Isca  
 
Formación de catequistas para iniciación cristiana de adultos

Un planteamiento para la Iglesia de hoy en América Latina

El paso tal vez brusco en muchas diócesis desde una catequesis de niños a una catequesis con adultos implica un cambio de paradigma o modelo en la formación de los catequistas. Éstos han de dialogar con personas equipadas con un nivel promedio de escolaridad bastante superior al del siglo XX y con amplísimas fuentes de información disponibles.

 

En varios aspectos el catecumenado de los cuatro primeros siglos de la Iglesia con su decadencia es un reto para nosotros 2 . Infunde respeto el ejemplo de obispos de alta cultura como San Hipólito de Roma 3 , San Cirilo de Jerusalén 4, San Gregorio de Nisa 5, Nicetas de Remesiana 6 o Teodoro de Mopsuestia 7, algunos de ellos llamados hoy Padres de la Iglesia como San Basilio 8, San Agustín 9 y San Juan Crisóstomo 10, que por su capacidad eminente mientras eran presbíteros fueron encargados por sus respectivos obispos de iniciar a los catecúmenos o, siendo obispos, se reservaron esta tarea.

 

Sin embargo, la experiencia de varias décadas en la catequesis familiar de iniciación eucarística organizada con apoyo de las comisiones nacionales en Chile, Argentina, Perú, Bolivia, Ecuador, Honduras, República Dominicana y de muchas comisiones diocesanas del resto de América 11, muestra que matrimonios y personas muy sencillas de sectores urbanos y rurales pueden, con formación adecuada, ejercer con competencia la catequesis con adultos. La presente reflexión propone condiciones para optimizarla.

 

La Catequesis con Adultos es parte de la Nueva Evangelización, definida en la Conferencia de Santo Domingo por siete características 12:

 

1) La Nueva Evangelización consiste en el diálogo activo del Evangelio con la modernidad y lo posmoderno para inculturarlo “en la situación actual de las culturas de nuestro continente” (DSD 24e);
2) Tiene por finalidad “formar hombres y comunidades maduras en la fe y dar respuesta a la nueva situación que vivimos” (DSD 26a);
3) En cuanto a sus destinatarios típicos, “tiene la tarea de suscitar la adhesión personal a Jesucristo y a la Iglesia de tantos hombres y mujeres que viven sin energía el cristianismo” (DSD 26d);
4) Su contenido ”es Jesucristo, Evangelio del Padre, que anunció con gestos y palabras que Dios es misericordioso con todas sus creaturas, que ama al hombre con un amor sin límites y que ha querido entrar en su historia por medio de Jesucristo muerto y resucitado por nosotros, para liberarnos del pecado y de todas sus consecuencias y para hacernos partícipes de su vida divina” (DSD 27a);
5) Es nueva en su ardor “bajo la acción del Espíritu” (DSD 28b);
6) Es nueva en sus métodos por “el testimonio y el encuentro personal” (DSD 29a), “para que de manera pedagógica y convincente el Evangelio llegue a todos”, utilizando “los medios que la técnica y la ciencia nos proporcionan, sin poner jamás en ellos toda nuestra confianza” (DSD 29b), y “que hagan llegar el Evangelio al centro de la persona y de la sociedad, a las raíces mismas de la cultura y ‘no de una manera decorativa, como un barniz superficial’” (DSD 29c);
7) Es nueva en su expresión, “con un lenguaje que haga más cercano el mismo Evangelio de siempre a las nuevas realidades culturales de hoy” (DSD 30).

 

Por otra parte, la formación de estos catequistas ha de atenerse al Directorio General para la Catequesis 13, al parecer no conocido todavía por todos los formadores en ejercicio. Antes que elaborar procesos y materiales para la iniciación y reiniciación cristiana de adultos y para la formación permanente de quienes han de incorporarlos activamente en sus comunidades 14, es preciso formar a los conductores de esos procesos: los catequistas (DGC 234).

