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La
Catequesis Familiar, una experiencia
con historia
Durante muchos años la Catequesis
fue concebida como una especie de
vulgarización de la Teología.
Confiada casi exclusivamente a sacerdotes
y religiosas, constituyó un
conjunto de enseñanzas subordinadas
a la Teología, en el marco
de la tensión entre el Racionalismo
y la Neo - escolástica que
caracterizaron el pensamiento intelectual
del siglo XIX.
El
ambiente social de aquel tiempo estaba
imbuido de prácticas y normas
religiosas. Podríamos decir
que se producía naturalmente
un proceso de socialización
religiosa heredado a través
de largos siglos de cristiandad. La
Iglesia se abocaba, entonces, con
empeño y cuidado a la instrucción,
con el propósito de salvaguardar
la doctrina cristiana.
El comienzo del siglo XX trajo un
aire nuevo a la Catequesis. Los aportes
de la Psicología y de las ciencias
pedagógicas, durante la primera
mitad del siglo, y los estudios bíblicos
y la renovación de la Teología
y de la Liturgia, durante la segunda
mitad, suscitaron un movimiento renovador
de la Catequesis en toda la Iglesia.
La Catequesis Familiar surgió
como un verdadero brote, hundiendo
sus raíces en una fecunda experiencia
chilena iniciada en los años
siguientes al Concilio Vaticano II.
La renovación catequística,
con su impetuoso despliegue de creatividad
y de búsqueda incesante, encontró
en la Catequesis Familiar uno de los
canales más oportunos y vitales
para dar cauce al movimiento que renovó
la pastoral catequística de
aquellos años.
En sus comienzos se configuró,
simplemente, como una ayuda a la Catequesis
de los niños. Se trataba de
que las madres contribuyeran en la
catequización de sus hijos.
Para ello, ellas mismas aprendían
los temas que debían transmitirles.
En la década del '70 se produjeron
dos modificaciones muy significativas
en esta experiencia inicial: se incluyó
a los padres en la Catequesis Familiar
y, sobre todo, cambió la concepción
que de ella se había tenido
hasta el momento.
Este cambio fue radical y muy relevante,
pues comenzó a concebirse la
Catequesis Familiar no como una mera
ayuda a la Catequesis de los niños,
sino como una verdadera Catequesis
para adultos o con adultos. Ellos
se constituyeron en los sujetos principales
del itinerario de Evangelización
y Catequesis .
"Muy pronto, en países
como Argentina, Perú, Bolivia
y Ecuador se reconoció en esta
experiencia un regalo para toda la
Iglesia y, de acuerdo a las realidades
sociales y eclesiales de los propios
países, ella fue adaptada y
desarrollada. En la última
década, la Catequesis Familiar
ha dejado de ser una experiencia exclusivamente
latinoamericana y también ha
encontrado sus propios caminos de
realización en Europa, Norteamérica
y Asia".
El proceso desarrollado en la Argentina
fue bastante similar al chileno. Se
comenzó con el método
de las "mamás catequistas"
hacia fines de los sesenta y ya en
1973 fue posible hallar experiencias
de Catequesis Familiar en algunas
diócesis de nuestro país.
El Segundo Congreso Catequístico
Nacional realizado en el año
1987 en la Argentina constituyó,
sin duda, un hito importante en la
divulgación de la Catequesis
Familiar en el país. El documento,
que recoge las conclusiones del Congreso
, afirma que la Catequesis de adultos
es el modelo de toda Catequesis y
menciona la familia como uno de los
lugares catequísticos, en tanto
"imagen viva y representación
histórica del misterio mismo
de la Iglesia". Además,
clarifica el sentido amplio de la
Catequesis Familiar como toda instancia
de educación de la fe destinada
al matrimonio y a la familia, y el
sentido estricto de la misma cuando
se aplica el concepto a la Catequesis
que reciben los padres con ocasión
de la Primera Comunión de sus
hijos.
En Chile se habla de Catequesis Familiar
de Iniciación Eucarística,
justamente, para precisar este último
sentido de la expresión y para
evitar ambigüedades en su significación.
Éste es el sentido sobre el
cual nosotros centraremos nuestro
trabajo, reconociendo en la Catequesis
Familiar un proceso de Evangelización
ofrecido por la comunidad cristiana
a las familias, para que puedan crecer
en la fe. Se vincula fundamentalmente
con los signos eclesiales de la comunión
y de la liturgia y se ubica, sobre
todo, en el ámbito de la Catequesis
como iniciación.
