Isca  
 
Ventana abierta a la Catequesis Familiar en la Argentina

La Catequesis Familiar, una experiencia con historia

Durante muchos años la Catequesis fue concebida como una especie de vulgarización de la Teología. Confiada casi exclusivamente a sacerdotes y religiosas, constituyó un conjunto de enseñanzas subordinadas a la Teología, en el marco de la tensión entre el Racionalismo y la Neo - escolástica que caracterizaron el pensamiento intelectual del siglo XIX.

El ambiente social de aquel tiempo estaba imbuido de prácticas y normas religiosas. Podríamos decir que se producía naturalmente un proceso de socialización religiosa heredado a través de largos siglos de cristiandad. La Iglesia se abocaba, entonces, con empeño y cuidado a la instrucción, con el propósito de salvaguardar la doctrina cristiana.

El comienzo del siglo XX trajo un aire nuevo a la Catequesis. Los aportes de la Psicología y de las ciencias pedagógicas, durante la primera mitad del siglo, y los estudios bíblicos y la renovación de la Teología y de la Liturgia, durante la segunda mitad, suscitaron un movimiento renovador de la Catequesis en toda la Iglesia.

La Catequesis Familiar surgió como un verdadero brote, hundiendo sus raíces en una fecunda experiencia chilena iniciada en los años siguientes al Concilio Vaticano II. La renovación catequística, con su impetuoso despliegue de creatividad y de búsqueda incesante, encontró en la Catequesis Familiar uno de los canales más oportunos y vitales para dar cauce al movimiento que renovó la pastoral catequística de aquellos años.

En sus comienzos se configuró, simplemente, como una ayuda a la Catequesis de los niños. Se trataba de que las madres contribuyeran en la catequización de sus hijos. Para ello, ellas mismas aprendían los temas que debían transmitirles. En la década del '70 se produjeron dos modificaciones muy significativas en esta experiencia inicial: se incluyó a los padres en la Catequesis Familiar y, sobre todo, cambió la concepción que de ella se había tenido hasta el momento.

Este cambio fue radical y muy relevante, pues comenzó a concebirse la Catequesis Familiar no como una mera ayuda a la Catequesis de los niños, sino como una verdadera Catequesis para adultos o con adultos. Ellos se constituyeron en los sujetos principales del itinerario de Evangelización y Catequesis .

"Muy pronto, en países como Argentina, Perú, Bolivia y Ecuador se reconoció en esta experiencia un regalo para toda la Iglesia y, de acuerdo a las realidades sociales y eclesiales de los propios países, ella fue adaptada y desarrollada. En la última década, la Catequesis Familiar ha dejado de ser una experiencia exclusivamente latinoamericana y también ha encontrado sus propios caminos de realización en Europa, Norteamérica y Asia".

El proceso desarrollado en la Argentina fue bastante similar al chileno. Se comenzó con el método de las "mamás catequistas" hacia fines de los sesenta y ya en 1973 fue posible hallar experiencias de Catequesis Familiar en algunas diócesis de nuestro país.

El Segundo Congreso Catequístico Nacional realizado en el año 1987 en la Argentina constituyó, sin duda, un hito importante en la divulgación de la Catequesis Familiar en el país. El documento, que recoge las conclusiones del Congreso , afirma que la Catequesis de adultos es el modelo de toda Catequesis y menciona la familia como uno de los lugares catequísticos, en tanto "imagen viva y representación histórica del misterio mismo de la Iglesia". Además, clarifica el sentido amplio de la Catequesis Familiar como toda instancia de educación de la fe destinada al matrimonio y a la familia, y el sentido estricto de la misma cuando se aplica el concepto a la Catequesis que reciben los padres con ocasión de la Primera Comunión de sus hijos.

En Chile se habla de Catequesis Familiar de Iniciación Eucarística, justamente, para precisar este último sentido de la expresión y para evitar ambigüedades en su significación. Éste es el sentido sobre el cual nosotros centraremos nuestro trabajo, reconociendo en la Catequesis Familiar un proceso de Evangelización ofrecido por la comunidad cristiana a las familias, para que puedan crecer en la fe. Se vincula fundamentalmente con los signos eclesiales de la comunión y de la liturgia y se ubica, sobre todo, en el ámbito de la Catequesis como iniciación.

