Documento de Trabajo

Introducción
A lo largo de los últimos años el Instituto Superior de Catequesis Argentino ha venido planteando la prioridad del imprescindible diálogo entre la catequesis y la teología. Desde las Iº Jornadas Nacionales de Catequética se nos han propuesto perspectivas y núcleos diversos para instalar, promover y consolidar ese diálogo como servicio a una praxis catequística fecunda y transformada.
En el año 2000 tuvimos ocasión de aproximarnos al estado de la cuestión, en clave de diálogo. Así pudimos visualizar y ponderar los siguientes escenarios:

El ISCA en el marco de la investigación catequética en América Latina.
Los catecismos y la teología en perspectiva histórica (desde el siglo XVI al siglo XX)
La pastoral y la teología desde el Vaticano II.
Los desafíos actuales a la catequesis.

Después de esta aproximación abarcativa, continuamos avanzando en la explicitación de posibles tópicos para el diálogo. En continuidad con las primeras Jornadas en las que, entre los desafíos de la catequesis, el Padre Roberto Viola afirmaba que "… la fe es universal y válida siempre", destacando a la vez que "cada expresión de fe tiene lugar y fecha", nos planteamos la temática de las segundas Jornadas. La línea de continuidad quedó determinada por la paradoja de una fe, siempre situada entre reclamos de universalidad e inculturación.
Así el tema se contextualizó en el 10º aniversario de la publicación del CATIC, instrumento universal para la transmisión de la fe, que requiere necesariamente de los catecismos locales como instrumentos de inculturación.
El entusiasmo y el compromiso de los jornadistas y, fundamentalmente, las líneas propuestas para la continuidad del proceso animaron la búsqueda y aceleraron el programa bi-anual que estaba previsto para la frecuencia de estas jornadas.
Para continuar avanzando ellos propusieron "seguir profundizando el diálogo entre teología y catequesis, como un proceso de mutua alimentación, reflexionando en los siguientes binomios:

Revelación y cultura.
Inculturación de la fe y catequesis
Catequesis y nuevos paradigmas ( en el contexto de la cultura de la incertidumbre y lo impredecible)"2

Se hizo preciso, entonces, abordar la temática de las III Jornadas en sintonía con estas propuestas, integrándolas orgánicamente. El sujeto de la catequesis en la cultura comunicacional, como perspectiva integradora, recoge los binomios anteriores agregando, además, a la cultura actual una especificación 3 cuyo análisis y ponderación pueden aportar interesantes implicancias a la ciencia catequética. Por eso, a partir de las III Jornadas Nacionales de Catequética, nos proponemos…

Generar la vinculación con temáticas relevantes y significativas para el mejoramiento de la pastoral catequística.
Promover la reflexión desde los emergentes socio-culturales de nuestro tiempo y la comunicación del Mensaje Evangélico.
Contribuir al pensamiento catequístico nacional focalizando la mirada en el sujeto interlocutor del Mensaje y los procesos de inculturación.
Determinar cuáles son los factores facilitadores para el desarrollo de esta acción.

Desarrollo
Las exposiciones de los tres conferencistas 4, la bibliografía de apoyo 5, la riqueza de los plenarios y la reflexión en las diversas comisiones de trabajo favoreció la configuración de una aproximación diagnóstica, a través de la cual se reformuló el tema de las Jornadas en los siguientes términos:

La no siempre clara identificación de cada uno de estos sujetos: el sujeto de la catequesis - el catequista como sujeto - la Iglesia como sujeto.
La inserción del sujeto de la catequesis en esta sociedad y su confrontación con la propuesta exitista, banal e impersonal que ella le ofrece.
La fragmentación del sujeto, que es impactado por lo propio de una sociedad de la comunicación generalizada y del consumo.
Los sujetos excluidos del sistema (de la economía, del trabajo, de las instituciones, del acceso a bienes sociales y culturales, de la misma familia)
El incremento de "lo descartable" en relación con los catequistas como sujetos.
La falta de diálogo, el quiebre de los relatos y la ruptura de vínculos.
La difícil visualización de modelos válidos y útiles posibles.
La deshumanización que caracteriza a la sociedad capitalista.
La fragmentación de la sociedad, en términos de brecha social.
La falta de conocimiento profundo del mundo actual, como obstáculo para una auténtica actitud dialogal.
La escasa incorporación de los aportes de otras ciencias a la confección de modelos pastorales.

Esta aproximación derivó en la siguiente caracterización. Con la mirada puesta en el sujeto de la catequesis y atendiendo a la cultura comunicacional, se delinearon los siguientes rasgos organizados en torno a tres ejes y concebidos como reclamos de la cultura actual a la pastoral catequística:

a) Iglesia y espíritu de comunión: Desde este eje se pensó en una pastoral catequística...