Un escenario
paradójico y ambiguo
La Catequesis
Familiar se situó, desde sus
orígenes, en un escenario ambiguo
y paradójico. Ya en ese momento
se percibía la paradoja de
una iniciación que no iniciaba
sino que concluía la vida cristiana
de sus destinatarios y, ya en ese
momento, podía observarse también
la ambigüedad que aqueja a la
Catequesis Familiar: la familia es
el primer lugar de iniciación
cuando lleva vida cristiana, pero
cuando no vive la fe, aunque sus miembros
hayan sido bautizados, es destinataria
de Evangelización.
Este escenario se fue constituyendo
a lo largo de siglos de secularización,
en los cuales diversas corrientes
filosóficas fueron generando
un tipo de pensamiento autónomo,
sin dependencia del Creador ni de
la Creación y, por lo tanto,
sin dependencia de la realidad dada.
Sin detenernos en un análisis
minucioso de las razones que generaron
el largo proceso de secularización,
digamos, sin embargo, que esta independencia
de la realidad dada va de la mano
con el descreimiento religioso.
Cuando nació la Catequesis
Familiar, entre los años 60
y 70, se instalaba ya lenta e inexorablemente
una situación generalizada
de descreimiento, bajo la forma del
llamado "ateísmo práctico".
Más allá de la formal
afirmación de que Dios existe,
y más allá también
de ciertas prácticas religiosas
repetidas, sobre todo, por tradición,
Dios parecía quedar "encerrado
en el templo". Los valores religiosos,
eran muchas veces asumidos superficialmente
por influjo de la tradición
o de ciertas modalidades evangelizadoras
y pedagógicas que no daban
lugar a las opciones profundas. Se
los recibía pasivamente, como
una especie de estampa o de barniz
superficial y no se encarnaban en
los criterios, costumbres y modos
de vida.
Lejos de la preocupación por
"lo que hay que saber",
que había mantenido a la Catequesis
casi exclusivamente reducida a la
mera instrucción religiosa,
la Iglesia encontró en la Catequesis
Familiar una respuesta creativa y
renovada ante esta forma de indiferencia
y de descreimiento religioso.
Se observó, entonces, que los
niños que habían sido
iniciados en la fe y en la vida de
una comunidad cristiana perseveraban
mucho más en esa fe, si sus
padres estaban insertos en la comunidad
y hacían ellos también
su proceso de fe.
De este modo, muchos adultos que habían
recibido en su infancia los sacramentos
de iniciación sin haber sido,
realmente, iniciados en la fe tuvieron
por fin la posibilidad de hacerlo
con ocasión de la Primera Comunión
de sus hijos. La Catequesis Familiar
se convirtió, también,
en oportunidad de reiniciación
para muchos otros que, habiendo sido
iniciados en la vida de la Iglesia,
se habían ido alejando por
razones diversas o habían mantenido
su participación de modo meramente
formal y esporádico.
Entre las resonancias y el entusiasmo
generalizado de la entonces reciente
renovación catequística,
la Catequesis Familiar se encontró
ya, desde el comienzo, en un escenario
desafiante. Es importante en este
punto desprendernos con claridad de
ciertas fantasías o de recuerdos
equivocados que nos lleven a creer
que, en aquella época, era
posible la Catequesis Familiar porque
la situación religiosa de las
familias se mantenía en un
régimen de cristiandad.
Es verdad que, durante los últimos
treinta años, el proceso de
secularización devino en una
crisis generalizada de la transmisión
de la fe y es verdad, también,
que hoy podemos hablar de una crisis
global de la cultura, señalando
aspectos y alcances variados de esa
crisis en las instituciones, en la
autoridad, en la educación
y en la familia.
Pero también es verdad que,
a través de la Catequesis Familiar,
la Iglesia asumió con decisión,
entusiasmo y creatividad la Evangelización
de las familias, en un escenario en
el cual ya empezaban a descubrirse
los signos de la crisis.
Hoy, después de más
de treinta años de Catequesis
Familiar en América Latina,
ella parece estar expuesta a ciertas
tendencias involutivas. Como si hubiera
perdido la misma batalla para la cual
fue creada y como si toda la fuerza
y la creatividad iniciales hubieran
sido arrasadas por la crisis.
