“La Catequesis y los nuevos Paradigmas”
1º al 3 de agosto de 2008

DOCUMENTO DE APERTURA

Prefacio

Convocados a pensar la Catequesis, percibimos que los nuevos paradigmas nos sitúan en una encrucijada que nos interpela y, por momentos, nos deja sin respuestas. Miramos la historia y descubrimos que siempre hubo situaciones que provocaron tensiones. Nos mueve la convicción de que, entre tantas incertidumbres, éste también es un kairós, que nos llama a predicar a Jesús muerto y resucitado que camina en medio de nosotros. Éste es un tiempo oportuno de Dios, que interpela a la Catequesis y la convoca a renovarse y a concebirse ella misma desde un nuevo paradigma.

Les presentamos este Documento elaborado colaborativamente durante las IVº Jornadas Nacionales de Catequética. Recoge e intenta aunar, en una expresión común, las coincidencias de pensamiento alcanzadas. Lejos de la pretensión de arribar a afirmaciones conclusivas, este Documento tiene la finalidad de “estar abierto” a una posterior profundización o investigación, convirtiéndose así en fuente para nuevos trabajos. Podrá utilizarse para motivar otras propuestas de estudio y/o para favorecer vinculaciones significativas con otros temas catequéticos.

1. Una mirada catequística a la realidad

La temática global de las IV Jornadas se expresa en el binomio “Catequesis y nuevos paradigmas”. La cultura actual se manifiesta como una secuencia prolongada de nuevos paradigmas, un verdadero cambio epocal, una crisis que abarca los modos de pensar, de vivir y de creer. Todo esto constituye una verdadera oportunidad para indagar en la Catequética y para concebirla como un camino de discernimiento, que contribuya a desentrañar el binomio y a expresarlo en opciones catequéticas fundamentadas y transformadoras.

A través de la contemplación y del análisis del hacer catequístico, hemos tratado de arribar a algunos núcleos problemáticos de la Catequesis actual, situada en un contexto de nuevos paradigmas.

• La falta de toma de conciencia del cambio epocal. Se manifiesta en: la negación del cambio; la resistencia a reflexionar y a cambiar la Catequesis; las dificultades para descubrir y definir las problemáticas; la tendencia a pensar en generalidades, recurriendo a respuestas simplistas y cerradas; la acentuación de resultados por encima de los procesos; el miedo a habitar un territorio desconocido.

• Un pluralismo exacerbado ligado al subjetivismo. Se manifiesta en la fragmentación personal y cultural, en una notable inestabilidad, en la relativización de los valores y en un sin sentido o desorientación existencial. No nos referimos aquí a un sano y equilibrado pluralismo, sino a una multiplicidad de diversidades coexistentes que contribuyen a la banalización de las elecciones, “dejando a la persona sin puntos de referencia más o menos firmes” .(1)

• La crisis en las transmisiones. Se manifiesta en: la utilización de un lenguaje anacrónico; las respuestas pastorales y catequísticas que vienen de la historia y que hoy ya no son válidas; la Catequesis no inculturada; la indiferencia religiosa; el contexto de descristianización; “un alto porcentaje de católicos sin conciencia de su misión de ser sal y fermento en el mundo, con una identidad cristiana débil y vulnerable”(2); la lejanía/ausencia de la familia en la comunicación de la fe; “la insuficiencia de una concepción de Catequesis en un contexto relativo de cristiandad;(3) la inadecuada adhesión de un modelo eclesial para una Iglesia de cristiandad” ; y “una sensación generalizada de fracaso, de ineficacia y de impotencia”.(4)

 

• La existencia de comunidades desentramadas y cerradas. Se manifiesta en: la escasa experiencia de comunidad; la soledad del catequista; la falta de pastoral orgánica; el individualismo en la acción pastoral; el divorcio entre la Catequesis y las otras áreas de la Pastoral; la tendencia a esperar a las personas sin salir a buscarlas y sin asumir las exigencias de la misión.

• Una pedagogía catequística que corre el peligro de desnaturalizarse. Se manifiesta en: la acentuación del resultado por encima de los procesos; una Catequesis desvinculada del anuncio; el divorcio entre Catequesis y experiencia de fe; la estructura meramente sacramental de las propuestas catequísticas; una Catequesis escolarizada y nocional; la falta de acompañamiento y de itinerarios integrales; una Catequesis que intenta sobrevivir sin comunidad; la confusión y distorsión en las tareas de la Catequesis, prioridades catequísticas que no logran asumirse para ser llevadas a la práctica.