- Vivida y pensada en la búsqueda urgente de una nueva identidad eclesial.
- Facilitadora de la experiencia y de la espiritualidad de la comunión.
- Significativamente inserta en la comunidad en la que se realiza, más allá de los personalismos y con una auténtica actitud de diálogo.
- Capaz de superar concepciones que la reducen a lo institucional, a lo sacramental o a lo metodológico.

b) Experiencia humana: Desde este eje se pensó en una pastoral catequística...

- Atenta a las experiencias plurales y consciente de que la unidad no es uniformidad.
- Provista de un lenguaje común e inclusivo, como requerimiento para lo cotidiano y lo litúrgico.
- Capaz de acompañar, contener, ayudar a discernir y a dar "el salto" del infantilismo a la madurez de la fe.
- Abierta a considerar la significatividad de las mediaciones y a su reformulación desde una visión que señale lo positivo.
- Capaz de valorar y de incluir las enseñanzas de la Doctrina Social de la Iglesia, el compromiso político, la ética ciudadana, lo estético, lo corporal, la ecología y otros temas ausentes en la pastoral catequística.
- Abierta al diálogo con las transformaciones sociales y culturales y a lo vertiginoso del hombre y de la historia.

c) La formación y sus fundamentos epistemológicos: Desde este eje se pensó en una pastoral catequística...

- Fundamentada en nuevas formas y estilos de formación y dotada de una auténtica solidez catequística ( teológica, pastoral, interdisciplinaria).
- Capaz de responder con eficacia, creatividad y espíritu eclesial, a ciertas cuestiones aún no resueltas acerca del método y de la relación con las ciencias humanas.

Galería de Fotos
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Conclusión
Finalmente, luego de las exposiciones y de los trabajos de tres días de reflexión, se configuraron las siguientes propuestas. Los jornadistas saben que ellas son sólo líneas, sugerencias o pistas que podrán luego ser desarrolladas o rectificadas en posteriores trabajos de investigación o de planificación:

Refundar la vida de los catequistas en Cristo, para saber quiénes somos.

Desde allí, dialogar separándonos de aquellas características que diagnosticamos como propuestas de la cultura de hoy no coincidentes con lo que aspiramos.

Analizar las mediaciones para que, de la búsqueda, surja una mayor excelencia en la transmisión del mensaje. (Por ejemplo, encarnando el mensaje en el hoy con un lenguaje nuevo).

Enseñar a discernir para ser "discípulos en seguimiento", teniendo en cuenta la pluralidad de modos y formas, y creando espacios para que el otro se exprese y haga su propio camino; sin olvidar que nosotros, los catequistas, estamos en el mismo camino.

Desarrollar estrategias creativas y de discernimiento que lleven a una toma de distancia crítica, sin caer en la negación demonizadora de la sociedad comunicacional.

Redefinir la situación de los sujetos desde sus propios contextos culturales. Esto habla de un reconocimiento real de la pluralidad que supone de nosotros, como institución, un cierto descentramiento en el "mirar". Así, este reconocimiento del otro desde su ámbito de referencia implica dar un paso más allá de la mera tolerancia.

Acompañar los itinerarios de fe de los sujetos dentro de esos contextos. Esto nos lleva a revisar, actualizar y redefinir nuestros métodos catequísticos.

Regenerar o generar nuevos espacios de integración y reconocimiento de lo humano. Esto supone pensar y vivir la iglesia como una real "comunidad de pertenencia" y conlleva una cristología que por sobre todas las cosas, "rescata esta humanidad" en medio de una cultura que presenta graves síntomas de deshumanización.


Epílogo

Las reflexiones, los interrogantes y las preocupaciones compartidas durante las III Jornadas Nacionales de Catequética derivaron en un claro posicionamiento de todos sus participantes. Más allá de los diferentes caminos propuestos para la búsqueda de las respuestas aún no halladas, fue común la expresión del deseo de continuidad de los procesos de investigación acerca del sujeto de la catequesis en la cultura comunicacional.

Todos expresaron la riqueza de las exposiciones y el valor de su difusión en todos los ámbitos catequísticos del país. Este juicio da su razón de a este Documento de Trabajo. El Instituto Superior de Catequesis Argentino ofrece este aporte con la certeza de que los que aborden la temática encontrarán aquí elementos de iluminación para su investigación.

