Isca  
 
Catequesis con adultos en un escenario de culturas en comunicación II

Informe final de la investigación (segunda parte)

Capítulo 2: Un escenario de culturas en comunicación

culturas en communiciaciónHacia una comprensión de la cultura.

“La expresión ‘cultura’ proviene del latín, del verbo ‘colere’, que significa ‘cultivar’, o de la forma substantivada ‘cultus, que se aplicaba al `cultivo” de la tierra, al ·cultus agrorum” 1 . Poco a poco y con el correr del tiempo se fue extendiendo este primer uso ‘agrícola’ a otros contextos analógicos, como es, por ejemplo, el ‘cultus corporis o ‘cuidado y aseo del cuerpo’, o el ‘cultus animi’ para expresar el ‘cultivo del talento’, o el ‘cultus Dei’ para expresar el cultivo de la relación religiosa del individuo con Dios y que se hace patente en el ‘culto divino’ o en la Sagrada Liturgia. 

 

En la modernidad, y más propiamente en el siglo XVIII,  el término ‘cultus’ o ‘cultura’ adquiere otra significación fuera ya de su significado agrícola o religioso. Así se la aplicará para designar a una categoría de hombres, la de los ‘cultos’  o la de aquellos ‘cultivados’ por las ciencias o las artes que poseen ‘cultura’ en contraposición a los ignorantes o  ‘incultos’. Es el sentido ilustrado de ‘cultura’. Sólo aquellos que están en posesión de las ‘luces’ y de su fruto más preciado la ‘razón’ podrán en verdad ser considerados ‘cultos’ o tener ‘cultura’.

 

El historicismo romántico de Herder y luego el idealismo alemán introducirán un concepto de ‘cultura’ mucho más general, ya que se referirá no sólo a una clase determinada de hombres, como la quería la ilustración enciclopedista del siglo de las luces, sino a todos los hombres que conforman un pueblo. En este sentido herderiano la ‘cultura’ caracteriza a un pueblo en una determinada etapa de su evolución histórica. El idealismo alemán, especialmente Hegel, ampliará todavía más el sentido de ‘cultura al denominarlo ‘Bildung’ o sea ‘cultura como formación’ donde entran los más variados aspectos que hacen a la identidad de un pueblo, como son su lengua, sus expresiones artísticas, religiosas, sus saberes, sus modos prácticos de trabajar, de producir,  de ejercitar el poder… 2

 

A diferencia de estas concepciones de cultura, Juan Pablo II, al inicio de su pontificado, al dirigirse a la Asamblea de la UNESCO (2 de junio de 1980), resaltaba el gran valor de la cultura: “El hombre vive una vida verdaderamente humana gracias a la cultura (...) Es aquello a través de lo cual el hombre, en cuanto hombre, se hace más hombre. (…)” 3

 

En su primera visita a su patria polaca, en un encuentro con los jóvenes en Gniezno, el 3 de junio de 1979, Juan Pablo II manifestaba el sentido humanista que él atribuía a la cultura, definiéndola así: “La cultura es la expresión del hombre, es la confirmación de la humanidad. El hombre la crea y, mediante ella, el hombre se crea a sí mismo. Se crea a sí mismo con el esfuerzo interior del espíritu, del pensamiento, de la voluntad, del corazón. Y, al mismo tiempo, crea la comunión con los otros. La cultura es la expresión del comunicar, del pensar juntos, del colaborar juntos con los hombres. Nace del servicio al bien común y se convierte en bien esencial de las comunidades humanas.”

 

Karol Wojtyla nos ha planteado la constitución de la cultura a través de la “praxis” humana. En este sentido, es el hombre, en tanto sujeto autónomo, el que realiza la cultura no tanto en cuanto a la productividad humana, sino sobre todo en cuanto a la personalidad humana, que conlleva la creación de sí mismo que, a su vez, se irradia en el mundo de los productos.