 

El Directorio distingue en la formación del catequista su ser, su saber y su saber hacer (DGC 238), esquema al cual se han de incorporar aspectos específicos referentes a la iniciación cristiana de adultos.


Formación del ser del catequista para adultos

El ser de todo catequista consiste ante todo en ser testigo de Jesucristo, lo cual incluye su madurez humana, cristiana y apostólica (DGC 239).

 

A. La madurez humana suficiente – no pidamos desde el principio la perfección, que tal vez ni el obispo tiene – consiste en la disposición a “crecer en equilibrio afectivo, en sentido crítico, en unidad interior, en capacidad de relación y de diálogo, en espíritu constructivo y en trabajo en equipo” (DGC 239).

 

¿Cómo dar esa formación? Para promover, evaluar y mejorar estas cualidades humanas existen técnicas sicológicas de dinámica de grupos empleadas con provecho y amenidad en empresas, instituciones académicas, congregaciones religiosas y comunidades eclesiales, para lo cual hay bibliografía tanto clásica como renovada 15.

B. La madurez cristiana requerida no es la plena propia de los santos, aunque sea deseable; consiste en el hábito de vivir en gracia de Dios que sitúa a las personas en la llamada vía iluminativa entre las tres etapas reconocidas de la vida espiritual. No ha alcanzado el nivel cristiano normal el o la catequista carente del hábito de los sacramentos de reconciliación y eucaristía, que han de ir unidos y jamás ajenos a un testimonio permanente de fe, esperanza y caridad que constituyen la identidad cristiana, con el tinte propio del carácter laical, de persona casada o de especial consagración que viva cada catequista (DGC 239b). Si eso falta, la persona necesita catequesis y todavía no está preparada para encaminar a otros a la vida cristiana. La espiritualidad propia de todo catequista es la de un ministro de la Palabra a la escucha agradecida de Dios para construir Iglesia y servir al mundo por la justicia, la solidaridad y la paz (ver DGC 237b).

 

¿Cómo dar esa formación? Para lograr estas prácticas es preciso poner al alcance de los catequistas los sacramentos y el acompañamiento de personas disponibles para su animación espiritual, principalmente el párroco y los catequistas de mayor experiencia cristiana en sus reuniones de oración, evaluación y planeamiento y en jornadas espirituales periódicas, tanto propias como de la pastoral orgánica.

 

C. La madurez apostólica consiste sobre todo en el afán evangelizador que despierta su creatividad ante las exigencias del mundo actual, siempre en sintonía con el proyecto de misión propio de la parroquia, de la diócesis, de la Conferencia Episcopal y de la Iglesia universal. Mueve a predicar sólo a Cristo y su sabiduría de la cruz en medio de un mundo que desprecia este proyecto divino. Lleva a buscar al extraviado y fortalecer al débil en la fe. Hace capaz de vivir las limitaciones y sufrimientos de la misión de la Iglesia bajo el signo contradictorio de la cruz gloriosa de Cristo 16. Incluye el espíritu mariano por ser María la Madre y modelo del catequista, que encuentra en ella el amor maternal para guiar y acompañar a quienes buscan la vida nueva de Cristo18 .

 

¿Cómo dar esa formación? Se trata de desarrollar la mirada de fe al mundo desde el entorno inmediato, en una “lectura teológica de los problemas modernos” donde se perciben tres aspectos: “la acción creadora de Dios, que comunica a todo su bondad; la fuerza que proviene del pecado, que limita y entorpece al hombre; el dinamismo que brota de la Pascua de Cristo, como germen de renovación” (DGC 16). El fervor apostólico se enciende por la caridad infundida por el Espíritu Santo al mirar desde la fe las necesidades de salvación presentes alrededor, en el propio país y en el mundo, con el apoyo de documentos de nuestros obispos y conferencias episcopales 18 , que así capacitan para ser buen catequista en medio de adultos muy informados aunque con criterios en general ajenos a la fe cristiana. Una cultivada piedad mariana permite descubrir y compartir la vocación apostólica de María (ver Hch 1, 14).


