Documento de Trabajo

Introducción
A lo largo de los últimos años el Instituto Superior de Catequesis Argentino ha venido planteando la prioridad del imprescindible diálogo entre la catequesis y la teología. Desde las Iº Jornadas Nacionales de Catequética se nos han propuesto perspectivas y núcleos diversos para instalar, promover y consolidar ese diálogo como servicio a una praxis catequística fecunda y transformada.
En el año 2000 tuvimos ocasión de aproximarnos al estado de la cuestión, en clave de diálogo. Así pudimos visualizar y ponderar los siguientes escenarios:

El ISCA en el marco de la investigación catequética en América Latina.
Los catecismos y la teología en perspectiva histórica (desde el siglo XVI al siglo XX)
La pastoral y la teología desde el Vaticano II.
Los desafíos actuales a la catequesis.

Después de esta aproximación abarcativa, continuamos avanzando en la explicitación de posibles tópicos para el diálogo. En continuidad con las primeras Jornadas en las que, entre los desafíos de la catequesis, el Padre Roberto Viola afirmaba que "… la fe es universal y válida siempre", destacando a la vez que "cada expresión de fe tiene lugar y fecha", nos planteamos la temática de las segundas Jornadas. La línea de continuidad quedó determinada por la paradoja de una fe, siempre situada entre reclamos de universalidad e inculturación.
Así el tema se contextualizó en el 10º aniversario de la publicación del CATIC, instrumento universal para la transmisión de la fe, que requiere necesariamente de los catecismos locales como instrumentos de inculturación.
El entusiasmo y el compromiso de los jornadistas y, fundamentalmente, las líneas propuestas para la continuidad del proceso animaron la búsqueda y aceleraron el programa bi-anual que estaba previsto para la frecuencia de estas jornadas.
Para continuar avanzando ellos propusieron "seguir profundizando el diálogo entre teología y catequesis, como un proceso de mutua alimentación, reflexionando en los siguientes binomios:

Revelación y cultura.
Inculturación de la fe y catequesis
Catequesis y nuevos paradigmas ( en el contexto de la cultura de la incertidumbre y lo impredecible)"2

Se hizo preciso, entonces, abordar la temática de las III Jornadas en sintonía con estas propuestas, integrándolas orgánicamente. El sujeto de la catequesis en la cultura comunicacional, como perspectiva integradora, recoge los binomios anteriores agregando, además, a la cultura actual una especificación 3 cuyo análisis y ponderación pueden aportar interesantes implicancias a la ciencia catequética. Por eso, a partir de las III Jornadas Nacionales de Catequética, nos proponemos…

Generar la vinculación con temáticas relevantes y significativas para el mejoramiento de la pastoral catequística.
Promover la reflexión desde los emergentes socio-culturales de nuestro tiempo y la comunicación del Mensaje Evangélico.
Contribuir al pensamiento catequístico nacional focalizando la mirada en el sujeto interlocutor del Mensaje y los procesos de inculturación.
Determinar cuáles son los factores facilitadores para el desarrollo de esta acción.

Desarrollo
Las exposiciones de los tres conferencistas 4, la bibliografía de apoyo 5, la riqueza de los plenarios y la reflexión en las diversas comisiones de trabajo favoreció la configuración de una aproximación diagnóstica, a través de la cual se reformuló el tema de las Jornadas en los siguientes términos:

La no siempre clara identificación de cada uno de estos sujetos: el sujeto de la catequesis - el catequista como sujeto - la Iglesia como sujeto.
La inserción del sujeto de la catequesis en esta sociedad y su confrontación con la propuesta exitista, banal e impersonal que ella le ofrece.
La fragmentación del sujeto, que es impactado por lo propio de una sociedad de la comunicación generalizada y del consumo.
Los sujetos excluidos del sistema (de la economía, del trabajo, de las instituciones, del acceso a bienes sociales y culturales, de la misma familia)
El incremento de "lo descartable" en relación con los catequistas como sujetos.
La falta de diálogo, el quiebre de los relatos y la ruptura de vínculos.
La difícil visualización de modelos válidos y útiles posibles.
La deshumanización que caracteriza a la sociedad capitalista.
La fragmentación de la sociedad, en términos de brecha social.
La falta de conocimiento profundo del mundo actual, como obstáculo para una auténtica actitud dialogal.
La escasa incorporación de los aportes de otras ciencias a la confección de modelos pastorales.

Esta aproximación derivó en la siguiente caracterización. Con la mirada puesta en el sujeto de la catequesis y atendiendo a la cultura comunicacional, se delinearon los siguientes rasgos organizados en torno a tres ejes y concebidos como reclamos de la cultura actual a la pastoral catequística:

a) Iglesia y espíritu de comunión: Desde este eje se pensó en una pastoral catequística...

- Vivida y pensada en la búsqueda urgente de una nueva identidad eclesial.
- Facilitadora de la experiencia y de la espiritualidad de la comunión.
- Significativamente inserta en la comunidad en la que se realiza, más allá de los personalismos y con una auténtica actitud de diálogo.
- Capaz de superar concepciones que la reducen a lo institucional, a lo sacramental o a lo metodológico.

b) Experiencia humana: Desde este eje se pensó en una pastoral catequística...

- Atenta a las experiencias plurales y consciente de que la unidad no es uniformidad.
- Provista de un lenguaje común e inclusivo, como requerimiento para lo cotidiano y lo litúrgico.
- Capaz de acompañar, contener, ayudar a discernir y a dar "el salto" del infantilismo a la madurez de la fe.
- Abierta a considerar la significatividad de las mediaciones y a su reformulación desde una visión que señale lo positivo.
- Capaz de valorar y de incluir las enseñanzas de la Doctrina Social de la Iglesia, el compromiso político, la ética ciudadana, lo estético, lo corporal, la ecología y otros temas ausentes en la pastoral catequística.
- Abierta al diálogo con las transformaciones sociales y culturales y a lo vertiginoso del hombre y de la historia.

c) La formación y sus fundamentos epistemológicos: Desde este eje se pensó en una pastoral catequística...

- Fundamentada en nuevas formas y estilos de formación y dotada de una auténtica solidez catequística ( teológica, pastoral, interdisciplinaria).
- Capaz de responder con eficacia, creatividad y espíritu eclesial, a ciertas cuestiones aún no resueltas acerca del método y de la relación con las ciencias humanas.

Galería de Fotos
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Conclusión
Finalmente, luego de las exposiciones y de los trabajos de tres días de reflexión, se configuraron las siguientes propuestas. Los jornadistas saben que ellas son sólo líneas, sugerencias o pistas que podrán luego ser desarrolladas o rectificadas en posteriores trabajos de investigación o de planificación:

Refundar la vida de los catequistas en Cristo, para saber quiénes somos.

Desde allí, dialogar separándonos de aquellas características que diagnosticamos como propuestas de la cultura de hoy no coincidentes con lo que aspiramos.

Analizar las mediaciones para que, de la búsqueda, surja una mayor excelencia en la transmisión del mensaje. (Por ejemplo, encarnando el mensaje en el hoy con un lenguaje nuevo).

Enseñar a discernir para ser "discípulos en seguimiento", teniendo en cuenta la pluralidad de modos y formas, y creando espacios para que el otro se exprese y haga su propio camino; sin olvidar que nosotros, los catequistas, estamos en el mismo camino.

Desarrollar estrategias creativas y de discernimiento que lleven a una toma de distancia crítica, sin caer en la negación demonizadora de la sociedad comunicacional.

Redefinir la situación de los sujetos desde sus propios contextos culturales. Esto habla de un reconocimiento real de la pluralidad que supone de nosotros, como institución, un cierto descentramiento en el "mirar". Así, este reconocimiento del otro desde su ámbito de referencia implica dar un paso más allá de la mera tolerancia.

Acompañar los itinerarios de fe de los sujetos dentro de esos contextos. Esto nos lleva a revisar, actualizar y redefinir nuestros métodos catequísticos.

Regenerar o generar nuevos espacios de integración y reconocimiento de lo humano. Esto supone pensar y vivir la iglesia como una real "comunidad de pertenencia" y conlleva una cristología que por sobre todas las cosas, "rescata esta humanidad" en medio de una cultura que presenta graves síntomas de deshumanización.


Epílogo

Las reflexiones, los interrogantes y las preocupaciones compartidas durante las III Jornadas Nacionales de Catequética derivaron en un claro posicionamiento de todos sus participantes. Más allá de los diferentes caminos propuestos para la búsqueda de las respuestas aún no halladas, fue común la expresión del deseo de continuidad de los procesos de investigación acerca del sujeto de la catequesis en la cultura comunicacional.

Todos expresaron la riqueza de las exposiciones y el valor de su difusión en todos los ámbitos catequísticos del país. Este juicio da su razón de a este Documento de Trabajo. El Instituto Superior de Catequesis Argentino ofrece este aporte con la certeza de que los que aborden la temática encontrarán aquí elementos de iluminación para su investigación.

Durante estas Jornadas el Pbro. Dr. Marcelo González sugirió la aplicación en el campo catequético del método de "Observatorio", muy empleado actualmente por las Ciencias Sociales. Algunos jornadistas vieron la posibilidad de encarar los procesos de investigación a partir de esta propuesta. Por esta razón se han incluido aquí algunos aportes para esta eventual aplicación 6. Esta sugerencia parece oportuna desde la perspectiva sociológico - cultural que tiene la temática en cuestión y desde el carácter multidisciplinar propio de la ciencia catequética.7

1 Según este carácter será utilizado para seguir reflexionado en instancias próximas de investigación. En páginas aparte se incluyen los siguientes textos:
a. Exposiciones de la Prof. Beatriz Sarlo, del Pbro. Dr. Marcelo González y de Mons. Juan Carlos Maccarone durante las III Jornadas Nacionales de Catequética.
b. Selección de trabajos presentados al ISCA, según la temática de las III Jornadas Nacionales de Catequética.
2 Documento de Apertura. II Jornadas Nacionales de Catequética.
3 Los Obispos argentinos caracterizan la cultura actual denominándola "cultura comunicacional". Cfr. "Hoy la Patria requiere algo inédito" Nº 6.
4 Ver Exposiciones.
5 Ver en las Carpetas de las III Jornadas Nacionales de Catequética: Alberich, Emilio en "Nuevo Diccionario de Catequética". Ed. San Pablo. Madrid. 1999; Merlos Arroyo, Francisco. Universidad Pontificia de Méjico. Javier Castagnola, Patricia Cesca, Santiago Rodríguez Manzini. Ideas para la construcción…Hernán Belenda
6 Ver "Observatorio"
7 El método de la investigación catequética debe corresponder a la variedad de dimensiones y aspectos que presenta la catequesis, como proceso y como acto.
De aquí se puede colegir una gran multiplicidad de métodos:
- técnicas de conocimiento y análisis de la realidad ( psicológicas, sociológicas, históricas);
- instrumentos hermenéuticos de interpretación y discernimiento ( sobre todo teológicos y filosóficos);
- métodos de proyectación y organización catequética ( metodología pastoral, pedagógica, didáctica);
- técnicas de expresión, comunicación, interacción, animación de grupos;
- sistemas de evaluación y reproyectación operativa, etc.
Cabe concluir, por lo tanto, que la disciplina catequética se configura como un saber necesariamente pluridisciplinar, ya que recurre a una multiplicidad de métodos y procedimientos científicos.

Exposiciones

La cultura comunicacional
Prof. Beatriz Sarlo
Les quiero agradecer a los organizadores la invitación.
Me pareció un desafío muy interesante cuando vinieron a verme para hablar aquí, sobre todo cuando supe quiénes eran ustedes o, al menos, me dieron una idea de quiénes eran. Doy habitualmente muy pocas conferencias porque enseño mucho en la Universidad, pero siempre me parece valioso conversar con gente que esté en contacto, en mayor contacto del que yo tengo con una sociedad más amplia. Yo tengo contacto con una sociedad, en realidad, muy estrecha, muy académica, muy chica, muy parecida a uno, digamos. Entonces siempre me pareció que, si voy a dar una conferencia una vez por año, el contacto con gente que está en la vida, en una sociedad más amplia que la que yo conozco me parece más interesante y me parece que de ahí puede surgir un diálogo muy rico. Por eso estoy muy agradecida por la invitación.

Gramsci decía que todas las sociedades construyen una cultura sobre la base de lo que él llamaba algunos repetidores sociales, es decir, aquellos que llevaban lo que decían los libros. En la época de Gramsci no sólo libros sino diarios, lo que decían los libros hacia abajo de la sociedad. Y que esos repetidores sociales eran fundamentales en la constitución de una cultura, en la conservación, en la transmisión de una cultura. Que si uno se quedaba sólo en los intelectuales que están colocados en un lugar de la sociedad era muy difícil que ese discurso bajara de manera alguna. Entonces, en ese punto, en el punto de aquellos que están trayendo y llevando de un lugar a otro, de aquellos que van de un lugar a otro trayendo y llevando discursos, trayendo y llevando experiencias que no son enteramente de ningún lugar porque son los que llevan y traen de un lugar a otro, en ese punto me parece que hay una gran riqueza intelectual, y una gran riqueza para pensar relaciones y relaciones específicamente culturales como es el tema que nos convoca..

El título de ese tema yo lo recibí de ustedes, de sus compañeros organizadores y era la Cultura Comunicacional.

Esta idea de que la cultura venga acompañada por un adjetivo: comunicacional... No se hablaba de cultura comunicacional hace 50 años. Se hablaba de cultura, se podía hablar de cultura de los letrados, de culturas populares, se podía hablar de culturas campesinas, de culturas obreras, de culturas de elite, de cultura de insumo interno. Lo que no estaba unido, como una característica, a la idea de cultura era este adjetivo comunicacional. Algo sucedió en las últimas décadas para que, ya sea en ensayos o investigaciones, y en los mismos medios de comunicación, la palabra cultura tenga esta especie de aditamento, esta precisión: cultura comunicacional.

Y lo que sucedió, podríamos decir, es lo que, en las últimas décadas, se llamó giro de la posmodernidad, o advenimiento de la posmodernidad. Entre las muchísimas definiciones que se han hecho de posmodernidad, una de las definiciones posibles es que la posmodernidad es aquella época en que los medios de comunicación hegemonizan y dirigen todo el espacio cultural.

Hay otras caracterizaciones de posmodernidad. Se puede decir que la posmodernidad es la época, dice Vattimo, donde estallaron los grandes debates, es decir que ya no hay un debate del progreso , ya no se debate hacia dónde se encamina la humanidad, hacia dónde se encamina la Nación, ya no hay de eso en la posmodernidad . Pero ésta es la definición que hace a lo cultural que me parece que es muy precisa. Los medios de comunicación han pasado a ser directores hegemónicos, fuerzas directoras, espacios de producción casi únicos de iniciativas culturales, definen la cultura.

Esto no sucedió así siempre, de ningún modo. Esto no sucedió así ni siquiera en todo el siglo XX. Esto empieza a suceder , yo diría en países como la Argentina a partir de los años 40 . Es allí donde los medios de comunicación empiezan a disputar con otras instituciones de la sociedad la dirección sobre la cultura.

Hasta los años 40, otras instituciones de la sociedad y, básicamente, la escuela dirigían la construcción de una cultura común . En el momento en que la escuela entró en proceso de retroceso, nunca nos damos cuenta cuándo empieza verdaderamente. Uno el proceso de retroceso de la escuela lo pone en los años 70 , el 80., pero ese proceso de disputa a la hegemonía de la escuela es anterior, cuando los medios de comunicación se implantan. Uno podría decir entonces que las culturas populares se arman en la intersección , hacia 1950, de la institución escolar y los medios de comunicación.. Y, a partir de ese momento, 1940 y 1950, de ese momento de intersección donde todavía la escuela tiene algo para decir y los medios tienen algo para decir. No hay conflicto, hay una cooperación entre escuela y medio.

A partir de ese momento, uno podría decir que viene una sustracción progresiva de la escuela y un avance progresivo de los medios de comunicación hasta que llegamos a la realidad contemporánea donde tenemos una institución escolar completamente destartalada, absolutamente destartalada. No sólo materialmente, no solamente cuando uno piensa en las escuelas rancho de los lugares más pobres. Destartalada no sólo materialmente sino destartalada en términos simbólicos, destartalada en términos de su autoridad.

De su autoridad en el buen sentido de la palabra, de tener un lugar donde emitir una palabra autorizada como tuvo la escuela en una parte importante de la historia argentina.. Entonces nos encontramos con una escuela absolutamente destartalada y los medios de comunicación en una competencia muy fuerte. Hasta que ustedes ven en las encuestas que se hacen sobre cultura juvenil, que la credibilidad de la escuela es bajísima, en todas las encuestas sobre opinión pública juvenil, la credibilidad de la escuela es bajísima y la credibilidad de los medios, la creencia en los medios es altísima.

Esto, podríamos decir, es posmoderno y no nos sucede sólo a nosotros. El conflicto entre medios de comunicación e instituciones escolares se reduplica en otros conflictos: medios de comunicación y familia, medios de comunicación e iglesia, medios de comunicación e instituciones de la sociedad, no sólo la escuela, sino con todas las instituciones culturales de la sociedad. Este conflicto se da en casi todo occidente. La naturaleza de ese conflicto cambia por Nación..

Hay naciones ricas, muy poderosas con estados muy poderosos, con estados muy concientes de la importancia de la cultura que no abandonan la construcción cultural a los medios de comunicación, que defienden la escuela pública .Si uno piensa en un estado de esa naturaleza, uno puede pensar en Francia. Francia es un país muy poderoso, muy rico pero que también tiene políticas públicas de defensa de las instituciones públicas.

La institución escolar es considerada la piedra fundamental de la República y sobre esa piedra se hacen todas las innovaciones, todas las inversiones, todos los esfuerzos. Pero en todos lados, aun en esas naciones que están todas en el centro del mundo,que se entienda: están en el centro del mundo, aún en todas estas naciones, la competencia entre la cultura comunicacional y los otros lugares de producción cultural sigue siendo muy fuerte. Esto es la posmodernidad....O sea que cuando decimos cultura comunicacional estamos tocando el núcleo, el corazón de lo que llamamos cultura posmoderna.

Esto genera para nosotros, para los argentinos, cada país tiene manifestaciones particulares de este fenómeno... Para nosotros, para los argentinos esto se genera en el marco de un proceso, que todos conocemos bien, de empobrecimiento colectivo fuertísiimo. Las cifras de la pobreza, de la miseria en la Argentina son bien conocidas. No es mi especialidad repetirlas pero todos tenemos la experiencia de que eso está ocurriendo. Si no quisiéramos enterarnos, nos enteraríamos simplemente caminando por la calle de una ciudad rica como Buenos Aires, como fue Buenos Aires. Simplemente, hoy aunque nadie quisiera enterarse se enteraría porque el proceso de latino americanización aún en el estado mas rico de la Argentina es evidente.

Y ese proceso de empobrecimiento, dentro de una cultura globalizada posmoderna es un proceso muy fuerte, y es ese un rasgo nacional. No en todos los países donde hay cultura globalizada posmoderna hay un proceso similar de empobrecimiento. Ni siquiera uno puede decir que eso sucede en Brasil. Brasil no es un país que esté en proceso de empobrecimiento. Es un país de una injusticia pasmosa. Es el país que tiene más diferencia en la renta entre aquellos que más ganan y aquellos que menos ganan. Es el más injusto, en ese punto, en el mundo, pero no podemos decir que Brasil es un país que ha atravesado las últimas tres décadas en un proceso de empobrecimiento por el contrario. Es un país que tiene decenas de millones de personas pobres pero no es un país en proceso de empobrecimiento. Ésta es la diferencia de la Argentina, es decir, que ni siquiera podemos compararnos con otros países del tercer mundo, con otros países del cono sur. La peculiaridad nuestra es que somos un país en proceso de empobrecimiento y en un proceso que no habíamos previsto. De repente nos despertamos de un sueño, de un sueño de la Argentina del siglo XX y nos despertamos en un capítulo lamentable de ese sueño como fueron los años del menemismo y descubrimos, los que no caímos, los que caían ya lo sabían, pero los que no caímos descubrimos que estábamos en un nuevo país. Y prácticamente en el curso de un año, dos años, tres años, lo cual es muy poco para una sociedad. Para una persona un año , dos años puede ser tiempo. Para una sociedad es muy poco , por eso digo que muy rápidamente, de la noche a la mañana, descubrimos que habíamos caído.

Y lo que cayó, lo que cayó en esa caída es algo que tiene que ver básicamente con la cultura que son los rasgos de una identidad. Yo creo que una identidad nacional no está vinculada ni con la bandera, ni con el territorio ni con querer tener las Islas Malvinas, ni con cosas sentimentales. Yo creo que eso no tiene que ver centralmente con una identidad nacional Es más, a veces, el territorio ha producido las peores cosas. El ansia de territorio ha producido las peores cosas como ha sucedido en la dictadura militar de los últimos años. Yo creo que eso no tiene que ver con la identidad argentina.

