Isca  
 
Anexos del informe final de la investigación

Primer anexo: “Las historias de vida”

En este trabajo nos hemos centrado en el adulto de clase media que habita lo sectores urbanos de la ciudad de Buenos Aires y del conurbano bonaerense. Para ello hemos utilizado, como herramienta principal,  cuarenta historias de vida de hombres y mujeres comprendidos en una franja etárea que va desde los 40 hasta los 60 años y que, en algún momento de su existencia, recibieron una propuesta de iniciación en la fe de la Iglesia Católica.

 

En estas historias de vida hemos trabajado con el análisis del contenido del discurso, en tanto “método que apunta a descubrir la significación de un mensaje, ya sea éste un discurso, una historia de vida, un artículo de revista, un memorando, etc. Específicamente, se trata de un método que consiste en clasificar y/o codificar los diversos elementos de un mensaje en categorías con el fin de hacer aparecer de manera adecuada su sentido.” De los diversos tipos de análisis del contenido de un discurso, hemos elegido aquél que, sencillamente, toma “el sentido literal de lo que es estudiado. No  busca descubrir un eventual sentido latente de discurso; sino que permanece al nivel de sentido manifiesto” .

 

Las historias de vida están formadas por relatos que se producen con una intención: elaborar y transmitir una memoria, personal o colectiva, que hace referencia a las formas de vida de una comunidad/individuo en un período histórico concreto. Todo esto la diferencia de otros materiales (como las historias de personajes, los cuentos populares, las tradiciones orales...). Es la forma de máxima implicación entre quien entrevista y la persona entrevistada. La posibilidad de eficacia de esta técnica dependerá de dicha relación. Implican un registro de acontecimientos vividos y la búsqueda de sus respuestas a esos acontecimientos.

 

Es una narración de experiencias relevantes, integradas en su esquema cognitivo y conductual, contrastadas y cuestionadas de forma diacrónica y sincrónica desde perspectivas holísticas y globales de la vida humana. No sólo captan actitudes, sentimientos, pensamientos y acciones, sino que además permiten transferir y reorganizar su esquema de ideas mediante la asociación intencional (narrativa) y personal (desde su propio punto de vista) de sus primeros y últimos acontecimientos y circunstancias

 

Acerca de los diferentes usos de las historias de vida en la investigación cualitativa, Mauricio Catani distingue un conjunto de siete categorías de relatos de vida:

  • Relatos de prácticas limitadas en el tiempo, donde el investigador sólo se interesa por un evento situado en un tiempo preciso.
  • Secuencias biográficas, varios momentos de la vida se van insertando en una cronología personal.
  • Entrevistas biográficas o relatos biográficos, se cuenta la vida profesional o familiar y el investigador reorganiza los elementos para articular una relación entre ellos.
  • Autopresentación o mini-historia de vida, personas que hacen un breve relato del conjunto de su vida.
  • Historia de vida social, varias entrevistas donde el entrevistado relata, compara y evalúa los acontecimientos de su vida.
  • Reconstrucción biográfica, el investigador hace una reconstrucción a partir de diversos documentos y de relatos de varios y tipos.
  • Autobiografía, el narrador escribe parte o la totalidad de la biografía.

Pineau y legrand (1993), por su parte, presentan tres modelos de exploración de las historias de vida:

  • El modelo biográfico o relato de una vida por otro: el trabajo de análisis, interpretación y síntesis sobre la vida enunciado se realiza por una persona distinta de aquél que cuenta esa vida. Este modo cuenta apoyos con toda la tradición que diferencia, como garantía de objetividad, entre observador y observado.
  • El modelo autobiográfico o relato por el mismo sujeto: en oposición al anterior, el mismo sujeto se enuncia, reelabora lo enunciado. Su vida le es un asunto exclusivo, capaz de explicar sus sentidos ocultos y otorgarles un valor, rechazando la participación de todo interlocutor.
  • El modelo dialógico, dependiente de la ecuación de adultos, este tercer modelo opta por la explicitación del saber implícito como tarea conjunta, entendiendo que el sentido de lo vivido no se reduce a su enunciación, exige la colaboración del investigador para analizar su sentido o coherencia.

