempos de catequesis quedan separados unos de otros y llevan a pensar la catequesis como una actividad puntual, condicionada por sacramentos o celebraciones sin vínculo entre ellos y sin vínculo con la práctica de una vida en la Iglesia. Esta organización no permite la continuidad y la necesidad permanente de la catequesis para todo cristiano, cualquiera sea su edad. En estas condiciones ¿cómo podría la catequesis conducir a una duradera participación activa en la vida de la Iglesia? La catequesis debe iniciar y conducir a una experiencia de Iglesia.
Conclusiones
| |
Primera comunión |
Profesión de fe |
Confirmación |
Niños escolarizados siguen curso de REL
Y hacen la KT
Tasa de KT |
77% en 2do.
65%
51% |
81% en 6to.
72%
58% |
Confirmación/bautismo |
| Edad |
8 años a 65%
7 años a 30% |
12 años a 96% |
14 años a 41%
16 cat. Más a 42% |
| Duración de la catequesis |
2-3 meses a 56% |
2 años a 93 % |
1 año a 42%
2 años a 26% |
| Nº de catequizados |
5899 |
5243 |
2684 |
| Nº de catequistas |
251 |
237 |
202 |
| Nº de catequizados por catequista |
23 |
22 (¿para 1 o los 2 años?) |
13 |
| Nº de equipos |
326 |
783 (¿para 1 o los 2 años?) |
En el 41 % de los casos no hay equipos |
| Nº de catequizados por equipo |
18 |
Entre 6 y 7
Si es para los 2 años, 13 |
|
| Métodos |
23 diferentes |
30 |
24 |
Lo que impresiona (llama la atención) al leer este cuadro es la gran estabilidad de la organización del proceso catequístico en la diócesis. Pero, al mismo tiempo, recogemos la profunda insatisfacción de los actores frente a la aparente ineficacia de la catequesis, en todo caso, a nivel de la participación de los catequizados en la vida de la Iglesia.
Se trata también del desánimo frente a las crecientes dificultades constatadas: la falta de motivación de los destinatarios; la reducción de las posibilidades de renovación de los catequistas; la relajación de los lazos o vínculos entre las instancias tradicionales de la educación cristiana: parroquia, escuela, familia, que llevan a cuestionar el esquema clásico de sostén mutuo y de complementariedad entre ellas; la pérdida de vitalidad de las comunidades parroquiales y la falta o escasez de los sacerdotes que obligan a encarar la organización de la catequesis a otra escala, con el riesgo de la disolución de las identidades locales.
La estabilidad de la organización, la insatisfacción frente a la ineficacia del sistema, el desánimo frente a las crecientes dificultades para mantenerlo llevan a pensar que si queremos asegurarle un futuro a la catequesis es tiempo de cambiar. Nos encontramos pues frente a una toma de conciencia sobre la necesidad de emprender nuevos rumbos, pero no sabemos en qué dirección ir ni por donde comenzar. Paradójicamente allí se encuentra nuestra oportunidad: es posible organizar un cambio concertado y común
Por doquier se proponen posibles perspectivas y se hacen experiencias. Lo que de ello se deduce, es que no es posible contentarse con modificaciones superficiales, es necesario re-pensar las finalidades de la catequesis y re-fundarla verdaderamente. Dado que cuando un problema se manifiesta como sin solución dentro de un determinado marco, entonces es preciso cambiar el marco.
Pero ¿cómo caracterizar este escenario o marco actual que se manifiesta como inadecuado?
El modelo subyacente del mecanismo actual
Tesis: el mecanismo actual está siempre construido en base al modelo catequístico y pastoral tridentino de una catequesis de transmisión y de herencia que se manifiesta hoy como inoportuna.
Sobre este punto, ver G. Adler, “El futuro de la enseñanza religiosa?” en “La enseñanza religiosa: cuestiones actuales”, Paris, 1996 paginas 141-155.