La identidad argentina tenía otros rasgos. Otros rasgos que yo creo que estaban basados en tres coordenadas que me parece importante que analicemos. Pero antes de ser analizadas, yo quisiera darles una imagen de eso. Una imagen que es una experiencia personal del impacto de la quiebra de la identidad. El impacto simbólico, el impacto cultural de la quiebra de la identidad. Yo volvía el año pasado de Chile, de una reunión en Santiago de Chile y subo al avión y me dan El Mercurio. Y era domingo , o sea que El Mercurio venía con su revista dominical que es igual a la revista dominical de Clarín, a la revista dominical de La Nación y a todas las revistas dominicales, con doscientos colores en la tapa, una foto de gran impacto. Abro el diario y la foto de la tapa de El Mercurio era una de esas fotos del Norte argentino, de una mujer de unos quince, una chica de unos quince, dieciséis años, completamente desnutrida con un bebito en brazos completamente desnutrido, agonizante y decía, el título de la tapa decía "Argentina, la nueva África"

Y yo viajando, ahí, cruzando la cordillera quedé bajo ese impacto porque eso sí que yo no iba a poder suponerlo. Una persona nacida en la década del 40 como soy yo no iba a poder suponer que iba a venir de Chile, no de París o de Londres o de Roma sino de Chile y que iba a encontrar en una revista chilena, en la tapa de una revista dominical, la foto de una adolescente, madre desnutrida de un chico agonizante de hambre- Típica foto que se vieron el año pasado en todos los diarios. Quedé absolutamente confundida. Por un lado estaba eso que nos había pasado; por otro lado, estaba la globalización cultural que convertía eso en la tapa donde el domingo siguiente seguramente estaba Valeria Mazza o alguna otra star del mundo del espectáculo. O sea, las tapas ponen, más o menos, como equivalentes, cuestiones que son de vida o muerte para los pueblos y cuestiones que no lo son. Bueno, ahí estamos. Entonces, yo quedé ahí, sorprendida y dije : "Esta tapa es la tapa de la quiebra de nuestra identidad". Esta tapa. Tapa que conservo por supuesto y conservo la revista chilena. No era lo mismo que verla en los diarios argentinos. Siempre Argentina fue admirada en América Latina. "A ustedes no les pasa esto, a ustedes no les pasa esto, a ustedes no les pasa esto". Todavía mis amigos chilenos, mis amigos del partido socialista chileno, me seguían diciendo "ustedes pudieron hacer tal cosa, ustedes pudieron hacer tal otra". ¡Todavía!. Bueno, entonces bajo con la revista y digo:" Esta es la foto simbólica de la quiebra de nuestra identidad "Porque… ¿qué era nuestra identidad?, ¿qué era la identidad argentina?, ¿ qué fue la identidad argentina en gran parte del siglo XX? En la década del 80 creímos que íbamos a poder recuperarla. Todavía cuando vino la transición democrática creemos que vamos a poder recuperar esa identidad.

Esa identidad estaba basada, en mi opinión, en tres puntos, tres cualidades. Una, el milagro pampeano del pleno empleo. Éste era un país de pleno empleo. Cuando había desocupación o se pensaba que había desocupación, se estaba rozando el 7%. La cifra habitual era del 5 al 6%, que es la gente que está cambiando de trabajo o la gente que, de alguna manera, sale, por alguna razón, del mercado de trabajo. Éste era el país del pleno empleo. Se podía trabajar en algo que a alguien no le gustara. Se podía luchar por mejores condiciones de trabajo. Mi generación es la típica generación que entró en política acompañando el movimiento por mejores condiciones de trabajo. Típica generación de los años 60 que luchó por la SMATA Córdoba, metalúrgicos. Típica generación que acompañaba los movimientos de los obreros de tal fábrica que no podían trabajar tanto tiempo...Típico movimiento donde lo que estaba de manifiesto, lo que estaba en conflicto social eran las condiciones de trabajo, salario, por supuesto, pero condiciones de trabajo.

Si ustedes ven la izquierda de los años 60 se agrupa alrededor de sindicatos que tienen muy buenos obreros y muy buen empleo pero que son muy combativos porque están combatiendo a la manera que hoy tienen los obreros alemanes. Es decir, reducción de la jornada laboral, mejores condiciones para los obreros por el tipo de producción. Eso era lo que pasaba en la Argentina. Era un país acostumbrado al pleno empleo y eso hacía al segundo rasgo de la Argentina, que era un país que durante todo el siglo XX, pese a las dictaduras militares, a los intermedios de dictaduras militares, había sido un país de extensión de derechos cívicos y sociales. Con un voto obligatorio y universal masculino, muy temprano para América Latina. Lo obligatorio es muy importante: crea el hábito de voto. Cuando se dice, no, bueno, podría no ser obligatorio, hay que mirar que pasa en Estados Unidos, qué pasa en Colombia, qué pasa en los países donde el voto no es obligatorio y los presidentes terminan siendo elegidos por el 20% de la población. Este país tiene voto obligatorio y universal masculino en 1912 y ahí empieza un capítulo de extensión de derechos. Este país tiene una ley de educación que es más inclusiva que la propia Constitución Nacional, porque hace obligatoria la educación para hombres y para mujeres. Mientras que la Constitución todavía diferenciaba entre hombres y mujeres, en el voto y otros derechos, la Ley de educación no diferencia, de ahí que sea más inclusiva que la propia Constitución Nacional. Y después viene todo el capítulo de extensión de derechos que pese al juicio que se tenga sobre la primera década peronista, década del 45 al 55 es, sin duda, un período de extensión de derechos.

Suspendido el juicio que se tenga sobre el carácter de régimen político, sin duda, es un período de extensión de derechos.

Éste es el otro rasgo argentino, un país donde sus habitantes estaban incluidos en la soberanía. Y estaban incluidos en la soberanía, eran soberanos, eran ciudadanos; el ciudadano era el soberano... Estaban incluidos en la soberanía porque además tenían bases económicas para sentirse incluidos. El trabajador, el que tiene asegurado su sustento, el que puede mantener a su familia, el que puede mandar a sus hijos a la escuela, el que tiene un hospital donde recurrir más o menos eficientemente, tiene tiempo para ser ciudadano. El que no tiene todo eso no tiene tiempo, disposición intelectual, disposición mental para ser ciudadano.

Cuando Perón arengaba con su famosa frase "Corten los alambrados para venir a votar", él quería decir que los peones rurales debían independizarse de los dueños de estancia. Pero esos peones estaban independizados antes de cortar el alambrado, porque había habido ciertas medidas sociales que los habían independizado; porque había habido un Estatuto del peón que les había dado una garantía de que no podían ser tratados como mano de obra servil, como mano de obra esclava. Entonces los alambrados podían ser cortados, real o simbólicamente, porque había condiciones materiales en las que ese corte era posible. La ciudadanía política siempre está basada en condiciones materiales. Y qué decir de la ciudadanía cultural. La disposición cultural está basada en condiciones materiales.

Entonces la Argentina tenía el rasgo del pleno empleo y este rasgo producía otro rasgo: el de la extensión progresiva de los derechos. Y entonces aún cuando venían las dictaduras, los argentinos pensábamos que éste era un régimen injusto. Que se luchara o no contra ellas era otra cuestión pero el régimen que cortara con los derechos era injusto. Porque esos derechos se tenían; la soberanía de los ciudadanos se tenía, estaba garantizada por otra cosa, anterior. Por una pertenencia a la sociedad.

Y el tercer rasgo, es un rasgo directamente cultural y es que la Argentina era un país de alfabetización plena y eficiente, no de alfabetización relativa o de alfabetismo funcional. Esto es lo que recibían los argentinos como imagen de sí de América Latina. Esto es lo que recibían, cuando uno hablaba con el brasileño que decía "No, claro porque el pueblo argentino tiene una cultura", ¿Quería decir que el pueblo argentino sabía tocar el piano o iba siempre a los museos?. No. Quería decir que el pueblo argentino era un pueblo alfabetizado, que la lecto escritura estaba garantida, que el derecho al acceso a la escuela estaba garantizado porque la escuela podía enseñar porque no tenía que dedicarse a darle de comer a los chicos. La maestra podía enseñar porque la escuela no estaba destartalada.. La escuela era la institución respetable por excelencia y no tenía que reemplazar a la familia en contención para que los pibes no se droguen, para que no sean chorros. Las maestras podían desempeñar la tarea para la cual el Estado les pagaba. Y éste era un rasgo diferencial.

El orgullo cultural argentino, esa cosa tan repugnante por momentos , que yo he sentido, que hemos tenido los argentinos en buena parte del siglo XX, de sentirnos superiores al resto de los latinoamericanos, tenía esa base. La superioridad que no se debería ejercer con orgullo, por supuesto, pero que se ejercía. La superioridad tenía esta base.. La base de la cultura, del piso cultural común logrado, del pleno empleo por el cual los ciudadanos no se convertían en reclamantes.

Lo que hoy vemos en Buenos Aires y en toda la Argentina son masas de reclamantes, no masas de ciudadanos. Van a reclamar al Estado. Van a pedir , ayer, 10.000 kilos de comida más. Eso no es un pedido ciudadano, es un pedido de la miseria , de la necesidad, Son masas de reclamantes. Esto la Argentina no lo tenía. El pleno empleo hacía que no hubiera esta masa de reclamantes. Había, por supuesto, bolsones de pobreza; había bolsones de pobreza en el norte, había bolsones de pobreza en la Patagonia pero eran chicos y se pensaba que en el impulso esos bolsones quedarían incorporados en el desarrollo.

Esto era la identidad cultural argentina, en mi opinión. En mi opinión se basaba en este triángulo: pleno empleo, plena alfabetización, ingreso garantizado a la escuela y la garantía de que esa escuela funcionara como escuela, y extensión de derechos. Y esa escuela funcionaba como escuela. Esa escuela desde la última década del XIX hasta mediados del siglo XX fue una escuela de una eficacia.

Imagínense ustedes lo que eran las ciudades como Buenos Aires, como Bahía Blanca, como Rosario, todas las ciudades del litoral, imagínense lo que eran esas ciudades a comienzos del siglo XX . Con una gran masa inmigratoria. La mitad de las personas de la ciudad de Buenos Aires no hablaban español, la mitad de las personas de la ciudad de Buenos Aires meran extranjeros y en una década, los hijos de esas personas estaban alfabetizados y hablaban español. Acá no hay ítalo norteamericanos ni polaco norteamericanos como hay en Estados Unidos.,no hay esas identidades de ítalo yanqui, polaco yanqui. Acá somos todos argentinos desde comienzo de siglo.. Sí, podemos preguntar "¿de dónde venía tu abuelo?", Venía de Piamente o de Kiev...

Pero la escuela, en un punto, reprimió mucho de las culturas de nuestros padres. Los inmigrantes se olvidaron de su cultura de origen. Mi abuela era piamontesa, cuando yo la conocí ya no hablaba ni una palabra de italiano ni de dialecto . Nada. No quería. Por supuesto, quería asimilarse al país donde sus hijos habían ido a la escuela, habían sido profesionales, etc. Ella había sido una sirvienta. Por supuesto, ella había perdido mucho culturalmente al olvidar su origen, pero ella hacía sus cuentas. Digo, no las hacía con lápiz y papel, no las escribía. Pero ella tenía sus cuentas hechas. Yo después me di cuenta, después de muchos años, me di cuenta de que ella tenía sus cuentas hechas. Ella había perdido, ya cocinaba los tallarines más o menos a la argentina, ya no hablaba el dialecto. Ahora, sus ocho hijos habían ido a la escuela. Todos. Todos habían terminado maestros o profesores. Ésa era la cuenta de ella. Ésa era la Argentina. Eso es lo que nos quedó. Cuando hablamos de identidades quebradas, hablamos de eso.

Entonces cuando nosotros vemos los medios de comunicación, hoy, eso, esa especie de carnaval que son los medios de comunicación. Cuando decimos medios de comunicación, estamos pensando en la televisión básicamente. Los diarios no son eso, muchas radios no son eso. Cuando nosotros vemos hoy esos medios de comunicación, vemos que están trabajando sobre una tierra desvastada. Desvastada, en un punto, porque son fenómenos posmodernos que se comparten con todo el mundo.

Por lo tanto hay que construir nuevamente una cultura. Todo occidente está preocupado por cómo se construyen nuevos anclajes culturales para la juventud, como se construyen nuevos lugares autorizados. La crisis de autoridad es un fenómeno en todo occidente. Pero esto está en la Argentina reduplicado por la quiebra de la identidad cultural. Entonces llegamos a este punto donde los medios se convierten en los únicos productores de la identidad y en los únicos lugares autorizados. Y acá tenemos un problema fuerte. El problema de un lugar autorizado es fuertísimo. Yo en la década del 60 he sido anti autoritaria, soy anti autoritaria a muerte. Ahora, hemos ido aprendiendo que en la transmisión de una cultura y en la transmisión de unas experiencias que eso, así son las naciones, así son las historias de las naciones, transmisión de experiencias y transmisión de culturas, transmisión de saber hacer cosas con las manos o con la cabeza, con el cuerpo o con la cabeza, pero transmisión de un saber hacer.

Es indispensable la construcción de un lugar desde el cual lo que se diga sea recibido como un discurso que sea creíble. No estoy hablando de un lugar autoritario donde lo que se diga sea aceptado sin examen sino de un lugar en donde se pueda decir algo, transmitir algo, transmitir un movimiento, una práctica, un saber del cuerpo o de la cabeza que sea creíble. Todos ustedes verán si tienen una experiencia en la escuela, tendrán una experiencia con la escuela, si no, la tendrán en la familia La quiebra del proceso por el cual se producía un discurso autorizado que es muy distinto de un discurso autoritario.

Un discurso autoritario es un discurso pleno de sí mismo. Un discurso que dice: mi razón es la única razón que existe. Un discurso autorizado es un discurso dialógico, pero hay un punto en ese discurso que necesita de un espacio de autoridad. Ese espacio de autoridad lo tenemos hoy puesto, para las grandes mayorías, lo tenemos hoy puesto en los medios de comunicación audiovisuales y ese es el problema. Primero, porque va a ser muy difícil sacarlo de allí. Tenemos que ser lo más realistas posibles. Si reconocemos que la posmodernidad es el momento en el cual los medios audiovisuales hegemonizan la construcción cultural estamos diciendo algo que no es algo que Dios nos dedica a los argentinos. Es algo que está democráticamente distribuido por el mundo occidental, por lo menos. Yo digo mundo occidental porque del otro mundo lo conozco muy poco. Este es un rasgo que compartimos Lo que nosotros encontramos como dificultad para la transmisión del discurso, de prácticas y de saberes, la dificultad que encuentra una maestra o maestro de escuela para hacer que su discurso sea creíble desde aquellos que deben creer, por lo menos, antes de refutar, que son los estudiantes, esa dificultad existe. A ésta se agrega otra dificultad o dos más, podríamos decir.

Los medios de comunicación audiovisuales tienen un ideal de sociedad dividida en tribus. Quizás ustedes hayan leído muchas o algunas veces, lo que se dice hoy de la construcción de ciertos mensajes en los medios que es que los medios se encaminan cada vez más a nichos definidos de público y ya, por supuesto, en un discurso medio de ciencia ficción, dicen ya va a llegar el momento en que nosotros el diario lo armamos a la mañana solamente con la noticia que nos interesa. Vamos a hacer omisión de las otras noticias y vamos a tener emisión solamente de la música que nos interesa.

Ésos son discursos que hablan del diario hecho especialmente para quien lo lee. Que está a las puertas, porque si a uno hace diez años le hubieran dicho que iba a leer los diarios todos los días en Internet, hubiera dicho: "medio difícil" Y hoy se levanta, va a un locutorio y con un peso, en una hora se lee cinco diarios. O sea que estas cosas que se dicen, están a las puertas.

El desarrollo tecnológico es de una velocidad impresionante. Entonces, esto que se dice de la especificidad de cada uno de los canales, no los canales de televisión, sino los de cada una de las formas de comunicación, canales de TV ya sea de cable o aire, de las radios... Esto está a las puertas. Ya es muy específico Ya uno sabe que hay radios que pasan una música y no otra Ya la idea de universalidad del mensaje ha desaparecido. Ya es completamente específico el mensaje. En radio, cualquier persona que tenga cierto conocimiento de música contemporánea puede hacer un test, le van pasando las emisoras y puede decir qué emisora está escuchando en cada momento dado que hay cinco o seis radios que pasan música muy, muy específica.

Esto es la destrucción de la idea de lo público, es la quiebra de la idea de lo público, Cuando uno hablaba de medios de comunicación públicos o de educación pública, o cuando uno habla de escuela pública, la idea de lo público es la idea de la coexistencia diferente. Es una idea donde las diferencias tienden a estar juntas y lo interesante es que estén juntas, que se planteen los conflictos. Que alguien diga:" bueno, me aburrí con esta media hora de programa pero después vuelve la mía". Es decir, la coexistencia de la diferencia , la escuela pública tiene esa idea de coexistencia de lo diferente. Si pensamos en una escuela pública formada por mónadas, de pequeñas cuentas completamente separadas una de la otra, de esferas culturales.

La escuela pública en realidad, tal como venía siendo, desaparece. Esto es lo que muchos sociólogos llaman la emergencia Un sociólogo francés que lo ha estudiado, llama la emergencia de las tribus culturales. La saciedad dividida en tribus, donde la identidad se adquiere a partir de una especificidad muy limitada de rasgos culturales. No se tiene una identidad amplia donde coexistan rasgos culturales sino muy limitada de rasgos culturales.

Esto sucede mucho con la música popular, y no tendría demasiada trascendencia, pero está sucediendo en otras esferas, está sucediendo en el mundo editorial, está desbordando Ésta es la realidad. Lo que quiero decir es que no podemos negarla. Esto es lo que está sucediendo Lo que uno debería pensar es hacer la mejor caracterización posible de esto, hacer la caracterización más exacta de una sociedad y sólo desde esa caracterización exacta podemos empezar a pensar iniciativas creativas, iniciativas culturales, iniciativas universitarias, iniciativas educacionales, iniciativas comunicacionales que hagan, que operen como la restauración de un espacio común.

Porque las tribus culturales se presentan como un momento absolutamente democrático de la sociedad Vos sos punk, yo soy skate y aquel es skin head Y cada gato por su pared. Si el gato de esta pared se muere, se murió y si vive, vivió. Parecería ser lo más democrático y es, más bien, la realización de una sociedad completamente desmembrada Lo interesante, aunque sea peor, es que se agarren a trompadas los punk y los skste. Aunque sea peor la lucha por la hegemonía implica el reconocimiento del otro. La lucha por la hegemonía cultural, la lucha por la hegemonía de un espacio implica el reconocimiento del otro. Por supuesto no estoy proponiendo que en las plazas de Buenos Aires armemos un ring de box para que la gente se pelee. Estoy exagerando para ver que cuando pensamos que lo más democrático es que cada gato ande por su pared, ahí estamos teniendo sociedades desmembradas, sociedades donde cada uno de nosotros no encuentra razón para participar en el mundo, en ese mundo total Cada uno de nosotros ha perdido esa razón.

La otra cuestión que me parece importante es que la crisis ha producido una quiebra de algo que era una cultura pública por excelencia que era la cultura urbana. La Argentina fue una sociedad fuertemente urbanizada. Tempranamente urbanizada si uno la compara con Brasil, si uno la compara con Méjico, si uno la compara con Colombia. Sociedad en la que llega a vivir en grandes ciudades muy tempranamente el 60% de la población. Esto estaba bien. El ideal de que todo el mundo viva en una quintita es un ideal premoderno y además es un ideal que, por lo genera, se tiene en las ciudades.

No es cómodo vivir en una quintita. La ciudad da mejores servicios. La ciudad permite que la gente tenga mejor acceso a la educación, mejor acceso a la salud, mejor acceso a sus derechos, a la cultura. Esto estaba bien. No es a criticar que la Argentina se urbanizara tempranamente. No es un rasgo a criticar. Es una utopía del pasado pensar que tengamos un habitante distribuido por kilómetro cuadrado.

Un país súper desarrollado como Australia, tiene toda la población sobre la costa y adentro, nada y no están pensando en mandar gente adentro. Los países que tienen industrias rurales fuertes, las tienen rodeando grandes ciudades. O sea que estaba muy bien que la Argentina fuera un país tempranamente urbanizado porque las ciudades son centros de servicio y son las ciudades donde los servicios están más democráticamente distribuidos.

Si uno vive en el campo es muy probable que el señor tenga mejores servicios que el peón. Viviendo en la ciudad, en la década del 40, no digo que el obrero pudiera acceder al mismo servicio que el señor pero la escuela pública a la que iba el hijo del obrero y la escuela a la que iba el hijo del señor estaban más o menos iguales. No como ahora, más o menos iguales. O sea que la Argentina tenía ese rasgo, la ciudad.

El derecho a ciudad es un derecho moderno. El derecho al uso del espacio público de la ciudad es un derecho moderno. Hoy estamos viviendo procesos muy contradictorios, realmente muy interesantes si no fuera que los estamos viviendo nosotros mismos. Digamos que serían interesantes para verlos de lejos.. Procesos muy contradictorios donde se producen desurbanizaciones en el interior mismo de las ciudades. Desurbanizaciones por miseria.

Yo vivo en Caballito, ahí para uno de los trenes de los cartoneros, cuando a eso de las ocho y media, nueve, diez de la noche, veo esta masa que llega al tren, lo que estoy viendo es una masa desurbanizada, que está en la ciudad, pero que de la ciudad sólo recoge la basura. No recoge ninguno de los derechos de la ciudad. No tiene ninguno de los derechos de la ciudad. Es una masa desurbanizada que va a la ciudad nada más que para recoger esa basura. En la ciudad hay otras cosas que se podían recoger, otros derechos que se podían ejercer.

Recuerdo hace dos años fui a dar una charla a un colegio secundario a González Catán. Se habían reunido varios colegios en un gimnasio. Era muchísima gente. Y después me quedé con los profesores y las profesoras de esos colegios y entonces yo les dije: "Bueno, Buenos Aires todavía ofrece alternativas culturales, estábamos hablando de alternativas culturales para los chicos, para los pibes de secundario." Buenos Aires todavía ofrece alternativas culturales que son gratis. Está todo lo que es gratis en Buenos Aires" Y entonces me dijeron: "¡Pero son cuatro pasajes de colectivo!". O sea que se puede vivir a 17 Km. como estábamos de Recoleta y se puede estar completamente desurbanizado. Esa gente perdió el derecho de ciudad. Hay un filósofo francés Henry Lefevre que dice que el derecho de ciudad es un derecho constitutivo a la democracia.

