Isca  
 
La formación cristiana de adultos

La civilización de la imagen y los actuales modelos de vida
La sociedad en la que hoy está inserto el adulto, generalmente se halla dominada por la civilización de la imagen (cine, televisión, revistas gráficas) y por la rápida difusión de noticias, ideas, valores, datos culturales y científicos, transmitidos con lenguaje fácil e incisivo. Por lo demás, en este contexto, no se habla de Dios; la religión se considera como un hecho privado, cuando no se presenta bajo un ángulo crítico o negativo; además, los modelos de vida y las interpretaciones de la realidad son múltiples y contrapuestas.

Este es el contexto en el que ha crecido el creyente adulto de nuestros días, el cual por desgracia, la mayoría de las veces, ha realizado solamente la primera etapa del itinerario catequético que conduce a una fe comprendida y vivida. En general, se ha detenido en la etapa preparatoria de la primera comunión y de la confirmación, o en las nociones aprendidas en los bancos escolares de tal forma que, mientras ha crecido y madurado en aspecto físico sociológico y profesional, de hecho todavía está en el estudio inicial por lo que respecta al crecimiento y maduración en la fe. - El resultado es una fe no profundizada, débil y frágil hasta el punto de que parece ya inexistente. Para una aproximación pastoral catequética eficaz, es necesario que nos detengamos con atención responsable ante la tipología del adulto, para estudiar su mentalidad, su modo de expresarse, comunicarse y vivir pública o privadamente.

El problema religioso
También es necesario preguntarse cuáles son las esperanzas y las exigencias más ocultas, en el adulto de hoy, en el aspecto religioso. Se puede afirmar que, en general, el adulto contemporáneo, en su intimidad, tiene hambre y sed del Dios vivo, y por tanto de lo sagrado, debido a diversos motivos: ya sea por las instancias inmutables de la naturaleza humana, que lleva en sí el signo y la necesidad de la causa primera, ya por el mayor progreso de discernimiento con respecto a los dudosos enfoques ideológicos y prácticos de la sociedad terrena; o, finalmente, por el sentido de incertidumbre, de miedo y de vacío existencial, que deriva de una cultura privada de lo trascendente.

El adulto de hoy, que sólo aparentemente es irreflexivo o indiferente, necesita sobre todo volver a explicar todos los motivos de credibilidad racional que el cristianismo posee, del que se subraya siempre el carácter histórico. De hecho, es posible demostrar que Dios se ha revelado al hombre por medio de Cristo Redentor. Al pasar a los contenidos de esta Revelación, la catequesis actual debe asumir tonos de vivacidad y actualidad.

El cristianismo es, ante todo, un "mensaje de vida" (Catechesi tradendae, 26), que en nuestros días como en los inicios, se anuncia con alegría: Jesús de Nazaret, Hijo de Dios hecho hombre, murió y resucitó por nuestra redención. Y "en el misterio de la redención, el hombre es confirmado y en cierto modo, es nuevamente creado" (Redemptoris hominis, 10). El adulto contemporáneo, que está envilecido por una sociedad materialista y consumista, gradualmente y con satisfacción tomará conciencia de su valor y de su dignidad de hombre, gracias al anuncio del Evangelio y a una catequesis adaptada a las exigencias de nuestros días.

La finalidad de tal catequesis es llevar al adulto por el camino de una educación básica e integral en la fe. Pero al proyectar los contenidos catequéticos se tendrá en cuenta tanto el orden jerárquico de las verdades como la situación concreta en la que se desarrolla la catequesis.

No se deberá, pues, desatender el tratamiento cuidadoso de los grandes temas que se refieren a Dios, "rico en misericordia", Jesucristo, "palabra viva y substancial del Padre", la Iglesia "vivificada por el Espíritu Santo".

La metodología de la comunicación
En la presentación de las verdades que tocan a la fe y a la moral se recomienda reservar una particular atención a la elección del lenguaje que ha de usarse con el adulto de hoy. La estructura del lenguaje debe ser tal que suscite un vivo interés en el adulto moderno: hay que respetar y usar las mejores formas de comunicación, incluidos los signos, los gestos y los símbolos.

La catequesis deberá servirse de los grandes progresos, hechos por la ciencia de la comunicación y del lenguaje, para poder transmitir más eficazmente todo su contenido doctrinal, sin deformación alguna, especialmente cuando se dirige a categorías particulares de personas como los intelectuales, los analfabetos, los minusválidos, etc. (cf. Catechesí tradendae, 59).

El respeto debido al adulto por su madurez exige que, al dar la catequesis, las informaciones resulten siempre actualizadas, los argumentos tengan una concatenación lógica y el discurso haga referencia también -a los datos de la experiencia de la cultura y de la ciencia, que son muy significativos para nuestro tiempo. La catequesis de los adultos tendrá mayor éxito si se demuestra abierta al encuentro entre fe, cultura y ciencia, para una mutua integración, respetuosa de las competencias recíprocas.

Las exigencias de las diversas áreas geográficas y de los diferentes momentos catequéticos, conducirán a elegir o combinar los diversos modelos típicos de esta catequesis. Pero en cualquier itinerario hay que procurar dejar espacio suficiente para el diálogo y para la participación activa del adulto en la catequesis.

Diálogo y participación
Se ha de tener presente, finalmente, que catequizar no sólo quiere decir usar el modelo catequético más apropiado, con todas las técnicas y los instrumentos relacionados con ellas, sino que también consiste en saber acoger y valorar las capacidades de los adultos, a quienes se necesita ofrecer, a lo largo del proceso, la posibilidad de participar en encuentros cordiales y en cursos bien organizados, preferentemente en el ámbito de una comunidad eclesial como la parroquia, lugar privilegiado, ya que en ella la pastoral catequética se celebra en un contexto no sólo didáctico, sino también litúrgico, sacramental y caritativo.

También para los adultos han de usarse múltiples medios de comunicación, ya que favorecen el desarrollo de varios tipos de catequesis: desde el inicial al de profundización, desde el ocasional al sistemático y permanente, que tienden a hacer del adulto un cristiano convencido y formado.

Evangelización
El campo de acción, vasto y complejo, presenta espacio y labor para todos, signo de la caridad y de la humanidad. Será necesario valorar, particularmente, los diversos movimientos y grupos eclesiales, los centros y los institutos catequéficos, así como las escuelas de catequesis por sus estudios y su función educativa sobre los catequistas.

Sirva de estímulo y consuelo el hecho de que la Iglesia considera la catequesis de los adultos como un "problema central" y la "principal forma de la catequesis" (Catechesi tradendae, 43). Son los adultos, en efecto, padres y madres de familia, una vez educados en la fe, darán la primera y fundamental instrucción religiosa a los propios hijos en la intimidad de la "iglesia doméstica"; son los adultos quienes pueden dar un testimonio cristiano válido a los jóvenes en el proceso de búsqueda y maduración (Apostolicam actuositatem, 12); por último, son ellos los que, descubierta la validez de la vocación cristiana enraizada en el bautismo, participarán en la misión salvífica de la Iglesia, como sujetos activos preciosos, tanto en las comunidades eclesiales, como en las "realidades temporales de las que son responsables" (ib.).

Juan Pablo II, durante la VI sesión plenaria del Consejo Internacional para la Catequesis

 
 
 
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