Formación en el saber del catequista para adultos, sea varón o mujer

El catequista para adultos, que en el inicio del tercer milenio en nuestros países han aumentado notablemente su nivel promedio de escolarización, por lo menos en nuestras ciudades ha de tener completa su educación media o preuniversitaria, y mejor si tiene más. Esto le permite comprender siquiera sea sintéticamente la “modernidad y postmodernidad” mencionadas como retos originantes de la Nueva Evangelización por nuestros obispos en Santo Domingo, y las dificultades frente a la fe cristiana que con o sin razón suelen oponer los círculos académicos y los medios públicos de comunicación, antes de buscar cómo superarlas competentemente 19. Es lo usual desde hace años en Cuba. Ya los católicos laicos, sin ser catequistas, necesitan “dar razón de la esperanza que hay en ellos, frente al mundo y sus graves y complejos problemas 20 ” . En el extremo opuesto, por mencionar un indicador, no puede ser aún catequista de adultos actuales quien carece de lectura comprensiva o no es capaz de cumplir las instrucciones de una encuesta escrita, porque no podrá asimilar el nivel de formación permanente usual en la Iglesia de hoy 21.

 

Además de esta cultura general, necesita dos clases de saberes exigidos por su tarea propia, que sólo se adquieren en serios cursos sistemáticos:

 

1) Un saber bíblico-teológico con ciertas características:

a) Un “conocimiento orgánico del mensaje cristiano, articulado en torno al misterio central de la fe que es Jesucristo” (DGC 240a), que sea “de carácter sintético, que corresponda al anuncio que se ha de transmitir...que respete la ‘jerarquía de verdades’” (DGC 241a) ;

b) Una visión orgánica de “las tres grandes etapas de la historia de la salvación: Antiguo Testamento, vida de Jesucristo e historia de la Iglesia” (DGC 240c); “La Sagrada Escritura deberá ser como el alma de toda esta formación” (DGC 240e);

c) “Los grandes núcleos del mensaje cristiano: Símbolo, liturgia, moral y oración” (DGC 240d); “El Catecismo de la Iglesia Católica será referencia doctrinal fundamental de toda la formación, juntamente con el Catecismo de la propia Iglesia particular o local” (DGC 240f);

d) “Esa síntesis de fe ha de ser tal que ayude al catequista a madurar en su propia fe, al tiempo que le capacite para dar razón de la esperanza en un tiempo de misión” (DGC 241b);

e) “Debe ser una formación teológica muy cercana a la experiencia humana, capaz de relacionar los diferentes aspectos del mensaje cristiano con la vida concreta de los hombres y mujeres, ‘ya sea para inspirarla, ya para juzgarla, a la luz del Evangelio’(CT 22)” (DGC 241c).

f) Ha de ser útil para despertar y reactivar “en el corazón del no creyente, del indiferente o del que pertenece a otra religión...un interés por el Evangelio” (DGC 56a), con base en las grandes interrogantes acerca del ser humano y de su vida en el mundo 22, planteadas en textos bíblicos como el de Job o el de Qohelet 23.


2) Conocimiento de algunas ciencias humanas:

a) Ciertas cuestiones básicas de sicología de las relaciones interpersonales 24 , de sicología del aprendizaje 25 , de sicología del adulto y de sicología religiosa centrada en la madurez adulta 26.

b) Algunas informaciones de sociología de la religión, tales como las confesiones cristianas, las religiones no cristianas y los grupos no creyentes presentes en el país o, en lo posible, en la propia localidad, con datos suficientes sobre lo que distingue a cada grupo y sobre su crecimiento o decrecimiento relativo en años recientes, conocidos mediante publicaciones de expertos o por censos de población.

c) Una información básica sobre la antropología cultural 27, indispensable para comprender el dinamismo cultural y particularmente el fenómeno de la inculturación, sobre la cual se dicen desatinos al no acudir a los analistas especializados.