 

Un escenario paradójico y ambiguo

La Catequesis Familiar se situó, desde sus orígenes, en un escenario ambiguo y paradójico. Ya en ese momento se percibía la paradoja de una iniciación que no iniciaba sino que concluía la vida cristiana de sus destinatarios y, ya en ese momento, podía observarse también la ambigüedad que aqueja a la Catequesis Familiar: la familia es el primer lugar de iniciación cuando lleva vida cristiana, pero cuando no vive la fe, aunque sus miembros hayan sido bautizados, es destinataria de Evangelización.

Este escenario se fue constituyendo a lo largo de siglos de secularización, en los cuales diversas corrientes filosóficas fueron generando un tipo de pensamiento autónomo, sin dependencia del Creador ni de la Creación y, por lo tanto, sin dependencia de la realidad dada.

Sin detenernos en un análisis minucioso de las razones que generaron el largo proceso de secularización, digamos, sin embargo, que esta independencia de la realidad dada va de la mano con el descreimiento religioso.

Cuando nació la Catequesis Familiar, entre los años 60 y 70, se instalaba ya lenta e inexorablemente una situación generalizada de descreimiento, bajo la forma del llamado "ateísmo práctico". Más allá de la formal afirmación de que Dios existe, y más allá también de ciertas prácticas religiosas repetidas, sobre todo, por tradición, Dios parecía quedar "encerrado en el templo". Los valores religiosos, eran muchas veces asumidos superficialmente por influjo de la tradición o de ciertas modalidades evangelizadoras y pedagógicas que no daban lugar a las opciones profundas. Se los recibía pasivamente, como una especie de estampa o de barniz superficial y no se encarnaban en los criterios, costumbres y modos de vida.

Lejos de la preocupación por "lo que hay que saber", que había mantenido a la Catequesis casi exclusivamente reducida a la mera instrucción religiosa, la Iglesia encontró en la Catequesis Familiar una respuesta creativa y renovada ante esta forma de indiferencia y de descreimiento religioso.

Se observó, entonces, que los niños que habían sido iniciados en la fe y en la vida de una comunidad cristiana perseveraban mucho más en esa fe, si sus padres estaban insertos en la comunidad y hacían ellos también su proceso de fe.

De este modo, muchos adultos que habían recibido en su infancia los sacramentos de iniciación sin haber sido, realmente, iniciados en la fe tuvieron por fin la posibilidad de hacerlo con ocasión de la Primera Comunión de sus hijos. La Catequesis Familiar se convirtió, también, en oportunidad de reiniciación para muchos otros que, habiendo sido iniciados en la vida de la Iglesia, se habían ido alejando por razones diversas o habían mantenido su participación de modo meramente formal y esporádico.

Entre las resonancias y el entusiasmo generalizado de la entonces reciente renovación catequística, la Catequesis Familiar se encontró ya, desde el comienzo, en un escenario desafiante. Es importante en este punto desprendernos con claridad de ciertas fantasías o de recuerdos equivocados que nos lleven a creer que, en aquella época, era posible la Catequesis Familiar porque la situación religiosa de las familias se mantenía en un régimen de cristiandad.

Es verdad que, durante los últimos treinta años, el proceso de secularización devino en una crisis generalizada de la transmisión de la fe y es verdad, también, que hoy podemos hablar de una crisis global de la cultura, señalando aspectos y alcances variados de esa crisis en las instituciones, en la autoridad, en la educación y en la familia.

Pero también es verdad que, a través de la Catequesis Familiar, la Iglesia asumió con decisión, entusiasmo y creatividad la Evangelización de las familias, en un escenario en el cual ya empezaban a descubrirse los signos de la crisis.

Hoy, después de más de treinta años de Catequesis Familiar en América Latina, ella parece estar expuesta a ciertas tendencias involutivas. Como si hubiera perdido la misma batalla para la cual fue creada y como si toda la fuerza y la creatividad iniciales hubieran sido arrasadas por la crisis.

Nosotros afirmamos que la riqueza de la Catequesis Familiar no pertenece al pasado y, contrariamente a lo que habitualmente escuchamos decir, afirmamos la pertinencia de la Catequesis Familiar para estos tiempos de crisis. Porque ella nació, precisamente, en un escenario desafiante de increencia creciente.