Finalmente, entonces, tenemos estos medios que refuerzan los demás derechos. Porque si yo estoy en González Catan y tengo que pagar cuatro pasajes de colectivo, lo único que me queda es la televisión de aire. Esto es lo único que tengo para consumir. Entonces, tenemos estos medios que avanzan en aquellos lugares donde retroceden otros derechos. No digo que estos medios no avancen en todo el mundo del modo en que avanzan. Lo que digo es que avanzan peor en los países miserables, en los países empobrecidos. Porque avanzan no sólo con la energía de la nueva hegemonía de los medios audiovisuales sobre la esfera cultural sino que avanzan sobre el tembladeral de la miseria, el tembladeral de no tener otra alternativa. El tembladeral de que un colegio no puede decidir llevar a toda la clase a un espectáculo gratis, porque hay que pagar cuatro boletos de colectivo. Gastar ese dinero en ese colegio sería una tilinguería . No se puede gastar ese dinero en eso.

Entonces los medios avanzan en todo el mundo implantando la hegemonía pero avanzan doblemente, con doble discurso cuando esa hegemonía se implanta sobre un territorio que se deshace o que se ha deshecho durante todos estos años desde el punto de vista social y desde el punto de vista económico.

En un territorio donde lo que se ha perdido es la razón de la pertenencia. Esto es lo que se ha perdido: la razón de pertenecer. Esto ustedes lo dicen, seguramente lo dicen todos los días. De este modo, cuando decimos: ¿Qué pasa con los pibes chorros?. Uno dice: aunque haya pleno empleo es muy difícil que los pibes chorros vayan a ese pleno empleo. Ya pasaron diez años sin trabajar. Entre los 15 y los 25. No hay nadie que vaya al mercado de trabajo aunque haya pleno empleo mañana si no ha sido construido dentro de él.

Esto es, lo que se ha deteriorado son las razones de la pertenencia. La gente está con las valencias sueltas. Porque pertenecer a una sociedad es un sistema de derechos y de retribuciones. Ésta es la pertenencia a una sociedad. La razón de mi pertenencia a una sociedad es porque yo de esa sociedad recibo por lo menos el equivalente de lo que le entrego. Yo le entrego algo de mi libertad, esto es teoría filosófica clásica, teoría política clásica. Los hombres le entregan al soberano, sea éste el rey o la república algo de su libertad. El soberano, entonces, entrega a esos hombres algo en retribución. Si esa retribución no existe, yo recupero mi libertad y entonces, salgo con un caño, secuestro, lo que sea. Recupero mi libertad porque lo que yo entrego de mi libertad no me es devuelto por la sociedad. No es que se tiene que pagar la deuda como si estuviéramos en la ventanilla de un banco, es un movimiento mucho más amplio el que construye una sociedad. Pero de hecho, la razón de la pertenencia es porque hombres y mujeres resignan algo a la sociedad para que ese conjunto en el cual resignan produzca algo para todos, produzca algo de distribución.

Entonces, cuando hablamos de cultura comunicacional, estamos hablando de que esa cultura está implantada en un momento de crisis occidental de la subjetividad. Esto es así, crisis occidental de la subjetividad, crisis occidental de la identidad. Al mismo tiempo, reduplicación de esa crisis por las condiciones locales. O sea que toda estrategia que se pueda pensar, cada uno de nosotros piensa en estrategias según el lugar donde le ha tocado trabajar. Toda estrategia que se pueda pensar es una estrategia que tiene que salir del reconocimiento de la doble crisis.

Si pensamos que la crisis que es una crisis de rasgos locales, nos equivocamos , si pensamos que es una crisis sólo de rasgos universales, nos equivocamos. Éste es el capítulo miserable de la posmodernidad argentina. Porque la Argentina tiene su capítulo miserable. Otros países, no. Otros países tienen capítulos prósperos de la posmodernidad. A la Argentina le tocó vivir este período en un capítulo miserable.

Es muy interesante porque comenzamos hablando de la crisis de la identidad, pasamos a hablar de la atomización de sociedades en tribu y terminamos hablando de una crisis de subjetividad. Toda esta hambre de subjetividad que aparece en los medios. Toda esta hambre de declaración subjetiva, es decir toda esta gente que va y cuenta y cuenta y cuenta y cuenta y cuenta. El espacio autobiográfico en el que se han convertido los medios, son un gigantesco espacio autobiográfico, tiene que ver con la crisis de la subjetividad. Esta especie de relato permanente de lo que yo hice o dejé de hacer no tiene que ver con una seguridad en la subjetividad. Aunque la gente hable de manera muy segura y diga "porque yo esto y tal y tal...porque si hace eso, lo mato y..." Aunque la gente hable de manera muy segura. Esa locuacidad de la subjetividad de lo que habla es de una crisis de la subjetividad, una crisis que está fundada en una crisis de identidad.

La transmisión de la fe en la cultura comunicacional
Pbro. Dr. Marcelo González
Ayer Beatriz Sarlo nos daba dos pistas que intentaré seguir porque me parecen muy luminosas: la primera es la cultura comunicacional, título que le ofrecieron ustedes, ella la ligó con un fenómeno que me parece decisivo al cual llamó "occidente vive una crisis de subjetividad fundada en una crisis de identidad". Es decir la cultura comunicacional es una de las vertientes, una de la más importantes, hegemónica, la llamó ella, de una crisis de subjetividad occidental. Hay que pesar las palabras. Es un montón decir eso: crisis de subjetividad en occidente. La segunda pista que nos daba, tenía que ver con la peculiaridad argentina de vivir eso en un momento de empobrecimiento creciente. En la ruptura de una identidad imaginada y construida por años, ligada al pleno empleo a la extensión de derechos civiles y sociales y a la alfabetización eficaz. Ésas fueron las pautas que ayer Beatriz nos compartió.

En otra terminología nosotros estamos frente a un cambio epocal, la primera característica, y frente a una conmoción nacional, una conmoción de caída, en este caso en términos de empobrecimiento creciente. Así que vamos a retomar estas dos cosas para ver cómo poder pensar la transmisión de la fe en Jesús de Nazaret a la luz y en el marco de esta cultura así identificada.

Tres elementos que les quiero compartir como marco para que ustedes después lo discutan .A mí me parece que una crisis, si uno pesa estas dos palabras: empobrecimiento creciente, crisis de subjetividad en occidente, si uno las pesa bien, se da cuenta que nadie puede quedar afuera de semejantes procesos, que va a alterar todo, absolutamente todo: la identidad, los vínculos, las instituciones y los procesos de transmisión de la fe. Nadie ni nada puede quedar afuera si uno pesa estas palabras que ayer Beatriz nos abría.

El marco donde me parece que habría que pensar esto, yo se los sugiero nada más porque no va a haber tiempo, me parece que es triple. Por un lado, tenemos que pensar cómo esta cultura con estas dos características definitorias, impacta sobre la comunidad católica, sobre las comunidades cristianas. Entonces, la primera idea sería cómo impacta eso sobre nuestras comunidades. En esto les sugiero tres o cuatro puntos que ya han sido tratados por nosotros en otros encuentros, los han tratado ustedes, en algún caso hay artículos dando vueltas por allí.

Me parece que hay que tomarse muy en serio esto, la Iglesia tiene una larga tradición de "a mí no me afecta, afecta los otros y a mí no". Y creo que éste sería el primer error de diagnóstico. Para mi, catastrófico. Si nosotros no pensamos con toda seriedad y hasta con bronca y con vergüenza por momentos, que nos afecta hasta el caracú, esta doble señalización de Beatriz. Primero, porque nos pone frente a una época muy original: un cambio de ciclo largo. Esto ya lo analizamos en otro congreso pero quiero insistirlo. No es un cambio cualquiera. Es un cambio de ciclo largo. Esto que va generar una transformación en la figura histórica del cristianismo al cual estamos acostumbrados. Y con figura histórica, digo figura histórica. Abarcar todos los procesos de visibilidad, aquellas cosas que uno cree que han sido siempre así en el cristianismo, cosas entrañables, cosas amadas, desde una congregación religiosa hasta una forma de orar, hasta una forma de anunciar el evangelio, hasta una institución que se cae o que muere.

Otros procesos que tienen que ver con esto y que simplemente señalo es que la Iglesia Católica en el mundo y en Argentina también, se puede decir que vive un fuerte proceso de inadecuación cultural. Muchas de sus formas, muchas de sus figuras históricas, muchas de sus maneras de plantarse en el mundo, son anacrónicas, o por lo menos, no sincrónicas. No significan. Algunas decididamente no solamente no significan, sino que significan lo contrario.

Hay otros elementos que nos indican extrañeza, a tal punto es anacrónica alguna de las cosas que, ya simplemente, "no se puede creer". Son increíbles, no en el sentido teológico sino en el otro. Es decir, hay como una tal asincronía que ya las personas ni siquiera se pelean con ellas, botan con los pies y parten hacia otros lados. Y aunque parezca un poco fuerte hay signos importantes de decadencia en la Iglesia Católica contemporánea. Uno de ellos es el renacer del fundamentalismo y del integrismo que uno creía realmente olvidado y no me estoy refiriendo a que eso pasa en algunas personas de alguna diócesis sino en autoridades importantísimas de la Iglesia Católica.

Esto es un típico signo de decadencia, contrario a la más pura lógica del evangelio y de la fe, y, por el otro lado, el otro signo de decadencia es "y a mí que me importa". Por un lado, el integrismo nostálgico y por otro lado, la capitulación " bueno, qué vamos a hacer, la vida es así". Me parece que son dos cosas que se dan en la iglesia católica contemporánea que indican elementos importantes de decadencia..¿Qué quiero decir con esto? Nos afecta hasta el caracú Y de los lugares donde nos afecta muy especialmente, uno lo vamos a tratar y el otro, no Uno es la transmisión de la fe y el otro es la ministerialidad más evidente: la catequística y la presbiteral.

En mi opinión la ministerialidad presbiteral está en estado de colapso en la Iglesia Católica. Con esto no quiero ponerlos nerviosos a esta hora de la mañana ,sino tomarnos en serio que esta crisis nos afecta Siempre el cristianismo ha sido serio cuando fue al caracú. Nunca de otro modo.. Y con esto quiero decir que en los momentos que pueden venir a nuestra mente hoy son: Job, Jonás, Qohélet, el siglo séptimo d.C. el post exilio, Noé. Es un momento donde la ruptura es tan importante que se requiere un replanteo de toda la tradición anterior. Job es quizás con Qohélet, dos de los ejemplos más impresionantes de la Biblia, al punto que nadie sabe muy bien qué hacen esos libros en la Biblia. Sobre todo Qohélet que no cree ni en la penicilina.¡ Ácido Qohélet! Se da cuenta de que toda una manera de entender ha llegado a su fin y que la nueva todavía, no es. En el caso de Job tiene la ventaja de que Dios se la dice. Se la dice a las trompadas, pero se la dice día y se abre el misterio.

¿Por qué digo esto? Porque esto nos va a llevar a meternos en un marco muy particular que es este: ¿Cómo el cristianismo salió de crisis epocales? ¿Cómo hizo? En otras crisis donde todo parecía cambiar, la salida del mundo judío, la crisis del Imperio Romano. Estamos llamados a entrar en ese tipo de momentos y en ese tipo de discernimientos. ¿Por qué? Porque así se mostró la increíble capacidad creativa del Espíritu de Jesús y de las comunidades cristianas. Al punto que inventaron cosas, espacios, situaciones, por ejemplo, inventaron la parroquia.

La parroquia fue un invento maravilloso frente a la crisis de la evangelización del campo. El campo era pagano a diferencia de lo que fue después. Inventaron los monasterios, inventaron un montón de otras cosas. Inventaron groso. Inventaron groso. Cosas que todavía se nos ofrecen a nosotros. A ese nivel.

Y por último, algunas señalizaciones que tienen que ver con que la Iglesia Católica Argentina deberá asumir que también ella está en un cambio de ciclo largo y que su ubicación en el país no es una obviedad. Ya no está el centro. Ya no tiene el monopolio religioso y cosmovisional y además, todavía no se terminó de dar cuenta que no tiene muchas otras cosas ¿ Por qué? Porque en la crisis del estado de tantas otras situaciones sigue teniendo un papel muy importante. Pero, en mi opinión, estamos llamados a repensar el lugar global de la Iglesia Católica en el país.

Primer bloque, entonces ¿Cómo le afecta esta cultura que Beatriz nos señalizaba a la Iglesia Católica? Hasta el caracú.

Segunda cosa que habría que pensar y que solamente la voy a sugerir por razones de tiempo: ¿Qué impacto tiene la comunidad cristiana sobre la cultura actual? Este otro movimiento es tan importante y tan fuerte como el otro y menos analizado, porque el impacto tan fuerte del otro que uno ya se quedó sin tiempo, sin palabras. Sin embargo, en la más lógica teología cristiana, nosotros sostenemos y confesamos la contemporaneidad del resucitado a cada tiempo, a cada comunidad, a cada momento histórico. Jesús es contemporáneo, no sólo es memoria del pasado. Es contemporáneo. Si esto es así, hay una influencia peculiar del resucitado en este momento concreto de esta cultura comunicacional, con estos retos, con esta crisis, con estas rupturas.

Quiero decir entonces, que hay que analizar con toda seriedad, y algunas pistas vamos a dar después si tenemos tiempo, que la fe en Jesús constituye sujeto. Uno de los efectos más impresionantes de la dinámica de la fe y del seguimiento, es que constituye sujetos. Hace sujetos que antes no existían. Seguir a Jesús constituye a un sujeto humano, lo hace, lo crea, lo inventa, lo hace nacer. Hay miles de categoría bíblicas y teológicas. Quiere decir que la fe es constructora de subjetividad, y tenemos que ver como construye subjetividad peculiar la fe en Jesús de Nazaret. La fe construye vinculación, no hace falta que lo explique. Es uno de sus constitutivos. La fe cristiana, básicamente, construye subjetividad vinculando con Jesús, con la comunidad, con los hermanos, con las hermanas, con el tiempo, etc.

La fe es capaz de suscitar instituciones y no solamente instituciones religiosas, sino que la fe a lo largo de estos 2000 años ha suscitado instituciones de todo tipo y las sigue suscitando. Quiere decir que la fe tiene un componente fuertemente creativo de instituciones que van desde escuelas, hasta orfanatos, pasando por ONGs y todas las cosas raras que estamos inventando en este momento.

Y por último, el tercer bloque que no me siento en condiciones de compartírselos porque no sé cómo es. Una de las cosas más importantes que toda cristiana y cristiano han hecho siempre es ponerle el oído al Espíritu de Dios ¿Dónde está actuando hoy? ¿Por qué digo esto? Porque a veces es sorprendente por lo extraño. Actúa en lugares...Ya desde el principio, se metió en lugares rarísimos. Durante el ministerio público de Jesús, rarísimo, así le fue. Pero después siguió con esta costumbre de actuar en lugares rarísimos. Quiere decir que una de las características del discernimiento ya en Cristo, ya en Jesús y después en los cristianos, es el Espíritu actúa donde quiere y allí hay que escucharlo. Puede ser adentro, afuera, al costado, con cara de una cosa o de otra,

Entonces, creo que la percepción de dónde actúa el Espíritu en concreto, es decisiva en un momento así. No donde a mí me gustaría que actúe Mientras todos los judíos querían que actuara allá, actuó en Siro, el pagano, rey Siro que fue el que los liberó al cual alguno se animó a llamar el Mesías para escándalo de su…. Vaya a saber dónde está actuando hoy…

Y en esta misma línea, las comunidades cristianas ya están dando miles de respuestas pero no tienen discurso. Solamente están a nivel de la vida. Vaya si solamente. No tienen palabras. Mi opinión personal, y esto lo dejo porque es imposible de tratar, es que la Iglesia vivida está muchísimo más adelante que la Iglesia pensada, Incluso de la Iglesia que pensamos cada uno de nosotros y la que piensa también la dirigencia de la Iglesia católica. Está muchísimo más adelante, es más vanguardista. Está haciendo cosas de todo tipo y color pero no tienen ni discurso ni han sido relevadas. Iglesia vivida, Iglesia pensada. Para mí, un desafío clave, hoy. Mi opinión es que yo que soy titular de la cátedra de teología pastoral no conozco la Iglesia en Argentina. Cada vez me doy cuenta, cada vez que viajo por Argentina, me doy cuenta que mi Iglesia pensada no tiene nada que ver, o muy poco que ver, a veces, con la Iglesia vivida.

Éste es el marco, para mí, de todo lo que habría que hacer. Nosotros tenemos como especialidad decirles a todos lo que habría que hacer y después no hacemos nada. Así que yo no voy a hacer nada de esto. Simplemente lo menciono como marco de este triple movimiento que había que hacer, cómo nos influye, cómo influye la fe y dónde está, de hecho, actuando el Espíritu de Jesús. Por supuesto me voy a tener que dedicar al tema, esto lo dejo como marco. Pero me parece que si no hacemos las tres, hay algo que no está bien hecho teológicamente, supongo que también catequísticamente.

Yo me voy a concentrar en el título que me sugirieron: la transmisión de la fe y para ello les voy a sugerir una de las obras más luminosas que he leído en este tiempo. Verdaderamente, para la catequesis es de lectura obligatoria, aunque es española y requiere una fuerte relectura desde Latinoamérica "La transmisión de la fe en la sociedad contemporánea" de Juan Martín Velasco. ¡una joya! Lo voy a seguir en parte a él, el problema es que escribe desde España y muchas de esas cosas no se aplican a nosotros de ningún modo, pero tiene un montón de sugerencias y planteos de un altísimo valor para la catequesis.

Juan Martín Velasco, Medarquen, Mardones una cantidad enorme de teólogos que les quiero compartir esta mañana, están preocupados por lo que ellos llaman el síndrome apocalíptico. En Europa los libros se llaman todos más o menos así: "¿A dónde va la Iglesia?","¿ A dónde va tal cosa?", "¿A dónde va...?" Ustedes saben que la pregunta dónde va puede ser expresada con muchísimos gestos ¿a dónde va?, este es: ¡¿A adónde va?! No es cualquier signo de interrogación. Y hay otro que le puso un título más rimbombante: ¿Somos los últimos cristianos? Y es Teilhard, no es cualquiera. Europa pide, por primera vez en mucho tiempo, la pregunta si el cristianismo seguirá.

Repito, éste no es el caso latinoamericano en lo inmediato pero que alguien de nuestros hermanos y hermanas se haga una pregunta de este nivel nos indica a qué nivel debemos plantearnos la crisis de la transmisión de la fe. No se trata de una crisis comunicacional en el sentido débil sino como la planteó ayer Beatriz. Una crisis de la comunicación del patrimonio mismo de la vida, la celebración, la doctrina, la palabra, el culto de Jesús de Nazaret.

Y va a decir él, en general, los medios eclesiásticos de todo tipo y color suelen tener una hermosa costumbre que dicen que no hay que tener, que es echarle la culpa a los demás. La situación es la secularización. Tienen la culpa los medios, que, realmente, son los que la ligan siempre porque además como en muchas cosas la tienen, las políticas. Siempre lo hicieron los otros. Dicen que el cristianismo es muy exigente y que las nuevas generaciones son flojitas, son light, son flu, flu. No les da. No quieren compromisos. Dicen que nuestra época es un desierto materialista, solamente quieren ganancias, y los destinatarios no tienen la sensibilidad mínima para lo religioso. Con eso se solucionó el problema.

Velasco dice: sería una catástrofe. Por supuesto que todas estas cosas influyen ¿quién lo duda? Pero hay que preguntarse hacia adentro de la comunidad de fe de dónde viene esa crisis de transmisión. ¿Tiene algo que transmitir la comunidad? Dice Velasco: La Catedral de Frankfurt que ha sido restaurada hace unos cuatro o cinco años es visitada todos los meses por un millón de turistas y a misa el domingo van cien personas. Dice…. ¿Qué es la catedral de Frankfurt? Un museo.

Entonces, en ese marco se va a presentar por primera vez con esta radicalidad, el problema de la transmisión de la fe. Nadie se plantea el problema de la transmisión mientras la transmisión funciona. Es como la teología de la heladera, nadie piensa en la heladera hasta que la heladera no funciona. Acá es lo mismo. La transmisión es de una obviedad que si funciona quién lo piensa. Y ¿quienes son los personajes de la Iglesia que caen primero con sus propias cabezas cuando pasa esto? Ustedes. El ministerio de la catequesis es el ojo de la tormenta de la crisis de la transmisión porque se la ligan de los dos lados, como los maestros o las maestras en la educación pública.

Entonces vamos a analizar un poco siguiendo a Velasco y haciendo algunas cosas de Latinoamérica: ¿en qué consiste la crisis de la transmisión de la fe?
Primero, Velasco dice: cuando la transmisión ya no funciona, la primera cosa que hay que pensar es si estamos entendiendo bien qué significa transmitir. Y él se va a oponer a lo que llama la clonación de la fe, jugando con las palabras. Dice, en general, uno cree que ha tenido éxito en la transmisión cuando le salió igualito. Cuando el chico, la chica en la catequesis le salió igualito o el hijo, la hija o el seminarista le salió igualito. Dice Velasco, justamente, nunca más van a salir igualitos. Si alguien piensa clónicamente la transmisión de la tradición cristiana, está muy equivocado… Porque la fe no puede clonarse. La transmisión no es reproducción biológica, ni es herencia económica que se transmite bajo un título o bajo un testamento. Es un proceso vivo, tan vivo que hasta que no se arruina uno no lo piensa.

La transmisión de la fe requiere la ruptura, la discontinuidad para que sea verdadera apropiación viviente en un sistema cultural diferente. Requiere apropiación libre y personal sin la cual todavía no hay fe en la más pura teología....