Nosotros afirmamos que la riqueza
de la Catequesis Familiar no pertenece
al pasado y, contrariamente a lo que
habitualmente escuchamos decir, afirmamos
la pertinencia de la Catequesis Familiar
para estos tiempos de crisis. Porque
ella nació, precisamente, en
un escenario desafiante de increencia
creciente.
Por su impacto en la Iglesia y en
la familia, la CAFA ocupa un lugar
muy importante en la historia de la
Catequesis en nuestro país.
Fue generadora de vocaciones catequísticas
y una expresión eficaz y oportuna
de creatividad eclesial. Los laicos,
mujeres y varones, encontraron en
ella un ámbito propio para
crecer en su identidad evangelizadora.
Toda ella es un verdadero signo de
la eclesiología de comunión.
Bajo su impulso y su ardor, se consolidaron
comunidades que crecieron animadas
por la vitalidad y fecundidad de los
grupos de Catequesis Familiar.
La CAFA contribuyó a la configuración
de itinerarios de formación
para adultos. Muchos de los que integraron
los grupos de Catequesis Familiar,
continuaron después su formación
en los centros de formación
catequística que se extendieron
a lo largo del país.
Hizo, además, un significativo
aporte al diálogo religioso
en el seno de la familia y otros ámbitos
educativos se atrevieron a vislumbrar
algunos caminos analógicos
para potenciar la fuerza educativa
del amor familiar .
Parafraseando a Puebla, podríamos
decir que la CAFA fue una verdadera
acción eclesial en el corazón
de la familia y una verdadera acción
familiar en el corazón de la
Iglesia.
De la escucha
a la hipótesis
El diálogo
con muchos catequistas de nuestro
país, nuestra propia experiencia
reflexionada en el ámbito de
la Catequesis Familiar y la indagación
bibliográfica; sobre todo en
las producciones derivadas del reciente
Congreso Internacional de Catequesis
Familiar de Iniciación Eucarística,
realizado en Chile durante el mes
de abril de 2005, nos sugieren diversas
hipótesis. Su verificación
o refutación podrían
llegar a brindarnos algunos aportes
interesantes para la Catequesis Familiar
de este tiempo.
Una de las cuestiones que más
nos preocupan es la identidad de la
búsqueda. Cuando los padres
llegan a los procesos de Catequesis
Familiar tienen una búsqueda
más o menos consciente. Ellos
se acercan a una comunidad eclesial
y piden para sus hijos la Primera
Comunión. La Iglesia pone en
marcha, a través de sus agentes
catequísticos, un proceso comúnmente
diseñado para los que tienen
fe. Se produce, entonces, la gran
dicotomía entre lo que la familia
pide y lo que la Iglesia se dispone
a darle.
 |
La
familia tiene un propósito
social y la Iglesia le ofrece
la inserción comunitaria. |
 |
La
familia llega pidiendo un sacramento
y la Iglesia quiere ayudarlos
a crecer en la fe. |
 |
La
familia se resigna a hacer, durante
un tiempo, aquello que se le pide
y la Iglesia se propone frutos
de conversión y de incorporación
a Cristo y a la comunidad. |
 |
La
familia no tiene fe o tiene una
fe pequeña y adormecida
y la Iglesia propone un itinerario
de fe. |
En
estas condiciones se inicia el camino.
Así comienza el diálogo
entre la familia y la Iglesia. Caminan
por el mismo territorio, pero tienen
mapas muy distintos y así se
hace muy difícil el encuentro.
Esta dicotomía inicial sólo
podrá revertirse a través
de un proceso catequístico
concebido como una verdadera catequesis
con adultos:
 |
un
itinerario de indagación
y explicitación de las
propias búsquedas religiosas; |
 |
un
camino de respuestas vitales y
de redescubrimiento de la fe,
por parte de los adultos como
auténticos protagonistas; |
 |
un
espacio superador que no se reduce
a la mera herencia de la fe, sino
que suscita y favorece la opción
de la fe. |
Nosotros
estamos convencidos de que, detrás
de una aparente búsqueda social
se esconde, en realidad, una verdadera
búsqueda religiosa que está
inscripta en la misma naturaleza humana.
Los procesos de Catequesis Familiar
podrán hacer explícita
y consciente esta búsqueda
si se ponen a la escucha de los profundos
y vitales interrogantes de sus interlocutores.