 

En la Conferencia dada a los docentes de la Universidad Católica de Milán el 18 de marzo de 1977, el Cardenal Wojtyla fundó su tesis en Santo Tomás de Aquino, refiriéndose a que el acto es, contemporáneamente, “transitivo”, en tanto va más allá del sujeto buscando una expresión o un efecto en el mundo externo y objetivándose en algún producto, y “no transitivo”, en la medida en que queda en el sujeto determinando la cualidad y el valor.

De este modo, el hombre no sólo cumple una mera acción, sino que se realiza a sí mismo en cuanto hombre. “La prioridad del hombre, como sujeto de la acción, tiene un fundamental significado para el constituirse de la cultura a través de la praxis humana.” 4

 

Cuando Karol Wojtyla dice esto no se está basando, obviamente, en la tesis marxista según la cual el trabajo ha creado al hombre y casi le ha dado un  origen. 5 Todo lo contrario. Está afirmando que el trabajo, en el sentido de la praxis humana, es posible en la medida en que el hombre ya existe. Esta prioridad está expresada, por lo tanto, en sentido metafísico. El hombre decide acerca de su praxis. “El acto revela más plenamente al hombre como persona. (…) Cualquier cosa que el hombre haga en su acto, cualquiera sea el efecto o el producto, al mismo tiempo, él se produce – si así puede decirse – se expresa a sí mismo, se forma a sí mismo – de alguna manera -  se crea a sí mismo.

 

El hombre en su obrar ‘se actualiza’. Esto es, se realiza llegando a una cierta plenitud (‘actus’), naturalmente sólo de manera parcial. En el acto el hombre realiza lo que verdaderamente es y, al mismo tiempo, quien es en potencia. (…)

La prioridad del hombre en sentido ‘metafísico’ significa que la praxis supone al hombre como sujeto y no lo contrario. (…) A través de una praxis así entendida el hombre se realiza a sí mismo y, al mismo tiempo, torna más humana la realidad externa. Sólo la praxis así entendida proporciona el fundamento para considerar a la cultura como realidad connatural al hombre. (…)

 

Esta superioridad se identifica con el reconocimiento de aquello que es intransitivo en el obrar del hombre, que condiciona su propio valor y, al mismo, tiempo, constituye la ‘cualidad’ humana de su obrar. El ‘intransitivo’ es, por lo tanto, más importante que lo ‘transitivo’, que se objetiviza en cualquier producto y que sirve a la transformación del mundo o también a su explotación”. 6

 

El Documento de Puebla, por su parte y en el mismo sentido, concibe la cultura “como  el modo particular como, en un pueblo, los hombres cultivan su relación con la naturaleza, entre sí mismos y con Dios (GS 53b) de modo que puedan llegar a ‘un nivel verdadera y plenamente humano’ (GS 53a). Es ‘el estilo de vida común’ (GS 53c) que caracteriza a los diversos pueblos; por ello se habla de ‘pluralidad de culturas’ (GS 53c).

 

La cultura así entendida, abarca la totalidad de la vida de un pueblo: el conjunto de valores que lo animan y de desvalores que lo debilitan y que al ser participados en común por sus miembros, los reúne en base a una misma ‘conciencia colectiva’ (EN 18). La cultura comprende, asimismo, las formas a través de las cuales aquellos valores o desvalores se expresan y configuran, es decir, las costumbres, la lengua, las instituciones y estructuras de convivencia social, cuando no son impedidas o reprimidas por la intervención de otras culturas dominantes.” 7

 

Ya en la Evangelii Nuntiandi, Pablo VI nos convocaba a evangelizar la cultura y las culturas. Este aporte, de novedosa y  de gran riqueza pastoral en su tiempo, conserva hoy una innegable vigencia. En sintonía con el Documento de Puebla, 8 nos revela, por un lado, la existencia de una diversidad de culturas y, por otro lado, reconoce en ellas la presencia de valores y de desvalores 9. Nos hace pensar, además, en la eventual presencia de culturas dominantes, cuestión que abordaremos, más en detalle, en este mismo capítulo y que conlleva, en su sola presencia, la deshumanización de la cultura y del hombre mismo, como su sujeto

 

Podemos descubrir, también, la sintonía de este Magisterio con el pensamiento del Cardenal Wojtyla. Cuando la prioridad del hombre, como sujeto del obrar, nos hace reconocer como absolutamente más importante lo “intransitivo” sobre lo “transitivo”, estamos manifestándonos en la misma línea de un auténtico humanismo de la cultura.