El proceso de transmisión de las tradiciones religiosas está gravemente precarizado. Hay una crisis de la reproducción institucional de lo religioso, especialmente en los jóvenes. Hay una pérdida de la transmisión a las próximas generaciones. La encuesta española dice que hay un crecimiento de 44 puntos en la diferencia entre la religiosidad de adultos y los jóvenes. Ellos hacen esta estadística cada diez años, aumentó 44 puntos la brecha, no entre ricos y pobres, sino... Quiere decir que esta crisis generacional que nosotros creíamos que iba a ser de nuestros padres para con nosotros, en este punto, en otros, no, se agravó hasta niveles insospechados. En otros, no, porque se quedan a vivir en casa, no en la mía sino en la de ustedes. Pero en este punto se agravó decididamente.

¿Cómo lo va a explicar Velasco? Primera explicación. La crisis de la transmisión de la fe es una de las emergentes de la crisis de la transmisión de todo. Hoy, transmitir cualquier cosa es de una enorme dificultad. Pregunten a los partidos políticos, o a una madre y un padre. Transmitir un solo límite. Pregunten a cualquier maestro o maestra ¿qué significa transmitir un solo límite? Veinticuatro años de trabajo, seis úlceras, para un solo límite. Los nostálgicos van a decir: papá nos miraba y nos callábamos. Ahora nos miran ellos y nos callamos nosotros. Totalmente distinto. Hoy, transmitir... Fíjense la baja de natalidad, ¿qué está indicando? La transmisión, la incapacidad para ponerse de novios o para juntarse, no estoy diciendo ninguna cosa muy excepcional.

Los otros días hablábamos con jóvenes y me decían: yo creo que la pareja es imposible. Cuarto año de teología. La cosa más básica de transmisión. Quiere decir que la crisis de transmisión se inscribe en una gran crisis de transmitir cualquier cosa, sobretodo, que tiene que ver con lo vital.

Segundo lugar dice Velasco la crisis de la transmisión de la fe la liga a la crisis de autoridad. Ayer lo explicó muy bien Beatriz,: de los lugares, ella los llamaba, autorizados, los lugares autorizados. Una de las maneras de transmitir la fe es con fuerte significatividad de los testigos. Con lugares autorizados. Uno va a la parroquia, va al colegio, lugar autorizado Eso es justamente, lo que no es ni las parroquias, ni los colegios, ni las catequistas por más que ellas o ellos lo sean personalmente, no ejercen la lógica del lugar autorizado. O sea que el apoyo tradicional para la transmisión de la fe que era: las personas creen en el lugar autorizado. Ahora, crisis. De los presbíteros no les digo nada.

Y en último lugar, dice Velasco, hay que tomarse en serio que la posmodernidad, la cultura comunicacional como la llamamos nosotros gestó un predominio de la autonomía. Yo no me voy a identificar con algo porque me venga de afuera sino porque me viene de adentro. Esto tiende en lo religioso a lo que llaman: "la desregulación de las creencias".Yo formo, tomo las creencias en la medida en que me convienen, me hacen bien en los distintos momentos de la vida. Y ninguna, ninguna institución religiosa lo puede controlar. Aunque algunos en la Iglesia católica sueñen y apuesten cada vez más alto a controlar a no sé quién. Y finalmente controlan a los que quieren hacer las cosas, logran una eficacia increíble.

Último elemento que da Velasco para esto: ¿dónde se transmitió normalmente la fe que nadie lo pensaba? En la familia, por eso no había que pensarlo. Después lo va explicar un poquitito mejor. Justamente, la pluralización del modelo familiar va a implicar una novedad en la transmisión de la fe y va a poner una teoría muy original " de las madres secularizadas". Lo explico. Velasco hizo un estudio en España de las generaciones de mujeres, desde el franquismo hasta hoy, y descubre que, en un determinado momento que tiene que ver con la transición democrática española, las madres ya no enseñaron iniciación religiosa a los niños. Por eso las llama "secularizadas".Ellas seguían creyendo pero se cortó el proceso. A mí me enseñó a rezar mi abuela. Me acuerdo perfectamente. Entonces, la idea era que en el mismo proceso de socialización primaria se realizaba la socialización religiosa. Y con la misma fuerza que te enseñaban a rezar, te enseñaban a comer y no hablar delante de los grandes y te pegaban una trompada por un error a cualquiera de las tres. La socialización iba juntita. En todos los casos.

Me acuerdo perfecto la escena, el jueves santo con las iglesias que había que visitar y después te daban un premio si habías ido. Esto que parece una sencillez , lo tenemos grabado todos muy adentro e implica que, en un momento, esta cosa tan evidente, este canal tan evidente de la transmisión de la fe, que era la nona, la madre, la mujer en la familia, por alguna razón que hay que explicar, deja de hacer esto tan evidente. Algunas por convicción, que quede libre para cuando sea grande. Algunas, simplemente, porque la vida moderna impide hacer esas cosas y hay otras muchas cosas que hacer y no se pueden hacer.

Y termina o concluye Velasco esta parte. Dice:¿ esto qué es, un quiebre en la transmisión de la fe o un cambio de figura en la transmisión de la fe? Y él dice, lo segundo evidentemente. Estamos en un cambio de figura en la transmisión de la fe, sólo que como lo que se rompe es muy obvio y muy básico, nos parece a nivel de la catástrofe, hoy. Porque como se rompen cosas y ¿cómo vamos a reemplazar a la nona?. El cristianismo reemplazó cosas muy importantes que se le cayeron. Empezando por el imperio romano. No digo que la nona sea menos importante que el imperio romano, pero convengamos que si reemplazó a uno puede reemplazar a la otra.

Y Velasco termina señalizando lo que él considera los desafíos para la transmisión de la fe en esta sociedad. Por supuesto ustedes piensen que Velasco es español. Aquí hay que volver a pensar la religiosidad popular. Un montón de canales que en nosotros funcionan todavía, de algún modo. No sabemos cómo pero funcionan. Vengo de Salta y el Milagro funciona. Después habrá que ver cómo y cada uno de ustedes tendrá que pensarlo.

Ahora estamos en el proceso español. Y él va a señalar tres desafíos: cómo transmitir la fe cuando ya no coinciden el proceso de socialización humana con el religioso. Esto que parece una tontería, es clave. Ya no hay identificación entre la nena y el nene que crecen y la socialización religiosa. ¿Qué quiere decir? Que se nos van a desparramar los itinerarios,. Te va a aparecer anacrónicamente cualquier persona, en cualquier situación, en cualquier momento,, a tocarte el timbre que quiere catequesis. Es más, ya existen, por lo menos en la clase media en la que yo trabajo, personas que no tienen ningún vínculo más que histórico con el cristianismo, ni bueno ni malo. Tocan el timbre y dicen:" La verdad es que a mí me gustaría hacer catequesis". ¿Y ahora qué hago?

Entonces no coincide la socialización humana con la religiosa. Este es un desafío para ustedes, bien clarito. Los teólogos llegamos hasta ahí. ¿Qué significa esto? ¿Cómo encontrar canales diferentes de la socialización? Lo hicimos mil años esto o más, mil quinientos años. Fíjense si no nos parece obvio. Uno cuando hace una cosa durante mil quinientos años no me digan que no cree que es la única manera de hacerlo. Pues bien, no es la única manera…

Segundo, ¿cómo transmitir la fe cuando la tradición y la autoridad están en crisis, sobre todo a nivel eclesial? Justamente mostrando la capacidad rupturista de la tradición. La tradición es viviente. Presentamos a un viviente, Jesús es contemporáneo. Es tan importante la continuidad como la ruptura. Es un pensamiento vivo. Por lo tanto, lo que menos hay que hacer es clones. Sería un atentado a la fe de Jesús, hacer un clon. Porque sería negar que Jesús tiene la capacidad de llegar a todo hombre y toda mujer. Es falta de fe, finalmente.

¿Cómo transmitir la fe en una crisis profunda de la institución que garantiza la autoridad de la transmisión? No hace falta que se los cuente, la parroquia, el colegio, la iglesia en general. ¿Cómo sacar la identificación que mucha gente tiene cuando llega a una parroquia y entra en pánico porque está en una situación irregular?. Nadie le dijo nada pero ya entró en pánico y empieza a agarrar el paraguas a ver quién le va a pegar primero. La mayoría de las veces se encuentra que nadie le pega, todo lo contrario, pero mientras tanto…Quiere decir que todavía la marca institucional es muy grande. Y como en la viña del Señor, realmente, hay de todo, puede pasar lo contrario para gran dolor de muchos. Quiere decir que la habitual manera de transmitir la fe con una figura eclesial, que es esencial a la lógica cristológica eclesial va a cambiar sus formas. Y todavía no conocemos cómo.

Hasta aquí Velasco,¿ Se entienden los pasos que él da y los desafíos?

Ahora, González. González - Velasco, en realidad… Le robo bastante más de lo que parece.
Cinco pistitas que me parece interesante compartir con ustedes para abrir el diálogo:

Primero, esto lo planteó Velasco y lo retomo. Él sostiene, como la pregunta de ayer a Beatriz, que una clave para la transmisión de la fe, hoy, es la mistagogía. Hoy, transmitir la fe, en una cultura como ésta, es iniciar a una experiencia de una presencia. Esto es Velasco. A diferencia de un momento donde la transmisión funciona, cuando la transmisión no funciona como nosotros querríamos ¿dónde está el corazón de la cuestión? Que yo sea capaz de transmitir a un hermano, a una hermana la experiencia de una presencia para que él y ella la hagan suya. Esto es mistagogia en la tradición catequística. Sin una experiencia personal de una presencia no hay transmisión de la fe. Ahora bien, ¿cómo hacemos? ¿Nuestros medios catequísticos reales como pueden hacer para volverse mistagógicos?

Si pienso en ejemplos como estos, cuando la comunidad acompañaba el año de la catequesis original, antigua, la comunidad ponía el cuerpo ahí. Había un miembro de la comunidad que enseñaba a ayunar, un miembro de la comunidad que enseñaba a rezar, enseñaban a vivir, porque se rajaban de las casas y se peleaban con el yerno. No era una cosita así… Si la comunidad cristiana tenía que iniciar a la vida , al misterio, a la economía…, la comunidad ponía el cuerpo en la mistagogia que duraba un año o más en algunos casos.

Me parece que en este momento de crisis en la transmisión de la fe, sin una cosa así totalmente adaptada al momento que vivimos, no será posible la transmisión de la fe. La experiencia mistagógica de una presencia con la comunidad de testigo comprometida en el proceso personal. No basta enseñar a rezar, hay que rezar con... Hay que acompañar.¿ Y cuáles son las personas que van a ir? Las heridas, las excluidas, las doloridas. Ya las conocen si vienen todos los días. Y para nuestra sorpresa el que tiene que hacer eso, ustedes y yo, estamos tan mal como ellas. A diferencia de otros momentos, con la misma cantidad de plata o sin ninguna. Quiere decir que este proceso, a diferencia del mundo antiguo, lo tiene que hacer la comunidad cuando no tiene mucho cuerpo para poner. Tiene que ponerlo pero no le queda mucho resto porque ya lo pone todos los días en todas las cosas.

Entonces, creo que aquí está la originalidad de la mistagogia contemporánea: cómo ponerle el cuerpo a cada persona, acompañarla en la experiencia del misterio de la presencia de Dios en Jesús sin que uno tenga que poner más cuerpo del que tiene. Generalmente nos caemos todos como pasa muchas veces.

Sin personalización no hay transmisión de la fe. Esto quiere decir que para muchos la experiencia de la catequesis podrá ser la primera experiencia de la trascendencia, sobre todo en los jóvenes. Velasco llega a decir, para los españoles, que hay chicas y chicos que nunca han hecho una experiencia que vaya más allá de su propio mundo. No religiosa. Ninguna. Por eso sugiere que la catequesis comience por experiencias de descentramiento con la naturaleza, con el voluntariado, con la ética. Porque si no hay ninguna experiencia de descentramiento como va a venir la de la trascendencia.

El segundo tema a considerar: el fragmento... El fragmento es una palabra lamentable y fascinante al mismo tiempo. ¿Por qué quiero decir esto? Porque me parece que si uno no se toma en serio el fragmento, y la teología contemporánea se lo está tomando muy en serio, va a entrar en un proceso o de pánico, que paraliza, o de exigencia, que me solucionen la vida rápido porque no me aguanto la crisis. Que alguien me diga algo. Cómo hay que hacer. Yo creo que la teología del fragmento tiene que ser muy seria. ¿Qué quiere decir? La Argentina se fragmentó. Hay cosas que se murieron en la patria. Hermanos y hermanas, la educación, eso no hay modo de fragmentarlo. En la imagen del rompecabezas, no hay nada más terrible que querer pegarle a la pieza para que entre. Hay piezas que no están. Y cuando uno ve un rompecabezas al que le falta una pieza, la angustia existencial de llenar el hueco es muy grande. Y puede empezar a poner páginas del diario...

Creo que un cristianismo comprometido con la crisis de la transmisión de la fe tiene que tener aguante para no hacer eso..Hay cosas que no se van a poder soldar hoy y las síntesis apresuradas, rasgan el rompecabezas y lo cortan y lo tiran. Por eso creo que hay que aprender de los arqueólogos. Porque el arqueólogo, a partir de un fragmento reconstruye Troya, como hizo. Cuidado con los fragmentos. Nadie está diciendo que hay que quedarse en el fragmento pero es lo que tenemos. Entonces como las arqueólogas y los arqueólogos, acá hay un fragmento. A ver ¿qué es esto?.

Hay que aprender de los restauradores de pinturas, prolijito, pincelito, dos añitos, ¿qué hay abajo? Qué hay debajo de la chica y del chico que están en el locutorio cuatro horas por día, ¿qué hay abajo? Hay que aprender del ADN. Porque nos dicen los biólogos que en cada célula está todo el código genético. Quiere decir que si uno se zambulle en el fragmento, encuentra el todo. Tesis que ha trabajado mucho Von Balthasar: el todo en el fragmento, siguiendo la más pura lógica cristológica. Quiere decir que una de las cosas es empezar a ser serio con los fragmentos, como los arqueólogos, como las restauradoras, como los teólogos.

Y termino con una especie de cataratas de sugerencias, eso es parte de mi estilo.
En una sociedad tribal, como la llamaba Beatriz Sarlo, yo la estudié bajo sociedad vivencialista, donde cada se junta en un lugar y solamente entra en relación con aquellos que tienen los mismos códigos. Kell la va a llamar sociedad vivencialista y va a proponer que el cristianismo tiene allí un enorme desafío que es impedir el etnocentrismo del medio. La idea es que cuando uno vive en una sociedad tribal, hace de su medio el centro del universo y todo lo que no pasa por su interés, queda excluido de la atención. La Iglesia, dice él, tiene en una sociedad vivencialista o tribal, dos grandes posibilidades: la primera es que no puede eclesiológicamente aceptarlo. Tiene que comunicar a los medios entre sí, que las personas de los distintos medios se conecten, se vean. Los ricos y los pobres, lo que está pasando en muchas parroquias con countries y villas. Esas cosas se le ponen ahí delante. Romper el etnocentrismo del medio, respetando la lógica del medio, la eclesiología tiene acá un papel fenomenal.

En segundo lugar, la liturgia. En una sociedad vivencialista, la celebración cristiana es una de las que tiene más potencial catequístico y evangelizador .No necesariamente la que, de hecho, celebramos.

Otra sugerencia: la primacía del itinerario. En los próximos cien años, no sé cuántos, las personas no van a llegar como nosotros queremos que lleguen. Van a llegar como pueden, como quieran y, normalmente, como Dios quiera. Es decir vamos a tomar a la persona que inicia el itinerario catequístico en cualquier situación, en cualquier etapa y con cualquier sincronía. Y tomada allí, como gracia de Dios, acompañarla hasta la plenitud de la vida. Un desafío clave para la catequesis. Salir del esquema de la Iglesia sentada de la cristiandad que dice el que no viene así, bueno en tres años nos quedamos sin "clientes".

Fecundación intercarismática, otro aspecto a comentar. ¿Qué es la fecundación intercarismática? Es que si uno analiza... Estuve en los Toldos y los monjes me contaban cosas del monasterio, entonces yo decía: los monjes tienen problemas del monasterio, nosotros, los curas, nos queremos casar, los que están casados quieren ser célibes, el otro quiere ir a la parroquia, los franciscanos quieren parroquias, nosotros queremos comunidad, un lío bárbaro. Quiere decir que, un poco jocosamente, es como si nadie hoy pudiera abastecerse en la lógica de su propio carisma. Nunca fue así. Pero hoy parece más evidente. Quiere decir, me parece que hoy para vivir una experiencia eclesial, no podemos vivir solamente de nuestros carismas. No estaría nada mal que una parte de la catequesis sea que un matrimonio se vaya a un monasterio. No estaría nada mal que los monjes salgan del monasterio y vayan una vez a dar catequesis en una parroquia, a acompañarla. No estaría nada mal que un cura vaya a vivir con una familia para saber lo que es. No estaría nada mal que una familia se incorpore a la formación seminarística. No podemos vivir con los carismas sueltos. ¿Quién de nosotros no necesita hoy de lo monástico? No porque se haga monje o monja, sino porque si uno no es contemplativo cómo va a hacer. Por ahí, no sería una mala idea que vayamos rotando, en la medida en que la vida lo permita. Los Toldos, la Trapa, todos tienen una experiencia muy original, Los monjes son cada vez menos y la hospedería cada vez más grande. Eso qué quiere decir, los Toldos está triplicando la hospedería y los monjes son cada vez menos.

Del hecho de vida a la vida de hecho. Entro en terreno peligroso, me parece que la catequesis argentina que yo conozco está decadente. Y esto significa que estamos ante un desafío similar al inicio de la catequesis familiar. Es decir, allí, un grupo de personas se puso a pensar, en un momento de crisis de la transmisión de la fe, aunque un tipo de crisis optimista, convengamos, cómo había que redefinir toda la estructura catequística. Este segundo proceso de hoy, no se ha hecho. Por qué digo del hecho de vida a la vida de hecho. Porque hoy, uno no puede partir del hecho de vida, porque la vida está hecha pomada, ¿qué hecho de vida? Es la vida de hecho. De donde parte la catequesis, de la vida de hecho que esa que está como viene. Hay que volver a estudiar la historia de la catequesis, la historia larga de la catequesis. Hay buenos especialistas en esto, volver a estudiar ¿Cómo reaccionó frente a los momentos de crisis? Experiencias serias, hay que experimentar seriamente las cosas.

Y por último, me parece que una de las metodologías para seguir en un momento conflictivo como éste es la que están usando los científicos sociales que se llama el observatorio. Lo que yo les propongo es que inventen, ensayen, formen… el observatorio catequístico. ¿Por qué? Soy de la opinión de que la catequesis es un lugar privilegiado de emergencia de toda la sociedad y de toda la Iglesia. Ahí se junta todo. Los catequistas y las catequistas lo saben pero nunca se vuelve discurso y nunca pasa a las otras instancias. Por ejemplo, no llega a la teología. Yo siempre me pregunté por qué en la ficha del mal se armaba "el caos". Siempre en la misma ficha. Si siempre en todo el país se arma caos con la misma ficha, ya eso no es el problema del que hizo la ficha, es que algo hay en esa ficha. Ese tema tiene una crisis. Eso debe ser resuelto catequísticamente y teológicamente. Hay una crisis de transmisión.

Hoy serán otras las fichas que causan... Desde eso, cómo reaccionan, cómo fue el proceso de Dios concreto en la persona, cómo caminó, cómo no caminó, qué funcionó, qué no funcionó, cuáles temas son reactivos, por dónde está actuando Dios, qué las pulverizó, por qué me quiero ir. Eso no es un problema subjetivo personal. Es lo que le pasa a un ministro, a una ministra de la iglesia, que son ustedes. Es un acontecimiento eclesiológico de primer orden. Para que la teología se dé cuenta por dónde viene la acción de Dios y la crisis de la transmisión de la fe.

¿Qué es el observatorio? La combinación entre mirar para todos lados todo el tiempo y mirar lo más pequeño para saber cómo es. Los astrónomos son muy particulares, no saben lo que miran porque no saben donde termina y, sin embargo, miran con tanta prolijidad que apenas se desvía una cosa, dicen ahí hay un planeta. La técnica del observatorio es clave para un momento de transición porque uno no sabe qué mira. Pero me parece que un observatorio catequístico sería decisivo porque ustedes podrían percibir en la vida concreta de la iglesia lo que está emergiendo de Dios, lo que está emergiendo de crítico, la falencia de la comunidad eclesial, sus maravillas, sus ministerios, para que después lo dialoguen con otros. Yo traje un ejemplo de cómo lo hacen los sociólogos para que ustedes después lo vean.

Para terminar entonces, la teología les quiere compartir una inquietud que nos viene desde muy adentro que es el cambio de la figura histórica y del ciclo largo que, como ustedes acaban de ver, en el caso de la transmisión de la fe, tiene tanto para decir. Por eso es un verdadero gusto que esto pueda ser dialogado entre la teología y la catequesis, porque creo que en el fondo es la misma pasión, es el mismo dolor, el mismo deseo, el mismo gozo sólo que vivido desde ministerialidades diferentes.

"El sujeto de la catequesis en la cultura comunicacional"
Palabra y Anuncio

Mons. Juan Carlos Maccarone
Como diría Humberto Eco, el título oculto de esta reunión es el "sujeto de la catequesis en la cultura comunicacional" luego del título importante: "Palabra y anuncio". Creo que la conversación nuestra, con mucha rapidez, está bajando a situaciones de tipo intraeclesial cuando todavía creo yo, que no sé si tenemos todavía definido lo que es el sujeto de la cultura comunicacional, el sujeto de la catequesis.

