Isca  
 
De la herencia a la propuesta

«En la situación actual multicultural y multireligiosa, una catequesis de la propuesta debe subrayar la singularidad y la originalidad cristiana, de modo que permita a cada cual situarse y constituirse como sujeto creyente»

(Una de las hipótesis planteadas durante el Coloquio “La Catequesis en un mundo en plena mutuación”. París. Febrero de 2003)

 

La primacía de lo diverso
Muchos se han referido últimamente a esta primacía. Ella se expresa, por ejemplo, en el fenómeno de la multiculturalidad como verdadero emergente de un mundo globalizado y en permanente cambio y sincronía.

La poderosa mediación de las nuevas tecnologías de la información y de la comunicación disuelve las fronteras y provoca la convivencia de espacios culturales diversos.

Esta diversidad cultural va de la mano de una profunda diversidad religiosa. El mundo actual, sobre todo en los ámbitos urbanos, es multicultural y multireligioso.

Todo esto, unido a la acentuada búsqueda de la autonomía y de la realización personal, plantea una exigencia a veces desmedida de atención a muchas singularidades y lo diverso se constituye así en un verdadero desafío a la nueva evangelización.

La diversidad en la fe

Las sociedades actuales se configuran, no pocas veces, como sociedades “amnésicas”. El conocido refrán “todo tiempo pasado fue mejor” parece ser hoy sustituido por otro: “todo tiempo pasado fue peor y digno de ser olvidado”.

El actual tiempo de crisis plantea la búsqueda de un nuevo modo de ser, de un nuevo modo de vivir, de un nuevo modo de relacionarse y de creer. La opción por dejar de lado los modelos anteriores pone a este tiempo en una tensión no resuelta y asombrosamente extendida, que le ha ganado la denominación de “cambio epocal”.

Una de las expresiones de la crisis, en su dimensión religiosa, es el paso de la reproducción de la religiosidad de los padres y maestros a la multiplicidad de identidades religiosas. En otras palabras, es el paso de la uniformidad a la diversidad.

Este rasgo que, muchas veces, se plantea como constatación de cierto fracaso pastoral puede ser visto, en cambio, como la sincera expresión de una búsqueda que se encamina, con decisión y valentía, hacia una verdadera opción de fe.

La fe no se clona, no se imprime, no se copia, no se reproduce. La fe siempre es una respuesta personal al anuncio de Jesucristo salvador. Por lo tanto, la fe siempre es diversa en la diversidad de personas.

De la fe heredada a la fe propuesta
Durante mucho tiempo, amparados por una extendida situación de cristiandad, nos conformamos con transmitir una fe heredada. Nuestras opciones pedagógicas, alentadas por la identificación entre socialización cultural y socialización religiosa, se redujeron a planteos basados en la repetición, en el deber ser y en la imposición.

Asumíamos que los más jóvenes iban a reproducir nuestra misma fe y que esta fe se iba a expresar según nuestros mismos modelos. Todavía hoy, con cierta nostalgia o con deseos de restaurar el tiempo pasado, ofrecemos instancias basadas en el discurso o en el ejemplo al que llamamos, equivocadamente “testimonio”.

El testimonio habla de una experiencia y, muchas veces, provoca una experiencia. El ejemplo, en cambio, a veces proviene de un deber ser asumido a regañadientes y puede llegar a intimidar.

El testigo de Jesús es el que tuvo la profunda e incomparable experiencia de encontrarse con Él y está tan enamorado y transformado por ese encuentro que toda su vida lo expresa, incluso a veces sin nombrarlo.

Durante mucho tiempo nuestros planteos pastorales se conformaron con una fe heredada. Renunciamos al primer anuncio, por considerarlo innecesario entre nosotros, relegándolo a las tierra de misión, allí donde había personas que no conocían a Jesús.

Con este criterio ofrecimos, muchas veces, una Catequesis que daba por supuesta una fe inexistente y ofrecimos itinerarios de fe poco significativos que, a veces, no suscitaron el encuentro revelador con Jesús el Salvador.

Solamente allí, en la experiencia de Jesús, pueden encarnarse en la más profunda interioridad, su persona y su propuesta de vida. Sólo allí el hombre puede encontrar la respuesta a sus interrogantes más profundos. Y solamente allí puede suscitarse la respuesta personal e intransferible de su fe.

En la Catequesis Familiar

También la Catequesis Familiar está llamada en este tiempo a hacerse una Catequesis de la propuesta, creativa y atenta a la singularidad. Una Catequesis del diálogo que indaga, respetuosamente, en la situación de fe de los padres y que se atreve a reflexionar, resignificar y recrear los itinerarios que propone.

Los interlocutores de la CAFA son muy diversos. Algunos tienen una fe heredada de sus padres y mayores. Algunos se manifiestan abiertamente sin fe y otros dicen tener fe, pero no se adhieren al modelo de religiosidad que recibieron durante su iniciación.

Una Catequesis de la propuesta es, precisamente, una Catequesis abierta a cada singularidad y es, sobre todo, una Catequesis positiva que no niega el cambio del tiempo presente ni lo condena. Muy por el contrario, lo asume y trabaja sobre él, reconociendo en la pluralidad de identidades religiosas las semillas del Reino que habrá que potenciar y ayudar a crecer.

Equipo del Observatorio Catequístico
investigacion@isca.org.ar

 

 
 
 
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