 

En cambio, cuando diversas visiones de hombre 10 lo reducen a un mero productor de efectos y resultados priorizando lo “transitivo” y desconociendo su esencial capacidad de autoderminación, cuando se niega el principio enunciado por el Concilio Vaticano II: “El hombre vale más por lo que es que por lo que tiene” 11 , entonces estamos pregonando una cultura de la muerte y de la deshumanización.

 

El reciente Documento de Aparecida, por su parte, confirma y actualiza las opciones realizadas por Puebla y Santo Domingo en relación con  la evangelización de la cultura y la evangelización inculturada. 12 Afirma que “es necesario presentar a la persona humana como el centro de toda la vida social por su dignidad de hija de Dios, llamada a compartir su vida por toda la eternidad.” 13

 

Nuevamente aquí podemos señalar coincidencias con lo que venimos expresando en este punto:

  • la prioridad del hombre, como sujeto de la cultura, que aquí se define en un planteo antropológico – teológico;
  • la vida de ese hombre, que en varias citas del Documento se la caracteriza como digna, feliz y plena en Jesucristo, remitiéndonos también a un planteo antropológico – teológico;
  • la cultura como objeto de evangelización.

Los pastoralistas suelen  expresar que la realidad a evangelizar ha de ser conocida y amada, para poder ser transformada. Este pensamiento subyace, evidentemente, en la metodología de planificación pastoral que, ya hace muchos años, nos ha propuesto el Documento de Puebla: “ver – juzgar – actuar” y que puede ser redescubierta en el ya citado capítulo 10 del Documento de Aparecida. 14 Más allá de esta apreciación,  el llamado modelo catequético antropológico, situacional o descendente, también adopta esta metodología a imagen de la pedagogía de Jesús. 15

 

Podemos encontrar el correlato de estas afirmaciones en la tesis agustiniense del “amor que discierne bien”. En este mismo sentido el Dr. Emilio Komar afirma que “todo verdadero amor es así. Discierne bien. Dicho en términos griegos, es crítico. Krínein en griego significa ‘discernir’. Por esto la Iglesia, que ama al mundo, lo mira críticamente y no puede renunciar a esto.” 16

 

“La Iglesia al proponer la Buena Nueva, denuncia y corrige la presencia del pecado en las culturas; purifica y exorciza los desvalores. Establece por consiguiente, una crítica de las culturas” 17

 

La cultura comunicacional

Diversas disciplinas toman hoy la metáfora del “escenario” para definir y describir contextos plenos de significados y de factores causales. Allí las personas viven, los hechos ocurren y se desarrollan los procesos.

La cultura comunicacional  es un escenario en el cual la catequesis vive el desafío de comunicar hoy lo que Dios nos ha revelado. Esta cultura constituye un sistema hegemónico en el cual prevalecen los medios de comunicación social y los nuevos medios electrónicos.

Nosotros consideramos que esta mirada es válida, en tanto nos alerta respecto a los rasgos de una cultura en la cual los medios actúan un rol importante en la configuración de las matrices, creencias, valores y expresiones culturales. Pero, por otro lado, observamos que esta concepción es parcial e insuficiente porque no considera el otro lado del proceso de comunicación.

La recepción no es tan pasiva ni determinante como parecen considerar algunos cuando se refieren a la comunicación como un proceso que masifica a través de sus canales e instrumentos. Así entendida ella queda reducida, simplemente, al conocido circuito “fuente, mensaje, canal, receptor”.

La comunicación, por el contrario, incluye diversas formas de apropiación, resistencia y reelaboración porque los interlocutores aportan sus propios significados y matrices culturales, construyendo de este modo nuevos significados.