Durante estas Jornadas el Pbro. Dr. Marcelo González sugirió la aplicación en el campo catequético del método de "Observatorio", muy empleado actualmente por las Ciencias Sociales. Algunos jornadistas vieron la posibilidad de encarar los procesos de investigación a partir de esta propuesta. Por esta razón se han incluido aquí algunos aportes para esta eventual aplicación 6. Esta sugerencia parece oportuna desde la perspectiva sociológico - cultural que tiene la temática en cuestión y desde el carácter multidisciplinar propio de la ciencia catequética.7

1 Según este carácter será utilizado para seguir reflexionado en instancias próximas de investigación. En páginas aparte se incluyen los siguientes textos:
a. Exposiciones de la Prof. Beatriz Sarlo, del Pbro. Dr. Marcelo González y de Mons. Juan Carlos Maccarone durante las III Jornadas Nacionales de Catequética.
b. Selección de trabajos presentados al ISCA, según la temática de las III Jornadas Nacionales de Catequética.
2 Documento de Apertura. II Jornadas Nacionales de Catequética.
3 Los Obispos argentinos caracterizan la cultura actual denominándola "cultura comunicacional". Cfr. "Hoy la Patria requiere algo inédito" Nº 6.
4 Ver Exposiciones.
5 Ver en las Carpetas de las III Jornadas Nacionales de Catequética: Alberich, Emilio en "Nuevo Diccionario de Catequética". Ed. San Pablo. Madrid. 1999; Merlos Arroyo, Francisco. Universidad Pontificia de Méjico. Javier Castagnola, Patricia Cesca, Santiago Rodríguez Manzini. Ideas para la construcción…Hernán Belenda
6 Ver "Observatorio"
7 El método de la investigación catequética debe corresponder a la variedad de dimensiones y aspectos que presenta la catequesis, como proceso y como acto.
De aquí se puede colegir una gran multiplicidad de métodos:
- técnicas de conocimiento y análisis de la realidad ( psicológicas, sociológicas, históricas);
- instrumentos hermenéuticos de interpretación y discernimiento ( sobre todo teológicos y filosóficos);
- métodos de proyectación y organización catequética ( metodología pastoral, pedagógica, didáctica);
- técnicas de expresión, comunicación, interacción, animación de grupos;
- sistemas de evaluación y reproyectación operativa, etc.
Cabe concluir, por lo tanto, que la disciplina catequética se configura como un saber necesariamente pluridisciplinar, ya que recurre a una multiplicidad de métodos y procedimientos científicos.

Exposiciones

La cultura comunicacional
Prof. Beatriz Sarlo
Les quiero agradecer a los organizadores la invitación.
Me pareció un desafío muy interesante cuando vinieron a verme para hablar aquí, sobre todo cuando supe quiénes eran ustedes o, al menos, me dieron una idea de quiénes eran. Doy habitualmente muy pocas conferencias porque enseño mucho en la Universidad, pero siempre me parece valioso conversar con gente que esté en contacto, en mayor contacto del que yo tengo con una sociedad más amplia. Yo tengo contacto con una sociedad, en realidad, muy estrecha, muy académica, muy chica, muy parecida a uno, digamos. Entonces siempre me pareció que, si voy a dar una conferencia una vez por año, el contacto con gente que está en la vida, en una sociedad más amplia que la que yo conozco me parece más interesante y me parece que de ahí puede surgir un diálogo muy rico. Por eso estoy muy agradecida por la invitación.

Gramsci decía que todas las sociedades construyen una cultura sobre la base de lo que él llamaba algunos repetidores sociales, es decir, aquellos que llevaban lo que decían los libros. En la época de Gramsci no sólo libros sino diarios, lo que decían los libros hacia abajo de la sociedad. Y que esos repetidores sociales eran fundamentales en la constitución de una cultura, en la conservación, en la transmisión de una cultura. Que si uno se quedaba sólo en los intelectuales que están colocados en un lugar de la sociedad era muy difícil que ese discurso bajara de manera alguna. Entonces, en ese punto, en el punto de aquellos que están trayendo y llevando de un lugar a otro, de aquellos que van de un lugar a otro trayendo y llevando discursos, trayendo y llevando experiencias que no son enteramente de ningún lugar porque son los que llevan y traen de un lugar a otro, en ese punto me parece que hay una gran riqueza intelectual, y una gran riqueza para pensar relaciones y relaciones específicamente culturales como es el tema que nos convoca..

El título de ese tema yo lo recibí de ustedes, de sus compañeros organizadores y era la Cultura Comunicacional.