 

Si los responsables de la formación de estos catequistas no han seguido cursos presenciales en estas disciplinas, han de confiar esta formación científica a profesionales, cuidando que sean en lo posible personas de Iglesia que comprendan la evangelización, para no desviar a los catequistas de los intereses de su ministerio, sino ayudarles a cumplirlo con mejor competencia. Los propios catequistas en formación inicial o permanente pueden evaluar la utilidad apostólica de sus aportes, la claridad pertinente de su lenguaje y la duración suficiente de sus enseñanzas.


Formación en el saber hacer del catequista para adultos

En el saber hacer del catequista hay dos aspectos: primero, saber comunicar la fe; segundo, saber educarla.

1) El saber hacer del catequista consiste sobre todo en “la aptitud y habilidad de comunicar el mensaje evangélico” (DGC 235). Comunica básicamente una espiritualidad, que no se transmite por un programa separado de los demás procesos, sino a través de toda la interacción de los formadores con los catequistas y, posteriormente, del catequista con sus interlocutores. “La finalidad cristocéntrica de la catequesis, que busca propiciar la comunión con Jesucristo en el convertido, impregna toda la formación de los catequistas (cf. CT 5)” (DGC 235b).

 

El comunicador no nace, se hace. ¿Cómo se capacita el comunicador de la fe? Para eso hay abundante teoría y recursos, aplicados a la formación de los catequistas 28.

 

2) El catequista es principalmente un educador de la fe. Su tarea es no sólo enseñar, sino también iniciar y educar en una vida de fe (DGC 237c). El catequista no es un simple instructor, sino un formador de personalidades cristianas. Es un ministro de la Palabra diferente del misionero, del predicador litúrgico y del teólogo, precisamente por su acción interpersonal individual o en grupos pequeños, la cual caracteriza a la catequesis y condiciona humanamente su eficacia, asunto no destacado todavía por el magisterio eclesial catequético (DGC 51).

 

La competencia educativa del catequista se apoya en dos fuentes: la pedagogía de Dios, a la cual el Directorio dedica un capítulo completo 29, y las ciencias de la educación.

 

A) La pedagogía de Dios:

a) Inspira al educador de la fe a imitar a Dios Padre, que toma a su cargo a sus educandos en la situación en que se encuentran, los atrae con amor, los libera del mal, los hace crecer progresiva y pacientemente hacia la madurez de hijos libres y fieles; utiliza las situaciones y acontecimientos para desarrollar sabiduría, y convierte los sufrimientos en ocasiones formativas; encarga un mensaje para su transmisión de generación en generación (DGC 139).

 

b) Promueve en el catequista la pedagogía de Jesús, por “la acogida del otro, en especial del pobre, del pequeño, del pecador como persona amada y buscada por Dios; el anuncio genuino del Reino de Dios como buena noticia de la verdad y de la misericordia del Padre; un estilo de amor tierno y fuerte que libera del mal y promueve la vida; la invitación apremiante a un modo de vivir sostenido por la fe en Dios, la esperanza en el Reino y la caridad hacia el prójimo; el empleo de todos los recursos propios de la comunicación interpersonal, como la palabra, el silencio, la metáfora, la imagen, el ejemplo” (DGC 140) y otros signos, entre los cuales descuellan los sacramentos 30.

 

c) Inicia al catequista en la pedagogía original de la fe, que cuenta ante todo con la gracia de Dios (DGC 144) y con la fuerza del Espíritu Santo (DGC 143a) a cuyo servicio pone los talentos humanos, todo lo cual requiere oración insistente al Señor y a María en la comunidad apostólica.