Les voy a contar esto, mi primera preocupación cuando asumí como presidente de la Comisión Episcopal planteé esta cuestión y no dejé de plantearlo en ninguna reunión de Junta Nacional. Creo que estamos pensando y trabajando con catecúmenos o catequizandos de los cuales sabemos muy poco, cuya realidad no solamente espiritual sino psicológico - social y su conformación como sujeto que tiene que comprender, tiene que participar, tiene que decidir a veces se nos escapa porque no sabemos realmente cómo es.

Evidentemente tiene que ver con la cultura comunicacional, les digo sinceramente que la invitación a Beatriz Sarlo fue porque estudiando este tema o porque impulsado por compromisos con la cultura en el CELAM, trabajamos este tema de la cultura comunicacional… El nombre, humildemente, lo puse yo. No sabíamos como nombrarla.

Yo pensé que las reflexiones de hoy iban a estar casi de manera exacerbada sobre el sujeto, por lo menos pensar qué hay que hacer… Y ahora van a escuchar algo mío, pero yo no sé qué tenemos que hacer…

Esto de la cultura comunicacional evidentemente es un fenómeno global y ustedes lo saben muy bien y tienen que pensar que está referido a determinadas cualidades culturales del país. A mí en mi experiencia de Obispo de Santiago del Estero me provocó todavía más inquietud el tema de la cultura comunicacional cuando visitando a Atamisqui, que es el corazón cultural de Santiago, y ahora puro salitral, ahí un abuelo de 80 años, en Santiago los muertos se velan 9 días o sea hay que hacer la novena 9 días en la tumba, hay que alumbrar la tumba y rezar nueve días y nueve misas.

Él había ido a este cementerio para empezar la novena y había un panal de abejas y lo atacó a ese señor y casi se muere el abuelo, lo curaron y él quería seguir la novena, no la había podido realizar. Entonces fue al comisario, no le llevó el apunte como corresponde, fue al intendente tampoco. Fue a cuanto político había en el pueblo a ver si podían sacarle el panal de abejas y nadie se lo sacó. Entonces él pidió a un señor que a veces saca fotos y escribe para "El Liberal", que es el diario principal de Santiago, para contar sus cuitas al diario. Y al final le dijo: "Ponga así: _ Que Ben Laden se acuerde de los Atamisqueños."
¡Un abuelo de ochenta años en medio del monte de Santiago! Si los medios de comunicación tocaron así el corazón de este hombre que es pura tradición desde el punto de vista cultural, religioso, etc, ¿que hará con nuestros chicos, que hará con nosotros mismos sin saberlo? Se le metió en el corazón la imagen de la venganza en una figura de Ben Laden que no es muy conocida, no es Gardel para ser conocida así tan rápidamente por nuestra gente.

Y esto es lo que a mí me refuerza la preocupación porque tenemos que saber mejor cuáles son las condiciones de nuestros sujetos catequizandos o catecúmenos, porque de lo contrario vamos a atinar a los métodos y los métodos van a ser como un repulgue incómodo que es valioso, pero que no va a poder contener… Insisto en esta preocupación por el sujeto.

Insisto en esta preocupación por el sujeto que es la motivación de nuestra reunión de hoy, de estos días. Evidentemente que la exposición de Beatriz, que fue muy buena, rápidamente pasó del tema comunicacional al tema de la realidad argentina y fue muy bueno, pero a mí me hubiera gustado más que hubiera insistido sobre el tema comunicacional porque va a subsistir a la problemática Argentina, o sea la precedió y la va a seguir.

En la cultura comunicacional hay una cantidad de elementos maravillosos en el tiempo, en la singularidad del tiempo como en la comunión universal, en un mismo sentimiento, en un mismo conocimiento, en una misma pasión… Yo veo que es una especie de Pentecostés laico o como lo quieran llamar, estamos todos, es una cosa maravillosa que estemos en simultáneo, gente desconocida que no veremos nunca salvo en la Vida Eterna y, sin embargo, estamos compartiendo desde un gol en un partido de fútbol hasta la cosa más grande y aún más trágica: compartir los sentimientos de un mundo distinto, buenos y malos.

Y esa comunión en el fondo es la que Dios quiso, quiso que la humanidad sea una. El instrumento mediático de los medios de comunicación es un instrumento apto para crear una comunión que no existía. Y ahora somos conocidos, nos conocemos, nos podemos conocer por lo menos están las potencialidades para ello y de hecho lo vivimos así.

Otra cosa es ésta: si uno estudia la historia de los pueblos y de la cultura, el extranjero causaba miedo. Por eso había que purificarlo con ciertos tabúes antes de entrar en la tribu para que se le fueran todos los maleficios que pudiera traer. Causaba miedo el extraño.

Hoy el extraño está en nuestra casa, el extranjero está ante nuestra vida y es algo maravilloso. La superación de la diferencia étnica como provocadora de miedo ya no es tanto o es menos… Al contrario, el extranjero comparte nuestra vida. Es más: mezcla nuestra lengua. Estamos oyendo cosas en lenguas que no entendemos… El extranjero está en casa. Antes no podía estar en casa, al contrario causaba miedo y todavía hay resistencia. Podemos mirar a Europa. Allí, en las zonas limítrofes, hay verdaderos estragos con los extranjeros. Pero sin embargo la cultura comunicacional está trayendo al extranjero a nuestra mesa. Y eso es una cosa maravillosa, escucharlos en su propia lengua, la lengua extranjera.

La cultura comunicacional sobre todo en la forma masiva, que es la televisión como dijo Beatriz, nos permite un encuentro con las personas que es mucho más fluido de lo que podría ser la carta a distancia, la audición o la radio.

Hoy tenemos la vista y ustedes saben que la vista es el sentido de la presencia o sea uno ve al que está presente. Y entonces los medios de comunicación, sobre todo visuales, nos permiten rescatar el aspecto de presencia que tiene la otra persona y no solamente su palabra, que la palabra puede ser del ausente.

O sea que los medios de comunicación pueden y creo que recrean una humanidad y un sujeto que está todavía, creo yo, metabolizando, o tendremos que metabolizar todas estas posibilidades que son únicas y se dan por primera vez y en poco tiempo. Evidentemente que esto se da en quince años. Si ustedes leen lo que dice Puebla sobre la adviniente cultura universal se refiere exclusivamente a la cultura urbana, ni una palabra sobre los medios de comunicación. Y esto es una gran intuición. Caminamos hacia una cultura urbana que quiere ser universal.

Yo creo que la pretensión de universal es lo más valioso que tiene Puebla. No había todavía introducido este tema de los medios tan fuerte porque es otra cosa que meramente una cultura urbana que se extiende. Es una nueva forma de estar presente unos con otros. Con toda la riqueza que esto tiene, por eso me gustó mucho cuando el primer grupo resaltó lo positivo al final, lo positivo de la situación siempre hay que hacerlo aun desde el punto de vista de la verdad de la Providencia. Sabemos que Dios es Providente y este tiempo es el mejor, algo bueno tiene que pasar.

Sin embargo, estas posibilidades que tiene este sujeto comunicacional se están gestando dentro de una cultura comunicacional y provoca dificultades. Esta comunión universal con Dios es siempre de ida y vuelta. Puede provocar sensaciones de soledad muy grande. Podemos estar todos comulgando con el mismo sentimiento pero el otro no sabe que yo estoy sufriendo con él, no lo sabe. Puede haber después una forma de oración pero es imposible que siempre todos estemos presentes en la medida plena en la cual alguien está viviendo una situación. Llega un momento en el cual yo me fatigo también en los sentimientos, ya no me importa. Y aquello que era una salida de mí como sentimiento hacia los otros se transforma en un repliegue incómodo, narciso por defecto, en el cual yo no me preocupo.

Recordaba cuando Marcelo hablaba del tema de cómo recrear la autoridad, o sea que el encuentro sea verdaderamente encuentro interpersonal. Y él ponía las condiciones del encuentro que yo también quisiera insinuar aquí. Por lo menos lo elemental, que es el espacio y el tiempo. Decía que evidentemente el encuentro no se consuma cuando falta aquel sentido que rompe la distancia y es el tacto.

El taco es el sentido fundamental de todo, es el sentido de la certeza. Es el sentido con el cual el chico comienza a darse cuenta de que existe. No sé si le preguntaron quién era pero reconoce el tacto de su madre y, viceversa, la madre comienza a reconocer al hijo por el tacto. El tacto, como el sentido fundamental, al encuentro personal le agrega la certeza. Ahí está, somos definitivamente. Y esto la cultura comunicacional no lo tiene, está por fuera de ello. Y lo mismo que el tema del extranjero.

En el lenguaje la llegada de la palabra del otro no quiere decir que yo lo interprete, al contrario, podría no interpretarlo, es más cambiar su discurso por mi horizonte cultural, o mi horizonte hermenéutico como quieran llamarlo y hago de la palabra del otro, otra cosa.

Y entonces lo que puede ser un encuentro amistoso y universal se transforma en una guerra. Y realmente las palabras no significan lo mismo porque evidentemente los sujetos que la escuchan tienen horizontes de interpretaciones distintas. Esto se nota cuando ve las traducciones que aparecen en la televisión. Evidentemente quieren decir una cosa, pero dicen otra y nos espantamos por lo que dicen.

Voy a decir también una reflexión que lleva justamente al no poder darse a entender o a no poder ser entendido. También hace una especie de repliegue narcisista del sujeto en la cultura comunicacional. Pero me parecen muy interesante dos frases: una de Juan Pablo II y otra de Sábato. "Cuántos problemas derivan del fenómeno de la globalización y aunque ofrece la ventaja de acercar los pueblos y la cultura, haciendo más accesible un sin fin de mensajes, no facilita el discernimiento".

No facilita el discernimiento ni una síntesis madura, sino que favorece una actitud relativista que hace muy difícil aceptar a Cristo como Camino, Verdad y Vida. O sea, como todo puede ser o puede ser de otra manera, porque esa otra manera también está en mi casa. ¿Por qué tiene que ser así? Puede ser de otra manera… La actitud relativista no es simplemente una negación de la verdad, es una constante práctica de tener todo en casa. O de tener, si ustedes quieren los fragmentos en casa, fragmentos de cada vida cultural, social, etc.

Y el otro texto hermoso de Sábato dice: "El hombre de la posmodernidad está encadenado a las comunidades que le procura la técnica y con frecuencia no se atreve a vivir en experiencias sólidas como el amor y la solidaridad." ¿Con quién me veo si el otro no responde, si el otro está lejano, si el encuentro no lo puedo comprobar y si el acercamiento no puede ser pleno. Entonces la experiencia digna del amor no se da y también es distante la posibilidad de la solidaridad. Uno puede discutir las frases, la cultura comunicacional revela una nueva solidaridad pero también puede recrear esta actitud distante y poco comprometida.

Y esto, que es parte de los elementos de la cultura comunicacional, tiene que ver con la base del lenguaje de la comunicación. Ustedes los técnicos saben más que yo. Esto está hecho a fuerza de bits, o sea que el lenguaje son mordeduras, son pedacitos. La base del lenguaje que nos une ahora son pedacitos, son fragmentos, o sea la fragmentación de la cultura tiene que ver con la base del lenguaje.

Si quieren otra metáfora que se refiera a esta especie de parcialización, digamos antes que el lenguaje no ayuda a una síntesis madura porque la base misma del lenguaje es parcializante. Todos usamos la palabra menú en todos los medios de comunicación y ustedes saben lo que significa menú, en francés, pedacito, lo chiquito, lo débil que le agrega al two bits la elección. Es un continuo elegir pedacitos.

Y dice Beatriz Sarlo, justamente en uno de los textos que trabajé "Escenas de la vida posmoderna": La vida posmoderna se hace en un continuo elección de pedacitos, sin que la posesión implique interés, sino simplemente que el hecho mismo de elegir es lo que constituye el acto más importante del sujeto posmoderno, elegir, elegir, elegir.

Si ustedes quieren, también el control remoto que hace que no solamente lo que se presenta en los medios de comunicación, a través del continuo zapping, se transforme en una morfología sin sintaxis. Donde está la forma y falta la palabra, el logos. Por lo tanto el momento de la comunicación, paradójicamente, es un momento de soledad y de incomunicación.

Ese sujeto es el que tenemos que catequizar y por ello me gustaría que nuestra tarea sea justamente trabajar esta estructura, decir que estos diseños que vamos haciendo y que producen experiencia de la cultura comunicacional tienden a configurar un sujeto propio, alguien que vive de esta cultura. Me preocupa el abuelo de Atamisqui que a sus años y en el corazón de Santiago los medios tocaron el corazón como lo hicieron y esto hace que las cosas no estén distantes sino que estén.

Dos cosas dijeron Beatriz por un lado y Marcelo por otro. Beatriz planteó varias veces el tema del círculo aporético ¿cómo salir? O sea estamos en un estado de perplejidad, ¿cómo salir de la perplejidad? ¿Cómo superarlo? Ella habló del salto. Es también una frase de Marcelo: de la aporía se sale saltando. Ella podría haber dicho del "espíritu" si leyó a Hegel, el salto lo da el espíritu. Nosotros hablamos del Espíritu Santo, el Espíritu de Dios que crea todas las cosas. Y por eso el estado de perplejidad en lugar de ser una especie de estado de angustia que nos lleve a angustiarnos porque nos parece que no hay salida, más bien es una especie de tiempo de espera donde con oración el huésped hará la novedad, que es un estado cristiano muy bueno, esperar que Dios obre.

Por eso la angustia nos tiene arrinconados a la inacción, y a la desesperación o a la tristeza y si ustedes tienen otros términos morales. El estado de perplejidad nos tiene que llevar a la paciencia entendida en el sentido pleno, la paciencia que significa que frente a la tristeza y los males presentes no se nos pierde el alma. O sea, tengamos capacidad de obrar, de elegir ¿Cómo disparo del círculo? Invocando al Espíritu, para nosotros no es una frase, es una realidad. Pero también saliendo de la situación, yo se los decía el año pasado a mi diócesis.

En la diócesis de Santiago tenemos un modelo que es María Antonia de Paz y Figueroa, hecha en los Jesuitas de Santiago, 1757. Ella había sido criada por los Jesuitas, está enterrada cerquita de acá, en la Iglesia de la Piedad y espero que el Papa entre todas las beatificaciones, la beatifique si no este año, el año que viene. Que se acuerde de Santiago… Esta mujer criada con los Jesuitas sabía que los ejercicios espirituales enseñaban a Jesús y empezó a realizarlos. Una mujer laica, no era religiosa… ( está vestida como de monja pero no es cierto.) En un burrito con un Niñito Jesús recorrió todo el NOA.

Le fue a pedir permiso al Obispo de Tucumán, que estaba en ese momento en visita pastoral en Jujuy, para que ella pudiera recolectar gente y arriaba a los curas, los mercedarios y los dominicos que estaban por la zona, para que predicaran los ejercicios espirituales. Y pidió que la dejaran leer unos libros que le habían dejado en la Compañía donde había explicaciones de los ejercicios.

Recorrió Córdoba, La Rioja y así llegó a Buenos Aires y fundó la Casa de Ejercicios. ¿Qué quiero decir con el modelo de María Antonia de Paz y Figueroa? Había una ministerialidad que había desaparecido, ella inventó otra. Pero tuvo que salir hasta de sus pagos ¿Qué quiero decir? Mentalmente que rompió el círculo… y fue capaz de ensayar algo nuevo. No sabemos cómo nos va a ir. No sabemos si el Obispo nos va a decir que sí. No sabemos si los tigres que estaban por la zona no se la iban a comer. Salió con dos o tres beatas como le decían y con los mercedarios que arriaba porque los arriaba. ¿Qué quiero decir con esto? Que ante la situación casi como de perplejidad, ante la novedad de no saber que hacer, tenemos que ensayar "hacer".

El ensayo es hasta un estilo literario que significa que yo no voy a escribir un tratado sobre tal tema porque no soy doctor. Vamos a ver, vamos a empezar, el estilo del ensayo, que por otra parte es el juego, el juego que todos los chicos, y todos hemos sido chicos, ensayamos la vida para ver que podemos ser o no queremos ser, a ver cómo es esto de ser colectivero o de ser oficinista. ¿Qué quiero decir? Que tenemos que tener la audacia del ensayo. Con esto no está en juego el dogma.

Nosotros mismos en el ejercicio de nuestra propia ministerialidad como obispo, como laico, como religioso, a veces tenemos muchas dudas en revisar lo que estamos haciendo. O sea, que lo nuevo siempre provoca miedo y es una forma de pereza. Decía Santo Tomás de Aquino: "El miedo es pereza frente a los inconvenientes". Entonces digo, ¿no será el momento también de apostar, como en su momento se apostó a la catequesis familiar? Normalmente se apuesta a lo nuevo, a lo distinto con toda la responsabilidad que tenemos y sobre todo cuando no sale todo bien.

Es más, yo decía a mis hermanos en Santiago: aun en el decir como son las cosas tengamos cuidado de frases terminantes. En un tiempo tan difícil casi es conveniente hablar con metáforas como hablaba el Señor: el Reino de los cielos se parece a esto. A mí me parece que la catequesis puede andar por acá, pero tengamos cuidado porque a lo mejor estamos desconociendo al sujeto que tenemos delante de nosotros y que está esperando otra cosa. Tal vez el sujeto de la catequesis no se va enamorado de Jesucristo, el Señor, porque la mediación está entorpeciendo

Me parece a mí que tendríamos que animarnos a ensayar como se hizo siempre en la Iglesia, como en las creaciones de las órdenes, que fueron un verdadero ensayo nuevo pastoral. El invento de Francisco, el invento de Domingo, las parroquias fue un invento…

Me parece a mí que si la Iglesia ha tenido audacia, la tiene que tener ahora y si nosotros en el ámbito de la catequesis también pensando que los chicos, nuestros adultos, nuestros jóvenes necesitan de Jesús entonces hay que arriesgarlo todo por Él. No hay vuelta de hoja, hay que arriesgarlo por Él .No se trata de hacer ensayos en probeta de laboratorio.

Por otro lado, Marcelo, se refirió a las forma de recrear la autenticidad de la transmisión del mensaje. Para que el trasmisor, el mediador, el instrumento sea reconocido es necesario el espacio y el tiempo. Que las personas se encuentren personalmente. Yo cuando escuchaba esto, me acordaba que yo también había dicho esto a mi gente de Santiago y eso en términos cristianos se llama hospitalidad.

La condición que les pone Pablo a los que tienen que ser llamados al presbiterio y al diaconado es la hospitalidad. Y ¿por qué la hospitalidad? Evidentemente que la hospitalidad tiene que ver con muchas cosas, la comodidad de sentirse recibido por otro, reconocido por otro. La hospitalidad es el sacramento del futuro, "voy a la casa de mi Padre a prepararles un lugar". El hecho mismo de la hospitalidad es un acontecimiento evangelizador. Porque en el fondo ser salvado significa que yo cuento para otro. Por supuesto que cuento para Dios, definitivamente… Por eso Jesús dice: "voy a prepararles un lugar".

La pastoral de la Iglesia es hospitalaria. Ella misma es hospitalaria, más allá del discurso que se utilice. En el diálogo que se pueda dar, en el hecho de estar juntos, en la recepción, ello mismo es un acontecimiento porque en el fondo el ser salvado, como decía recién, significa contar para alguien. Y si esto se lo hacemos al narciso que tenemos, como hemos descrito rápidamente, el sujeto comunicacional tiene que romper toda su manera de pensar para empezar a pensar que si hay otro que existe para él, él tiene que existir para otro. Entonces va a romper el narcisismo en el cual se encuentra, el propio interés, la búsqueda de sí mismo, la sensibilidad o la insensibilidad en la cual quiera vivir. O sea lo va a provocar.

El tema de la hospitalidad para recrear la autoridad del transmisor a mÍ me parece que es, es el sacramento del futuro, es el amor que da espacio, el amor de la misericordia, es el amor de las entrañas gestantes, es el amor de Dios que se está revelando ahí.

Frente a esta especie de perplejidad que tenemos, tenemos que trabajar más lo que es el sujeto comunicacional. Yo insinúo dos cosas: primero: ensayemos; segundo: recibamos. Tengamos cuidado de expulsar gente de nuestras posibilidades catequísticas y que justamente en la experiencia de ser recibido este sujeto aislado, fragmentado, lleno de fragmentos, etc. que no sabe elegir, comience fuertemente a estar unido, para saber elegir y poder decidir.

Me parece importante el tema del discernimiento. Una vez que hay confianza ¿qué cosas le tendría yo que devolver al sujeto, al sujeto posmoderno? Primero que sepa realmente mirar la realidad, está viviendo una realidad virtual, hay que rescatar la mirada sobre lo real, que le devuelva la recta razón o la cordura como quieran llamarla, para que sepa elegir.

¿Qué significa que sepa elegir? Que sabiendo lo que son las cosas, que entre por su corazón por el orden del amor, que ame lo que tiene que amar y como tiene que amarlo tan sencillo como eso, eso es su desarrollo. Por eso el tema del discernimiento me parece muy importante, enseñar a discernir pero antes de discernir, es como devolverle la cordura de ver como las cosas son, ya que está cada vez más distante de las cosas como son. Tiene grave confusión acerca de lo que las cosas son. Y justamente, por lo dicho antes por Marcelo, habrá que valorar más allá de lo que se diga la presencia real nuestra frente al catecúmeno, frente al catequizando. La corporeidad es el elemento que tenemos para decir "estoy cerca de ti" y transformar la presencia en un servicio hacia el otro. Y justamente en ese "ser para ti" el sujeto va a escuchar que es verdad lo yo le diga de Jesucristo.

