Isca  
 
Interrogantes para una Catequesis con adultos

El Directorio General para la Catequesis reconoce tres tipos de adultos a los cuales se dirige la Catequesis: 1

 

Adultos creyentes, que viven con coherencia su opción de fe y desean, sinceramente, profundizar en ella.
Adultos bautizados que no recibieron una Catequesis adecuada; o que no han culminado realmente la iniciación cristiana; o que se han alejado de la fe, hasta el punto que han de ser considerados “cuasicatecúmenos”.
Adultos no bautizados, que necesitan en sentido propio un catecumenado.

 

Nuestra experiencia pastoral nos indica que, de los tres grupos antes mencionados, el más numeroso es el segundo. Alguna vez hemos escuchado decir de ellos que son adultos “sacramentalizados no evangelizados”. Son representativos del actual contexto de crisis en la transmisión de la fe.

 

Algunos autores 2 los conciben como destinatarios de una Catequesis de reiniciación, asumiendo esta reiniciación como un redescubrir la fe que ya se posee o un volver a la fe de la que alguna vez se han alejado. Otros autores 3 manifiestan que la reiniciación es un concepto contradictorio en sí mismo, puesto que la iniciación cristiana es una etapa en el itinerario de fe de cada persona. Tiene un comienzo y una conclusión que se verifican en un proceso catequístico. Por lo tanto, en un sentido estricto, no sería correcto hablar de reiniciación, aunque muchas veces empleemos este término para referirnos a los procesos de los adultos de este segundo grupo. Lo hacemos en un sentido antropológico – existencial y no en sentido teológico.

 

Los adultos del primer grupo parecen ser una minoría en el tiempo actual. Ellos han de recorrer, en sus itinerarios, un camino de educación permanente de la fe. Integran las comunidades cristianas, celebran los sacramentos y se sienten convocados a la acción pastoral como expresión de su compromiso con el Reino.

 

Los del tercer grupo son los destinatarios del catecumenado pre – bautismal. Hoy la Iglesia considera que esta forma de Catequesis ha de ser inspiración de toda Catequesis. Por tal razón es frecuente escuchar hablar, entre los catequetas, de “Catequesis de talante o de inspiración catecumenal”

 

Desde hace ya muchos años, la Iglesia en la Argentina ha manifestado la prioridad por el adulto, señalando que la Catequesis de adultos “es la forma principal de Catequesis porque está dirigida a las personas que tienen las mayores responsabilidades y la capacidad de vivir el mensaje cristiano bajo su forma plenamente desarrollada ”. 4

Esta opción se realizó, durante el año 1987, con ocasión del Segundo Congreso Catequístico Nacional y se situó en el marco de otra opción: el “itinerario catequístico permanente” (ICP), cuya meta era justamente el cristiano adulto y maduro en la fe.

 

El rápido y crudo avance de la crisis de la transmisión de la fe y un prolongado proceso de secularización como causa fundamental, frustraron el desarrollo de estas opciones pastorales y, aunque todavía hoy, se habla de la opción por el adulto, lo cierto es que muchas veces ellos se hallan sometidos a procesos catequísticos que guardan cierto formato escolarizado e infantilizante.

 

Hoy parece no hallarse el camino para una Catequesis con adultos, verdaderamente adulta 5. Esta problemática parece ampliarse ante la pluralidad de identidades religiosas, la globalización, la multiculturalidad y la dificultad para hallar e implementar lenguajes catequísticos que respondan a la naturaleza comunicativa de la Catequesis, favoreciendo el diálogo y la comunidad en la Verdad.

 

La cultura comunicacional como escenario6
Diversas disciplinas toman hoy la metáfora del “escenario” para definir y describir contextos plenos de significados y de factores causales. Allí las personas viven, los hechos ocurren y se desarrollan los procesos.

 

En este sentido, la cultura comunicacional 7 es un escenario en el cual la Catequesis vive el desafío de comunicar hoy lo que Dios nos ha revelado. Esta cultura constituye un sistema hegemónico en el cual prevalecen los medios de comunicación social y los nuevos medios electrónicos.