Por su impacto en la Iglesia y en la familia, la CAFA ocupa un lugar muy importante en la historia de la Catequesis en nuestro país. Fue generadora de vocaciones catequísticas y una expresión eficaz y oportuna de creatividad eclesial. Los laicos, mujeres y varones, encontraron en ella un ámbito propio para crecer en su identidad evangelizadora.

Toda ella es un verdadero signo de la eclesiología de comunión. Bajo su impulso y su ardor, se consolidaron comunidades que crecieron animadas por la vitalidad y fecundidad de los grupos de Catequesis Familiar.

La CAFA contribuyó a la configuración de itinerarios de formación para adultos. Muchos de los que integraron los grupos de Catequesis Familiar, continuaron después su formación en los centros de formación catequística que se extendieron a lo largo del país.

Hizo, además, un significativo aporte al diálogo religioso en el seno de la familia y otros ámbitos educativos se atrevieron a vislumbrar algunos caminos analógicos para potenciar la fuerza educativa del amor familiar .

Parafraseando a Puebla, podríamos decir que la CAFA fue una verdadera acción eclesial en el corazón de la familia y una verdadera acción familiar en el corazón de la Iglesia.

 

De la escucha a la hipótesis

El diálogo con muchos catequistas de nuestro país, nuestra propia experiencia reflexionada en el ámbito de la Catequesis Familiar y la indagación bibliográfica; sobre todo en las producciones derivadas del reciente Congreso Internacional de Catequesis Familiar de Iniciación Eucarística, realizado en Chile durante el mes de abril de 2005, nos sugieren diversas hipótesis. Su verificación o refutación podrían llegar a brindarnos algunos aportes interesantes para la Catequesis Familiar de este tiempo.

Una de las cuestiones que más nos preocupan es la identidad de la búsqueda. Cuando los padres llegan a los procesos de Catequesis Familiar tienen una búsqueda más o menos consciente. Ellos se acercan a una comunidad eclesial y piden para sus hijos la Primera Comunión. La Iglesia pone en marcha, a través de sus agentes catequísticos, un proceso comúnmente diseñado para los que tienen fe. Se produce, entonces, la gran dicotomía entre lo que la familia pide y lo que la Iglesia se dispone a darle.

 

La familia tiene un propósito social y la Iglesia le ofrece la inserción comunitaria.
La familia llega pidiendo un sacramento y la Iglesia quiere ayudarlos a crecer en la fe.
La familia se resigna a hacer, durante un tiempo, aquello que se le pide y la Iglesia se propone frutos de conversión y de incorporación a Cristo y a la comunidad.

La familia no tiene fe o tiene una fe pequeña y adormecida y la Iglesia propone un itinerario de fe.

 

En estas condiciones se inicia el camino. Así comienza el diálogo entre la familia y la Iglesia. Caminan por el mismo territorio, pero tienen mapas muy distintos y así se hace muy difícil el encuentro.


Esta dicotomía inicial sólo podrá revertirse a través de un proceso catequístico concebido como una verdadera catequesis con adultos:


un itinerario de indagación y explicitación de las propias búsquedas religiosas;
un camino de respuestas vitales y de redescubrimiento de la fe, por parte de los adultos como auténticos protagonistas;

un espacio superador que no se reduce a la mera herencia de la fe, sino que suscita y favorece la opción de la fe.

 

Nosotros estamos convencidos de que, detrás de una aparente búsqueda social se esconde, en realidad, una verdadera búsqueda religiosa que está inscripta en la misma naturaleza humana. Los procesos de Catequesis Familiar podrán hacer explícita y consciente esta búsqueda si se ponen a la escucha de los profundos y vitales interrogantes de sus interlocutores.

 

Sus situaciones, angustias, esperanzas y aspiraciones han de ser interpretadas seriamente, dentro de su contexto actual, a la luz de las experiencias vivenciales del Pueblo de Israel, de Cristo, y de la comunidad eclesial, en la cual el Espíritu de Cristo, resucitado vive y opera continuamente .


Desde la ventana abierta

En el ISCA hemos asumido la Catequesis Familiar como uno de los temas de nuestra reflexión catequética y hemos sumado a esta reflexión a muchos otros catequistas que, desde las diversas regiones pastorales de nuestro país, nos aportan sus miradas y sus interrogantes.