En nuestro trabajo hemos tratado de combinar los rasgos de algunas de las categorías anteriores, tratando de favorecer la mayor correlación posible entre esos rasgos y las habilidades que nos reconocemos como investigadores, en tanto y en cuanto las empleamos en otras actividades de nuestra vida profesional.  Podemos afirmar, entonces, que las historias de vida con las que hemos trabajado han sido autopresentaciones o mini – historias de vida, en las cuales los interlocutores han hecho un breve relato de las historias de sus vidas. También se han empleado historias de vida social, en las cuales los entrevistados han relatado, comparado y evaluado acontecimientos de sus vidas. Estas entrevistas se han enmarcado en el modelo dialógico y, a veces, en el modelo autobiográfico, dependiendo esto de la modalidad personal del entrevistado y/o de la implicación que se ha logrado en él.


En todos los casos se ha tratado de incluir activamente la participación recíproca, a veces sincrónica y otras veces asincrónica de entrevistador y entrevistado. Se señalan, a continuación, las categorías más relevantes que se han hallado en el análisis del contenido del discurso. Esta relevancia no ha sido cuantificada a través de ningún índice, pero ha sido cualificada, a partir de dos razones:

    • Su reiteración: cuando aparece en cinco o más historias de vida.
    • Su incidencia en el relato: cuando, sobre todo, a través el modelo dialógico, se ha logrado comparar y evaluar una fuerte connotación existencial que da un tono particularmente importante a esa categoría en el contexto de todo el relato, aunque haya aparecido en pocas o en una sola historia de vida.
Categorías más relevantes halladas en los relatos

Razones de su relevancia

La participación en la vida eclesial como recuerdo, como nostalgia de otra etapa de la propia existencia. (Sobre todo, la infancia o la adolescencia)

Su reiteración

Una percepción lejana y difusa de la Iglesia, con mucha connotación jerárquica y de institucionalidad burocrática.

Su reiteración

Percepción de una Iglesia desacreditada (“no hacen lo que predican”), desactualizada, de unos pocos y para unos pocos.

Su reiteración

Apreciaciones frente al lenguaje eclesial: “autoritario”, “retrógrado”, “no está apoyado en el testimonio”, “no dialoga sólo da sermones” y otras apreciaciones que, con distintas expresiones, manifiestan significados similares.

Su reiteración

Indiferencia y apatía ante las propuestas de la Iglesia. Su reiteración
La vida de fe como una cuestión privada y personal. Religiosidad intimista. Su reiteración
El regreso a la fe y a la vida de fe, generalmente motivadas por situaciones límites. La contingencia de la persona humana ante la bondad y la misericordia de Dios. Reconocimiento de las mediaciones humanas en el encuentro. Reconocimiento de la iniciativa de Dios. Su incidencia en el relato
El encuentro con una comunidad cristiana como mediación para el volver a la fe. Reconocimiento de su función mediadora y providencial. Reconocimiento de la presencia de Dios en la comunidad. Su incidencia en el relato
Valores religiosos “en baja”. Se puede “ser buena persona” sin ellos. Filantropía versus caridad. Su reiteración
La religión como tradición. Una religión heredada no siempre lleva a una fe heredada. La fe no se transmite. La opción de la fe. Su incidencia en el relato
La búsqueda de sentido en un mundo que parece sin sentido. La fe como respuesta a la pregunta sobre el sentido. Su incidencia en el relato
Ámbitos para la construcción del sentido religioso. ¿En las iglesias? ¿En la Iglesia católica? Reinventar ámbitos/comunidades. Su incidencia en el relato

 

Segundo anexo: “Foro virtual del Observatorio Catequístico”

Como complemento del análisis del contenido del discurso, que ha sido la principal vía de indagación en nuestro trabajo, se ha realizado un rastreo bibliográfico sobre la temática de la investigación. Se ha realizado, además, una encuesta a catequistas de adultos y la aplicación de un foro en complementariedad con los artículos que se fueron publicando en la sección  del Observatorio Catequístico del ISCA. (http://www.isca.org.ar/obs000.htm)

  • Preguntas disparadoras del foro virtual del Observatorio Catequístico

¿Cómo recibimos a  las personas  que vuelven a la Iglesia después de una ausencia prolongada?