Selección de trabajos presentados al ISCA

El sujeto de la catequesis de la era comunicacional
Sebastián Politi1
Hagamos un breve ejercicio de imaginación. El chico apaga el televisor a regañadientes, toma el cuaderno y el libro y baja al palier del edificio, donde la mamá de un compañero de la escuela lo espera para llevarlos a ambos a la catequesis parroquial. Mientras caminan las cuatro cuadras, los chicos hablan de los últimos videojuegos repletos de armas atómicas y mutantes multigalácticos, recuerdan de memoria las evoluciones de los Digimon, envidian al compañero que tiene un Bley-bley au-tén-ti-co... y de repente, se ven sumergidos en el salón parroquial, donde las cosas son-como-son, aunque el tubo de luz parpadea y la catequista no termina de encontrar la llave del armario donde tiene unas láminas para mostrarles.

Nadie duda de que la semilla sembrada en su momento, dará fruto conforme a la calidad de la tierra. Pero, ¿de qué tierra estamos hablando? Y, ¿las diversas "tierras" de la parábola difieren sólo por su "categoría moral"?
El pequeño ejemplo citado más arriba pretende introducirnos en el cruce entre cultura mediática, sociedad de consumo, déficit educativo, crisis de las instituciones, posmodernidad periférica, predicación de la Palabra de Dios y formación de los catequistas. Para ser más precisos: nos interesa enfocar la atención sobre el lugar de ese cruce. Porque todo lo disímil de estas cuestiones se anuda (o no termina de anudarse, y este es el problema) en el lugar del sujeto. Si es que ese lugar está definido (y no lo está).

Somos conscientes de que este tema en sumamente amplio. Modestamente, trataremos aquí de volcar algunas reflexiones provisorias, ciñéndonos al carácter de breve comunicación del aporte solicitado. Reflexiones que, necesariamente, dejarán planteadas algunas cuestiones e interrogantes, sin pretender encontrar respuestas que supondrían un saber ya completamente constituido.

Esto implica, en primer lugar, corrernos del enfoque instrumental de la comunicación (como si sólo se tratase de "medios" que transportan un mensaje ya acabado entre sujetos completos en sí mismos), así como de cierta mirada unilateralmente crítica o demonizadora, que focaliza en los mass media (o en la "cultura de los medios") el vértice de todos los males modernos. ¡Como si hubiese un lugar "afuera" de los procesos culturales, desde el cual "verlos" objetivamente, un lugar distinto de la mera nostalgia, la negación inconducente o la ilusoria conformación de una suerte de limbo "incontaminado", no atravesado por las lógicas que articulan la cultura, la sociedad, los lenguajes y las subjetividades!

Sostenemos que la presencia de los medios, su lógica, el mundo que crean, el sujeto que vive en ese mundo y que también lo produce, constituyen nada más y nada menos que un modo de ser de lo humano. Algo de lo cual hay que dar cuenta, un paradigma en el cual situarse y dentro del cual operar en orden a abrir espacios de significación en la línea del Evangelio. En todo caso, un proceso y un ambiente a discernir, pero desde un reconocimiento de su propia consistencia.

De cualquier modo, no es conducente, no es práctico, y hasta sospecho que tampoco es legítimo "criticar" en bloque una figura histórica, algo así como lamentándose de su existencia. Soñar, nostálgica o combativamente, con un mundo "pre-medios" o "extra-medios", es un gasto inútil de energía: distrae y no sirve para nada. La evangelización, por el contrario, es un llamado a responder a una figura histórica "asumiéndola para redimirla", es decir, encontrando en su propia articulación significante el lugar de la pregunta, la "falla", en el sentido geológico, que da cuenta de sus límites y, por lo tanto, de su posibilidad de apertura, de trascendencia. Aquel lugar que, una vez reconocido, permite leer la realidad bajo una nueva luz.
Esto significa que sólo podremos hablar de la cultura contemporánea... como hombres y mujeres que viven en ese mundo, usando el lenguaje, las imágenes y los soportes de esa misma cultura. Y todo ello, no hace falta recordarlo, viene con todos sus supuestos, nos guste o no, seamos conscientes de ello o no. "El medio es el mensaje", y el lenguaje no es sólo herramienta, sino humus y estructura de todo decir.

Comenzar a transitar el camino de búsqueda de ese sujeto que vive y padece la era de la comunicación global implica dar algunos pasos que aquí solamente esbozaremos.

1-El sujeto se constituye en la historia y la cultura
Si esta matriz cultural es un modo de ser de lo humano, esto significa que los sujetos, tanto los individuales -la personas- como los colectivos -comunidades, pueblos- se constituyen, es decir, se afirman como tales, alcanzan una cierta unidad e identidad vivida, dentro de estructuras y a través de una historia (colectiva, familiar, individual). El sujeto no "es" algo dado previamente, completo, plenamente acabado, que luego "se inserta" en la historia, la cultura o la estructura social. Podríamos decir que el hombre no "es" (idéntico a sí mismo, de una vez y para siempre) sino que "se hace", "va siendo" en su devenir y en su relación constitutiva con los otros. La idea cristiana del homo viator, el hombre como ser en camino, cuya perfección o estatura completa no está dada desde el principio y es mucho más que lo que se va dando en el mundo, podría ser leída a través de esta antropología de la temporalidad y de la intersubjetividad. Justamente este carácter incompleto, abierto, del sujeto humano, es la cifra de su trascendencia posible. Siempre y cuando entendamos esa trascendencia no como una mera sujeción a un discurso ya dado (que entonces sería sólo uno más, y operaría el cierre de esa apertura constitutiva de lo humano), sino como la llamada de lo siempre nuevo, lo siempre más allá, lo que no se identifica plenamente con nada de lo que la existencia histórica pueda ofrecer.
Pero, ¿en virtud de qué dinámica, de qué actividad "se hace" este sujeto? ¿Cómo construimos -las personas y los pueblos- nuestra identidad? Mediante dos movimientos, que van siempre juntos. En primer lugar, rememorando. Es decir, volviendo a contar la propia historia. Multitud de hechos "en bruto", sensaciones, simples "datos" en sí adquieren un sentido "para mí" en la medida en que puedo engarzarlos en un línea de sentido, que puedo establecer lazos entre unos y otros, y puedo encontrame y reconocerme en medio de esas líneas y esos acontecimientos. Pero para que eso sea posible, hace falta el segundo movimiento, que es el de resignificación: reorganizar los elementos en juego ubicándose con relación a ellos, en función justamente de volver a dar sentido a la experiencia, en el presente y hacia el futuro, de relanzar esa búsqueda, de permitir una vez más el juego de la dinámica infinita, encontrándole nuevas formulaciones, nuevos símbolos, nuevos objetos. Nuevos, entiéndase bien, por definición. Esto es, por contraste con aquello que no ha podido (nunca podría) "completar" o satisfacer a ese espíritu que consiste, también por definición, en trascender los objetos del mundo.

Bien: es a partir de esto que el hombre se realiza en un mundo de significaciones. No de "cosas", "objetos", "entes". Las cosas están ahí, en su muda materialidad. Pero adquieren significación en la medida en que se engarzan en una historia vivida, en una estructura que da forma y vehiculiza mis deseos y expectativas. Necesitamos ponerle nombre a las cosas, como Adán en el Jardín del origen, para que lleguen a ser algo para nosotros. Para que el caos pase a ser un "mundo habitable", es preciso que haya un entramado de conceptos, palabras, imágenes que lo organicen significativamente. Es decir: que deje de ser mera "naturaleza" para ser "cultura".

Allí es donde el fenómeno humano se da. La cultura es la "casa del hombre", su modo propio de ser en el mundo. Pero, ¿qué es la cultura? Justamente, esa mediación entre los sujetos y la realidad como tal, aquello que hace posible que exista un "mundo" articulado, significativo, abierto. Incluso, aquello que media entre los diversos sujetos y entre éstos y su propia materialidad objetiva. Es por eso que podemos hablar de una cultura comunicacional global: porque ésta se constituye por los medios, los mensajes, las significaciones dadas por este sistema cuyo soporte es tecnológico. Y es en esa urdimbre significativa que las personas nacen y viven, es a través de esos soportes, procesos, significantes y sentidos que construyen su identidad y, por lo tanto, se constituyen como sujetos. Es así, entonces, como la cultura de la comunicación global conforma un modo de ser de lo humano.

2- El mortal reinado de lo in-diferente
Y sin embargo, esta mirada no terminaría de encontrar el meollo de la caracterización del sujeto contemporáneo si no diera un paso más: el problema no son los medios de comunicación, sino el capitalismo. Esto es algo que muchos de los "profetas de la posmodernidad" no han podido -o no han querido- ver. Porque si bien es verdad que fue el desarrollo de la tecnología de la información y la comunicación (global, virtual, digital) lo que permitió la última de las transformaciones del capitalismo (globalizado, virtualizado, financiero, desterritorializado, hiperconcentrado), casi podríamos decir que entre ambos aspectos existe una relación de "materia y forma". Es la lógica del capitalismo la que anima y configura esta particular concepción del hombre, su sentido en el mundo y su apertura hacia lo otro. La civilización mediática, de la instantaneidad presentista "en tiempo real", el pastiche, la reducción de todo a "información" y toda información al lenguaje unívoco y universal del "bit", responde en verdad a una suerte de metarrealización del capitalismo como propuesta civilizatoria. ¿En qué sentido? En el sentido que propone una completa "verdad sobre el hombre", según la cual éste se realiza en el plano de la satisfacción de los deseos mediante la multiplicación al infinito de objetos y más objetos que pretenden tornar ociosa toda pregunta acerca de la identidad, de lo que la constituye y de lo que la dispara como historia; que obturan toda búsqueda acerca de ese "plus", ese "casillero vacío", ese déficit ontológico que determina la realidad ineludiblemente abierta del homo viator, del oyente de la Palabra. Como ya lo había propugnado F. Fukuyama hace ya más de una década, el capitalismo realizado como sociedad global de consumo pretende que no haya más historia, sino un reino de mil años de estéreos y videocaseteras. Exhibe la pretensión de poder colmar toda necesidad y todo deseo, y de colmarlo mediante la oferta de objetos-fetiches todos ellos en el mismo plano, es decir, sin profundidad. La vida reducida a una pantalla: todo está ahí, todo es intercambiable, hoy una cosa, mañana otra que ocupe su lugar. Es lo mismo que decir: nada remite a nada. En una vitrina casi discepoliana, se multiplican espectáculos, autos, libros de autoautoayuda -cientos de ellos, todos diciendo lo mismo pero cada uno de ellos "imprescindible"-, aparatos electrónicos, sexo on-line, juguetes, ofertas de todo tipo de religión a la carta, discos compactos de rock, de pop, de música de Nepal, de Ghana, de Bolivia o de Chicago; cursos mil, programas de TV enlatados, ensobrados y encerados; tabaco, alcohol, cocaína y éxtasis, deportes de riesgo -la adrenalina como droga-, pasajes a cualquier lugar del mundo (en aviones exactamente iguales, para llegar a hoteles exactamente iguales, consumir comidas y bebidas exactamente iguales y conocer chicas lo más iguales posibles, todas ellas óptimas, medidas según el patrón del patrón), etc.

Podríamos acotar: un reinado... para pocos. ¡Error! El camino es único, no hay lugar para otro. Lo que pasa es que los consumos estarán rigurosamente diversificados, aunque la dinámica de la obscenidad sea la misma. Y aún para aquellos que nada podrán obtener, el mensaje es el mismo. Los valores, las lógicas, los lenguajes, las propuestas, los tiempos, todo se rige por esta ecuación. Resultado: los Narcisos del individualismo competitivo contemporáneo (ganador), o los Pibes Chorros del individualismo competitivo contemporáneo (perdedor). ¡A consumir que se acaba el mundo! Total, ya no hay nada que perder: ¿qué puedo ser si no puedo consumir? El sujeto así formado, absolutamente dependiente de ilusorias satisfacciones, será capaz de arriesgarlo todo con tal de estar "un poco más adentro" y "un poco más arriba". Con una determinación (y en una magnitud) que empequeñece a los ejércitos de mártires antiguos, los nuevos creyentes del Reino de los Objetos Indiferentes se arrojan a la arena, donde son rápidamente destrozados por las fieras (policiales), no sin antes cargarse a dos o tres. De este modo, no se trata de otra cosa que de dos caras de la misma moneda: éxito y aburrimiento, frustración y resentimiento. Los "males" contemporáneos (drogas, anomia, violencia social, guerrillera o carcelaria, degradación del medio ambiente, crisis de sentido) son sólo subproductos del Gran Camino hacia la Felicidad. Un camino que, finalmente, manifiesta su rostro sádico condenando a priori a miles a morir (por la miseria, por la violencia social, por intoxicaciones varias) y convirtiendo a otros en felices verdugos, egoístas-indiferentes-cínicos. Por simple instinto de preservación...

3- La realidad en la pantalla
La cultura contemporánea revaloriza el cuerpo, por un lado. Casi podríamos decir: lo más propio, lo más personal, para el sujeto actual, es su cuerpo. A diferencia de otras épocas, en que la identidad era más bien cosa "del alma". Pero ese cuerpo, por otro lado, es primordialmente un cuerpo virtual, en la misma dinámica por la cual hablamos de realidad virtual, capitalismo virtual, sexo virtual... ¿Dónde suceden las cosas? ¿Dónde se encuentran los sujetos? ¿Dónde se exponen los cuerpos? En la red virtual de los medios. En las pantallas. Si las identidades siempre se constituyen social e históricamente, si la representación del propio cuerpo y la construcción del yo es resultado de una serie de complejas operaciones imaginarias, sociales, afectivas, etc., esa subjetividad está hoy indisolublemente ligada a la pantalla de la TV o de la PC. El alegre grupo de turistas japoneses (o el tío en la fiesta familiar) que todo lo ve a través de su cámara de fotos o de video puede ser mucho más que una caricatura risible. La propia materialidad "biológica" del cuerpo es superficie virtualizada, lugar de inscripción (en la moda, el tatoo o el body piercing, en la dieta, la gimnasia, la cirugía infinitamente modeladora, así como en las nuevas patologías del sujeto que atraviesan la corporalidad) de una identidad que hace tiempo encuentra dificultades para definirse y sostener una continuidad y coherencia. Aún el horror de la violencia y el hambre, convertidas en espectáculo o estadística, tienen presencia social como escenario virtual para las representaciones, discusiones y decisiones que disponen de ese resto de realidad "real" de los seres vivientes.

Pero, ¿es esto verdaderamente nuevo? Lo "real" mediado por un universo de imágenes y símbolos... ¿no es eso siempre la cultura? Dioses y héroes, mitos y leyendas, ángeles y demonios por doquier, terrores fantasmales y milagros maravillosamente consoladores, creencias o definiciones que determinan la función, ubicación y sentido de las cosas, ¿no fueron siempre más reales que la realidad? La realidad "en bruto" no dice nada, no significa nada, sin la imagen que se le superpone y le da color, forma, textura, brillo y contraste. O sin el concepto que lo ubica en el mundo, en relación con otras realidades u otros conceptos. El mural o la imagen de culto, el mito y el lugar sagrado o prohibido, el título de nobleza, el cargo o el apellido, también han sido el andamiaje necesario para que hubiera identidades, historias personales, sociedad, creencias, comunicación, orden, fiesta y devoción. ¿Qué tiene de distinto, entonces, el imaginario actual?

En primer lugar, su carácter tecnológico, que, como se sabe, modifica profundamente las representaciones de tiempo, espacio y escala, además de tener una mayor capacidad de producir efectos en lo real. Y en segundo lugar, su locación en la pantalla. En efecto, volvemos a lo señalado más arriba: toda representación, toda imagen, todo relato, el mismo cuerpo o la ciudad se dan en la dimensión del plano, sin profundidad, sin remitir a otra cosa. Durante el último verano, se exhibió una película comercial, bastante pobre, por otro lado, en la cual un director de cine encontraba la actriz ideal: generada por computadora. Pero aunque ella (bellísima, perfecta bajo todo punto de vista) sólo existía en las pantallas, el público enloquecía de amor y su creador terminaba dándose cuenta de que la mujer virtual era mucho más real que él mismo. Despertaba pasiones, producía efectos reales, existía verdaderamente en los hogares, era ideal para las mujeres, objeto de deseo y amor para los hombres, inspiración para los artistas, negocio y competencia para la industria. Y sin embargo...
Y sin embargo, a la hora de la verdad, un beso de Simone no podía ser más que el helado límite de la pantalla; su amor, el zambullirse mortalmente en el vacío detrás del espejo.

La diferencia entre una Madonna y la mujer virtual es que la primera abre un mundo de sentido que nos pone en camino en una búsqueda que siempre tiene un más allá, pero que permite reconocerse en el peregrinaje. Mientras que la segunda sólo me devuelve la imagen especular de mi propio vacío, cerrando con su superficie brillante la posibilidad de derivar el interrogante hacia adelante y arriba. Pretende satisfacer y, de contragolpe, hace caer su condena inapelable sobre la insuficiencia y la irrisoria futilidad del deseo impotente.

El sujeto de la era mediática vive, entonces, en un mundo virtual, realizándose como figura evanescente en ese juego de espejos. Su realidad, es decir, aquello que está más allá de la imagen y de los símbolos que lo identifican en el mundo social y virtual, queda mientras tanto esclavizada, torturada, crucificada en función de esa otra realidad, sobreimpresa y omnipresente.

4- Realidad interactiva
Pero la cultura de la medios globales también es interactiva. Es verdad que, a grandes rasgos, no hay feedback (al menos, inmediato) en la TV. Pero también es cierto que todo el complejo sistema de medios tiende cada vez más a cierta electividad, a cierta pluralidad de sentidos o trayectos, a cierta "arma tu propia aventura". Y esto, como una de las formas de consumación de la Modernidad, tiene que ver, por un lado, con la concepción de un sujeto autónomo, capaz de orientarse en función de su deseo o, al menos, de apropiarse de alguno de los destinos posibles que se abren a su libertad. Por otro lado, esta cierta electividad está también en relación con el paradigma cibernético y sistémico. Las interacciones entre los elementos son permanentes, hasta el punto que resulta sumamente difícil concebir la vida como un trayecto lineal y factible de ser diseñado en función de dos o tres variables. En la civilización interactiva, los mapas cambian permanentemente, y toda planificación exige una capacidad de orientarse en escenarios múltiples, y conlleva una alta cuota de incertidumbre.

El sujeto constituido en esta cultura no se siente cómodo en espacios acotados y unidireccionales. Tampoco es prometeicamente "dueño de su destino", reconozcámoslo. Más bien debe desarrollar un cierto olfato existencial, volverse polivalente, mutante. Y no me refiero solamente al ámbito laboral: la flexibilidad, el carácter líquido del mundo donde se vive, se constata en el arte, la cultura de masas, las creencias, la circulación de ideas, la tecnología, la permanente transformación del mismo cuerpo humano, las relaciones sociales... Interactividad y virtualidad juntas producen un sujeto muy distinto al que conocían nuestros antepasados próximos. Un sujeto cuyo centro no está en un solo lugar, un solo sentido, una sola serie de creencias, un orden definido y coherente de fines. Un sujeto montado en un rayo (comunicaciones, operaciones y representaciones circulando en un ciberespacio que subsiste en los flujos eléctricos...), más que sentado sobre la tierra.

5- Renovar la cultura con la fuerza del Evangelio
Así las cosas, no se trata entonces de ver "qué hacemos con los medios de comunicación". Se trata de reconocernos parte de un completo sistema, un proyecto civilizatorio en el cual los mass media son sólo una de las piezas, aunque sea una de las axiales. Una forma de ser humanos, que, nos guste o no, hemos producido nosotros mismos, y que, como dijimos, es imposible negar. No hay "otro lugar en el mundo". No basta con hacer un esfuerzo para despertarnos: cuando las luces del cine se encienden, seguimos dentro de la Matrix. En todo caso, podremos encerrarnos en burbujas más o menos impenetrables (pero que en cualquier momento podrán dejar de serlo), fundamentalismos más o menos agresivos (pero, tarde o temprano, lo serán de algún modo), místicas más o menos disociadoras (pero, a la larga, trágicamente costosas para la psiquis y el espíritu). Pero el problema sigue siendo que el imperativo evangélico de llegar a todos los hombres y a todo el hombre, renovando la cultura con la semilla evangélica, no nos permite semejantes atajos.

Se hace necesario, entonces, intentar un discernimiento desde dentro mismo de la situación, a fin de encontrar en ella las fallas, las conexiones faltantes, los intersticios por los cuales se puedan filtrar otros rumbos y configuraciones y a partir de los cuales podamos apostar, en el deseo y la acción, a otro mundo posible.

A falta de recetas prediseñadas o soluciones a priori exitosas, apuntamos algunos cauces que creemos importante transitar para la evangelización y la catequesis en la cultura de los medios globales.

a) La comunicación global tiende a unificar la realidad mediante un único lenguaje, que subsume todo bajo una nominación digital objetiva. Allí, se hace imposible significar de un modo diverso las dimensiones subjetivas, personales y espirituales. De ahí que un primer cauce tendrá que poner el acento en nuevas formas de reconocimiento interhumano, de calidad personal. Encuentros no mediados por los objetos, por un lado, ni subordinados a la competencia y la lucha por el prestigio. Si bien es cierto que gran parte de nuestras acciones tienden a hacerse de algún modo impersonales y a inscribirse -como no pueden menos que hacerlo- en instituciones mediadas por el dinero, la mercancía y la diferenciación, será preciso fortalecer la comunicación interpersonal que lleva no a la identificación o el conflicto en razón del tener, sino a la comunión en la escucha, la palabra y el amor. Es preciso redescubrir la comunidad en la institución y la persona en la función.