 

La "ventana abierta" adopta en nuestro sitio web el modo de un foro y constituye, para nosotros, una herramienta significativa en la reflexión. Allí los catequistas han indagado en la naturaleza original de la Catequesis Familiar, centrando su reflexión en los siguientes elementos como componentes esenciales:

 

el catequista y el carácter testimonial de su fe;
la Iglesia que se hace cercana y visible en la comunidad;
el anuncio en el que se hacen explícitos Jesús y su Mensaje y…

el método de la CAFA, como original y oportuna expresión de la Iglesia evangelizadora, que invita a las familias a recorrer un proceso evangelizador .

 

En la "ventana abierta" los catequistas se han preguntado, como nosotros, acerca de la identidad de la búsqueda que traen los padres a la Catequesis Familiar. Han reconocido en ellos una profunda y existencial búsqueda religiosa que, en muchos casos, no es consciente o está aparentemente satisfecha por respuestas de la más variada índole. Han detectado, también, caminos errados que se apartan de la verdadera naturaleza de la Catequesis Familiar, obstaculizando el logro de sus objetivos.

 

Porque se recorre un itinerario no significativo, sin anclaje en la situación existencial del adulto o porque no se indaga con seriedad y respeto en la verdadera situación de fe de los padres y se da por supuesta una fe que no se posee. O, peor aún, porque se cae en un formalismo que guarda las formas externas de la Catequesis Familiar, desvirtuando la naturaleza del encuentro catequístico y reduciéndolo tristemente a una mera "clase de Catequesis", a una mal llamada "terapia grupal" o a cualquier otra forma de reunión que no se proponga la iluminación de la experiencia humana y la respuesta de fe a la Palabra anunciada.

 

Por éstas y otras muchas diversas razones, la Catequesis Familiar pierde, a lo largo de algunos procesos, parte de su riqueza y pertinencia y sus interlocutores no logran resignificar sus búsquedas. Se recorre así el camino con la clara sensación de que no es el camino elegido. Hay una cierta percepción de incomodidad y, a veces, también de callada obligación y resignación.

 

En caminos como el que acabamos de describir, la falta de explicitación de la verdadera búsqueda de los interlocutores y la ausencia de la pregunta religiosa, que anida en el corazón de todo hombre y de toda mujer, constituyen verdaderos obstáculos al crecimiento de la fe. El catequista termina dando respuestas a preguntas que nadie se ha hecho y el proceso desencarnado y frío no transforma y alcanza, a veces, el triste carácter de obligación cumplida.

 

A través de la "ventana abierta" a la Catequesis Familiar en nuestro país, los catequistas han señalado, además, la diversidad de tipologías religiosas en las cuales es posible situar a los interlocutores de la CAFA. En otros tiempos, en los cuales la socialización religiosa y la cultural se identificaban, las personas llegaban a los procesos catequísticos en situaciones de fe más similares. Hoy, cuando como consecuencia de la crisis en las transmisiones , la religiosidad de los padres y maestros ya no constituye el modelo único a transmitir, los interlocutores de la Catequesis Familiar llegan desde caminos diversos y nos reclaman, explícita o calladamente, itinerarios diversos.

 

Algunos autores han investigado diversos itinerarios y han realizado varias clasificaciones, aportándonos así una mirada interesante, que puede contribuir a nuestra comprensión de los distintos caminos que ya han recorrido los padres cuando llegan a un proceso de Catequesis Familiar.

 

Nosotros nos detenemos en este trabajo en la siguiente clasificación por considerarla bastante representativa de la diversidad, como fenómeno religioso y cultural de la crisis en la transmisión de la fe.

