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Últimamente
resulta bastante habitual, entre los
catequetas, hablar de "un nuevo
paradigma catequético".
En la búsqueda de respuestas
adecuadas al cambio epocal y a la
creciente descristianización,
ellos utilizan esta expresión
como síntesis de algunos rasgos
que van visualizando en su reflexión.
Todavía poseen un fuerte carácter
hipotético, mezcla de intuición
y de búsqueda inacabada.
La Catequesis
Familiar es parte de esa búsqueda
y queda, de hecho, implicada en los
rasgos del nuevo paradigma. Rasgos
que se refieren a su identidad, a
sus agentes y a sus interlocutores.
En este sentido
han sido muy valiosas las reflexiones
que, en los distintos países,
se han referido a la formación
de los catequistas. Es ésta
una perspectiva que merece ser priorizada
en la comprensión del nuevo
paradigma.
Los catequistas
son parte de la comunidad eclesial.
Ya hace mucho tiempo, la Iglesia subrayó
la dimensión comunitaria de
la Catequesis. La comunidad como fuente,
lugar y meta ha situado el ministerio
catequístico bajo el signo
eclesial de la koinonía.
Los catequistas
se han iniciado en la fe de la comunidad
y allí han madurado sus opciones,
haciéndose testigos de esa
misma fe. Ellos no constituyen un
simple grupo, como los que integran
los movimientos o instituciones eclesiales.
Ellos son la voz y el gesto de la
fe de la comunidad. En ellos se ha
delegado la misión del anuncio
Pero la verdadera
"catequista" es la comunidad
misma. La Palabra del Señor
se hace eco en la profunda experiencia
de fe que viven sus miembros. Y el
eco no puede callarse
Una vez
vivida la experiencia de la fe, ella
resuena en todo el espacio catequístico,
que es la comunidad eclesial. Resuena
y se propaga suscitando la fe naciente
de los que se acercan y fortaleciendo
la fe más madura de todos sus
integrantes.
La Iglesia
toda posee la función profética
y la ha delegado en algunas personas
que han sido, especialmente, llamadas
a anunciar la Buena Noticia de Jesús.
Toda delegación supone una
simple entrega de la tarea en sí
misma, pero nunca es una entrega de
la responsabilidad contenida en esa
tarea.
Si la comunidad
eclesial se despreocupara de su función
profética, se desnaturalizaría.
No sería quien está
llamada a ser. La Catequesis no es,
por lo tanto, un ámbito cerrado
y reservado a unos pocos "especialistas"
del anuncio.
Esta
dimensión comunitaria de la
Catequesis no es, ciertamente, un
rasgo nuevo. Sin embargo, el nuevo
paradigma catequético se vuelve
hacia él con una fuerza nueva.
Esta dimensión se hace reclamo
a la Catequesis de este tiempo desde
varias perspectivas:
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El hambre
de comunión que experimenta
el hombre de hoy, atrapado en
el individualismo de una sociedad
del éxito, el consumo y
la soledad en el medio de la masificación. |
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La Catequesis de la comunidad
como Catequesis intergeneracional.
Sin sujetarse a rígidos
itinerarios de una tradicional
Catequesis por edades, se propone
al catecúmeno la fe de
la comunidad cristiana, como experiencia
global en la que quedan entramadas
la fe vivida en el testimonio;
la fe conocida a través
de toda la función profética,
en sus diversas formas, y la fe
celebrada en la liturgia. |
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Una Catequesis,
diferenciada y común a
la vez, que sabe integrar, en
un delicado equilibrio, lo específico
de cada persona en su singularidad
irrenunciable y lo esencial como
propuesta generalizada a todos. |
La Catequesis
Familiar es hoy receptora de estas
intuiciones y búsquedas. Ella
también pide ser una "Catequesis
de inmersión" en la cual
sus interlocutores puedan compartir,
con toda la comunidad, la experiencia
de una fe que se ofrece y se contagia
con inusitada vitalidad.
Equipo
del Observatorio Catequístico
investigacion@isca.org.ar
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