 

B) Las ciencias de la educación según Juan Pablo II son importantes, pero con aportes “desiguales” (CT 58a), lo cual sugiere discernimiento en cuanto a lo que favorece mejor la humanización y la evangelización (ver DSD 29b). La Iglesia promueve competencias educativas: “la facultad de atención a las personas, la habilidad para interpretar y responder a la demanda educativa, la iniciativa de activar procesos de aprendizaje y el arte de conducir a un grupo humano hacia la madurez” (DGC 244c). Además, “saber programar la acción educativa, ponderando las circunstancias, elaborando un plan realista y, después de realizarlo, evaluándolo críticamente...animar un grupo, sabiendo utilizar con discernimiento las técnicas de animación grupal que ofrece la psicología ”(DGC 245a). En todo esto no se ha puntualizado lo propio de la educación de adultos. De hecho, parecen predominar todavía en los manuales de catequesis con adultos ciertas actividades rutinarias como leer textos, escribir respuestas, escuchar exhortaciones, responder verbalmente, memorizar afirmaciones escogidas sin atender a los criterios de la Iglesia (CT 55) 31. Por eso, después de revisar diversos materiales, exclama un catequeta y metodólogo:

“¿Dónde están las cuestiones claves en la pedagogía actual, como el trabajo cooperativo, las distintas inteligencias, el constructivismo, etc.? ¿Dónde está esa cuestión que hoy constituye un axioma educativo: el que aprende debe ser el protagonista del proceso de aprender, lo que implica que el desarrollo didáctico no está en lo que el catequista dice, sino en lo que el catequizando hace y descubre? Esto requiere volver a capacitar a los catequistas con un nuevo perfil que abandone la idea de que los catequistas son lectores de textos o profesores que dictan clases” 32

¿Cómo dar formación pedagógica a los catequistas de adultos? No se trata de multiplicar los cursos en una formación inviable por demasiado prolongada. La responsabilidad de emplear buena pedagogía de adultos y de transmitirla es de los autores de programas y de material catequístico. Suya es la obligación de diseñar procesos educativos de la fe respetuosos de la sicología y de la moderna educación de adultos 33. La capacitación pedagógica del catequista se puede realizar en sus aspectos teóricos, cuando aprende a utilizar un material o proyecto catequístico basado en algunos principios pedagógicos explícitos; y de una manera práctica, en las reuniones comunitarias, normalmente semanales, con sus colegas de ministerio - entre los cuales hay algún coordinador de mayor experiencia - en que evalúa lo hecho en la sesión anterior y prepara la próxima, procurando comprender el sentido de las actividades que ha de proponer a sus interlocutores para lograr en ellos determinados aprendizajes.

 

Si la formación en el saber necesario al catequista se puede impartir en forma teórica, la formación en el ser y en el saber hacer se realiza mucho mejor en procesos comunitarios que dan gran importancia al compartir y discutir en grupos de iguales. Eso contribuye a conferir “a toda la formación una naturaleza eclesial” (DGC 236).


Los formadores de los catequistas para trabajar con adultos

La formación de estos catequistas rebasa lo doctrinal. Sólo personas con competencia catequética profesional son capaces de delinear las condiciones que esa formación debe cumplir, diseñarla con la amplitud suficiente, y organizar el equipo de formadores en las diferentes disciplinas con sus ejercicios prácticos.

 

Gran responsabilidad de cada diócesis es formar católicos y comunidades maduras en la fe (DSD 26a). La preparación común que se ofrece en los seminarios debe complementarse con una ”formación catequética de los presbíteros” que sea “exquisitamente cuidada” por los Obispos, según pide la Iglesia (DGC 234b), lo cual puede concretarse en una especialización en pastoral catequética. Nótese que la formación pastoral en cualquier especialidad sobrepasa las disciplinas teológicas, aunque se pretenda que éstas llevan acentuación pastoral, y debe incluir tanto ciencias humanas como técnicas metodológicas 34 (DSD 29b).