• Una formación de catequistas anclada en modelos pedagógicos inadecuados. Se manifiesta en: catequistas sin vocación, sobre todo los escolares; formación a través de disciplinas concebidas como compartimentos estancos; un marcado acento individualista en la vida de los catequistas y dificultad para lo comunitario; los planes y programas que no logran configurarse como itinerarios; propuestas de formación alejadas de la pedagogía catequística; la acentuación de algunas de las dimensiones de la formación en desmedro de otras que permanecen más débiles o ausentes; “en algunos alumnos – catequistas, una actitud de búsqueda meramente académica sin un discernimiento vocacional”(5);“una cierta tendencia en los formadores a solicitar prácticas catequísticas que ellos mismos no asumen, testimonios que no dan, renuncias que no hacen, saberes que no comparten, respuestas que ignoran. Muchas veces, en lugar de acompañarlos en un mismo camino, se deja a los catequistas solos con un discurso que no alcanza y sin una presencia significativa que da sentido a las palabras…”(6)


2. En camino hacia un nuevo paradigma

En esta sección del Documento intentamos componer un marco teórico incipiente, que irá ampliándose y profundizándose a lo largo de todo el proceso posterior de construcción del saber catequético acerca de este tema. A través de todo lo que escuchamos, compartimos y reflexionamos a lo largo de las IV Jornadas, podemos expresar algunas intuiciones que nos encaminan hacia un nuevo paradigma catequético. Las hemos formulado a través de dos tópicos:

- Catequesis y comunidad
- Formación de catequistas

Su trasfondo común es la conversión como auténtico proceso pascual y como experiencia de la manifestación de Dios. Convertirse es reconocerse pobre porque el lugar del pobre es el lugar para cambiar el corazón. Allí donde hay conversión, Dios está presente. Su Espíritu anima el camino de la comunidad que, con valentía, se hace capaz de torcer su rumbo para ir asumiendo las opciones que hacen más presente el Reino.

Frente al actual cambio epocal, constatamos que somos nosotros los que tenemos que cambiar. Esta constatación no expresa la necesidad del cambio por el mero hecho de cambiar, sino que se refiere a toda la hondura y al compromiso que conlleva la conversión pastoral. Antes de preguntarnos acerca de los otros, es imprescindible preguntarnos qué tiene que cambiar en nosotros mismos, para hacernos capaces del diálogo, la acogida y el proyecto común con los otros.

“La conversión personal despierta la capacidad de someterlo todo al servicio de la instauración del Reino de vida. Obispos, presbíteros, diáconos permanentes, consagrados y consagradas, laicos y laicas, estamos llamados a asumir una actitud de permanente conversión pastoral, que implica escuchar con atención y discernir ‘lo que el Espíritu está diciendo a las Iglesias’ (DA 29) a través de los signos de los tiempos en los que Dios se manifiesta.” (DA 366)

A. Catequesis y comunidad

La opción cristiana ante la pluralidad cultural

El nuevo paradigma catequético se va desplegando en medio de una incierta transición: de una Catequesis concebida como mera preparación a los sacramentos hacia una Catequesis como acompañamiento de procesos de iniciación y de maduración en la fe, respetuosa de los tiempos y de la diversidad de los catequizandos, en la compleja variedad de sus situaciones vitales. “La finalidad sigue siendo la configuración con Cristo a lo largo de la vida del creyente. Este modo de concebir la tarea catequística implica un cambio de mentalidad en todos los actores. Especialmente en los destinatarios que tienen que experimentarse y saberse discípulos que escuchan y ponen en práctica el Evangelio” (8)

Se trata de una Catequesis que reconoce el lugar en el que cada uno está como lugar teológico de encuentro con Dios. Se trata de estar para ayudar al hermano a tomar conciencia y a dar su libre consentimiento al encuentro con el Señor. Desde allí, desde ese lugar, el catequista podrá acompañar y dejarse acompañar.