Por todo esto, más que detenernos en los medios de comunicación como causas hegemónicas de la cultura comunicacional, preferimos referirnos a las “mediaciones” 18 . Ellas son articulaciones entre prácticas de comunicación y los movimientos sociales, vistos como lugares en los que se produce el sentido de los usos, las diferentes temporalidades y la pluralidad de matrices culturales.

Esto implica una nueva valoración de la cultura en la que la clave es la comprensión de su naturaleza comunicativa. La realidad ha hecho que la problemática de la comunicación pase a verse, desde lo cualitativo, como proceso productor de significaciones y no de mera circulación de informaciones, buscando superar la visión instrumental y proponiendo la utilización social de la cultura.

No se trata, entonces, tanto de la influencia que los medios aportan a la formación de criterios y principios en los hombres y mujeres de las diversas culturas, sino a la relación “medios de comunicación – prácticas sociales” (mediaciones”), como lugares donde se gestan los discursos y, sobre todo, las opciones.

Ahora bien, este dinamismo cultural de apropiaciones, resistencias y reelaboraciones diversas tiene, en nuestro tiempo, un correlato más: la globalización que hace caducar lo diverso para convertirlo en multicultural. Por esta misma razón, nos parece legítimo hablar de “culturas en comunicación”, en las cuales las identidades se configuran con elementos cruzados de diversas culturas.

 

El desafío de la multiculturalidad: ¿utopía o fenómeno actual?

Muchos se han referido últimamente a la primacía de lo diverso Ella se expresa, por ejemplo, en el fenómeno de la multiculturalidad como verdadero emergente de un mundo globalizado y en permanente cambio y sincronía. La poderosa mediación de las nuevas tecnologías de la información y de la comunicación disuelve las fronteras y provoca la convivencia de diversas culturas.

Esta diversidad cultural va de la mano de una profunda diversidad religiosa. El mundo actual, sobre todo en los ámbitos urbanos, es multicultural y multirreligioso. Todo esto, unido a la acentuada búsqueda de la autonomía y de la realización personal, plantea una exigencia a veces desmedida de atención a muchas singularidades y lo diverso se constituye así en un verdadero desafío para la educación y para la evangelización.

 

Se nos presenta, de este modo, el saber y poder vivir juntos en la diversidad “Hoy más que nunca este desafío se plantea con toda su crudeza. En la antigüedad los mundos humanos, distintos culturalmente entre sí, podían vivir con relativa facilidad, salvo episódicos conflictos, unos al lado de otros. Ahora ese modelo ya no es posible y menos lo será en el futuro” 19 .

 

¿La globalización pone hoy en diálogo, en conflicto o en una relación de indiferencia a las diversas culturas? Nosotros entendemos que la multiculturalidad es un fenómeno de este tiempo y la definimos como la cercanía y convivencia de distintas culturas en un mismo espacio.

 

En este sentido, recordemos que Mons. Lucio Ruiz 20 nos proponía “el espacio” como uno de los ejes para poder comprender la cultura comunicacional. Desde su tesis, el lugar no es ya exclusivamente aquello ligado a una misma experiencia y a una  misma presencia y el tiempo se inscribe en una inmediatez cada vez mayor.

 

El fenómeno de la multiculturalidad se contextualiza, no sólo en el marco hegemónico de las nuevas tecnologías de la comunicación y de la información, sino, también, en un influyente escenario social, político y económico. “Los presurosos cambios que se están produciendo en el Mundo por las nuevas corrientes migratorias, los desplazamientos forzados de poblaciones, el fenómeno de la globalización de la información y de la economía, que ya no conocen fronteras, como así también los relativamente recientes mega acuerdos políticos que configuran en diversas partes del Mundo nuevos bloques de Naciones asociadas con acordadas finalidades políticas, sociales y económicas, son algunos de los factores que plantean nuevos retos y desafíos para el encuentro y convivencia de diferentes culturas que constituyen la trama más fundamental e inmediata de la existencia humana sobre la Tierra.” 21

 

“Hoy la identidad, incluso en amplios sectores populares, es políglota, multiétnica, migrante, hecha con elementos cruzados de varias culturas” 22 . “Estamos dentro de un nuevo fenómeno como es el de la hibridación de las culturas” 23