Sus
situaciones, angustias, esperanzas
y aspiraciones han de ser interpretadas
seriamente, dentro de su contexto
actual, a la luz de las experiencias
vivenciales del Pueblo de Israel,
de Cristo, y de la comunidad eclesial,
en la cual el Espíritu de Cristo,
resucitado vive y opera continuamente
.
Desde la ventana abierta
En
el ISCA hemos asumido la Catequesis
Familiar como uno de los temas de
nuestra reflexión catequética
y hemos sumado a esta reflexión
a muchos otros catequistas que, desde
las diversas regiones pastorales de
nuestro país, nos aportan sus
miradas y sus interrogantes.
La
"ventana abierta" adopta
en nuestro sitio web el modo de un
foro y constituye, para nosotros,
una herramienta significativa en la
reflexión. Allí los
catequistas han indagado en la naturaleza
original de la Catequesis Familiar,
centrando su reflexión en los
siguientes elementos como componentes
esenciales:
 |
el catequista y el carácter
testimonial de su fe; |
 |
la
Iglesia que se hace cercana
y visible en la comunidad; |
 |
el anuncio en el que se hacen
explícitos Jesús
y su Mensaje y
|
 |
el
método de la CAFA,
como original y oportuna expresión
de la Iglesia evangelizadora,
que invita a las familias
a recorrer un proceso evangelizador
. |
En
la "ventana abierta" los
catequistas se han preguntado, como
nosotros, acerca de la identidad de
la búsqueda que traen los padres
a la Catequesis Familiar. Han reconocido
en ellos una profunda y existencial
búsqueda religiosa que, en
muchos casos, no es consciente o está
aparentemente satisfecha por respuestas
de la más variada índole.
Han detectado, también, caminos
errados que se apartan de la verdadera
naturaleza de la Catequesis Familiar,
obstaculizando el logro de sus objetivos.
Porque
se recorre un itinerario no significativo,
sin anclaje en la situación
existencial del adulto o porque no
se indaga con seriedad y respeto en
la verdadera situación de fe
de los padres y se da por supuesta
una fe que no se posee. O, peor aún,
porque se cae en un formalismo que
guarda las formas externas de la Catequesis
Familiar, desvirtuando la naturaleza
del encuentro catequístico
y reduciéndolo tristemente
a una mera "clase de Catequesis",
a una mal llamada "terapia grupal"
o a cualquier otra forma de reunión
que no se proponga la iluminación
de la experiencia humana y la respuesta
de fe a la Palabra anunciada.
Por
éstas y otras muchas diversas
razones, la Catequesis Familiar pierde,
a lo largo de algunos procesos, parte
de su riqueza y pertinencia y sus
interlocutores no logran resignificar
sus búsquedas. Se recorre así
el camino con la clara sensación
de que no es el camino elegido. Hay
una cierta percepción de incomodidad
y, a veces, también de callada
obligación y resignación.
En
caminos como el que acabamos de describir,
la falta de explicitación de
la verdadera búsqueda de los
interlocutores y la ausencia de la
pregunta religiosa, que anida en el
corazón de todo hombre y de
toda mujer, constituyen verdaderos
obstáculos al crecimiento de
la fe. El catequista termina dando
respuestas a preguntas que nadie se
ha hecho y el proceso desencarnado
y frío no transforma y alcanza,
a veces, el triste carácter
de obligación cumplida.
A
través de la "ventana
abierta" a la Catequesis Familiar
en nuestro país, los catequistas
han señalado, además,
la diversidad de tipologías
religiosas en las cuales es posible
situar a los interlocutores de la
CAFA. En otros tiempos, en los cuales
la socialización religiosa
y la cultural se identificaban, las
personas llegaban a los procesos catequísticos
en situaciones de fe más similares.
Hoy, cuando como consecuencia de la
crisis en las transmisiones , la religiosidad
de los padres y maestros ya no constituye
el modelo único a transmitir,
los interlocutores de la Catequesis
Familiar llegan desde caminos diversos
y nos reclaman, explícita o
calladamente, itinerarios diversos.
Algunos
autores han investigado diversos itinerarios
y han realizado varias clasificaciones,
aportándonos así una
mirada interesante, que puede contribuir
a nuestra comprensión de los
distintos caminos que ya han recorrido
los padres cuando llegan a un proceso
de Catequesis Familiar.