En el actual escenario de subjetivismo y de pluralismo exacerbado, la Catequesis está convocada a mostrar la validez y credibilidad de la opción cristiana,8 contribuyendo además a dar al cristiano elementos para trazar una identidad propia, que le permita dar cierta consistencia a su opción. “Se constata aquello que Emilio Alberich señala cuando indica que estamos ante una ‘iglesia invertebrada’: el problema de fondo ya no es solamente la ignorancia religiosa, son la falta de identidad, de fe, de esqueleto»…” (9)

Nos sentimos convocados, por lo tanto, a pensar una Catequesis capaz de “ayudar a construir la identidad cristiana en un mundo plural. Para ello, la concebimos no “como mera construcción de conocimientos”, sino como…

- Un modelo de búsqueda dialógico
- Inspirado en la pedagogía iniciática
-Capaz de educar en la experiencia religiosa
- En una comunidad testimonial
- Facilitando un sistema coherente y significativo de mediaciones

“Las fronteras entre la Iglesia y los creyentes son cada vez más móviles y este hecho exige claridad, pero también disponibilidad para el diálogo y los procesos no lineales de búsqueda e integración.”(10)”El proceso de la catequesis es siempre un proceso de acogida y de aceptación de las diversas identidades culturales y sociales, y también del sentir y vivir diversamente la búsqueda del sentido de la fe” .(11)

“Estas reflexiones nos hacen volver la mirada sobre el contenido mismo de la Catequesis: el hombre, su vida sus preocupaciones, intereses, sus ilusiones, proyectos que a la luz de la Palabra, se convierten en vida nueva. Desde el Misterio de la Encarnación, se puede hablar de Dios sin dejar de hablar del hombre y hablar del hombre sin dejar de hablar de Dios. Por este motivo sigue siendo Cristo mismo el centro de la Catequesis, en Él se esclarece nuestro misterio.

La Catequesis es el anuncio de la Palabra de Dios en la vida humana que desde su misión iluminadora orienta la vida de las personas y las comunidades, ayudándolas a discernir la presencia del Reino y a descubrir el proyecto divino sobre la propia vida y el acontecer histórico”.(12)“En el nuevo paradigma no se trata de comunicar una doctrina, sino de introducir en una experiencia y de hacer entrar en contacto vital con una Persona”(13) y por ella con la Trinidad. “La fidelidad a una persona viva es algo infinitamente más existencial, dinámico y libre que la fidelidad a un cuadro doctrinal”(14)

Un anuncio que es propuesta: la Catequesis misionera

En este proceso hacia un nuevo paradigma catequético, reconocemos el valor de una permanente clarificación terminológica que contribuya a evitar ambigüedades o confusiones en nuestros diálogos de indagación. Los conceptos catequéticos parecen estar hoy en una situación de “desborde semántico”(15),de transformación y adecuación a las nuevas realidades a las que hay que nombrar y definir.

- La llamada a la fe.
- La iniciación.
- La educación permanente de la fe.

Desde esta concepción y según lo que expresa el citado documento, la Catequesis es distinta al Primer Anuncio y a ella le corresponde desarrollar la conversión inicial. En este cambio epocal, la realidad pastoral nos invita a revisar los conceptos que hemos formulado, por años, y las prácticas que se fundamentaron en dichos conceptos. La Catequesis, en el contexto actual, tiene a menudo una tarea misionera.(16) Se habla entonces de "Catequesis kerigmatica".(17) El DGC afirma en conclusión que las fronteras entre ambas acciones no son fácilmente delimitables"(18)

Nuestras prácticas catequísticas se resuelven a través de procesos organizados en torno a la suposición de una fe inicial, que no siempre existe. Nos planteamos, entonces, la redefinición de caminos posibles para los que llegan a un proceso catequístico sin fe o con una fe pequeña, olvidada, casi “adormecida”. La pluralidad y la diversidad de ofertas de todo tipo, como decíamos más arriba, ponen a la persona en situación de reconfirmar y de validar sus opciones cristianas. Por eso, tal vez, no sólo debamos hablar de un Primer Anuncio, siempre necesario e impostergable en el inicio de un proceso catequístico, sino de una Catequesis siempre misionera y kerigmática, que sale a buscarnos en las distintas etapas de nuestra vida, en las diversas “edades de nuestra fe” y en nuestros distintos lugares de encuentro teológico con Dios.

Porque, más que un proceso lineal en el cual la Catequesis se pone a continuación del Primer Anuncio, parece que el pluralismo, la diversidad de propuestas, el descrédito de lo religioso, en algunos casos, y una larga serie de cambios que se van produciendo en los modos de vivir, de sentir y de creer, solicitan de la Catequesis ese “desborde semántico”, que nos hace concebirla como un proceso espiralado, siempre abierto y en desarrollo. El Kerigma se va ampliando y profundizando, a lo largo de nuestra vida, reiterándose siempre, de un modo nuevo, vigoroso y atrayente, aun después de la conversión inicial.