 

Fundamentándonos en algunos artículos del Padre Dr. Jorge Seibold s.j. 24 , en la entrevista que pudimos hacerle y en su intervención en el reciente Encuentro Regional de Pastoral 25 , podemos afirmar que “los seres humanos desde su más remota antigüedad han mostrado una tendencia gregaria que los impulsa a agruparse en diversos conglomerados humanos donde generan culturas propias que reflejaban sus propios modos de existir en sus contextos inmediatos. Así se daban como “mosaicos” culturales con fronteras más o menos definidas por una diversidad de etnias, con sus propias lenguas, costumbres, creencias, etc., que habitaban determinados espacios (…)

 

A esos grandes “mosaicos” culturales les decimos que tienen una determinada “identidad” que los diferencian entre sí. La multiculturalidad se conforma a partir de las diferencias culturales que existen en los conglomerados humanos. Estas diferencias se afirman por una variedad muy grande de motivos o causales de orden político, religioso o étnico. Un grupo coherente con tales diferencias puede así llegar a caracterizar a un grupo humano o a una población dándole una específica identidad frente a otro grupo humano dotado de otras diferencias y por consiguiente de otra identidad 26

 

Ahora bien, siguiendo este pensamiento la “hibridación de las culturas” se produce cuando las identidades no permanecen cerradas en sí mismas, sino abiertas a la diferencia de los otros. Cuando desde la verdad de lo que una persona es, ella logra descubrir un valor auténticamente encarnado en el otro, ese valor puede ser apreciado, juzgado como bueno, actualizado y encarnado en el propio proyecto de vida del que lo ha descubierto. Así podríamos llegar a decir, en un sentido, que la diferencia de uno se integra en la identidad del otro, produciéndose la “hibridación de las culturas”.

 

Esta apertura a identidades diferentes puede enriquecer o empobrecer. Aquí aparece otro concepto impulsado por algunos pensadores 27 , el del “pensamiento único” o el de la “homogeneización de la cultura”. Desde esta mirada, no existiría una verdadera multiculturalidad multiculturalidad y no se daría, tampoco, una enriquecedora hibridación de las culturas, sino el dominio de una sobre otras, posible situación acerca de la cual ya nos había prevenido Puebla en 1979. Si hay pensamiento único, si hay culturas dominantes y culturas reprimidas o sometidas, no estaríamos obviamente ante un proceso de humanización de la cultura.

 

Nosotros aceptamos la tesis de García Canclini, citada por el Padre Seibold, justamente por el carácter humanizante que descubrimos en ella. No se trata de anular personalidades humanas o culturas, con su bagaje de valores, tradiciones, lenguajes y rasgos culturales propios. No se trata de sumisión, ni de pérdida de sí. No se trata del conflicto o de la indiferencia que empobrecen, sino del diálogo que enriquece.

 

La multiculturalidad que, a través de todo lo dicho, queda asumida por nosotros no como una simple utopía, sino como una realidad de hecho, admite  tres determinaciones posibles. Para enumerarlas, recurriremos al concepto de “imaginario social”.

 

“Por ‘imaginario social’ 28 entendemos un complejo entramado de valores, discursos y prácticas sociales sostenidos y vividos por una sociedad determinada. Este ‘imaginario social’ variará en sus valores, en sus discursos y en sus prácticas sociales según sea la sociedad que los porta.” 29

 

El imaginario social, sobre todo en las sociedades urbanas, no es unidimensional. Siguiendo al Padre Seibold, podemos distinguir en él, por lo menos, tres componentes o determinaciones:

    1. Imaginario tradicional: Abierto a las relaciones interpersonales, sobre todo a las relaciones familiares, que se consideran muy importantes y a las relaciones vecinales. Está cargado de valores de pertenencia y muy ligado al terruño. La autoridad es muy respetada y el modelo en las relaciones es, sobre todo, vertical. Presenta una fuerte adhesión a la música del pago y a la religiosidad popular. Generalmente, es aportado a la ciudad por inmigrantes que vienen del interior o de países limítrofes. A fines del siglo XIX y en la primera mitad del siglo pasado, algunos elementos de este mismo imaginario fue aportado por los inmigrantes europeos que llegaron a nuestro país.
    2. Imaginario moderno: Podemos ubicar su nacimiento hacia fines del siglo XIX. En este imaginario las relaciones son más funcionales. Son más importantes las funciones que la persona misma. La gente es más anónima y deambula por los lugares anónimamente, realizando para otros o recibiendo de otros determinados servicios. Pertenecen a este imaginario los “no lugares”, idénticos en las diversas ciudades del mundo: los “shopping”, los “supermercados e hipermercados”… y distintos espacios que no contribuyen al arraigo personal ni territorial.
    3. Imaginario postmoderno: Expresa resistencia o decadencia en relación con los dos imaginarios anteriores e intenta desplazar de la conciencia tanto a uno como al otro. De imaginario tradicional critica su rigidez y del moderno, el anonimato que conlleva.

Ahora bien, estos imaginarios no se hallan en estado puro en las personas o en las comunidades. Justamente, la multiculturalidad es el fenómeno que se da allí donde los imaginarios están mezclados.

 

Ella, como verdadero fenómeno de nuestro tiempo que se produce, sobre todo en los medios urbanos, pero también en los rurales, aunque en menor escala, admite diversas interpretaciones:

  1. Etnocentrista: Una de las culturas es la hegemónica y las demás deben subordinarse. Existe la multiculturalidad, pero puede observarse una cultura dominante que quiere reprimir a las otras. Podemos hablar, entonces, de una intención monocultural. Esta interpretación responde al pensamiento único o a la llamada homogeneización de las culturas.
  2. Liberal: Afirma  y permite la existencia de la diversidad. Pregona que todos sean como quieren ser, pero no plantea los últimos condicionamientos de las diferencias. Por eso, es tolerada la pobreza, como parte de la diferencia, afirmando que siempre hubo y habrá ricos y pobres. Favorece el relativismo, admitiendo la existencia de muchas verdades.
  3. Intercultural: Esta interpretación pone el acento en la vinculación de las culturas diferentes, sin pretender que una se asimile a la otra. Favorece el diálogo en la diferencia conscientemente asumida. Se excluye la violencia y se busca pacientemente la justicia a través del diálogo.

Cada una de estas interpretaciones de la multiculturalidad da lugar a diversos modelos de transmisión, cuestión que a nosotros nos interesa particularmente, en relación con lo que planteamos en la hipótesis de nuestro trabajo.

 

Diversos modelos de transmisión en un escenario de culturas en comunicación

Vivimos hoy en los espacios de nuestras grandes urbes latinoamericanas un mundo de naturaleza multicultural. Ya no se trata de simples minorías étnicas que habitan en guetos aislados de la ciudad. Las mediaciones contribuyen significativamente a esta multiculturalidad y hoy la ciudad despierta, cada día, en medio de las más variadas diferencias que le propone la globalización y los diferentes procesos migratorios a los que se ve sujeta.

Y el citadino todavía está sujeto a formas de ver y de actuar que brotan de una pedagogía monocultural, que fuera implementada por el sistema educativo, ya a fines del siglo XIX desde los niveles primarios hasta la universidad.

En la cultura comunicacional la educación y la evangelización deberán plantearse cómo asumir este desafío de la multiculturalidad. La Iglesia, sin desdecirse a sí misma, debería cambiar su tonalidad «monocultural» a fin de hacerse capaz de inculturarse en la multiculturalidad y cumplir así la misión que Jesucristo le encomendara.

El Padre Jorge Seibold s.j. en su texto “Pastoral comunitaria urbana: desafíos, propuestas y tensiones” reconoce el desafío de la multiculturalidad en la pastoral urbana, señala tres modelos de transmisión en los ámbitos educativos y propone su reflexión en vistas a una posible traspolación al ámbito pastoral:

  • asimilativo: “reconoce la presencia de la multicularidad en el contexto de la escuela, pero parte de una valoración negativa de este fenómeno, de lo otro y de lo diferente. Por eso su actitud pedagógica será la de ‘asimilar’ al otro”

  • pluralista: “tiende a sostener una posición de respeto y equidistancia de cualquier posición identitaria. Confunde la alteridad con lo desigual e incomensurable. Todas las identidades tienen los mismos derechos y ellos deben ser resguardados. Su posición epistemológica lo asocia al relativismo cultural. No existe la verdad, sino que ella está distribuida en un infinito mosaico de identidades donde cada una de ellos tiene su propia verdad.”