Esta idea de que la cultura venga acompañada por un adjetivo: comunicacional... No se hablaba de cultura comunicacional hace 50 años. Se hablaba de cultura, se podía hablar de cultura de los letrados, de culturas populares, se podía hablar de culturas campesinas, de culturas obreras, de culturas de elite, de cultura de insumo interno. Lo que no estaba unido, como una característica, a la idea de cultura era este adjetivo comunicacional. Algo sucedió en las últimas décadas para que, ya sea en ensayos o investigaciones, y en los mismos medios de comunicación, la palabra cultura tenga esta especie de aditamento, esta precisión: cultura comunicacional.

Y lo que sucedió, podríamos decir, es lo que, en las últimas décadas, se llamó giro de la posmodernidad, o advenimiento de la posmodernidad. Entre las muchísimas definiciones que se han hecho de posmodernidad, una de las definiciones posibles es que la posmodernidad es aquella época en que los medios de comunicación hegemonizan y dirigen todo el espacio cultural.

Hay otras caracterizaciones de posmodernidad. Se puede decir que la posmodernidad es la época, dice Vattimo, donde estallaron los grandes debates, es decir que ya no hay un debate del progreso , ya no se debate hacia dónde se encamina la humanidad, hacia dónde se encamina la Nación, ya no hay de eso en la posmodernidad . Pero ésta es la definición que hace a lo cultural que me parece que es muy precisa. Los medios de comunicación han pasado a ser directores hegemónicos, fuerzas directoras, espacios de producción casi únicos de iniciativas culturales, definen la cultura.

Esto no sucedió así siempre, de ningún modo. Esto no sucedió así ni siquiera en todo el siglo XX. Esto empieza a suceder , yo diría en países como la Argentina a partir de los años 40 . Es allí donde los medios de comunicación empiezan a disputar con otras instituciones de la sociedad la dirección sobre la cultura.

Hasta los años 40, otras instituciones de la sociedad y, básicamente, la escuela dirigían la construcción de una cultura común . En el momento en que la escuela entró en proceso de retroceso, nunca nos damos cuenta cuándo empieza verdaderamente. Uno el proceso de retroceso de la escuela lo pone en los años 70 , el 80., pero ese proceso de disputa a la hegemonía de la escuela es anterior, cuando los medios de comunicación se implantan. Uno podría decir entonces que las culturas populares se arman en la intersección , hacia 1950, de la institución escolar y los medios de comunicación.. Y, a partir de ese momento, 1940 y 1950, de ese momento de intersección donde todavía la escuela tiene algo para decir y los medios tienen algo para decir. No hay conflicto, hay una cooperación entre escuela y medio.

A partir de ese momento, uno podría decir que viene una sustracción progresiva de la escuela y un avance progresivo de los medios de comunicación hasta que llegamos a la realidad contemporánea donde tenemos una institución escolar completamente destartalada, absolutamente destartalada. No sólo materialmente, no solamente cuando uno piensa en las escuelas rancho de los lugares más pobres. Destartalada no sólo materialmente sino destartalada en términos simbólicos, destartalada en términos de su autoridad.

De su autoridad en el buen sentido de la palabra, de tener un lugar donde emitir una palabra autorizada como tuvo la escuela en una parte importante de la historia argentina.. Entonces nos encontramos con una escuela absolutamente destartalada y los medios de comunicación en una competencia muy fuerte. Hasta que ustedes ven en las encuestas que se hacen sobre cultura juvenil, que la credibilidad de la escuela es bajísima, en todas las encuestas sobre opinión pública juvenil, la credibilidad de la escuela es bajísima y la credibilidad de los medios, la creencia en los medios es altísima.

Esto, podríamos decir, es posmoderno y no nos sucede sólo a nosotros. El conflicto entre medios de comunicación e instituciones escolares se reduplica en otros conflictos: medios de comunicación y familia, medios de comunicación e iglesia, medios de comunicación e instituciones de la sociedad, no sólo la escuela, sino con todas las instituciones culturales de la sociedad. Este conflicto se da en casi todo occidente. La naturaleza de ese conflicto cambia por Nación..

Hay naciones ricas, muy poderosas con estados muy poderosos, con estados muy concientes de la importancia de la cultura que no abandonan la construcción cultural a los medios de comunicación, que defienden la escuela pública .Si uno piensa en un estado de esa naturaleza, uno puede pensar en Francia. Francia es un país muy poderoso, muy rico pero que también tiene políticas públicas de defensa de las instituciones públicas.

La institución escolar es considerada la piedra fundamental de la República y sobre esa piedra se hacen todas las innovaciones, todas las inversiones, todos los esfuerzos. Pero en todos lados, aun en esas naciones que están todas en el centro del mundo,que se entienda: están en el centro del mundo, aún en todas estas naciones, la competencia entre la cultura comunicacional y los otros lugares de producción cultural sigue siendo muy fuerte. Esto es la posmodernidad....O sea que cuando decimos cultura comunicacional estamos tocando el núcleo, el corazón de lo que llamamos cultura posmoderna.