Sin haber arribado, todavía, a una experiencia catequística transformada y hecha discurso catequético renovado y socializado, los participantes de estas IV Jornadas reafirmamos nuestra esperanza. Cuando Dios está preparando un gran cambio, hay un malestar. Éste es un lenguaje a través del cual Dios habla. El Espíritu está suscitando experiencias nuevas que impulsan a revertir en desafíos y en caminos de búsqueda toda la problemática percibida en el hacer catequístico actual. Creemos firmemente que allí mismo el Señor ha puesto los gérmenes de respuesta a nuestras preguntas.

En el actual cambio epocal, la Catequesis está llamada a abandonar las conocidas seguridades, para ponerse en marcha en medio de la noche. Como los discípulos de Emaús, ella sigue anunciando en el camino de las incertidumbres y de lo impredecible.

Dimensión koinonal de la Catequesis

La Catequesis viene de la mano de una mirada peculiar sobre lo que es ser comunidad cristiana. No se trata de cualquier comunidad, sino de una comunidad enraizada en Cristo Resucitado. Ella es fuente, lugar y meta de la Catequesis. Nace de la experiencia de encuentro con Jesús. A partir de esa experiencia y como respuesta a la invitación de Jesús, la comunidad se hace misionera. Es punto de partida. Desde allí se inicia y hacia allí converge todo itinerario de comunión - misión: la comunión es misionera y la misión es para la comunión.

Esta Comunidad es memoria y profecía, ámbito donde se celebra la vida y lo vivido. Es Iglesia esponsal y samaritana. Descubre las nuevas fronteras, sale al encuentro de toda experiencia humana y hacia ellas tiende su acción pastoral. Crea espacios de encuentro con Cristo, que engendran vida.

Es abierta y acogedora, con una nueva manera de relacionarse: acepta la diversidad como experiencia enriquecedora. Es participativa y propositiva. Da lugar para que la diversidad se exprese a través de la participación. Es ámbito donde uno se conoce plenamente, en la tensión natural entre comunidad y persona, oración y servicio, comunión y misión.

El pensar la Catequesis nos lleva a resituarla en su lugar propio: la comunidad y su proyecto unitario de evangelización, redescubriendo y/o resignificando la especificidad catequística en el ámbito de la pastoral orgánica, que favorece la sinergia y el diálogo entre las distintas áreas de la pastoral y sus agentes.

La complejidad y la novedad del tiempo actual nos llevan a pensar una Cateque-sis, que requiere otros ministerios y otras tareas. Nos preguntamos si se trata de otras tareas que ha de realizar el catequista o de otros ministerios estrechamente vinculados al ministerio catequístico. Reconocemos la complementariedad entre estas dos formulaciones:

- Toda la Evangelización no es Catequesis.
- Y, a la vez, toda Catequesis ha de ser evangelizadora.



B. Formación de catequistas


Una formación en la Iglesia

Un nuevo paradigma catequético requiere un nuevo paradigma en la formación de catequistas. En este sentido, propiciamos una formación integradora, que se ensambla orgánica y existencialmente en el proceso de fe del adulto creyente, llamado a la vocación catequística. Un itinerario que acompaña los procesos de discernimiento de la propia fe y de la propia vocación.

Una formación que ayuda a profundizar, expresar y compartir la experiencia del encuentro vital con Cristo y contribuye a descubrir la presencia y la voz de Dios, que transforma y libera y plenifica al catequista, invitándolo a una adhesión paulatinamente más total y firme a la persona de Cristo.

El servicio a la Iglesia, como sujeto y agente de la Evangelización, le da sentido y valor a la formación de catequistas.
Por eso, el catequista en formación, sólo si vive y hace la nueva Iglesia se configurará como un nuevo creyente, atravesado por un renovado ardor misionero que ame y contagie al mundo de hoy, transmitiendo el don de la fe. Será, al mismo tiempo, anfitrión y comensal invitado al banquete del Señor Jesús que celebra la fiesta de la Salvación. De esta manera podrá suscitar y desplegar, en cada varón y mujer de su tiempo, el deseo y la apropiación de la Buena Noticia de Jesús.” (19)

En la misma línea de la reubicación de la Catequesis en su lugar propio: la comunidad y su proyecto pastoral, afirmamos la importancia de un proyecto de formación de catequistas inserto en los procesos pastorales de la Iglesia Particular.

Primero vivimos, luego reflexionamos sobre lo vivido

A partir de la reflexión de su propia práctica e inserto en la comunidad de formación, el catequista tendrá la posibilidad de crecer en las dimensiones del ser, del saber y del saber hacer.(20) La Revelación de Dios no consta sólo de verdades para comunicar (fondo, contenido), sino también de un modo de comunicarlas (forma, método). Etimológicamente, método significa "camino hacia", o "cauce comunicativo", camino para llegar a un fin.