  • intercultural: “La diferencia encarnada en una cultura tiene valores que de por sí desbordan sus propios límites. Ahora se trata de ‘reconocer’ esa diferencia y ‘comunicarse’ con ella. El ‘modelo intercultural’ intenta establecer vasos comunicantes de ida y de vuelta en las vinculaciones culturales.”

La lógica de la Encarnación, inspiración de la inculturación como criterio articulador de la transmisión del mensaje cristiano, no puede reconocer, evidentemente, en el modelo asimilativo su cauce de realización. Parece, en cambio, que el modelo intercultural, puede llegar a responder al desafío de la multiculturalidad y puede ser camino para inculturar el Evangelio en ella.

Jesús, el Hijo del Padre, sin dejar de ser Dios, asumió la naturaleza humana y dialogó desde las categorías sociales, culturales y comunicacionales de su época y del espacio geográfico en el cual vivió. Del mismo modo, hoy la catequesis, sin desdecir los valores del Evangelio, parece llamada a asumir las semillas del Verbo presentes en el escenario de culturas en comunicación, empleando lenguajes y modelos de transmisión capaces de dialogar con esas culturas.


1. Cfr. nuestro trabajo “Filosofía de la Educación y Ethos religioso sapiencial”, Stromata, XLIII, 1987, Nº 1/2, pp.14 y ss.  

2. Padre Dr. Jorge Seibold, “La interculturalidad como desafío. Una mirada filosófica”

3. Discurso del Santo Padre Juan Pablo II a la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, 2 de junio de 1980.

4.Card. Karol Wojtyla en la citada conferencia.

5.Cfr. K. Marx, “Tesi su Feuerbach, in K. Marx – F. Engels, Dizela (Opere), t. 3, Warszawa, 1961.

6. Card. Karol Wojtyla en la citada conferencia.

7. Puebla, Conclusiones 387

8. Ver las citadas Conclusiones 387

9. El concepto de “desvalor” aparece en la página 32 de este mismo trabajo con el término “antivalor”. (Cuando tenemos la apreciación de un valor, la acompañamos de un rechazo implícito o explícito a su opuesto, pero el antivalor no tiene entidad propia, como no la tiene en metafísica el “no ser” como contrapuesto al “ser”.)

10. Podemos consultar, por ejemplo, “Las visiones inadecuadas del hombre en América Latina”, Puebla, Nº 304 y ss. o considerar las distintas expresiones que, en el discurso contemporáneo, se suele utilizar para referirse al hombre de este tiempo. Por ejemplo, los Obispos de la Argentina, en mayo de 2001, en plena crisis política y económica, hacían referencia a una crisis más profunda, en el plano humano – existencial y decían de la “cultura comunicacional”: “se ha transformado en una propuesta frívola, transmitiendo la caricatura del hombre y no su dignidad, o la grandeza de su vocación, la belleza del amor, el sentido del sacrificio y la alegría de sus logros”.

11.GS 35

12.Cfr. Cap 10 (Nuestros pueblos y la cultura) del Documento de Aparecida

13. Cfr. DA 480

14. Este aporte nos fue dado por el Pbro. Dr. Víctor Manuel Fernández, convocado por el CELAM como experto con ocasión de la V Conferencia del Episcopado Latinoamericano. Según este aporte, por ejemplo, en lo que se refiere a la pastoral urbana en el Cap. 10, desde el número 510 hasta el 513, el Documento nos aporta el “ver” o “contemplar” de la pastoral urbana; desde el número 514 hasta el 516, nos hallamos frente al “juzgar” o “iluminar” y, finalmente, desde el número 517 hasta el final del capítulo, nos hallamos ante el “obrar” o “actuar”