Nosotros
nos detenemos en este trabajo en la
siguiente clasificación por
considerarla bastante representativa
de la diversidad, como fenómeno
religioso y cultural de la crisis
en la transmisión de la fe.
| Creyentes
no afiliados |
son
los que creen sin pertenecer.
No se consideran parte de la institución,
viven una fe individualista y
acuden, a veces, a la comunidad
eclesial con una búsqueda
o solicitud puntual. |
| Tradicionalistas |
han
recibido la fe de sus padres por
herencia. Son practicantes, pero
sólo algunos están
comprometidos con un proyecto
comunitario de Evangelización. |
| Los
que han vuelto a la religión |
no
necesariamente a aquella de la
que emigraron, y con un fuerte
componente de elección,
de acuerdo con sus gustos. |
| Los
buscadores |
que
pueblan el universo de los nuevos
movimientos religiosos. A veces,
quedan sujetos a situaciones de
sincretismo que, generalmente,
no advierten. No terminan de irse
de la religión de sus padres,
pero asumen las prácticas
y creencias que les ofrecen los
nuevos movimientos religiosos. |
| Los
secularistas |
que
han sido absorbidos por la socialización
cultural y que parecen no necesitar
una búsqueda religiosa. |
| Los
comprometidos con la propuesta
de Jesús e iniciados en
la fe |
llegan a la Catequesis Familiar
con el sincero deseo de crecer
en una respuesta libre y consciente
a esa propuesta. |
La
experiencia pastoral de cada uno de
nosotros podrá resignificar
esta clasificación, enriqueciéndola
con otros rasgos y emergentes. Lo
cierto es que ella nos deja ver la
diversidad como verdadero desafío
a nuestros procesos catequísticos.
La
tipología presentada supone
diversidad en la configuración
de la búsqueda religiosa de
los padres. Una actitud ingenua o
indiferente frente a la diversidad
de interrogantes contribuirá
a ignorarlos o a acallarlos, obstaculizándose
así la opción libre
y personal de la fe.
Ensayando
una conclusión
El
proceso que estamos desarrollando
desde el Observatorio Catequístico
del ISCA, junto a los catequistas
de distintas regiones pastorales,
está aún en desarrollo.
Sería, por lo tanto, muy incipiente
aventurar una conclusión. Estamos
en condiciones, en cambio, de proponer
algunas afirmaciones provisorias que
podemos agrupar en dos aspectos:
1. Los
factores que atentan más
reiteradamente contra la explicitación
de la búsqueda religiosa
de los padres.
2. Algunas
notas que debería tener
hoy una Catequesis Familiar adecuada
para estos tiempos de crisis en
la transmisión de la fe.
1.
Entre esos factores podemos mencionar:
a)
Deficiencias en la formación
de los catequistas que los llevan
a desnaturalizar el encuentro
catequístico.
b) Cierta estandarización
en el diseño de los itinerarios,
que no tienen en cuenta las diversas
situaciones de fe de los interlocutores.
c) La ausencia de diagnósticos
valederos y la tendencia a dar
por supuesta una fe que, a veces,
hay que suscitar o ayudar a redescubrir.
d) Confusiones o desconocimiento
acerca de la identidad y de la
misión del catequista,
que no logra ponerse al servicio
de la fe de sus hermanos.
e) Confusiones o desconocimiento
acerca de la naturaleza y finalidad
de la Catequesis y cierta tendencia
a reducirla a una mera instrucción
religiosa o a la transmisión
de normas y preceptos.
2.
Explicitamos, a continuación,
las siguientes notas considerándolas,
por un lado, aspectos irrenunciables
de una Catequesis Familiar que pretenda
ser ella misma. Por otro lado, reconocemos
su pertinencia en este tiempo de crisis
en la transmisión de la fe.
a) Una
Catequesis Familiar del diálogo:
El catequista ha de saber valorar
el trabajo realizado por el grupo,
evitando sus propias síntesis
y la tentación de dar respuestas
a las preguntas que nadie se ha
realizado. Ha de aprender a escuchar
lo que dicen los catequizandos,
valorando así el lenguaje
de la comunidad eclesial que se
expresa. Para pasar, de este modo,
del sentido literal al sentido
simbólico. A este paso
de la opacidad a la iluminación
y del texto al sentido, podemos
denominarlo "pascua del lenguaje".