Tratándose del método en Catequesis, la finalidad del camino es la comunión con Cristo: "El fin definitivo de la Catequesis es poner a uno no sólo en contacto sino en comunión, en intimidad con Jesucristo".(21)

No olvidamos que la pedagogía de Dios, que la Catequesis actualiza, requiere de cauces y mediaciones que le permitan conseguir sus propios fines."Requiere de múltiples formas prácticas que configuran el itinerario de la fe; necesita de métodos a través de los cuales la pedagogía se vuelve acción transformadora de la vida.

Sin los métodos, incluso la pedagogía divina, no pasaría de ser un simple catálogo de excelente propósitos. No es suficiente con señalar las líneas pedagógicas que pretende adoptar la educación en la fe. Es también indispensable seleccionar procedimientos prácticos para hacer operativa esa pedagogía. Lo que implica analizar los métodos existentes y elegir los que faciliten un buen servicio a la educación en la fe."
(22)

Esto puede parecernos, simplemente, un camino dado que facilita el quehacer. En cambio, el descubrimiento y la opción por un método tienen como trasfondo un gran esfuerzo de reflexión. No se trata de hacer opciones definitivas e inamovibles, puesto que ningún método es ideal ni puede ser asumido como un valor en sí mismo. "La variedad en los métodos es un signo de vida y una riqueza".(23)

"Primero vivimos, después reflexionamos sobre la vida. El aprendizaje del amor de pareja, la educación de los hijos, la tarea de la evangelización, la espiritualidad y tantos otros asuntos vitales para el hombre son, en primer lugar, vividos y luego, sistematizados.
"(24)

Desde esta perspectiva, negamos el deductivismo metodológico según el cual el método de deduce directamente de la teoría, como una aplicación obligada de principios o normas. Muy por el contrario, la metodología, como conjunto de métodos, es el fruto de la capacidad de reflexión que tiene el hombre.

De este modo puede comprender, valorar, interpretar y confrontar su práctica catequística; dejándose guiar por la pedagogía de la fe y dejándose interpelar por los aportes de la catequética, en orden a una más fecunda implementación.

Esta opción respecto del método catequístico, como fruto de la reflexión, ha de estar presente no sólo durante la realización del ministerio catequístico, sino a lo largo de toda la formación del catequista. Por eso ella se “sitúa bajo el signo de la creatividad y no de una mera asimilación de pautas externas. Ha de tratarse de una formación muy cercana a la práctica: hay que partir de ella para volver a ella.”
(25) “Al catequista le sería muy difícil improvisar, en su acción catequística, un estilo y una sensibilidad en los que no hubiera sido iniciado durante su formación” (26)

Por eso, afirmamos que la metodología catequística ha de ser el planteo propuesto en los diversos espacios curriculares, que conforman un plan de formación de catequistas, y en los equipos, que se reúnen para preparar sus encuentros catequísticos. “Este saber hacer, con los conocimientos, actitudes y técnicas que lleva consigo, puede adquirirse mejor, si se imparte al mismo tiempo que se realiza…
(27)


Una formación para los escenarios cambiantes

Ante el desafío de los actuales escenarios cambiantes, descubrimos la perti-nencia de propuestas formativas que incluyan el intercambio y el diálogo entre los catequistas. Con el trasfondo de una actitud de búsqueda que los ayude a desinstalarse de algunas prácticas catequísticas reiteradas, desajustadas y poco significativas, señalamos la importancia de itinerarios que provoquen en los catequistas estos efectos:

La relativización que hace experimentar el carácter particular y, por lo tanto, relativo de las prácticas del propio contexto de procedencia. Cada uno es llevado a relativizar la propia experiencia. Lo que cada uno espontáneamente se inclinaba a creer como universal e irreemplazable no lo es tanto.
La complejificación. La relativización lleva, a su vez, a descubrir que la Catequesis es más compleja, rica y profunda de lo que uno había percibido en la práctica habitual. Se van descubriendo nuevas dimensiones, nuevas modalidades, nuevas exigencias.
El aprendizaje de un pensamiento estratégico que define opciones, prioridades, etapas, medios y recursos. Un pensamiento catequético, que reconoce la imprevisibilidad de este tiempo, como oportunidad más que como amenaza y que plantea cauces variados ante la variedad de situaciones.