Esto genera para nosotros, para los argentinos, cada país tiene manifestaciones particulares de este fenómeno... Para nosotros, para los argentinos esto se genera en el marco de un proceso, que todos conocemos bien, de empobrecimiento colectivo fuertísiimo. Las cifras de la pobreza, de la miseria en la Argentina son bien conocidas. No es mi especialidad repetirlas pero todos tenemos la experiencia de que eso está ocurriendo. Si no quisiéramos enterarnos, nos enteraríamos simplemente caminando por la calle de una ciudad rica como Buenos Aires, como fue Buenos Aires. Simplemente, hoy aunque nadie quisiera enterarse se enteraría porque el proceso de latino americanización aún en el estado mas rico de la Argentina es evidente.

Y ese proceso de empobrecimiento, dentro de una cultura globalizada posmoderna es un proceso muy fuerte, y es ese un rasgo nacional. No en todos los países donde hay cultura globalizada posmoderna hay un proceso similar de empobrecimiento. Ni siquiera uno puede decir que eso sucede en Brasil. Brasil no es un país que esté en proceso de empobrecimiento. Es un país de una injusticia pasmosa. Es el país que tiene más diferencia en la renta entre aquellos que más ganan y aquellos que menos ganan. Es el más injusto, en ese punto, en el mundo, pero no podemos decir que Brasil es un país que ha atravesado las últimas tres décadas en un proceso de empobrecimiento por el contrario. Es un país que tiene decenas de millones de personas pobres pero no es un país en proceso de empobrecimiento. Ésta es la diferencia de la Argentina, es decir, que ni siquiera podemos compararnos con otros países del tercer mundo, con otros países del cono sur. La peculiaridad nuestra es que somos un país en proceso de empobrecimiento y en un proceso que no habíamos previsto. De repente nos despertamos de un sueño, de un sueño de la Argentina del siglo XX y nos despertamos en un capítulo lamentable de ese sueño como fueron los años del menemismo y descubrimos, los que no caímos, los que caían ya lo sabían, pero los que no caímos descubrimos que estábamos en un nuevo país. Y prácticamente en el curso de un año, dos años, tres años, lo cual es muy poco para una sociedad. Para una persona un año , dos años puede ser tiempo. Para una sociedad es muy poco , por eso digo que muy rápidamente, de la noche a la mañana, descubrimos que habíamos caído.

Y lo que cayó, lo que cayó en esa caída es algo que tiene que ver básicamente con la cultura que son los rasgos de una identidad. Yo creo que una identidad nacional no está vinculada ni con la bandera, ni con el territorio ni con querer tener las Islas Malvinas, ni con cosas sentimentales. Yo creo que eso no tiene que ver centralmente con una identidad nacional Es más, a veces, el territorio ha producido las peores cosas. El ansia de territorio ha producido las peores cosas como ha sucedido en la dictadura militar de los últimos años. Yo creo que eso no tiene que ver con la identidad argentina.

La identidad argentina tenía otros rasgos. Otros rasgos que yo creo que estaban basados en tres coordenadas que me parece importante que analicemos. Pero antes de ser analizadas, yo quisiera darles una imagen de eso. Una imagen que es una experiencia personal del impacto de la quiebra de la identidad. El impacto simbólico, el impacto cultural de la quiebra de la identidad. Yo volvía el año pasado de Chile, de una reunión en Santiago de Chile y subo al avión y me dan El Mercurio. Y era domingo , o sea que El Mercurio venía con su revista dominical que es igual a la revista dominical de Clarín, a la revista dominical de La Nación y a todas las revistas dominicales, con doscientos colores en la tapa, una foto de gran impacto. Abro el diario y la foto de la tapa de El Mercurio era una de esas fotos del Norte argentino, de una mujer de unos quince, una chica de unos quince, dieciséis años, completamente desnutrida con un bebito en brazos completamente desnutrido, agonizante y decía, el título de la tapa decía "Argentina, la nueva África"