En este sentido sería prudente
preguntarse si la crisis que hoy
experimenta la Catequesis Familiar
no está estrechamente vinculada
a la crisis del diálogo
y del lenguaje.
b) Una
Catequesis Familiar de la proposición:
Durante mucho tiempo, la Catequesis
ha sido una Catequesis del deber
ser. Hoy la crisis de la transmisión
de la fe nos pide pasar del ejemplo
a la experiencia personal. No
es éste el tiempo del discurso
doctrinario que impone, no es
el tiempo de la "encarnación
estampa", impuesta desde
afuera y por la fuerza. La fe
no se "clona", no se
copia y no se imprime. La fe se
transmite través de una
verdadera experiencia personal,
realizada en el seno de una comunidad
iniciadora en la cual los catequizandos
puedan vivir una experiencia de
valores que los introduzcan en
la iniciación a la vida
cristiana, verdadera y fundamental
finalidad de la Catequesis.
c) Una
Catequesis Familiar en el contexto
de una pastoral orgánica
que promueva otras instancias
de pastoral familiar en las cuales
se promuevan el diálogo
familiar y la concientización
de la misión de la familia
en la iniciación y en la
educación en la fe.
d) Una
Catequesis Familiar comprometida
con las nuevas situaciones familiares
y con los nuevos modelos de familia.
Una Catequesis Familiar creativa
y comprometida que no caiga en
el inútil facilismo de
hacer como si nada hubiera cambiado;
que asuma la crisis que hoy vive
la familia; que recree modos de
organización, condiciones,
lenguajes y experiencias significativas,
buscando en lo más esencial
de ella misma
e) Una
Catequesis Familiar que recree
nuevas formas de comunidad en
las cuales sea posible hacer la
experiencia de Jesús en
medio de todos, compartiendo dones
y carismas que se ponen el servicio
del anuncio.
f) Una
Catequesis Familiar que promueva
el discernimiento como camino
de encuentro con Dios en las diversas
situaciones problemáticas
que atraviesan los interlocutores
de la CAFA
g) Una
Catequesis Familiar que fortalezca
el primer anuncio, para que éste
se diferencie y, a la vez, se
integre en todo el proceso catequístico,
otorgándole una fuerza
renovadora y catecumenal.
h) Una
catequesis familiar que celebre
el anuncio y la presencia de Jesús
en medio de todos, haciendo confluir
orgánicamente la dimensión
catequética de la liturgia
y la dimensión litúrgica
de la catequesis.
i) Una
Catequesis Familiar que se atreva
a desentrañar la pedagogía
del acompañamiento como
modo concreto de personalizar
los itinerarios ante la diversidad
de opciones y caminos previos
recorridos por los padres.
j) Una
Catequesis Familiar que contemple
en silencio y con los pies descalzos
el misterio de cada interlocutor.
Con catequistas serviciales, humildes,
que se atreven a contemplar la
tierra sagrada del hermano. Catequistas
que saben escuchar y que han descubierto
en el misterio de cada persona
un reflejo del amor creador del
Padre.
k) Una
Catequesis Familiar con catequistas
que no bajan los brazos, que se
reúnen para pensar la Catequesis,
que investigan, que estudian,
que planifican de verdad. Catequistas
con una mirada larga capaz de
trascender la crisis y de esperar
la Pascua.
l) Una
Catequesis Familiar con obispos
y sacerdotes catequistas. Que
asumen su necesidad de formación
catequística, que se atreven
a ser creativos y a promover la
creatividad de los catequistas
laicos.
Cada una de
estas notas podría traducirse
en sendas investigaciones. Si el contexto
de la CAFA siempre fue desafiante,
hoy cuando el largo proceso de secularización
nos ha llevado a la actual crisis
en la transmisión de la fe,
no podemos preguntarnos acerca de
ella desde la simple coyuntura de
cuestiones organizacionales.
No alcanza
con preguntarnos acerca de la bibliografía
más adecuada, acerca de la
frecuencia con la cual se implementan
las reuniones o acerca de la situación
laboral de los padres como obstáculo.
Creemos que toda reflexión
o investigación acerca de la
Catequesis Familiar ha de hacerse
en perspectiva catequética
y en diálogo con otras disciplinas
humanas y teológicas, que puedan
continuar aportando luz a la cuestión. |