Pero esta dimensión interpersonal no puede darse fuera del marco de lo social, a riesgo de convertirse en nuevas burbujas efímeras de fraternidad evasiva en medio de un mundo hostil. Una prioridad de la persona sobre los objetos debe traducirse en otras valoraciones sociales, otras responsabilidades ciudadanas, otras prácticas sociales, otros compromisos políticos y otras iniciativas económicas. La evangelización en el mundo de la comunicación globalizada no puede separarse, de ningún modo, de la cuestión de la justicia y del desarrollo. Luego de una década de predominio cultural del materialismo y el individualismo competitivo, necesitamos recuperar la opción de la Iglesia por los pobres y la justicia que, más allá de las urgentes actividades asistenciales a las cuales se abocan gran parte de nuestros esfuerzos, genere una nueva forma de pensar y vivir las relaciones entre los seres humanos.

b) En segundo lugar, sin duda habrá que repensar la catequesis en relación con el proceso de convertirse en persona. La virtualidad, la interactividad y electividad, el policentrismo y la flexibilidad exigen una esmerada atención a descubrir y alcanzar el lugar donde se realiza la subjetividad, que es su libertad. No podemos decir si el hombre del siglo XXI es más libre que el de épocas anteriores. La compulsión a tener para ser con que el capitalismo tortura los cuerpos y las almas no es, precisamente, un rasgo de libertad. El despertar de lo religioso en múltiples expresiones, que ilusiona a muchos, se da no pocas veces bajo la forma de un fundamentalismo más autoritario y feroz que muchos del pasado.

No nos resulta fácil el trato con la libertad. Hay muchas cuestiones muy difíciles, referidas a las elecciones éticas, a situaciones de la vida social y eclesial, etc., que se tornan particularmente críticas y demandan un renovado esfuerzo de diálogo y reflexión. Creemos que no es ignorándolas o rechazándolas como se puede hacer un aporte a la renovación de la cultura según el Evangelio. Con ello, lo único que se logra es el consabido efecto "deserción silenciosa": al poco tiempo de comenzar a integrarse en la vida laboral o universitaria, los jóvenes dejan sus prácticas y pertenencias eclesiales por la puerta de atrás, limitándose a partir de allí, en el mejor de los casos, a una vivencia subjetiva y una práctica muy esporádica de la fe.
La libertad se correlaciona con la educación, entendida esta última no como una burda transmisión de contenidos intelectuales y/o de criterios valorativos desde un lugar de "saber" a uno de "ignorar", sino como el acompañamiento de las personas en el camino de la conquista y ejercicio de su libertad. Y en este sentido, parece que la catequesis tendría más que ver con la contención y sanación, por un lado, y el testimonio y el diálogo por el otro, que con el mero cumplimiento de un "programa" de exposición de verdades enlatadas.

c) El tercer cauce que querríamos resaltar en este trabajo tiene que ver con la cuestión de la trascendencia, punto crítico de esta civiliación de lo idéntico. Trascendencia antropológica, ética y social, sí, pero ante todo trascendencia religiosa. En este punto es que la catequesis puede prestar un servicio insustituible. En una cultura de ganadores y perdedores, que se preocupa obsesivamente por la eficacia, la eficiencia y la excelencia, pero de un modo disociado de los fines y reduciendo el sentido al eterno retorno de lo in-diferente, será nuestra tarea abrir el espacio de lo gratuito y lo cualitativamente nuevo, la contemplación y la fiesta. Si nuestras comunidades e instituciones han incorporado en cierta medida, a lo largo de la historia, criterios eficientistas, relaciones de dominio y prácticas de exclusión, debemos tomar conciencia de que justamente allí es donde nos incapacitamos para la relevancia en el mundo, ya que así le ofrecemos lo mismo... pero a medias. Una respuesta adecuada a esta cultura priorizaría el lugar de la espiritualidad, la intimidad orante y la celebración, en un esfuerzo de depurar estas dimensiones de las modalidades excesivamente disciplinarias a que se han visto atadas históricamente.

Finalmente, forma parte de esta misión de redescubrir la trascendencia un diálogo serio, en orden a una comunión espiritual y religiosa (que no es lo mismo que una relativización doctrinal o una indiferenciación institucional y comunitaria) con las iglesias cristianas y las otras religiones. Ya se ha visto, mediáticamente y también en lo real de muchos seres humanos destruidos, lo que significa la religión como arma mortal. Los fundamentalismos mutuamente excluyentes, lamentablemente, tienen todavía mucho para quitar a la humanidad, y no parece sencillo desmontar esa expresión crispada de miedo y agresividad básica. Pero sabemos bien que la religión tiene otra cosa para ofrecer al mundo: un sentido trascendente, una afirmación incondicional del ser humano, un camino de salvación, un espacio para reconocer la presencia divina en el corazón de la existencia. Verdaderamente, el imaginario según el cual las religiones son una suerte de guerra entre "dioses opuestos" debe quedar atrás. Es decir, que la catequesis debe incluir necesariamente una dimensión ecuménica, una pedagogía del diálogo y el encuentro, un reconocimiento de que no será a través del "triunfo" de una religión sobre las otras que la humanidad se acercará más a Dios. Lo que nos une es lo que nos salva; lo que nos separa es lo que nos mata.

1 Licenciado en Teología (UCA), Productor de Medios Audiovisuales (ORT), terminando la carrera de Psicología (UJFK). Vicerrector del Instituto Pastoral de la Adolescencia, docente de teología y filosofía en diversas instituciones.

 

El sujeto de la catequesis escolar
Leticia Calderón
El presente trabajo de investigación pretende dar una respuesta aproximada al planteo de la accesibilidad del mensaje de la Iglesia a la formas actuales de la inteligencia y la sensibilidad, pero teniendo en cuenta el lugar propio de la escuela. La pregunta se formularía de la siguiente manera: ¿cómo se vive y se transmite la fe en el cuadro de una cultura comunicacional dentro del contexto escolar?. Nuestra reflexión tendrá como eje central el sujeto de esa comunicación catequética, en términos pedagógico-didácticos hablaremos de: alumno.
Las siguientes consideraciones nacieron de la tarea personal cotidiana de catequizar en el marco de una institución educativa en los niveles EGB3, Polimodal y Medio en el área específica de Formación Cristiana. De esta manera, dejamos discretamente delimitado nuestro campo de investigación.

A continuación puntualizamos algunas de las diversas "variables" y condiciones en las cuales se desarrolla nuestra tarea educativa que pueden ser, en cierto modo, generalizables. Identificamos situaciones problemáticas. Y reflexionamos acerca de las repercusiones perceptibles que se insertan en la vida del aula como consecuencia del contexto sociocultural en el que están inmersos todos los actores que de una u otra forma inciden en la acción pedagógica-catequética.

Hacer esto nos parece de fundamental importancia ya que nuestra acción educativa se dirige a personas que tienen unas características conductuales bien definidas y se encuentran inmersos en un medio cultural determinado, los cuales no pueden ser ignorados por quienes tenemos intenciones de educarlos en la fe. Si queremos hacer un análisis realista en torno al sujeto de la catequesis, ya no podemos tomarlo como un individuo aislado, es decir, sin tener en cuenta todos los influjos que recibe del medio en el cual está inserto, ya sea el medio social inmediato (familia, grupo de referencia, grupo de escuela, etc.), o el medio social más amplio o secundario (barrio, escuela, ciudad, etc.). Esto se debe a que la persona humana es un ser relacional por esencia, lo que logre hacer de su propia existencia será configurado no por sus solas fuerzas sino con el aporte de lo que la comunidad humana le brinde, desde la fe afirmamos también que la Gracia Santificante tiene su cuota de participación en el sujeto desde el momento que es bautizado. Aún así, es irrefutable que la persona en sí misma es única e irrepetible y actúa, conformando su propia identidad en un marco de libertad propiamente dicha. El sujeto en cuestión, el sujeto de la catequesis, tiene intereses, conductas, deseos, etc. que no se logran comprender acabadamente más que atendiendo a su cuadro social de referencia, además de sus cualidades propias como persona humana que transita un determinado período vital y posee una interioridad absolutamente singular y propia.

Nuestra primera observación se detendrá en la cultura dominante actual, la cual solemos calificar aún como Postmoderna, ésta presenta unas características bien definidas, algunas de ellas son: el secularismo, entendido como allanamiento extinción de todo sentido de trascendencia de la vida, intenta mantener a los individuos en un plano meramente inmanentista donde lo profano y lo sagrado no se distinguen y la indiferencia religiosa es creciente. Las manifestaciones de la fe que en otro tiempo habían sido soporte de la religiosidad, pierden cada vez más su significado, sobretodo para las nuevas generaciones (misa dominical, procesiones, novenas, etc.)

La paradójica promoción simultánea del individualismo y del conformismo social. Mientras los modernos medios de comunicación nos permiten acceder a la información común mundial y así nos facilitan sintonizar con personas y sucesos ocurridos más allá de nuestras fronteras, se transmiten en estos procesos, focalizaciones unidimensionales que, conducen a percepciones, modos de almacenar la información, sentimientos, etc. organizados de modo semejante, de manera que constituyen, al menos básicamente, de igual modo las estructuras cognitivas de los sujetos "sometidos" a estos influjos. Se da un patrón o estereotipo común tanto para el pensamiento, el lenguaje y el sentir. Esta cultura, se caracteriza también por ser "mediática", es decir que gracias al surgimiento y desarrollo de los modernos medios de comunicación social se ha creado un nuevo lenguaje basado en lo audiovisual, un modo de comunicación diverso al de épocas anteriores. La imagen, lo simbólico, el sonido tienen predominio sobre la palabra ya sea oral o escrita. Esto es de suma importancia para tener en cuenta si pretendemos como docentes-catequistas que lo que enseñamos tenga alguna "cabida" en los esquemas mentales y de comportamiento de nuestros alumnos. La búsqueda de la identidad personal se concreta gracias a la lucha individual por la existencia que sitúa a cada uno en el lugar que le corresponde por sus capacidades y esfuerzos, a la vez que se les demanda ajustarse pasivamente a un único sentido social: la encarnación de las conductas socialmente prescritas. Así se verifica un cierto modo de vestir, los valores y antivalores incorporados, etc. En esta intención unificadora de las conductas sociales, la subjetividad y personalización del individuo se ve amenazada.

El debilitamiento de la autoridad es uno de los factores que más intensamente afectan a nuestras prácticas pedagógicas-catequéticas. Como fruto de un exacerbado individualismo que conduce a los sujetos a hacer todo por pura "elección personal", independientemente de toda tradición, la simple palabra del profesor y de quienes ejercen la autoridad en la institución educativa, no tiene el peso suficiente como para ser aceptado de por sí sin ningún cuestionamiento o crítica previos. La autonomía, no siempre es entendida adecuadamente, sino que ambiciona ser evasión de toda imposición o límite. La desvalorización absoluta de la tradición, provoca en los chicos la censura a priori de toda referencia histórica e institucional de verdades y procedimientos. Esto es notable cuando abordamos temas desde la fe de la Iglesia, la cual está esencialmente arraigada en la llamada "Tradición apostólica". El contenido de la fe católica es un cuerpo de verdades dogmáticas que no se modifican sustancialmente. Se progresa en su comprensión cualitativa y ha sido transmitida desde los comienzos en su núcleo primordial tal como fue recibida por los apóstoles y comunicada por medio su predicación. La Verdad Revelada es absolutamente incuestionable y nos ha sido dada, no descubierta por el propio esfuerzo racional del hombre.

Pasando al análisis de la escuela como grupo secundario de socialización, podemos hacer una doble distinción: en cuanto institución educativa en sí misma, los climas y la cultura institucional propia y el ámbito del aula, donde el acto de enseñanza aprendizaje ocurre comunitariamente en un contexto dinámico en el cual se entrecruzan un sinnúmero de intercambios afectivos, cognitivos y conductuales y además se vivencian diversas experiencias comunicativas, situacionales y experienciales. Nadie cree solo, así como nadie se ha dado la fe así mismo.
Si la finalidad de esta última, según el Catecismo de la Iglesia Católica, es "conducir a la comunión con Jesucristo... alcanzar un conocimiento amoroso de Él", habremos de apropiarnos todos los medios que favorezcan ese fin, asumir todo rasgo positivo de nuestra cultura.
Muchas veces hemos identificado el objeto de la fe y por tanto el de la Catequesis con el conocimiento dogmático de las verdades reveladas. Esto nos ha obligado a exclusivizar las formas de Educación en la fe en el uso de la palabra. Hoy constatamos que dicha palabra -en términos generales- ha perdido gran parte de su valor; no tanto en sí misma, cuanto en la falta de motivación que su abuso lleva consigo. Además el lenguaje sagrado va dejando paso al secular en este avance de disminución de la religiosidad.

Las formas de expresión basadas de modo preferente en la palabra ocupan un gran porcentaje de la catequesis; sin embargo, creemos importante tender hacia formas en que los diversos lenguajes (visual, sonoro, corporal...) constituyan una unidad expresiva total.
Ciertamente es Dios quien nos salva en Jesucristo, pero esto no nos libra de poner en juego todo el dinamismo espiritual de la persona así como todos los dinamismos de las diversas metodologías.¿Qué resonancia pueden tener los enfoques, doctrinales, en una persona como la del adolescente, llena de subjetividad en todo lo que le concierne? De hecho, hoy día, el sujeto de la educación relativiza las cosas, sobre todo si éstas no atañen directamente a su existencia.Lejos de quedarse anclada en el anuncio de los grandes principios y las abstracciones, la labor catequística ha de llegar al catequizando desde él mismo, desde su persona, su experiencia y su momento histórico concreto. En esta catequesis considerada como acto de comunicación interpersonal, el alumno podrá llegar a asimilar criterios y valores sobre la experiencia solamente si se le hace "significativa", es decir, si se siente implicado en ella y tiene sobre su vida algo a lo que responder de modo personal.

Si para el cristiano la revelación ha de suponer la irrupción de Jesús en su vida, importa, desde el punto de vista catequístico, que llegue a través de las formas actualizadas que puede tomar la revelación: es el mundo y su problemática actual la que importa como lugar teológico de realización de la fe.

Los mensajes captados por vía intelectual y de estructuración sistemática pueden quedar todavía como un añadido al conjunto de conocimientos que los alumnos van adquiriendo en otras materias escolares; pero sobre todo corren el riesgo de no integrarse a la persona de manera dinámica. El KERYGMA no puede ser anuncio verbal solamente; el misterio de Cristo operando en nosotros tiene un dinamismo que no pueden poseer cabalmente los sistemas de conceptos.

No hay la menor duda de que la comunicación de las fórmulas, las leyes y las costumbres cristianas es indispensable, y dicha comunicación depende de que se disponga de una buena didáctica y metodología, y hasta del arte de la oratoria y las técnicas audiovisuales. Ciertamente, hay una primera necesidad absoluta y de orden material: la Palabra de Dios necesita canales y medios para expresarse. Pero sería de un materialismo verdaderamente curioso el reducir nuestra necesidad a la función de meros conductos. Existe otra exigencia imperiosa a la hora de comunicar la fe: la de ser santos. Todo creyente ha de reflejar en su ser, tanto espiritual como corporal, la inhabitación trinitaria.

Después de este análisis de las diversas variables sociales y culturales que afectan al sujeto de la catequesis, llegamos a la conclusión de que, en última instancia, el contraste entre fe y cultura es bastante opuesto. La dificultad de lograr en los chicos una auténtica adhesión a la fe recibida en el bautismo, es enorme si atendemos a todo este bagaje cultural y vivencial del que son portadores y activos operarios.

Cuando abordamos cuestiones de fe en la catequesis, sabemos que no sólo tomamos contenidos conceptuales específicos (doctrina católica, verdades de fe, etc.), ni enseñamos habilidades propias que responden a ciertos ritos religiosos (oraciones, cantos, los pasos necesarios para celebrar el sacramento de la Reconciliación y de la Eucaristía, etc.), sino que abrimos, en una interacción dialógica con el sujeto aprendiz, la perspectiva de la Revelación divina dada a conocer en plenitud por Jesucristo. Queriendo inducir así a los alumnos a la adhesión vital de los valores evangélicos. La fe en sí misma es la aceptación de testimonios, es decir, de palabras y hechos a los cuales uno se adhiere no por ser evidentes, sino por la autoridad de quien lo afirma. Nada más contrario a la cultura postmoderna. Los chicos reclaman testigos, es decir, quieren ver personas que traduzcan en acciones reales y sinceras la fe que profesan. Si no ven, no creen, demandan pruebas de fe vivida a la manera de los resultados que se constatan en el laboratorio. En este sentido, tienen esquemas de pensamiento que se asemejan a los paradigmas empírico analítico de las ciencias positivas. No aceptan leyes generales, sino que parten de los casos concretos, recorriendo un camino de inducción. Formulan la regla a partir de los casos y no admiten excepciones a la regla. Demuestran, asimismo dificultad a la hora de reflexionar e interpretar textos, hechos, conductas, etc. a la manera de los modelos humanista-interpretativos. Buscan una finalidad utilitaria de sus aprendizajes, en el sentido técnico y de beneficio económico, si lo que se les transmite no lo pueden traducir en un acción concreta inmediata y o que les reditúe económicamente, no sirve, por lo tanto lo desconsideran, no lo asimilan significativamente; no pueden, no responde a sus intereses vitales. Una razón más por la cual, los chicos, no siempre están bien dispuestos a recibir esta formación catequística que les parece algo tan fuera de lo real y cotidiano.

El papel profético del educador de la fe no puede consistir sólo en anunciar verbalmente lo que anteriormente ha aprendido, sino tener y promover, en primer lugar, la experiencia de la fe; y en segundo lugar en expresar lo que constituye la revelación. Por lo tanto, la catequesis no puede reducirse a la mera transmisión de materia dogmática a modo memorístico. Sólo el testimonio vivo de que Jesucristo resucitado está presente en la comunidad de los bautizados, será el sello del clima humano que mejor propicie aprendizajes verdaderos. Toda situación enseña, no sólo lo que acontece en el aula programado por el profesor con la finalidad de ser aprendido. El mayor reto por parte de los educadores en la fe es, a nuestro entender, ser auténticos modelos de una vida cristiana vivida con sencillez y alegría, además de poseer la ciencia que nos compete. Nuestra intencionalidad educativa, no ha de tener otra meta que la de forjar hombres y mujeres de Bien, capaces de construir la "civilización del amor" de la que Juan Pablo II habla, en el horizonte de la fe cristiana.

 

Para no seguir pescando en la arena
Hna. SIOMARA GARRO, Pbro. FRANCISCO BISIO, Srta. MA. CATALINA CABRAL, Sr. JOSÉ MIGUEL LUNA

"El maravilloso arte de comunicar la Palabra de Dios con un lenguaje comprensible y significativo"…
Con esta afirmación se abre el libro "La Catequesis en América Latina.1" Que destina todo un capítulo a profundizar en este "arte" afirmando que LA CATEQUESIS ES COMUNICACIÓN.

Importa, entonces, que como oyentes de la Palabra y servidores cualificados en su siembra revisemos nuestra praxis y recojamos los planteos, cuestionamientos y desafíos que nos hacen y que nos hacemos en este proceso de educar en la fe. Desde la articulación catequesis-comunicación hacemos este aporte.
Es necesario, que escuchemos y prestemos atención a las voces, los gritos, las incomodidades y malestares que se levantan desde las prácticas catequísticas en lo que respecta a la comunicación, al lenguaje y a la calidad de los procesos que, con tanta buena voluntad, anhelamos acompañar.

La Catequesis debe llevar a un proceso de conversión, crecimiento permanente y progresivo en la fe2 que sólo se realiza en la vida concreta de las personas y en su historia, que interpela la existencia humana en todas sus dimensiones y exige una respuesta de compromiso en el creyente que lo convierte en testigo.
Ahora bien, a nivel de discurso lo comprendemos, pero ¿cuál será el modo de presentar el acontecimiento salvífico a través de la catequesis? ¿Cómo comunicar de la manera mejor y con el grado mayor de excelencia este mensaje?

Para iluminar este planteo creemos conveniente partir del cuento del "VIEJO PESCADOR":
Aguas abajo del río vivía un viejo pescador.
En su juventud había sido el mejor pescador de la comarca y, a veces, se enorgullecía entre los demás pescadores diciendo: " Yo pesco hasta donde no existen peces..."
Todas las mañanas echaba sus anzuelos en el mismo sitio; pescaba en las aguas profundas desde una gran roca. No existía para él otro sitio para pescar.
Sucedió que en un verano cayeron lluvias torrenciales que hicieron crecer en forma desmedida el río y éste cambió de cauce. El sitio donde habitualmente pescaba se convirtió en una gran playa de arena.
Él no supo o no quiso saberlo y siguió yendo a pescar en el lugar de siempre.
Dicen que da pena ver a aquel hombre, ya viejo, medio ciego y hablando solo, queriendo pescar donde sólo hay arena.
(cuento narrado por el catequeta mexicano Pbro. Francisco Merlos Arroyo).

Desde nuestra reflexión como pastoralistas nos hacemos algunos planteos que aparecen como "desafíos" y los recogemos para no seguir pescando en la arena como el experimentado pescador del cuento que no alcanzó a percibir el cambio que se había producido en aquel lugar del que se había apropiado; ese lugar que tanto conocía y amaba.

Somos concientes de que vivimos el desafío de "un cambio de época y no sólo una época de cambio" 3 que pone en situación de crisis la propuesta del Evangelio en la cultura emergente. Por otra parte, queremos ser fieles a la llamada del Santo Padre que nos invita a asumir la Nueva Evangelización como la mejor contribución que la Iglesia puede ofrecer para superar estos tiempos difíciles4 y transformar la realidad con la novedad del Evangelio.