 

Nosotros consideramos que esta mirada es válida, en tanto nos alerta respecto a los rasgos de una cultura en la cual los medios actúan un rol importante en la configuración de las matrices, creencias, valores y expresiones culturales. Pero, por otro lado, observamos que esta concepción es parcial e insuficiente porque no considera el otro lado del proceso de comunicación.

 

La recepción no es tan pasiva ni determinante como parecen considerar algunos cuando se refieren a la comunicación como un proceso que masifica a través de sus canales e instrumentos. Así entendida ella queda reducida, simplemente, al conocido circuito “fuente, mensaje, canal, receptor”.

 

La comunicación, por el contrario, incluye diversas formas de apropiación, resistencia y reelaboración porque los interlocutores aportan sus propios significados y matrices culturales, construyendo de este modo nuevos significados.

Por todo esto, más que detenernos en los medios de comunicación como causas hegemónicas de la cultura comunicacional, preferimos referirnos a las “mediaciones”8 . Ellas son articulaciones entre prácticas de comunicación y los movimientos sociales, vistos como lugares en los que se produce el sentido de los usos, las diferentes temporalidades y la pluralidad de matrices culturales.

 

Esto implica una nueva valoración de la cultura en la que la clave es la comprensión de su naturaleza comunicativa. La realidad ha hecho que la problemática de la comunicación pase a verse, desde lo cualitativo, como proceso productor de significaciones y no de mera circulación de informaciones, buscando superar la visión instrumental y proponiendo la utilización social de la cultura.

No se trata, entonces, tanto de la influencia que los medios aportan a la formación de criterios y principios en los hombres y mujeres de las diversas culturas, sino a la relación “medios de comunicación – prácticas sociales” (mediaciones”), como lugares donde se gestan los discursos y, sobre todo, las opciones.

Ahora bien, este dinamismo cultural de apropiaciones, resistencias y reelaboraciones diversas tiene, en nuestro tiempo, un correlato más: la globalización que hace caducar lo diverso para convertirlo en multicultural. Por esta misma razón, nos parece legítimo hablar de “culturas en comunicación”. 9

Luces y sombras de la cultura comunicacional
Asistimos a una ruptura profunda entre el pasado y el futuro. La persona humana está, cada vez, más puesta en cuestión, tanto en su dimensión biológica como en el conocimiento de sí misma.

 

Siguiendo a J. C. Scannone 10, afirmamos que nos hallamos inmersos en una crisis ético – histórica y humano – global que se manifiesta, sobre todo, en el conjunto de principios, valores y opciones que animan a las sociedades actuales y que constituyen su modo peculiar humano de habitar en el mundo y de relacionarse con la naturaleza, con los demás hombres y con Dios.

 

La cultura de la muerte parece ser una de las expresiones más elocuentes de la situación actual, en términos de individualismo, egoísmo y evasión de uno mismo. En este sentido, es alarmante el desequilibrio alcanzado entre las posibilidades científicas de intervención en la vida humana y la conciencia ética que posee la humanidad, en su conjunto.

 

El rechazo al patrimonio cultural del pasado, como clarísima expresión de la ruptura, ha merecido de algunos autores 11 la conceptualización de “sociedad amnésica”. No se reconoce en los modos de pensar, de vivir y de creer de las generaciones pasadas una validez digna de ser transmitida.

 

“Las personas mayores – escribe el autor de ‘Vejez y sociedad: a la escucha de nuestros mayores’ , se encuentran cada vez más excluidos del resto de la sociedad. No tienen ocasión de expresarse y, cuando lo hacen, los jóvenes no los escuchan, porque su discurso parece hoy día desvalorizado”. 12

 

El subjetivismo exacerbado es tal vez, una de las expresiones más evidentes de la modernidad psicológica y de la crisis de identidad. Una sana e íntegra subjetividad implica ser uno mismo y reconocer la propia identidad, desde la interioridad más profunda. En el subjetivismo egocéntrico, en cambio, hay un recurso frecuente a la instrospección, no como camino de autoconocimiento, sino como verificación de la propia felicidad y autorrealización, con un sentido egoísta e inmanente.