 

Estos formadores han de cultivar actitudes indispensables para educar adultos, que Paul Griéger reduce a tres: 1) acogida a su originalidad aquilatada en la experiencia de una vocación única; 2) confianza basada en el conocimiento de su individualidad y circunstancia, expresada en la aceptación de sus sugerencias al proceso formativo, manifestada en el reconocimiento de su experiencia que habilita para orar y actuar con motivaciones originales, y en la tolerancia fundada en las limitaciones reconocidas en cada cual y en la Iglesia, y 3) comunicación para la comunión de los diferentes, capaz de comprender disensos, críticas y la libertad para plegarse o no a las actividades propuestas 35.

 

Hno. Enrique García Ahumada, F.S.C. 1

 

1. Doctor en teología, Director del Instituto Superior de Pastoral Catequética de Chile “Catecheticum”, Experto de la Sección Catequesis del CELAM, miembro cofundador de SCALA, Sociedad de Catequetas Latinoamericanos.
2. GARCÍA AHUMADA, F.S.C., E. El catecumenado primitivo nos interpela hoy. “Catecheticum” 6 (2003) 21-33.
3. HIPÓLITO DE ROMA. La tradición apostólica. Buenos Aires, Lumen, 1981 (200?).
4. San CIRILO de JERUSALÉN. Catequesis. Buenos Aires, Paulinas, 1985 (348).
5. San GREGORIO de NISA. Discurso catequético. Madrid, Ciudad Nueva, 1990 (386).
6. NICETAS de REMESIANA. Catecumenado de adultos. Madrid, Ciudad Nueva, 1992 (390?).
7. R. TONNEAU, O.P. et R. DEVREESSE. Les homélies catéchétiques de Théodore de Mopsueste. Città del Vaticano, Biblioteca Apostolica Vaticana, 1949 (390?).
8. BASIL the Great, Protreptic on Holy Baptism, en HAMMAN, OFM, A. Baptism. Ancient liturgies and patristic texts. NuevaYork, Alba House, 1967.
9. San AGUSTÍN. La catequesis a los principiantes (De catechizandis rudibus), en: Obras completas. Madrid, BAC, 1985 (400), XXXIX, 425-534.
10. San JUAN CRISÓSTOMO. Catequesis bautismales. Madrid, Ciudad Nueva, 1988 (388).
11. GARCÍA AHUMADA, F.S.C., E. y SILVA SOLER, J. (Coordinadores). Congreso Internacional de Catequesis Familiar de Iniciación Eucarística. Santiago de Chile, 4 al 7 de abril de 2005. Santiago, Facultad de Teología Católica de la Eberhard Karls Universität Tübingen – Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile – Instituto Superior de Pastoral Catequética de Chile “Catecheticum”, 2005.
12. IV CONFERENCIA GENERAL DEL EPISCOPADO LATINOAMERICANO. Nueva evangelización, promoción humana, cultura cristiana. “Jesucristo ayer, hoy y siempre” (cf. Hebreos 13, 8). Santo Domingo, CELAM, 1992. Se cita: DSD.
13. CONGREGACIÓN PARA EL CLERO. Directorio General para la Catequesis. Libreria Editrice Vaticana, 1997. Se abrevia: DGC.
14. Ver GARCÍA AHUMADA, F.S.C., E. Catequesis de iniciación y permanente con adultos. “Medellín” XXVI-104 (2000) 457-480.
15. POLAINO-LORENTE, A. Comunicación matrimonial. Errores más frecuentes. Santiago de Chile, Andrés Bello, 2002. FERRARIS, S.D.B., G. Se casan creyendo que... Santiago de Chile, Don Bosco, 2000. JAMES, Muriel, y JONGEWARD, Dorothy.. Triunfar con todos. Ejercicios en análisis transacional para grupos. Bogotá – Caracas – México – Panamá – San Juan – Santiago – Sao Paulo, Fondo Educativo Interamericano S.A., 1977. ID. Nacidos para triunfar. Análisis transaccional con experimentos Gestalt. Bogotá – Caracas – México – Panamá – San Juan – Santiago – Sao Paulo, Fondo Educativo Interamericano S.A., 1975 (1971). JAMES, Muriel, y SAVARY, L. El análisis transaccional y el poder religioso. México, V Siglos, 1976 (1974).HARRRIS, T. Yo estoy bien, tú estás bien. Guía práctica del análisis conciliatorio. Barcelona, Grijalbo, 1973. BERNE, E. ¿Qué dice Ud. después de decir “Hola”? La psicología del destino humano. Barcelona, Grijalbo, 1973. ROGERS, C. Grupos de encuentro. Buenos Aires, Amorrortu4, 1978 (1970). CARTWRIGHT, D. y ZANDER, A. Dinámica de grupos. Investigación y teoría. México, Trillas, 1971. Frankl, V. La presencia ignorada de Dios. Psicoterapia y religión. Barcelona, Herder7, 1988.