Y yo viajando, ahí, cruzando la cordillera quedé bajo ese impacto porque eso sí que yo no iba a poder suponerlo. Una persona nacida en la década del 40 como soy yo no iba a poder suponer que iba a venir de Chile, no de París o de Londres o de Roma sino de Chile y que iba a encontrar en una revista chilena, en la tapa de una revista dominical, la foto de una adolescente, madre desnutrida de un chico agonizante de hambre- Típica foto que se vieron el año pasado en todos los diarios. Quedé absolutamente confundida. Por un lado estaba eso que nos había pasado; por otro lado, estaba la globalización cultural que convertía eso en la tapa donde el domingo siguiente seguramente estaba Valeria Mazza o alguna otra star del mundo del espectáculo. O sea, las tapas ponen, más o menos, como equivalentes, cuestiones que son de vida o muerte para los pueblos y cuestiones que no lo son. Bueno, ahí estamos. Entonces, yo quedé ahí, sorprendida y dije : "Esta tapa es la tapa de la quiebra de nuestra identidad". Esta tapa. Tapa que conservo por supuesto y conservo la revista chilena. No era lo mismo que verla en los diarios argentinos. Siempre Argentina fue admirada en América Latina. "A ustedes no les pasa esto, a ustedes no les pasa esto, a ustedes no les pasa esto". Todavía mis amigos chilenos, mis amigos del partido socialista chileno, me seguían diciendo "ustedes pudieron hacer tal cosa, ustedes pudieron hacer tal otra". ¡Todavía!. Bueno, entonces bajo con la revista y digo:" Esta es la foto simbólica de la quiebra de nuestra identidad "Porque… ¿qué era nuestra identidad?, ¿qué era la identidad argentina?, ¿ qué fue la identidad argentina en gran parte del siglo XX? En la década del 80 creímos que íbamos a poder recuperarla. Todavía cuando vino la transición democrática creemos que vamos a poder recuperar esa identidad.

Esa identidad estaba basada, en mi opinión, en tres puntos, tres cualidades. Una, el milagro pampeano del pleno empleo. Éste era un país de pleno empleo. Cuando había desocupación o se pensaba que había desocupación, se estaba rozando el 7%. La cifra habitual era del 5 al 6%, que es la gente que está cambiando de trabajo o la gente que, de alguna manera, sale, por alguna razón, del mercado de trabajo. Éste era el país del pleno empleo. Se podía trabajar en algo que a alguien no le gustara. Se podía luchar por mejores condiciones de trabajo. Mi generación es la típica generación que entró en política acompañando el movimiento por mejores condiciones de trabajo. Típica generación de los años 60 que luchó por la SMATA Córdoba, metalúrgicos. Típica generación que acompañaba los movimientos de los obreros de tal fábrica que no podían trabajar tanto tiempo...Típico movimiento donde lo que estaba de manifiesto, lo que estaba en conflicto social eran las condiciones de trabajo, salario, por supuesto, pero condiciones de trabajo.

Si ustedes ven la izquierda de los años 60 se agrupa alrededor de sindicatos que tienen muy buenos obreros y muy buen empleo pero que son muy combativos porque están combatiendo a la manera que hoy tienen los obreros alemanes. Es decir, reducción de la jornada laboral, mejores condiciones para los obreros por el tipo de producción. Eso era lo que pasaba en la Argentina. Era un país acostumbrado al pleno empleo y eso hacía al segundo rasgo de la Argentina, que era un país que durante todo el siglo XX, pese a las dictaduras militares, a los intermedios de dictaduras militares, había sido un país de extensión de derechos cívicos y sociales. Con un voto obligatorio y universal masculino, muy temprano para América Latina. Lo obligatorio es muy importante: crea el hábito de voto. Cuando se dice, no, bueno, podría no ser obligatorio, hay que mirar que pasa en Estados Unidos, qué pasa en Colombia, qué pasa en los países donde el voto no es obligatorio y los presidentes terminan siendo elegidos por el 20% de la población. Este país tiene voto obligatorio y universal masculino en 1912 y ahí empieza un capítulo de extensión de derechos. Este país tiene una ley de educación que es más inclusiva que la propia Constitución Nacional, porque hace obligatoria la educación para hombres y para mujeres. Mientras que la Constitución todavía diferenciaba entre hombres y mujeres, en el voto y otros derechos, la Ley de educación no diferencia, de ahí que sea más inclusiva que la propia Constitución Nacional. Y después viene todo el capítulo de extensión de derechos que pese al juicio que se tenga sobre la primera década peronista, década del 45 al 55 es, sin duda, un período de extensión de derechos.

Suspendido el juicio que se tenga sobre el carácter de régimen político, sin duda, es un período de extensión de derechos.