 

“Nuestra época se presenta como un tiempo carente de utopías que puedan expresarse en ideologías sociales y políticas o en opciones religiosas. Tenemos la impresión de estar vagando, perdidos, porque no tenemos un horizonte de sentido hacia el cual podamos caminar.

 

A la Iglesia se le hace difícil ofrecer una orientación existencial en tiempos donde parece no haber un norte dónde señalar. A veces ella queda desconcertada ofreciendo respuestas a preguntas que la gente no se formula. Vivimos una cultura intrascendente, a la que le cuesta remitirse más allá de sí misma”. 13

 

El trigo crece junto con la cizaña
La cultura comunicacional nos ofrece medios capaces de crear la tan ansiada comunión, que el hombre anhela desde su ser más genuino. Nos acerca al extranjero, al que piensa distinto, al diferente… Ellos entran a nuestra casa “en simultáneo”, invitándonos permanentemente a la hospitalidad y al discernimiento.

Especialmente, los medios visuales pueden recrear la presencia del otro y no sólo su palabra. La palabra, a veces, es precisamente la del ausente y no alcanza porque podemos malinterpretar al otro o resignificar lo que dice, desde nuestro propio horizonte cultural.

 

El encuentro como condición para salir de la crisis
En esta etapa de aproximación al conocimiento del sujeto de la cultura comunicacional alcanzan a vislumbrarse, entre otros rasgos, su increíble soledad, su nostalgia de los valores, su necesidad de arraigo en la realidad consistente, su incertidumbre, la fragilidad de las identidades y la prevalencia de ciertos subjetivismos sobre las verdaderas subjetividades.

 

Por eso el encuentro es condición para superar la crisis. Un encuentro caracterizado por…

 

La hospitalidad de nuestros ministerios. Una hospitalidad que casi merecería ser considerada sacramento de la presencia de Dios en las comunidades. Hospitalidad que se hace capaz de recibir a nuestros catequizandos y catecúmenos con la paciencia que sabe respetar sus procesos y diferencias.
La capacidad y el hábito del discernimiento porque el sujeto de la Catequesis está confundido y no acierta a descubrir quién es él realmente y cuál es su lugar en la creación.
La capacidad para generar o regenerar nuevos espacios de integración y de reconocimiento de los humano, en medio de una cultura que presenta graves síntomas de deshumanización.

 

El adulto en un espacio de culturas en comunicación
Vivimos hoy en los espacios de nuestras grandes urbes latinoamericanas un mundo de naturaleza multicultural. Ya no se trata de simples minorías étnicas que habitan en guetos aislados de la ciudad. Las mediaciones contribuyen significativamente a esta multiculturalidad y hoy la ciudad despierta, cada día, en medio de las más variadas diferencias que le propone la globalización y los diferentes procesos migratorios a los que se ve sujeta. 14

Y el citadino todavía está sujeto a formas de ver y de actuar que brotan de una pedagogía monocultural, que fuera implementada por el sistema educativo, ya a fines del siglo XIX desde los niveles primarios hasta la universidad.

En la cultura comunicacional la educación y la evangelización deberán plantearse cómo asumir este desafío de la multiculturalidad. La Iglesia, sin desdecirse a sí misma, debería cambiar su tonalidad «monocultural» a fin de hacerse capaz de inculturarse en la multiculturalidad y cumplir así la misión que Jesucristo le encomendara.

Diversos modelos de transmisión en un escenario de culturas en comunicación
El Padre Jorge Seibold s.j. en su texto “Pastoral comunitaria urbana: desafíos, propuestas y tensiones” reconoce el desafío de la multiculturalidad en la Pastoral urbana, señala tres modelos de transmisión en los ámbitos educativos y propone su reflexión en vistas a una posible traspolación al ámbito pastoral:

 

asimilativo: “reconoce la presencia de la multicularidad en el contexto de la escuela, pero parte de una valoración negativa de este fenómeno, de lo otro y de lo diferente. Por eso su actitud pedagógica será la de ‘asimilar’ al otro”

pluralista: “tiende a sostener una posición de respeto y equidistancia de cualquier posición identitaria. Confunde la alteridad con lo desigual e incomensurable. Todas las identidades tienen los mismos derechos y ellos deben ser resguardados. Su posición epistemológica lo asocia al relativismo cultural. No existe la verdad, sino que ella está distribuida en un infinito mosaico de identidades donde cada una de ellos tiene su propia verdad.”

intercultural: “La diferencia encarnada en una cultura tiene valores que de por sí desbordan sus propios límites. Ahora se trata de ‘reconocer’ esa diferencia y ‘comunicarse’ con ella. El ‘modelo intercultural’ intenta establecer vasos comunicantes de ida y de vuelta en las vinculaciones culturales.”

 

Ante estos tres modelos, nosotros nos preguntamos si la actual crisis en la transmisión de la fe y la existencia de tantos adultos sacramentalizados, pero no evangelizados no encuentran en el empleo del modelo asimilativo una de sus razones más influyentes.

 

La lógica de la Encarnación, inspiración de la inculturación como criterio articulador de la transmisión del mensaje cristiano, no puede reconocer, evidentemente, en el modelo asimilativo su cauce de realización. Parece, en cambio, que el modelo intercultural, puede llegar a responder al desafío de la multiculturalidad y puede ser camino para inculturar el Evangelio en ella.

 

Jesús, el Hijo del Padre, sin dejar de ser Dios, asumió la naturaleza humana y dialogó desde las categorías sociales, culturales y comunicacionales de su época y del espacio geográfico en el cual vivió. Del mismo modo, hoy la Catequesis, sin desdecir los valores del Evangelio, parece llamada a asumir las semillas del Verbo presentes en el escenario de culturas en comunicación, empleando lenguajes y modelos de transmisión capaces de dialogar con esas culturas.

 

1. Cfr. DGC Nº 172
2. Entre ellos, el Padre André Fossion en su obra “Volver a empezar. Veinte caminos para volver a la fe”. Ed. Sal Térrea. Santander. 2005 3. Entre ellos, el teólogo argentino Fabián Sparafita.
4. JEP Nº 59. CEA. 1988
5. ésta es una de las cuestiones abiertas manifestadas en el Congreso Internacional de Iniciación Eucarística, realizado en Chile durante el año 2005.
6. Para profundizar en el tema del sujeto de la Catequesis en la cultura comunicacional, sugerimos la lectura del Documento de Apertura de las III Jornadas Nacionales de Catequética realizadas por el Instituto Superior de Catequesis Argentino.r
7. Concepto acuñado por los Obispos de la Argentina en “La Patria requiere algo inédito”. Nº 6. 81ª Asamblea Plenaria de la CEA. 12 de mayo de 2001.
8. Ver este concepto en Barbero, Jesús Martín. “De los medios a las mediaciones”. 1987

9. Este concepto es un aporte de Jesús Martín Barbero en Medios y culturas en el espacio latinoamericano
10.Cfr. Entre otras obras del mismo autor, “La globalización como hecho e ideología. Emergencia de la sociedad civil, doctrina social del Iglesia y ‘globalización en solidaridad’ “,  en “Argentina: Alternativas frente a la globalización. Pensamiento social de la Iglesia en el umbral del tercer milenio. “San Pablo. Buenos Aires. 1999.
11. Cfr. Juan Martín Velasco, en su texto “La transmisión de la fe en la sociedad actual”. Sal Térrae. Santander. 2002, cita en la pág. 13 a D. Hervieu – Léger, quien ha acuñado y empleado este concepto en “La religión pour mémoire”. Cerf. Paris. 1993.
12. Cfr. Juan Martín Velasco se refiere a R. Laforestrie, citado en “La vie” 2899 (marzo de 2004). Pág. 24.
13. Pbro. Avellaneda, Carlos. “La crisis en la transmisión de la fe”. Exposición durante el Encuentro Nacional de Directores de Catequesis. La Montonera. Pilar. Octubre de 2005.

14. Cfr. Seibold, J. “Pastoral comunitaria urbana: desafíos, propuestas, tensiones”. 2000

 
 
 
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