16. CONGREGACIÓN PARA LA EVANGELIZACIÓN DE LOS PUEBLOS, Guía para los Catequistas. Documento de orientación vocacional, de formación y de promoción del Catequista en los territorios de misión que dependen de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos (1993), 9. Se abrevia: GCM.
17. Ver GCM 10.
18. Por ejemplo: a nivel latinoamericano: DM 2.1-7; 3.2-3; 4, 2-7; 5.1-9; 6.1-4; 7.1-12; DP 15-109;305-315; 409-456; 531-534; 571-581; 619-637; 722-729; 777-785; 834-840; 896-915; 977-991; 1014-1023; 1051-1062; 1065-1079, 1100-1113; 1135-1140; 1167-1181; 1257-1267. En el mundo: GS 4-10; 51-52; 54-56; 60; 63-66; 73-76; 79-83;  EN 9-10; 18-20;
19. Ver GARCÍA AHUMADA, F.S.C., E. Ciencia moderna y fe católica. Santiago de Chile, Tiberíades, 1999. También el capítulo 10, Evangelización de la cultura académica, en GARCÍA AHUMADA, F.S.C., E. Teología de la educación. Santiago, Tiberíades, 2003, 385-413.. 
20. JUAN PABLO II, Exhortación apostólica Christifideles laici (1988), 60c.
21. Ha encontrado esta dificultad en su investigación sobre los catequistas de adultos el Pbro. Mauricio Aguayo Quezada. Proyecto de formación inicial de catequistas de iniciación cristiana de adultos en el decanato Talcahuano de la Arquidiócesis de la Santísima Concepción (Chile). Tesis para optar a la Licenciatura en Ciencias de la Educación con especialización en Pastoral Catequética en la Universidad Pontificia Salesiana de Roma, mediante el Instituto Superior de Pastoral Catequética de Chile “Catecheticum”. Prof. Guía: Hno. Enrique García Ahumada, F.S.C. Santiago, 2005.
22. Explico este asunto que veo muy descuidado, en: Catequesis de iniciación y permanente de adultos, “Medellín” XXVI-104 (2000) 457-480, esp. 463-465. Ayudan los aportes de GASTALDI, I.F. El hombre, un misterio. Aproximaciones filosófico-teológicas. Buenos Aires, Edebé Argentina, 1999. STEIN, (Santa) Edith. Vocación del hombre y de la mujer según el orden de la naturaleza y de la gracia, en: STEIN, Edith. Obras selectas. Burgos, Monte Carmelo2, 1998. VÉLEZ CORREA, J. El hombre, un enigma. Antropología filosófica. Santafé de Bogotá, CELAM, 1995. RUIZ DE LA PEÑA, J.L. Las nuevas antropologías, un reto a la teología. Santander, Sal Terrae, 1983. GEVAERT, J. El problema del hombre. Introducción a la antropología filosófica. Salamanca, Sígueme, 1976. Frankl, V. La presencia ignorada de Dios. Psicoterapia y religión. Barcelona, Herder, 19887. He ofrecido a los catequistas una síntesis sencilla en: Antropología para personal apostólico. Santiago, ONAC, 1981, 17-34.
23. Para los recomenzantes propone veinte aspectos en la manera de presentar de un modo renovado la fe católica FOSSION, S.J., A. Volver a empezar. Veinte caminos para volver a la fe. Santander, Sal Terrae, 2004.
24. Ver la bibliografía de la nota 15, cuya teoría se puede sintetizar para la reflexión compartida y aplicada por los catequistas..