 

Creyentes no afiliados son los que creen sin pertenecer. No se consideran parte de la institución, viven una fe individualista y acuden, a veces, a la comunidad eclesial con una búsqueda o solicitud puntual.
Tradicionalistas han recibido la fe de sus padres por herencia. Son practicantes, pero sólo algunos están comprometidos con un proyecto comunitario de Evangelización.
Los que han vuelto a la religión no necesariamente a aquella de la que emigraron, y con un fuerte componente de elección, de acuerdo con sus gustos.
Los buscadores que pueblan el universo de los nuevos movimientos religiosos. A veces, quedan sujetos a situaciones de sincretismo que, generalmente, no advierten. No terminan de irse de la religión de sus padres, pero asumen las prácticas y creencias que les ofrecen los nuevos movimientos religiosos.
Los secularistas que han sido absorbidos por la socialización cultural y que parecen no necesitar una búsqueda religiosa.
Los comprometidos con la propuesta de Jesús e iniciados en la fe llegan a la Catequesis Familiar con el sincero deseo de crecer en una respuesta libre y consciente a esa propuesta.

 

La experiencia pastoral de cada uno de nosotros podrá resignificar esta clasificación, enriqueciéndola con otros rasgos y emergentes. Lo cierto es que ella nos deja ver la diversidad como verdadero desafío a nuestros procesos catequísticos.

 

La tipología presentada supone diversidad en la configuración de la búsqueda religiosa de los padres. Una actitud ingenua o indiferente frente a la diversidad de interrogantes contribuirá a ignorarlos o a acallarlos, obstaculizándose así la opción libre y personal de la fe.

 

Ensayando una conclusión

El proceso que estamos desarrollando desde el Observatorio Catequístico del ISCA, junto a los catequistas de distintas regiones pastorales, está aún en desarrollo. Sería, por lo tanto, muy incipiente aventurar una conclusión. Estamos en condiciones, en cambio, de proponer algunas afirmaciones provisorias que podemos agrupar en dos aspectos:

 

1. Los factores que atentan más reiteradamente contra la explicitación de la búsqueda religiosa de los padres.

2. Algunas notas que debería tener hoy una Catequesis Familiar adecuada para estos tiempos de crisis en la transmisión de la fe.

 

1. Entre esos factores podemos mencionar:

    a) Deficiencias en la formación de los catequistas que los llevan a desnaturalizar el encuentro catequístico.

    b) Cierta estandarización en el diseño de los itinerarios, que no tienen en cuenta las diversas situaciones de fe de los interlocutores.

    c) La ausencia de diagnósticos valederos y la tendencia a dar por supuesta una fe que, a veces, hay que suscitar o ayudar a redescubrir.

    d) Confusiones o desconocimiento acerca de la identidad y de la misión del catequista, que no logra ponerse al servicio de la fe de sus hermanos.

    e) Confusiones o desconocimiento acerca de la naturaleza y finalidad de la Catequesis y cierta tendencia a reducirla a una mera instrucción religiosa o a la transmisión de normas y preceptos.

2. Explicitamos, a continuación, las siguientes notas considerándolas, por un lado, aspectos irrenunciables de una Catequesis Familiar que pretenda ser ella misma. Por otro lado, reconocemos su pertinencia en este tiempo de crisis en la transmisión de la fe.

    a) Una Catequesis Familiar del diálogo: El catequista ha de saber valorar el trabajo realizado por el grupo, evitando sus propias síntesis y la tentación de dar respuestas a las preguntas que nadie se ha realizado. Ha de aprender a escuchar lo que dicen los catequizandos, valorando así el lenguaje de la comunidad eclesial que se expresa. Para pasar, de este modo, del sentido literal al sentido simbólico. A este paso de la opacidad a la iluminación y del texto al sentido, podemos denominarlo "pascua del lenguaje". En este sentido sería prudente preguntarse si la crisis que hoy experimenta la Catequesis Familiar no está estrechamente vinculada a la crisis del diálogo y del lenguaje.

     

    b) Una Catequesis Familiar de la proposición: Durante mucho tiempo, la Catequesis ha sido una Catequesis del deber ser. Hoy la crisis de la transmisión de la fe nos pide pasar del ejemplo a la experiencia personal. No es éste el tiempo del discurso doctrinario que impone, no es el tiempo de la "encarnación estampa", impuesta desde afuera y por la fuerza. La fe no se "clona", no se copia y no se imprime. La fe se transmite través de una verdadera experiencia personal, realizada en el seno de una comunidad iniciadora en la cual los catequizandos puedan vivir una experiencia de valores que los introduzcan en la iniciación a la vida cristiana, verdadera y fundamental finalidad de la Catequesis.