15. Para fundamentar esta afirmación sugerimos la lectura y meditación de algún texto evangélico en el cual pueda apreciarse esta dinámica del contemplar amando e iluminar la vida de las personas, proponiéndoles la conversión: Por ejemplo, el encuentro de Jesús con la samaritana, el encuentro con los discípulos de Emaús, el encuentro con Zaqueo, el encuentro con el joven rico…

16. Cfr. Dr. Komar, Emilio, “Fe y cultura. El artículo 41 del Documento La escuela católica” en “Orden y misterio”, Ed. Emecé Editores, Buenos Aires, pág. 134.

17. Documento de Puebla, 405.

18. Este concepto es acuñado por Juan Martín Barbero en su obra “De los medios a las mediaciones”.

19. Cfr. Padre Dr. Seibold, Jorge “Pastoral comunitaria urbana. Desafíos, propuestas y tensiones.”

20. Se puede consultar su exposición durante las III Jornadas de Catequesis y Nuevas Tecnologías (III CNT) en www.isca.org.ar

21. Cfr. Padre Dr. Seibold, Jorge, “La interculturalidad. Una mirada filosófica”.

22. El Padre Seibold cita a N. García Canclini en “Consumidores y Ciudadanos. Conflictos multiculturales de la Globalización”, Grijalbo, México, 1995, p. 109.

23. El Padre Jorge Seibold cita N. García Canclini en “Culturas híbridas. Estrategias para salir de la modernidad”, Sudamericana, Buenos Aires, 1992.

24. El Padre Jorge Seibold es Dr. en Filosofía y en Teología. Actulmente se desempeña como Director del Doctorado en Filosofía en la Universidad del Salvador. San Miguel. Prov. De Buenos Aires.

25. El Encuentro Regional de Pastoral convocó a pastoralistas sacerdotes, religiosos y laicos de la Región Buenos Aires – Gran Buenos Aires. Tuvo lugar en noviembre de 2007 en Victoria, Prov. De Buenos Aires.

26. Cfr. Padre Dr. Seibold, Jorge, “La interculturalidad. Una mirada filosófica”.

27. Entre ellos la Dra. Laura Pardo, a quien hemos entrevistado en su carácter de Directora del Departamento de Lingúística del CIAFIC – CONICET y el politólogo estadounidense Francis Fukuyama que, en un artículo escrito en La Nación el 10 de agosto de 2007, proclama “el fracaso de la utopía multicultural”.

28. E. Díaz, “¿Qué es el imaginario social?”, en E. Díaz (comp.), La ciencia y el imaginario social, Biblos, Buenos Aires, 1996, pp. 13-20 ; N. García Canclini, Imaginarios Urbanos, Eudeba, Buenos Aires, 1997

29. Cfr. Padre Dr. Seibold Jorge en “Pastoral comunitaria. Desafíos, propuestas y tensiones.”

 

 
 
 
opciones
Ver números anteriores

¿Cuáles son los rasgos de un catequista misionero?


comunicandonos
Memoria en Octubre Memoria en Octubre
Estamos cerrando el año y queremos hablar de sorpresas y bendiciones inesperadas. Octubre, ¿es muy temprano para hacer una...
..................................................................................................
El misionero siempre regresa con las manos llenas El misionero siempre regresa con las manos llenas
Todos estamos llamados a esta nueva salida misionera. Cada cristiano y cada comunidad discernirán cuál es...
..................................................................................................
Educar la respuesta de la fe Educar la respuesta de la fe
La catequesis se halla en búsqueda de una identidad propia dentro de la misión de la Iglesia y sobre todo en los contextos de Nueva Evangelización. He llegado a la conclusión de que su tarea prioritaria -aunque no la única- es la de favorecer la acogida de la propuesta cristiana a partir de los dinamismos culturales propios de las personas y de los grupos humanos...
..................................................................................................
  suscribir al comunicándonos Ver números anteriores
recomendar

Recomendar esta
página a un amigo

imprimir Imprimir esta
página