25. DÏAZ T., Javier y VALENZUELA M., Eduardo, Aplicando Inteligencias Múltiples en la Educación de la Fe. Santiago, Don Bosco, 1999. ID. El Constructivismo en la Educación de la Fe. Santiago, Don Bosco, 1998. ID. El Aprendizaje Cooperativo en la Catequesis. Santiago, Don Bosco, 1998.
26. VALLE, S.V.D., Edenio, Desarrollo religioso y catequesis con adultos: contexto sicológico. “Catecheticum” 6 (2003) 35-52. GARCÍA AHUMADA, F.S.C. Edad adulta: etapas sicológicas, educación, catequesis. “Medellín” XXIX-114 (2003) 335-366, esp. 336-351.
27. Ver GARCÍA AHUMADA, F.S.C., E. Antropología para personal apostólico. Santiago, ONAC, 1981, esp. 34-55.
28. GARCÍA AHUMADA, F.S.C., E. Comunicación audiovisual para evangelizar. Santiago, Tiberíades, 1999. A partir desde las relaciones humanas y de la sicología de la comunicación se proponen recursos prácticos en su mayoría al alcance del catequista de pocos medios económicos.
29. III Parte, Cap. I, La pedagogía de Dios, fuente y modelo de la pedagogía de la fe  (DGC 139-147). El magisterio eclesial alude también a este tema en DV 15, CT 58, ChL 61, CEC 53, 122, 684, 1964; DGC 38. Tratamiento sistemático en GARCÍA AHUMADA, F.S.C., E. La pedagogía de Dios. Santiago, Tiberíades, 2004, 89 págs.
30. Extrañamente tácitos en este capítulo del Directorio. Menciona brevísimamente “la celebración de la fe en la liturgia” en la pedagogía catequística, en el párrafo sobre la pedagogía de la fe en la Iglesia, el DECAT-CELAM. La catequesis en América Latina. Orientaciones comunes a la luz del Directorio General para la Catequesis. Santafé de Bogotá, 1999, Colección Documentos del CELAM N° 153.
31. DÍAZ TEJO, J. Análisis crítico de la metodología de la catequesis familiar de iniciación eucarística, en: GARCÍA, E. y SILVA, J. (Coords.). Congreso Internacional de Catequesis de Iniciación Eucarística, ob. cit., 255-269, esp. 259s. La catequesis familiar de iniciación eucarística es la forma de catequesis con adultos de más larga experiencia en América.
32. VALENZUELA MAGAÑA, E. “Naím y Nazaret”, catequesis familiar de iniciación cristiana, en: GARCÍA, E. y SILVA, J. (Coords.). Congreso Internacional de Catequesis de Iniciación Eucarística, ob. cit., 221-234, pág. 223.
33. GARCÍA AHUMADA, F.S.C., E. Edad adulta: etapas sicológicas, educación, catequesis. “Medellín”XXIX-114 (2003) 335-366, esp. 351-366.
34. El Instituto Superior de Pastoral Catequética de Chile “Catecheticum” no sólo equilibra las disciplinas teológicas con las antropológicas y las metodológicas, sino que acompaña una práctica en terreno de creciente complejidad, en tres períodos académicos sucesivos.
35. GRIÉGER, F.S.C., P. Pratique de la formation permanente. “Apprendre á être efficace”. Roma, Casa Generalicia F.S.C., 1998, 22-31.

 

 
 
 
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