Los paradigmas han cambiado y nos están exigiendo una nueva mentalidad en actitudes y opciones.
¿Cómo comunicar el proyecto del Evangelio del Reino en la catequesis? Tenemos muy claro el "Qué" del mensaje catequístico, el contenido doctrinal, pero la práctica nos reclama que no logramos acertar con el camino que lleva a la experiencia vital de encuentro con Jesús, la experiencia que cambia y transforma la vida.
Seguimos "pescando en la arena" cuando insistimos en un "estilo operativo sin futuro" desde la pastoral tradicional. Un estilo donde predomina la práctica devocional y sacramental, la pastoral intraeclesial y centrípeta, con una fuerte polarización clerical y lastre institucional; un eclesiocentrismo y desde una actitud de autosuficiencia"5.

En el capítulo 7 de La Catequesis en América Latina se nos advierte que "uno de los problemas más graves que enfrenta la catequesis hoy es el de la comunicación, que ésta es pobre y sin calidad, que se utilizan lenguajes que nadie entiende, que se dirige a auditorios que ya no existen y responde a preguntas que nadie tiene o a problemas que nadie vive"6.

En la genuina tradición veterotestamentaria muchas veces hemos descubierto el camino del Pueblo de Dios como un "narrar su fe", pero convengamos que también nosotros hemos perdido la magia del narrar que el mismo Evangelio tiene cuando articulamos la expresión litúrgica "en aquel tiempo" con el tiempo presente de la situación de cada persona que está iluminando su propia existencia con el mensaje de Jesús.
"Mientras el mundo ha puesto en su centro a la comunicación humana por preocupación, interés, dominio e influencia sobre mentes y comportamientos, mientras nos admiramos del poder de la comunicación sobre los demás poderes, mientras periodistas, publicistas y,telecomunicadores y expertos en informática han convertido el mundo en una aldea, la Iglesia y la catequesis siguen atrasadas en sus formas de comunicar, no logran llegar al profundo de la vida y de las personas, hay un sentimiento de impotencia. Teniendo un mensaje de gran calidad y actualidad no sabemos cómo entregarlo. Lo entregamos sin fuerza o no lo entregamos de ninguna manera.

El Evangelio queda en desventaja con relación a otros muchos mensajes que se proclaman" 7
Tenemos un camino que ha sido dador de mucha vida a familias y comunidades: la catequesis familiar, pero que hoy se la está presentado -o mejor desvirtuando-, como un nuevo "lecho de Procusto" donde quienes no entran exactamente desde las pretendidas condiciones exigidas se lo estira hasta matarlo o se le amputan las diferencias. El resultado está claro. La catequesis familiar está siendo desechada y desvalorada porque se la presenta como camino de exigencias que sólo pueden cumplimentar unos pocos. Así se tiene una experiencia de comunidad expulsiva, no acogedora y meramente legalista.

Este camino que aportó tanta vida nueva en nuestras comunidades, hoy se lo está presentando como reuniones en las que se le indica a los padres, la manera de "enseñarle" mejor al niño, cuando todos sabemos que el fin de la catequesis familiar es la opción prioritaria de catequesis con adultos.

¿Estamos siendo veraces y fieles cuando tergiversamos o callamos aspectos de los caminos que proponemos para acompañar la fe? ¿Estamos siendo fieles al genuino camino de la catequesis familiar cuando en los manuales el centro lo está ocupando el contenido doctrinal para el niño y se va desdibujando el camino que hay que transitar primeramente con los adultos padres?

Tenemos que inculturar el mensaje de Jesús en un mundo que se caracteriza por "leer poco, escuchar mal, mirar mucho y no pensar " 8.

Revisando nuestras prácticas catequísticas advertimos que llegamos con un mensaje muy verbalista, escolarizado, donde casi todas las actividades se resuelven en escuchar el mensaje del catequista, leer y comentar textos, contestar preguntas, exponer pensamientos por escrito o en forma de plenarios, completar y realizar una serie de actividades que en nada difieren de las de la escuela. Y esto, en un mundo que lee poco, escucha mal, mira mucho y piensa poco o nada…

Creemos que aquí debemos detenernos para mirar y aprender de la actitud fundante de publicistas y de la teoría del marketing. Preguntarnos y aprender cómo y qué hacen para llegar con un mensaje y que se lo acepte e incorpore a la vida. Cómo hacen para satisfacer necesidades reales eligiendo un producto y una marca, y cómo hacen para crear como necesarias, necesidades que no lo son.
La actitud básica de los publicistas supone "meterse en la cabeza de la gente"9 y sus necesidades.
Pensemos en Jesús como comunicador, pensemos en lo que dice Pérez Gaudio de los publicistas y entendamos la necesidad de tener presente los diversos "públicos" a los cuales hay que atender, informar, llegar con el mensaje y transformar.
El círculo de públicos de Jesús fue amplio y variado: constelaciones de personas que podemos identificar perfectamente y nombrar: el grupo reducido de los 12 apóstoles-, el de los 72 discípulos, el círculo amplio y masivo de la multitud, el personal de Nicodemo, de la Samaritana o de Zaqueo. El de grupos reducidos, pero siempre con un mensaje en lenguaje directo y totalmente orientado: el público de su Madre y sus familiares; el público de los fariseos, el Sanedrín, los Herodianos, los saduceos, los sacerdotes… a todos y con todos llegó con un mensaje directo, explícito, cuestionador, tan comprensible y significativo como una parábola, como cuando hablaba de los pájaros del cielo y de los lirios del campo, o tan elocuente como cuando no le respondió a Pilato en la parodia del juicio al que lo estaba sometiendo.

En última instancia, el móvil de los publicistas y de la publicidad es crear necesidades a fin de que la gente consuma, compre y gaste… como un nuevo "Rey Midas" que todo lo que tocaba se trocaba en oro, la intención de la publicidad es llenarse de oro. Ganar.

Ahora bien, ¿cómo podemos poner el tesoro, el oro del evangelio como necesidad y no como lujo superfluo en el corazón de todo el pueblo? ¿Cómo hacer para que el camino de la catequesis no sea un barniz superficial, sino una respuesta vital que satisfaga aportando un sentido nuevo y transformador la vida de las personas y las comunidades?
El P.Alberich, en la obra que hemos citado, nos entrega pistas para abandonar ese estilo operativo sin futuro de la pastoral tradicional y convertirnos a un proyecto de pastoral de evangelización: será, entonces, el servicio al Reino para superar el eclesiocentrismo, el reequilibrio de los signos evangelizadores para superar lo sacramental y devocional, el restaurar un proceso evangelizador para superar la concentración intraeclesial y la necesidad de una iglesia más carismática que institucional para superar el clericalismo y el lastre institucional10.

Evidentemente, estamos planteando cambios en este cambio de época…, pero ¿Cómo vamos a administrar la angustia que generan los cambios, la inestabilidad y la ansiedad que nacen en las personas y en los grupos y comunidades? ¿Cómo orientar y direccionar estos procesos de cambio?

Al hacernos estas preguntas estamos pensando concretamente en los "pastores" sacerdotes y catequistas que necesitamos que administren y piloteen la crisis que suponen los cambios.

Los gritos y malestares que identificamos desde la catequesis nos sensibilizan en orden a la necesidad y urgencia de un cambio. Cambiar porque nos damos cuenta que estamos comunicándonos mal, no llegamos, no transformamos.

El cambio urge, pero abandonar la experiencia conocida nos da miedo11 . Seguimos aferrados al "siempre hemos hecho así y tan mal no nos ha ido". Luego de evaluaciones y tomas de conciencia, seguimos proponiendo lo mismo creyendo que, sólo con más ganas y convicción, solucionaremos los problemas. El problema sigue estando y no nos animamos a provocar y establecer el cambio y la transformación.

REFLEXIÓN VIVENCIAL DE UN AGENTE PASTORAL
Como Agente Pastoral comprometida y trayendo en este momento toda la experiencia que he adquirido en mi trabajo comunitario en la Catequesis familiar (específicamente el trabajo con los niños), reconozco y confirmo esta necesidad que surge de rever el modo y los métodos que se utilizan en este espacio de evangelización.
Observé siempre cómo se desperdiciaba esta área tan rica en conocimiento y vivencias, pero solamente porque las cosas se hacían de la misma forma, quedándome en la posición cómoda de sólo hacer foco en el contenido y en la transmisión de dicho contenido, dejando de lado todo lo que podía hacer más palpable la presencia de Cristo Resucitado, es decir, mi propia historia como testimonio.

Por experiencia propia, la frustración que sentía era muy grande, y el no saber cómo comunicarme con los demás generaba en mí un sentimiento de dolor y disminuía mi potencial en mi actividad pastoral. Después de varios momentos de crisis personal y comunitaria que producía ese hecho, encontré una nueva propuesta. A ésta, quise desafiarla con todos mis "conocimientos teóricos" y me negaba a la misma, pero descubrí a partir de ella, que el cambio sólo se da a través de un nuevo modelo de comunicación.

Me di entonces la oportunidad de vivir este proceso de cambio, de comprobar en mi propia historia que era verdad que en mis expresiones anteponía mi mente, impregnada del virus de la mediocridad, con impaciencia, supuestos, teoría con crítica y recién después me expresaba con mi corazón, pero ya era demasiado tarde; había destruido, con mi mala comunicación, a muchos.

Descubrí que todos mis diálogos eran negativos, el no (como negación permanente) predominaba siempre, aprendí entonces que era necesario tener un lenguaje positivo y motivador que alegre e incentive a la acción y no a la reacción.

Aprendí que, reconociendo mi existencia, valoro y priorizo la existencia de los demás y desde allí hago más tangible la presencia amorosa de Dios Padre en mi propia historia.

Entendí que culpar a los demás y culparme a mí misma por todo lo negativo, no tenía sentido, sólo tensionaba al resto y me desgastaba, quedándome en el sentimiento de delegar a los demás lo que yo tenia que decidir en mi propia vida.

Desde este proceso nuevo, desde este nuevo modelo de comunicación que ejercité y pongo en práctica hoy en día en mi vida personal y en mi trabajo comunitario, me doy cuenta que definitivamente el cambio dependía de mí, no en sí de mi entorno; yo estaba en un error, reconocerme y darme la oportunidad de poner en práctica esta nueva manera de comunicarme me abrió el corazón para comprender que, sólo desde mi vivencia personal y desde allí teniendo una nueva comunicación con Dios y con mis hermanos, puedo catequizar y predisponerme a los cambios que sean necesarios; para que la Buena Nueva sea anunciada a todos los seres.
Antes sí era esa pescadora en la arena, hoy soy un pescadora dispuesta a hacer uso de la tecnología y de la formación necesaria, para hacer foco, con alegría, en la construcción y el anuncio del Reino.

PROPUESTA . MODELO DE COMUNICACIÓN: LIDERAZGO ESENCIAL
Este modelo parte, en primera instancia de un reconocimiento de las potencialidades, carencias, debilidades del Agente Pastoral y también de su estilo de pensamiento y comunicación. En un segundo momento, se realiza un proceso de revaloración personal, fortaleciendo la vivencia cristiana. Y en tercer lugar, luego del reconocimiento y la revaloración de sí mismo y de su estilo de comunicación, promovemos el replanteo de metas y objetivos (visión) para realizar, de manera eficaz, la práctica pastoral ( misión) y así lograr el fin esperado: recomenzar, con la maravillosa y milagrosa acción de vivir el Evangelio como propio.

Consideramos que para liderar, no debe haber modelos establecidos, debe existir una adaptación espontánea según el grupo humano que tengamos al frente. Sabemos que no es lo mismo dirigir, que educar, apoyar o delegar y que con un nuevo modelo de comunicación es posible utilizar estas instancias para alcanzar así el tan anhelado liderazgo de amor y de servicio.

También, esta propuesta ,tiende a identificar la función del verdadero trabajo en equipo a partir del descubrimiento de la evolución pasando primero por conjunto, en segunda instancia por grupo, para llegar así a lo que es el auténtico y esencial trabajo en equipo.

Este programa de formación desarrollado y probado, se lleva a cabo en módulos semanales en los cuales se invita a cada participante a realizar un trabajo de introspección y desde allí que descubra su propio modelo de comunicación, impregnado de mandatos y prejuicios sobre sí mismo y sobre los demás.

Nuestra tarea como formadores, se basa en mostrar modelos de comunicación existentes, los estados interiores, los dramas de control, etc., utilizados para obtener resultados.

Acompañamos al participante a desenmascarar el modelo de comunicación impregnado de negatividad y a reconocer las dos grandes fuerzas que tensionan para dirigir a todo ser humano. La primera fuerza es la mente que busca resultados, aprobación, reconocimiento, y que sólo actúa en la comunicación periférica. La segunda fuerza es el corazón cuya esencia es el AMOR, el silencio, la contemplación y la entrega incondicional.
De esta manera, logramos como resultado, que la mente deje de dirigir y someter al corazón cumpliéndose así nuestra principal premisa: enviar el corazón adelante y que la mente lo acompañe sirviéndole como herramienta fundamental de comunicación.

"Asegúrense de que su vida cante la misma melodía que su boca"
San Agustín

1DECAT-CELAM: LA CATEQUESIS EN AMÉRICA LATINA. Trejo Ediciones, Córdoba. 1999.
2CONFERENCIA GENERAL DEL EPISCOPADO LATINOAMERICANO. Doc. PUEBLA, Nº 998.Ed.S.Pablo, 1979
3CONFERENCIA EPISCOPAL ARGENTINA, NAVEGA MAR ADENTRO. Nº 24. Of. Del Libro, 2003.
4Idem. Nº 21
5ALBERICH, E. CATEQUESIS EVANGELIZADORA. Ecuador. 2003. Págs. 35-38
6DECAT-CELAM. LA CATEQUESIS EN AMÉRICA LATINA, Trejo Ediciones. Córdoba. Pág. 127.
7Idem, Nº 131
8PEREZ GAUDIO, Miguel: SABER HACER Y DEJAR PENSAR . Educación para la Comunicación. Fotocopias.1995. (apuntes para especialización profesionales de post-grado)
9PEREZ GAUDIO, Miguel: REDEFINIENDO EL ROL DEL COMUNICADOR SOCIAL. Fotocopias, pág 36
10ALBERICH. O.Cit. págs. 39-43.
11DI GREGORIO, Adrián: EL DIAGNÓSTICO DE LA ACCIÓN PASTORAL: HACER EXPERIENCIA DE LO DESCONOCIDO. Revista Vida Pastoral Nº 243, set/oct.2003

Observatorio

"El Observatorio Social de América Latina (OSAL) es un programa especial iniciado por el Centro Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO) a partir de febrero de 2000 orientado a promover y a aportar elementos para una reflexión crítica sobre las diversas realidades sociales de nuestro continente y, especialmente, sobre las diversas formas que asume el antagonismo social en nuestras sociedades.

El mismo tiene por objetivo brindar elementos para una reflexión crítica, histórico-estructural, sobre las nuevas realidades de las sociedades latinoamericanas, signadas en las últimas décadas por la aplicación de políticas de corte neoliberal. En esta perspectiva el OSAL aspira a estimular el análisis y la reflexión sobre las distintas formas que asume el antagonismo social en nuestras sociedades y sobre las características que presentan los distintos movimientos sociales en la región.

Dicha tarea se inscribe, además, en la voluntad de contribuir a la renovación y revitalización del pensamiento social latinoamericano y, en particular, de los estudios acerca de los movimientos sociales. Por la temática citada el programa aspira también a construir un espacio de intercambio entre los propios investigadores y entre éstos y los movimientos sociales y políticos."
1

Por la filosofía que lo inspira y por su metodología de trabajo, el OSAL es un desafío colectivo para construir una verdadera red de trabajo del conjunto de los investigadores y centros miembros de CLACSO. El Observatorio permite, en consecuencia, registrar permanentemente la información relativa a la evolución de la situación social en los países de América Latina y el Caribe.

Los siguientes elementos configuran este método de investigación interactuando convenientemente en orden a los objetivos que le son propios:

El estudio de casos y experiencias: Este procedimiento, muy habitual en las Ciencias Sociales, permite centrar la "observación" en torno a alguna temática emergente. A través del análisis objetivo de la realidad es posible aproximarse, con bastante certeza, a las verdaderas razones de los conflictos o dificultades que se producen en relación con dichas temáticas y, también, abrir nuevas perspectivas teóricas referidas a las cuestiones estudiadas.
Los documentos: Nos referimos aquí a las resoluciones, fragmentos, artículos y otros tipos de documentos que hagan referencia a la temática abordada.
La cronología: Aquí es posible, fundamentalmente, visualizar la secuencia del proceso, es decir cómo se fue dando a través de un recorte temporal determinado la temática en cuestión. Se configura a través de la permanente consulta a diferentes fuentes. Entre ellas, los medios gráficos.
Los debates teóricos: Presentan distintos abordajes y herramientas conceptuales en torno a la valoración y comprensión de las configuraciones sociales actuales. De esta manera es posible enriquecer los tres elementos anteriores y contribuir al imprescindible debate sobre los marcos teóricos que nos permitan interpretar las cuestiones sociales.

Esta experiencia promovida por CLACSO ha sido recogida, en los últimos tiempos, por otros organismos dando lugar a estudios diversos. Por ejemplo, la Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires, a través de su Facultad de Ciencias Sociales, ha creado recientemente un "Observatorio social" con los siguientes objetivos:

Explorar el estado de situación de observatorios análogos y elaborar un banco de datos.
Explorar el estado de situación de las problemáticas sociales, políticas y económicas en la región.
Diseñar y construir instrumentos de recolección y de medición.
Construir indicadores cuali - cuantitativos para describir el estado de situación.
Diseñar y ejecutar claves de almacenamiento de información.
Hacer pública la información obtenida y dar claves de comprensión para orientar acciones del gobierno y de la sociedad civil organizada.
Interactuar con otras redes, foros y espacios de encuentro e intercambio de conocimiento sobre movimientos sociales.
El Ministerio de Educación, Ciencia y Técnica de nuestro país también ha dispuesto la creación de un "Observatorio curricular" que releve el estado de situación de los lineamientos y diseños curriculares provinciales.

Durante las III Jornadas Nacionales de Catequética, uno de los expositores, el Pbro. Dr. Marcelo González, poco antes de concluir su ponencia, propuso la creación de un "Observatorio catequístico". Él fundamentó su sugerencia en la certeza de que la catequesis es un lugar privilegiado de emergencia de toda la sociedad y de toda la Iglesia. Afirmó, sin embargo, que esa emergencia nunca se transforma en discurso y nunca pasa a otras instancias. Nunca pasa, por ejemplo, a la teología... 2

Según esta sugerencia, es posible llegar a descubrir la entidad de "acontecimiento eclesiológico de primer orden" que tienen algunas crisis, dificultades y conflictos que se reiteran en la catequesis. Se trata de apreciar el valor que esos hechos tienen en cuanto problemas generalizados y no meramente subjetivos y aislados.

El método de "Observatorio" parece ser el indicado en estos tiempos de transición: no se sabe concretamente qué se está mirando, pero allí donde se mira ( en la vida concreta de la Iglesia) es posible descubrir qué está emergiendo de Dios y las falencias y aciertos de la Iglesia y de sus ministros.

En este camino de diálogo con la teología que el ISCA ha iniciado lentamente, desde hace unos años, éste parece ser un lugar para el encuentro. Parece posible aquí volver sobre lo vivido, volver sobre la práctica catequística para observarla, confrontarla con los debates teóricos de teólogos y catequetas para hacerla luego praxis fecunda y transformada.

Por otro lado, el tema de las III Jornadas Nacionales de Catequética parece ser un buen inicio para la aplicación del Observatorio, dado el talante sociológico - cultural que le es inherente. El Observatorio proviene de las Ciencias Sociales. Ellas recurren a este modo de mirar y de investigar. Sin embargo, como hemos visto, otros ámbitos del saber ya han recurrido a él. No parece, por lo tanto, desacertado que la catequética se valga también del Observatorio, pues su método debe corresponder a la variedad de dimensiones y aspectos que presenta la catequesis, como proceso y como acto.

La catequética se configura como un saber pludisciplinar, ya que recurre a una multiplicidad de métodos y procedimientos científicos:
técnicas de conocimiento y análisis de la realidad ( psicológicas, sociológicas, históricas);
instrumentos hermenéuticos de interpretación y discernimiento ( sobre todo teológicos y filosóficos);
métodos de proyectación y organización catequética ( metodología pastoral, pedagógica, didáctica);
técnicas de expresión, comunicación, interacción, animación de grupos;
sistemas de evaluación y reproyectación operativa, etc.

Sin embargo, nadie ha hecho aún la experiencia del "Observatorio catequístico". En este ANEXO nos hemos limitado a hacer una breve referencia a algunas características y elementos del "Observatorio social". Es obvio que, como servicio a la catequética y a la teología, el "Observatorio catequístico" tendrá sus notas y objetivos propios y habrá que hacer algunas adaptaciones al método original.

Quedan, por lo tanto, planteadas dos cuestiones importantes:
¿Cuáles son esas adaptaciones necesarias para conferir al Observatorio la especificación de "catequístico"?
¿Quiénes asumirán la propuesta para responder a la temática de las Jornadas o a alguna otra que se considere relevante? ¿Cuáles son los ámbitos catequísticos de nuestro país en los que esta propuesta puede hacerse fecunda? ¿Las diócesis? ¿Los centros de formación de catequistas? ¿Las Juntas? En este punto, es conveniente resaltar que, como decíamos unos párrafos más arriba, según la filosofía que lo inspira, el Observatorio pretende ser una verdadera red de trabajo del conjunto de los investigadores.

1Del sitio web del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales ( CLACSO): www.clacso.edu.ar
2De la exposición del Pbro. Dr. Marcelo González durante las III Jornadas Nacionales de Catequética.

Web
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