El modelo en base al cual vivimos todavía es el que implementó el Concilio de Trento y la Contra Reforma católica en el siglo XVI. En la actualidad no es capaz de responder más al anuncio de la fe. Ese modelo descansa sobre principios, esquemas de pensamiento sobre los que, sin embargo, se basan nuestros mecanismos catequísticos. Es preciso tener clara conciencia de ello para evaluarlos y liberarnos con el fin de poder actuar de una manera nueva.
“Este mecanismo, implementado hace 500 años, fue una respuesta pastoral adaptada a los desafíos de la época y no debe ser criticado de una manera anacrónica”.
Entre los postulados de ese modelo, resaltamos cuatro que tocan a los aspectos esenciales del acto catequístico: aquello de lo que se habla (contenido); aquellos a quienes se habla (los destinatarios); la comunidad eclesial de referencia; el tipo de comunicación implementada.
1. Sobre qué trata la catequesis
Para acceder a la Buena Noticia y, según algunos, a la fe, son necesarios, de acuerdo a ese modelo exponer lo más completamente posible la doctrina católica.
El “Libro de la fe”, los catecismos recientes, de Roma o de conferencias episcopales (Francia, Alemania), descansan siempre sobre esta idea. No son manuales de catequesis, sino resúmenes de la doctrina.
Dependen del postulado que enuncia: presentar la doctrina trae como consecuencia la fe auténtica.
“Esta presentación doctrinal ofrecida a la memoria del catequizado en el siglo XVI fue una fuente de progreso y de inteligencia de la fe en una época ávida de saber en todos los campos. Pero ¿quien no ve los graves inconvenientes actuales de esta concepción?
Dos grandes obstáculos a esta manera de proceder:
1º desde el punto de vista de la perspectiva pedagógica
Nos encontramos aquí dentro de una lógica de exposición de los contenidos de la fe, incompatible con la lógica de aprendizaje implementada actualmente en todos los campos.
Además, la fe es expuesta, pero los interrogantes de nuestros contemporáneos no son tomados en cuenta
2º desde el punto de vista de los contenidos
Uno se ocupa de nociones, de conceptos, no de experiencias (vivencias)
“La mayoría de las palabras de esta doctrina son conceptos en desuso (en decadencia) ¿Qué significan encarnación, redención, resurrección, ascensión, parusía?
Hoy lo que está en juego no es desarrollar los conceptos de la doctrina, sino en primer lugar hacer que la fe sea creíble.
2. El público al que se apunta
En ese modelo, catecismo e infancia se asimilan. Esta perspectiva tiene consecuencias pastorales bien conocidas: hipertrofia de las inversiones destinadas a la infancia, una confianza a priori en el rol de la familia, de los padres.
Se comprende bien porqué el niño está en el centro del mecanismo: él es por excelencia el que no sabe y el que es por lo tanto dócil, receptivo, a la exposición de la doctrina.
A pesar de la renovación catequística, la idea que es posible y por lo tanto deseable, a esta edad de la vida, aprender la totalidad de los contenidos de la fe se ha mantenido, favorecida por muchas investigaciones recientes,
Dos grandes obstáculos se presentan para mantener este postulado:
1º Desde el punto de vista de la visión de la infancia
Esta visión del niño y de la necesidad de enseñarle toda la doctrina (de este modo habrá recibido todo, se escucha decir), descansa sobre la idea que la vida es un desarrollo continuo, progresivo, desde la infancia hasta la edad adulta. Pero ¿a qué edad se es adulto? ¿Cuándo cesamos de evolucionar? Es sabido hoy que cada edad de la vida posee una historia. Lo recibido durante la infancia no puede ser recibido de una vez para siempre, debe ser constantemente actualizado.
2º Desde el punto de vista de la visión de la familia
Las nuevas y múltiples formas de la vida familiar invalidan muchos discursos de la Iglesia sobre el medio principal (capital) que sería la familia y, sobre todo, la confianza que se le otorga en materia de educación a la fe. La familia no es más el único centro de la vida social, aún para un niño.