Éste es el otro rasgo argentino, un país donde sus habitantes estaban incluidos en la soberanía. Y estaban incluidos en la soberanía, eran soberanos, eran ciudadanos; el ciudadano era el soberano... Estaban incluidos en la soberanía porque además tenían bases económicas para sentirse incluidos. El trabajador, el que tiene asegurado su sustento, el que puede mantener a su familia, el que puede mandar a sus hijos a la escuela, el que tiene un hospital donde recurrir más o menos eficientemente, tiene tiempo para ser ciudadano. El que no tiene todo eso no tiene tiempo, disposición intelectual, disposición mental para ser ciudadano.

Cuando Perón arengaba con su famosa frase "Corten los alambrados para venir a votar", él quería decir que los peones rurales debían independizarse de los dueños de estancia. Pero esos peones estaban independizados antes de cortar el alambrado, porque había habido ciertas medidas sociales que los habían independizado; porque había habido un Estatuto del peón que les había dado una garantía de que no podían ser tratados como mano de obra servil, como mano de obra esclava. Entonces los alambrados podían ser cortados, real o simbólicamente, porque había condiciones materiales en las que ese corte era posible. La ciudadanía política siempre está basada en condiciones materiales. Y qué decir de la ciudadanía cultural. La disposición cultural está basada en condiciones materiales.

Entonces la Argentina tenía el rasgo del pleno empleo y este rasgo producía otro rasgo: el de la extensión progresiva de los derechos. Y entonces aún cuando venían las dictaduras, los argentinos pensábamos que éste era un régimen injusto. Que se luchara o no contra ellas era otra cuestión pero el régimen que cortara con los derechos era injusto. Porque esos derechos se tenían; la soberanía de los ciudadanos se tenía, estaba garantizada por otra cosa, anterior. Por una pertenencia a la sociedad.

Y el tercer rasgo, es un rasgo directamente cultural y es que la Argentina era un país de alfabetización plena y eficiente, no de alfabetización relativa o de alfabetismo funcional. Esto es lo que recibían los argentinos como imagen de sí de América Latina. Esto es lo que recibían, cuando uno hablaba con el brasileño que decía "No, claro porque el pueblo argentino tiene una cultura", ¿Quería decir que el pueblo argentino sabía tocar el piano o iba siempre a los museos?. No. Quería decir que el pueblo argentino era un pueblo alfabetizado, que la lecto escritura estaba garantida, que el derecho al acceso a la escuela estaba garantizado porque la escuela podía enseñar porque no tenía que dedicarse a darle de comer a los chicos. La maestra podía enseñar porque la escuela no estaba destartalada.. La escuela era la institución respetable por excelencia y no tenía que reemplazar a la familia en contención para que los pibes no se droguen, para que no sean chorros. Las maestras podían desempeñar la tarea para la cual el Estado les pagaba. Y éste era un rasgo diferencial.

El orgullo cultural argentino, esa cosa tan repugnante por momentos , que yo he sentido, que hemos tenido los argentinos en buena parte del siglo XX, de sentirnos superiores al resto de los latinoamericanos, tenía esa base. La superioridad que no se debería ejercer con orgullo, por supuesto, pero que se ejercía. La superioridad tenía esta base.. La base de la cultura, del piso cultural común logrado, del pleno empleo por el cual los ciudadanos no se convertían en reclamantes.

Lo que hoy vemos en Buenos Aires y en toda la Argentina son masas de reclamantes, no masas de ciudadanos. Van a reclamar al Estado. Van a pedir , ayer, 10.000 kilos de comida más. Eso no es un pedido ciudadano, es un pedido de la miseria , de la necesidad, Son masas de reclamantes. Esto la Argentina no lo tenía. El pleno empleo hacía que no hubiera esta masa de reclamantes. Había, por supuesto, bolsones de pobreza; había bolsones de pobreza en el norte, había bolsones de pobreza en la Patagonia pero eran chicos y se pensaba que en el impulso esos bolsones quedarían incorporados en el desarrollo.

Esto era la identidad cultural argentina, en mi opinión. En mi opinión se basaba en este triángulo: pleno empleo, plena alfabetización, ingreso garantizado a la escuela y la garantía de que esa escuela funcionara como escuela, y extensión de derechos. Y esa escuela funcionaba como escuela. Esa escuela desde la última década del XIX hasta mediados del siglo XX fue una escuela de una eficacia.

Imagínense ustedes lo que eran las ciudades como Buenos Aires, como Bahía Blanca, como Rosario, todas las ciudades del litoral, imagínense lo que eran esas ciudades a comienzos del siglo XX . Con una gran masa inmigratoria. La mitad de las personas de la ciudad de Buenos Aires no hablaban español, la mitad de las personas de la ciudad de Buenos Aires meran extranjeros y en una década, los hijos de esas personas estaban alfabetizados y hablaban español. Acá no hay ítalo norteamericanos ni polaco norteamericanos como hay en Estados Unidos.,no hay esas identidades de ítalo yanqui, polaco yanqui. Acá somos todos argentinos desde comienzo de siglo.. Sí, podemos preguntar "¿de dónde venía tu abuelo?", Venía de Piamente o de Kiev...