     

    c) Una Catequesis Familiar en el contexto de una pastoral orgánica que promueva otras instancias de pastoral familiar en las cuales se promuevan el diálogo familiar y la concientización de la misión de la familia en la iniciación y en la educación en la fe.

     

    d) Una Catequesis Familiar comprometida con las nuevas situaciones familiares y con los nuevos modelos de familia. Una Catequesis Familiar creativa y comprometida que no caiga en el inútil facilismo de hacer como si nada hubiera cambiado; que asuma la crisis que hoy vive la familia; que recree modos de organización, condiciones, lenguajes y experiencias significativas, buscando en lo más esencial de ella misma

     

    e) Una Catequesis Familiar que recree nuevas formas de comunidad en las cuales sea posible hacer la experiencia de Jesús en medio de todos, compartiendo dones y carismas que se ponen el servicio del anuncio.

     

    f) Una Catequesis Familiar que promueva el discernimiento como camino de encuentro con Dios en las diversas situaciones problemáticas que atraviesan los interlocutores de la CAFA

     

    g) Una Catequesis Familiar que fortalezca el primer anuncio, para que éste se diferencie y, a la vez, se integre en todo el proceso catequístico, otorgándole una fuerza renovadora y catecumenal.

     

    h) Una catequesis familiar que celebre el anuncio y la presencia de Jesús en medio de todos, haciendo confluir orgánicamente la dimensión catequética de la liturgia y la dimensión litúrgica de la catequesis.

     

    i) Una Catequesis Familiar que se atreva a desentrañar la pedagogía del acompañamiento como modo concreto de personalizar los itinerarios ante la diversidad de opciones y caminos previos recorridos por los padres.

     

    j) Una Catequesis Familiar que contemple en silencio y con los pies descalzos el misterio de cada interlocutor. Con catequistas serviciales, humildes, que se atreven a contemplar la tierra sagrada del hermano. Catequistas que saben escuchar y que han descubierto en el misterio de cada persona un reflejo del amor creador del Padre.

     

    k) Una Catequesis Familiar con catequistas que no bajan los brazos, que se reúnen para pensar la Catequesis, que investigan, que estudian, que planifican de verdad. Catequistas con una mirada larga capaz de trascender la crisis y de esperar la Pascua.

     

    l) Una Catequesis Familiar con obispos y sacerdotes catequistas. Que asumen su necesidad de formación catequística, que se atreven a ser creativos y a promover la creatividad de los catequistas laicos.

Cada una de estas notas podría traducirse en sendas investigaciones. Si el contexto de la CAFA siempre fue desafiante, hoy cuando el largo proceso de secularización nos ha llevado a la actual crisis en la transmisión de la fe, no podemos preguntarnos acerca de ella desde la simple coyuntura de cuestiones organizacionales.

 

No alcanza con preguntarnos acerca de la bibliografía más adecuada, acerca de la frecuencia con la cual se implementan las reuniones o acerca de la situación laboral de los padres como obstáculo. Creemos que toda reflexión o investigación acerca de la Catequesis Familiar ha de hacerse en perspectiva catequética y en diálogo con otras disciplinas humanas y teológicas, que puedan continuar aportando luz a la cuestión.

 
 
 
opciones
Ver números anteriores

¿Cuáles son los rasgos de un catequista misionero?


comunicandonos
Memoria en Octubre Memoria en Octubre
Estamos cerrando el año y queremos hablar de sorpresas y bendiciones inesperadas. Octubre, ¿es muy temprano para hacer una...
..................................................................................................
El misionero siempre regresa con las manos llenas El misionero siempre regresa con las manos llenas
Todos estamos llamados a esta nueva salida misionera. Cada cristiano y cada comunidad discernirán cuál es...
..................................................................................................
Educar la respuesta de la fe Educar la respuesta de la fe
La catequesis se halla en búsqueda de una identidad propia dentro de la misión de la Iglesia y sobre todo en los contextos de Nueva Evangelización. He llegado a la conclusión de que su tarea prioritaria -aunque no la única- es la de favorecer la acogida de la propuesta cristiana a partir de los dinamismos culturales propios de las personas y de los grupos humanos...
..................................................................................................
  suscribir al comunicándonos Ver números anteriores
recomendar

Recomendar esta
página a un amigo

imprimir Imprimir esta
página