3. Propuestas para la proyección

Dada la finalidad de este Documento, la tercera sección del mismo no es conclusión, no cierra la reflexión, sino que la proyecta. A continuación se formula un elenco de propuestas en orden a favorecer la ampliación y profundización del pensamiento alcanzado durante las IV Jornadas Nacionales de Catequética:

- Implementar trabajos de investigación y/ o escribir artículos de divulgación que aborden algunas de las siguientes temáticas:

- Intuiciones de paradigmas catequéticos en el Documento de Aparecida.
- El lugar de la Catequesis en la Misión Continental propuesta por el Documento de Aparecida.
- La pedagogía iniciática como aporte a la Catequesis y a la Pas-toral.
- La formación de catequistas en la situación de incertidumbre e imprevisibilidad.
- La dimensión misionera de la Catequesis en términos de una Catequesis de la propuesta.
-Otras temáticas y líneas de investigación que aborden las nue-vas realidades.

- Generar un foro virtual sincrónico (con fechas y horarios determina-dos, al estilo “sala de chat”) y/ o asincrónico para dar continuidad al tema de las IV Jornadas.

- Formar un equipo interdisciplinario que aborde este Documento de Apertura como fuente y disparador para el estudio, la investigación y la explicitación del nuevo paradigma catequético en nuestro continente.

- Recoger y difundir las nuevas experiencias catequísticas que se están realizando, para promover su socialización, análisis, estudio, probables procesos de mejora y su sistematización en el discurso catequético.

- Promover y optimizar el acceso a los materiales de estudio y divulgación sobre la temática de las IV Jornadas, a través de la incorporación en el sitio del ISCA de recursos que operan como alertas, con ocasión de la publicación de intervenciones o textos nuevos.


NOTAS
(1) P. Jorge Antonio Pérez en su Trabajo Previo a las IV Jornadas.
(2) En su trabajo previo a las IV Jornadas, Liliana Panzavolta menciona esta problemática, a modo de desafío, citando parte del número 286 del DA.
(3) Dani Gaspanello en su trabajo previo a las IV Jornadas.
(4) Élida Gasalla en su trabajo previo a las IV Jornadas.
(5) Celia Escudero en su trabajo previo a las IV Jornadas.

(6) Beatriz Carriego en su trabajo previo a las IV Jornadas.
(7) Liliana Panzavolta en su trabajo previo a las IV Jornadas.
(8)y(9) El P. José A. Pérez cita a Emilio Alberich en El nuevo paradigma de la Catequesis, en http://www.isca.org.ar/images/mail/58-alberich.doc
(10) P. José A. en su trabajo previo a las IV Jornadas Nacionales de Catequética.

(11) Zelindo TRENTI – Maria Pia FAU, Riadeguare il processo formativo nell'azione catechistica a partire dall'altro, in Salvatore CURRÒ (ed), Alterità e catechesi, Leumann, Elldici, 2003, 180.
(12) Liliana Panzavolta en su trabajo previo a las IV Jornadas Nacionales de Catequética.
(13) Ximena Mazzetti cita en su trabajo previo a ALBERICH, E."Catequesis evangelizadora y pe-dagogía de iniciación. Nuevos impulsos en un reciente documento de los obispos franceses”. En revista Catequética julio-agosto 2007, pág 222-223. Bilbao, Sal Terrae.
(14) Ximena Mazzetti cita en su trabajo previo a ALBERICH, E. en “Hacia una presentación orgánica y vital del mensaje cristiano en la Catequesis.” Revista Catequética, setiembre-octubre 2007, pág 296. Bilbao, Sal Terrae.
(15) Así se expresaba el Hno. Enzo Biemmi, Presidente del Equipo Europeo de Catequesis (EEC), durante su exposición durante la presentación del reciente Congreso organizado en Lisboa.

(16) DGC 52
(17) DGC 61
(18) DGC 62
(19) Graciela Stegnar en su trabajo previo a las IV Jornadas Nacionales de Catequética.
(20) Cfr. DCG 238

(21) CT 5; DGC 80-82
(22) Jiménez, Manuel José, "Catequesis para el Tercer Milenio" , San Pablo, Santafé de Bogotá, 2001, pág. 30
(23) CT 51
(24) P. Frans De Vos, “Metodología Catequística”, Ed. La Semilla. Lomas de Zamora, 2000
(25) Cfr. DGC 245

(26) DGC 237
(27) Cfr. DCG de 1971 Nº 112 – DGC de 1997 Nº 245



 

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