¿Hay motivos para la esperanza en esta cultura de la increencia? ¿Cuáles son?

¿Qué hacemos hoy los catequistas ante la increencia?

¿Qué espacios ofrecen nuestras comunidades para que los adultos hagan allí una experiencia de fe?

¿Cuáles son los motivos por los cuales los adultos se acercan a nuestras comunidades?

¿Cuáles son los rasgos de una Catequesis con adultos renovada?

¿Los catequistas de adultos tienen la madurez humana, cristiana y apostólica para esa formación?

¿La cultura comunicacional favorece la diversidad cultural o tendemos a una cultura única?

¿Nuestras comunidades se sienten responsables de la fe de los nuevos miembros?

¿Es hoy posible la Catequesis Familiar en la Argentina? ¿Por qué?

¿Qué nos une más en nuestra comunidad? ¿Los vínculos interpersonales o la misión que compartimos?

¿Cómo pueden contribuir nuestras comunidades a una “pedagogía del ambiente”?

 

Las preguntas que fuimos proponiendo como disparadoras del foro virtual se vinculan a los distintos textos que incluimos en el Observatorio Catequístico, a partir de la opción por la indagación en la Catequesis con Adultos. Muy pocos, apenas tres o cuatro de estos textos, son transcripciones de lecturas realizadas en el rastreo bibliográfico que forma parte de metodología seleccionada para este proyecto de investigación. Los otros textos, cuya autoría corresponde a distintos miembros del Equipo ISCA, se fueron componiendo a través de las reflexiones surgidas con ocasión de ese mismo rastreo bibliográfico.

 

Lo cierto es que todos los textos ofrecidos a través del Observatorio van siempre acompañados por una pregunta, vinculada con su contenido, que se presenta sistemáticamente en la Ventana Abierta.

 

Intentaremos realizar una síntesis, concibiéndola no comouna producción sumaria, recapitulativa o abreviada, como a veces se cree, sino como un conocimiento exhaustivo capaz de proporcionar una justificación explicativa de un conjunto de conceptos relacionados.

 

Advertimos en las respuestas una clara tendencia a repetir un “deber ser” que, a veces, cae en lugares comunes: el deber ser de un catequista, el deber ser de una comunidad, el deber ser de los párrocos… Parece existir cierta resistencia a asumir que hay un cambio de época y que el cambio de época requiere cambio de actitudes, de respuestas, de paradigmas…

 

Creemos observar una cierta persistencia en querer hacer más de lo que se hace, pero sin cambiar. Como si el voluntarismo, la perseverancia y la insistencia bastaran para lograr mayor fecundidad y eficacia.

No se advierte, en las respuestas suscitadas por las preguntas anteriores, un pensamiento estratégico y colaborativo, capaz de lograr el cambio en un diálogo circular, que sea expresión de un pensar y sentir eclesial.

 

Tercer anexo: “Encuesta a los catequistas de adultos”

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La encuesta estuvo en línea durante dos meses, disponible para todos los visitantes del sitio www.isca.org.ar . Quinientos cuarenta y cuatro catequistas se sintieron convocados a hacer su aporte a esta indagación: trescientos cuarenta de Argentina, ciento noventa y nueve de otros países latinoamericanos y sólo cinco de países de otros continentes: cuatro de España y sólo uno de Oceanía.

 

La población que tomamos como universo corresponde, entonces, a estos 544 catequistas. Hemos realizado la opción de no contabilizar a los innumerables visitantes del sitio ni a los suscriptores del Comunicándonos (boletín digital que cuenta aproximadamente con 4000 destinatarios).