3. La comunidad de referencia de la catequesis
“El vasto esfuerzo catequístico emprendido desde Trento tenía por objetivo rehacer una unanimidad resquebrajada por los Reformadores. El mecanismo catequístico constituye una pieza de un conjunto pastoral más vasto destinado a estrechar las filas (frente, posiciones) católicas frente a la herejía. Conserva de ahí su función de iniciación y de integración a la comunidad eclesial, con su reverso a veces excesivo de adoctrinamiento ideológico”
Este postulado está siendo cuestionado hoy en día. En efecto, no porque se conozca bien la doctrina de la Iglesia es que se da la pertenencia. Muchos no están ya más dispuestos a vincular su fe, sus deseos de creer, a un proyecto de Iglesia o a una comunidad parroquial. Pensar en una catequesis que pretenda asegurar la pertenencia a la Iglesia ya no es posible. ¿Qué seguimiento constatamos en la profesión de fe? Sobradamente, estamos hoy en presencia de una disociación entre creencia y pertenencia. La Iglesia no molesta, pero no existe el deseo de integrarse a ella.
4. El tipo de comunicación implementado
“Confeccionada por la Iglesia, la doctrina va del catequista al catequizado según un proceso informativo sin falla. Tenemos aquí una concepción puramente instrumental del lenguaje y de los otros medios de comunicación, concepción según la cual más se explica, mejor se explica y por lo tanto más comprende la gente”.
Es una visión “mágica” de la comunicación, en el sentido que se cree en la eficacia de la palabra sola. Esta concepción deduce una relación causa-efecto entre el que enseña y el enseñado. Se comprende entonces que la enseñanza y la escuela sean el procedimiento ideal de la catequesis ¿Acaso no es aquello que explican la organización y los métodos escolares del catecismo?
Hoy en día la catequesis se entiende como un acto de comunicación, y no solamente de enseñanza. Por otra parte, en una comunicación, lo que está en juego, no es simplemente la transmisión de contenidos, sino también las relaciones interpersonales, las motivaciones de unos y de otros, los efectos de grupo.
Conclusiones
Estamos aún fuertemente influenciados por ese modelo clásico que domina la catequesis desde hace cinco siglos. La catequesis, según esta perspectiva, es esencialmente un acto de transmisión de contenidos, un acto de enseñanza de una doctrina a niños que, una vez que la han “registrado”, hace de ellos miembros de la Iglesia, dado que creencia equivale a pertenencia, según esta confianza “mágica” en la eficacia de la palabra.
Ese modelo está todavía bien arraigado en las mentalidades. En mi parroquia, cuando se pusieron en marcha “grupos de labores” (pintura de íconos, actividad coral…) todos los catequistas siguieron además “enseñando” dado que sin ello, tenían la impresión de no hacer catequesis. Lo que acá está en tela de juicio es una cuestión de concepción de las finalidades de la catequesis.
Debemos salir de ese esquema, dado que se manifiesta como inadaptado al contexto cultural de hoy. Pero, salir de él, es perder todas sus referencias e ir a la aventura. Entonces, se ha hecho el esfuerzo, ayer, y se intenta, hoy, mantener, en sus grandes líneas, ese cuadro clásico, acondicionando las cosas de la mejor manera: uno se adapta. Así nos lo manifiesta la encuesta sobre el estado de la catequesis en la diócesis: se cambia a menudo de métodos, pero no se toca el cuadro global, no se hace un replanteo de la finalidad de la catequesis, concebida como una enseñanza.
Es necesario convenir que todos los re-acondicionamientos y renovaciones nos dejan en atolladeros (callejones, puntos muertos) en relación al cambio radical del contexto cultural y religioso. La catequesis no puede ser una pieza aislada, ella no es más que un elemento del proyecto pastoral de la Iglesia, de tal parroquia. ¿Qué Iglesia existe hoy en nuestras regiones? ¿Cuál es nuestro proyecto de Iglesia? Cuando hayamos clarificado esto, entonces corresponderá situar allí la catequesis.
Pero ¿cuáles son el contexto pastoral y la situación de la Iglesia hoy?
(Concluye el próximo número)
Marcel Villers
Extracto de la revista Lumen Vitae, marzo 2001, nº 1, páginas 75-96
Agradecemos la traducción de Cristina Kopytynsnki |