Pero la escuela, en un punto, reprimió mucho de las culturas de nuestros padres. Los inmigrantes se olvidaron de su cultura de origen. Mi abuela era piamontesa, cuando yo la conocí ya no hablaba ni una palabra de italiano ni de dialecto . Nada. No quería. Por supuesto, quería asimilarse al país donde sus hijos habían ido a la escuela, habían sido profesionales, etc. Ella había sido una sirvienta. Por supuesto, ella había perdido mucho culturalmente al olvidar su origen, pero ella hacía sus cuentas. Digo, no las hacía con lápiz y papel, no las escribía. Pero ella tenía sus cuentas hechas. Yo después me di cuenta, después de muchos años, me di cuenta de que ella tenía sus cuentas hechas. Ella había perdido, ya cocinaba los tallarines más o menos a la argentina, ya no hablaba el dialecto. Ahora, sus ocho hijos habían ido a la escuela. Todos. Todos habían terminado maestros o profesores. Ésa era la cuenta de ella. Ésa era la Argentina. Eso es lo que nos quedó. Cuando hablamos de identidades quebradas, hablamos de eso.

Entonces cuando nosotros vemos los medios de comunicación, hoy, eso, esa especie de carnaval que son los medios de comunicación. Cuando decimos medios de comunicación, estamos pensando en la televisión básicamente. Los diarios no son eso, muchas radios no son eso. Cuando nosotros vemos hoy esos medios de comunicación, vemos que están trabajando sobre una tierra desvastada. Desvastada, en un punto, porque son fenómenos posmodernos que se comparten con todo el mundo.

Por lo tanto hay que construir nuevamente una cultura. Todo occidente está preocupado por cómo se construyen nuevos anclajes culturales para la juventud, como se construyen nuevos lugares autorizados. La crisis de autoridad es un fenómeno en todo occidente. Pero esto está en la Argentina reduplicado por la quiebra de la identidad cultural. Entonces llegamos a este punto donde los medios se convierten en los únicos productores de la identidad y en los únicos lugares autorizados. Y acá tenemos un problema fuerte. El problema de un lugar autorizado es fuertísimo. Yo en la década del 60 he sido anti autoritaria, soy anti autoritaria a muerte. Ahora, hemos ido aprendiendo que en la transmisión de una cultura y en la transmisión de unas experiencias que eso, así son las naciones, así son las historias de las naciones, transmisión de experiencias y transmisión de culturas, transmisión de saber hacer cosas con las manos o con la cabeza, con el cuerpo o con la cabeza, pero transmisión de un saber hacer.

Es indispensable la construcción de un lugar desde el cual lo que se diga sea recibido como un discurso que sea creíble. No estoy hablando de un lugar autoritario donde lo que se diga sea aceptado sin examen sino de un lugar en donde se pueda decir algo, transmitir algo, transmitir un movimiento, una práctica, un saber del cuerpo o de la cabeza que sea creíble. Todos ustedes verán si tienen una experiencia en la escuela, tendrán una experiencia con la escuela, si no, la tendrán en la familia La quiebra del proceso por el cual se producía un discurso autorizado que es muy distinto de un discurso autoritario.

Un discurso autoritario es un discurso pleno de sí mismo. Un discurso que dice: mi razón es la única razón que existe. Un discurso autorizado es un discurso dialógico, pero hay un punto en ese discurso que necesita de un espacio de autoridad. Ese espacio de autoridad lo tenemos hoy puesto, para las grandes mayorías, lo tenemos hoy puesto en los medios de comunicación audiovisuales y ese es el problema. Primero, porque va a ser muy difícil sacarlo de allí. Tenemos que ser lo más realistas posibles. Si reconocemos que la posmodernidad es el momento en el cual los medios audiovisuales hegemonizan la construcción cultural estamos diciendo algo que no es algo que Dios nos dedica a los argentinos. Es algo que está democráticamente distribuido por el mundo occidental, por lo menos. Yo digo mundo occidental porque del otro mundo lo conozco muy poco. Este es un rasgo que compartimos Lo que nosotros encontramos como dificultad para la transmisión del discurso, de prácticas y de saberes, la dificultad que encuentra una maestra o maestro de escuela para hacer que su discurso sea creíble desde aquellos que deben creer, por lo menos, antes de refutar, que son los estudiantes, esa dificultad existe. A ésta