 

Obviamente, la inclusión de todos estos catequistas no contabilizados como población disponible para la encuesta, nos llevaría a conclusiones más válidas. De todas maneras, hemos optado por remitirnos solamente a los 544 catequistas que respondieron la encuesta, porque consideramos que la confiabilidad de los resultados finales del proyecto quedarán equilibrados por los otros elementos metodológicos que se utilizarán en el proceso:

  1. Rastreo bibliográfico.
  2. Historias de vida, a las que se les realizará el análisis del contenido del discurso.
  3. Encuesta.

Tanto la edad de los catequistas que respondieron la encuesta (el mayor porcentaje está comprendido entre los 31 y 50 años), como la nacionalidad y el país en el que desarrollan su ministerio (el mayor porcentaje, en ambos casos, corresponde a la Argentina y el segundo, a los países de Latinoamérica) no aseguran del todo que en estas localizaciones y franjas etáreas se desarrolle con mayor asiduidad el ministerio catequístico, puesto que estos datos pueden responder, simplemente, a la procedencia y a la franja etárea de mayores visitantes del sitio. Aunque el conocimiento intuitivo que poseemos sobre los agentes de la Catequesis parece confirmar la validez de estos resultados. Lo mismo puede decirse de la variable correspondiente al sexo: el mayor porcentaje corresponde a las mujeres, como podemos observar sencillamente en nuestro trabajo pastoral.

 

Con respecto a la formación de los catequistas, hemos establecido ciertos niveles y naturalezas en la formación ofrecida. El porcentaje más alto corresponde a las escuelas o seminarios catequísticos de las Diócesis. A continuación, con cantidades muy similares, siguen los profesorados de Ciencias Sagradas o similares y los Institutos Superiores de Catequesis y Catequética, entre los que se hallan algunos dependientes de diversas Universidades Católicas. Estos últimos datos pueden llevarnos a realizar varias apreciaciones:

  1. El nivel medio de formación (a escala diocesana es el que congrega a mayor cantidad de destinatarios). Esto deja planteadas varias preguntas acerca de la falta de continuidad de esta formación. ¿No hay ofertas disponibles en la formación superior o no hay destinatarios que consideren necesaria esta continuidad? ¿Tiene esto que ver con cierto carácter de “buena voluntad” al que se ve sometido el ministerio catequístico, al que parece considerarse exento de los avances y movimientos propios de una época de cambio, en la cual prácticamente todas las disciplinas se ven impelidas a este crecimiento?

  2. Los Institutos Superiores de Catequesis aparecen en la encuesta en un  segundo lugar y esto hace vislumbrar una proyección positiva en relación con lo expresado anteriormente. Sin embargo, casi en el mismo porcentaje, se sitúan los Profesorados de Ciencias Sagradas o similares. Esto parece indicar que, muchas veces, la formación catequística superior sólo encuentra resolución en este tipo de propuestas que, ofreciendo un reconocimiento civil, carecen en realidad de una verdadera identidad catequística.

  3. Los profesorados de Catequesis continúan en cuarto lugar. Aquí suponemos la presencia de la identidad catequística, aunque reconocemos que la seguridad de estas apreciaciones quedarían manifestadas solamente a través de un cuidadoso análisis de los planes de estudio.

  4. Lo cierto es que, en la formación superior, parecen aunarse una diversidad de propuestas: Institutos Superiores, Profesorados de Ciencias Sagradas, Profesorados de Catequesis… Esto amerita una clarificación seria acerca de la identidad de una formación catequística superior: ¿cuáles son los indicadores de la misma?, ¿cómo se articulan los planes de estudio para referirnos a niveles formativos?, ¿no se estará confundiendo el nivel con los sistemas de reconocimiento y acreditación?

  5. En la comparación de los resultados correspondientes a los distintos ítems de la encuesta se observa que los catequistas que realizan una catequesis con adultos, en sus distintas modalidades, provienen, en casi el 70% de los casos, de procesos de formación a escala diocesana o de procesos de formación no sistemática.

  6. Llama la atención, también, que la formación de catequistas, que se presenta en la encuesta como una forma de “catequesis con adultos” alcanza un porcentaje relativamente bajo en relación con las otras formas propuestas. Esto parece indicar que los formadores de catequistas no consideran que ellos están llevando adelante una acción catequística que tiene, por interlocutores a los catequistas en formación.

En cuanto a las diversas formas de catequesis con adultos alcanza el máximo porcentaje la Catequesis Familiar. Esto puede apreciarse como un buen signo del correcto reconocimiento de la CAFA como catequesis con adultos. En orden de prioridad, en cuanto al porcentaje comparativo, siguen…

  1. el catecumenado pre – bautismal
  2. otros ámbitos catequísticos con adultos, en los que aparece la catequesis con inmigrantes, con aborígenes, con personas privadas de la libertad, con personas de la tercera edad y, sobre todo, la catequesis destinada a padres que piden un sacramento para sus hijos (Bautismo y Confirmación) y la catequesis pre – matrimonial, aunque muchos aquí señalan la ausencia de un verdadero proceso y se preguntan si, realmente, se puede hablar aquí de “catequesis”
  3. la catequesis con adultos que no han completado su iniciación cristiana aparece, también, como ámbito a considerar, congregando a los adultos que se acercan para recibir la Eucaristía y/o la Confirmación. Son menos los catequistas que relatan experiencias de procesos con adultos que, habiendo recibido todos los sacramentos de iniciación, experimentan que no han completado realmente su iniciación y recorren procesos de formación de talante catecumenal.

Los “lugares” eclesiales de mayor presencia catequística en el trabajo con los adultos parecen seguir siendo los tradicionales: parroquias, centros misionales, escuelas católicas (lo que parece hacer referencia a una catequesis familiar o a alguna experiencia similar con los padres en las escuelas). Aparecen aquí, también, otros “lugares” como los movimientos religiosos, los seminarios de catequesis y, en mucho menos proporción, las asociaciones cristianas de fieles.

 

En cuanto a las fortalezas y debilidades que reconocen, en sí mismos, los catequistas con adultos prevalecen…

  1. Entre las fortalezas: la capacidad para entablar vínculos empáticos, la capacidad para escuchar, para acompañar, para favorecer experiencias de reconocimiento ante lo trascendente, la apertura para ser testigos de una fe que crece de modo diferente y a un ritmo diferente del que ha experimentado el propio catequista.
  2. Entre las debilidades, muchos señalan cierta tendencia al adoctrinamiento y a la imposición en sus catequesis y cierta lejanía de la Palabra de Dios, como si la propuesta que hacen se hubiera descentrado de su verdadera fuente.
  3. Como fortaleza de la comunidad muchos mencionan la fe de la misma, pero rápidamente pasan a enumerar una larga lista de debilidades: clericalismo, cerrazón y cierta tendencia a adueñarse de los espacios…Dejan, de alguna manera, algunas preguntas implícitas: ¿hay comunidad que inicia y educa en la fe? ¿Hay un espacio para el adulto que se acerca a la comunidad?

 

Llama la atención que el 80% de los catequistas que respondieron la encuesta no descubren oportunidades en el marco sociocultural actual para la catequesis con adultos. En cambio, mencionan extensamente las amenazas, cayendo, a nuestro modo de ver, en lugares comunes, casi al modo de un lamento sin solución.

 

Finalmente, en cuanto a la última pregunta, el 60% de los que participaron en la encuesta optaron por no responder este ítem. Esto parece indicar cierto desconocimiento de los interlocutores y nos hace intuir la utilización de propuestas catequísticas homogéneas, sin diagnósticos clarificadores iniciales. El 40% restante optó por ubicar a los adultos de sus grupos, en el inicio de sus procesos, entre los “secularistas”, “los que creen sin pertenecer” (el porcentaje más alto) y “los buscadores”. Sólo tres catequistas ubicaron a sus interlocutores en el grupo de “los que vuelven a la religión, no necesariamente a aquélla de la cual emigraron”.

 

Robert Mayer y Francine y Quelle, “Méthodologie de recherche pour les intervenants sociaux”, 1991

Mayer y Quellet (1991:478); Landry (1998:335; 1987:119)

 
 
 
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