Isca  
 
Catequesis con adultos en un escenario de culturas en comunicación III

Paradigma: posibilidades y ambigüedades del término

paradigma

La palabra «Paradigma» se puede encontrar hoy en muchos textos científicos, en artículos de los más variados contextos y hasta en una simple conversación cotidiana. Por lo general su empleo proviene del sentido que se ha generalizado a partir de la obra de Kuhn, "La estructura de las revoluciones científicas", aunque probablemente muchas personas desconozcan las diferentes acepciones que puede tener esta palabra. Su uso se ha extendido mucho en las Ciencias Sociales y en las Ciencias de la Educación.

A continuación, podemos encontrar algunos de los significados que se le atribuyen a la palabra “paradigma”

  1. Desde la etimología, el significado que proviene del latín y el griego, especialmente de la concepción filosófica que Platón tiene de la palabra «modelo», distinta a la concepción aristotélica de la palabra «ejemplo».
  1. La interpretación correspondiente al campo de la lingüística. Así, por ejemplo, en el diccionario Cervantes (Alvero, F. 1976) se resumen ambas interpretaciones planteando que paradigma significa "Ejemplo o ejemplar, modelo que sirve de norma, especialmente en la conjugación o declinación". (576). Por otra parte, si buscamos los posibles sinónimos de la palabra paradigma, encontramos una relación de "equivalencias" que incluye términos como: muestra, prototipo, arquetipo, ideal, precedente, norma, pauta, canon, espécimen, regla, espejo, molde, etc.
  1. Desde la concepción kuhniana en la ciencia un paradigma es un conjunto de realizaciones científicas universalmente reconocidas que, durante cierto tiempo proporcionan modelos de problemas y soluciones a una comunidad científica. Según Kuhn en la obra mencionada, estamos en presencia de un "paradigma" cuando un amplio consenso en la comunidad científica acepta los avances conseguidos con una teoría, creándose soluciones universales. Si se demuestra que una teoría es superior a las existentes, entonces se produce una "revolución científica" y se crean nuevos "paradigmas". Un paradigma es una teoría o modelo explicativo de las realidades físicas. Con el significado de paradigma científico, se usa hoy en la investigación científica y fue introducido por Thomas Kuhn (1975) para explicar o los cambios o "revoluciones científicas". Según Karl Popper, las teorías mueren cuando se descubre una nueva teoría que falsifica a la anterior, ese sería el motor del progreso científico. Para Thomas Kuhn el motor es simplemente el "cambio de paradigma" en la explicación de los fenómenos naturales; la nueva teoría no tiene por qué falsificar a la anterior, puede ser una alternativa, un nuevo modelo o teoría modelo, un paradigma nuevo.

  2. En el sentido del concepto alemán Weltanschauung(visión del mundo) creado por el filósofo Wilhelm Dilthey (1914), podemos decir que “paradigma” significa “cosmovisión” En las Ciencias Sociales y es, probablemente, éste el significado más común que se atribuye a “paradigma”. El término se usa para describir el conjunto de experiencias, creencias y valores que afectan la forma en que una persona percibe la realidad y la forma en que responde a esa percepción.

Los investigadores sociales han adoptado la frase de Kuhn ("cambio de paradigma") para remarcar un cambio en la forma en que una determinada sociedad organiza e interpreta la realidad. Un "paradigma dominante" se refiere a los valores o sistemas de pensamiento en una sociedad estable, en un momento determinado. Los paradigmas dominantes son compartidos por el trasfondo cultural de la comunidad y por el contexto histórico del momento.

En el tiempo actual, en la cultura occidental, lo monolítico parece haberse roto en mil pedazos. Las “seguridades” que teníamos hoy ya no están. No se trata, por lo tanto, de ver cómo reconstruimos ese monolito donde nos afirmábamos, sino de ver qué cosa nueva construimos con los trozos del monolito.

 

La imagen anterior parece ser adecuada para aproximarnos, al menos simbólicamente, a la situación de “cambios de paradigmas”. Algunos califican esta situación llamándola “crítica”. El concepto de“crisis” tiene, aparentemente, una connotación negativa. En realidad, la crisis es expresión de cambio, es ruptura anticipadora de concepciones nuevas. Su significado no es, entonces, negativo… Y es apropiado, por lo tanto, utilizar esta expresión: “danza del cambio”. Asé se refirió a la crisis actual Mons. Lucio Ruiz1 durante el III CNT organizado por el ISCA en el mes de septiembre de 2007 en Buenos Aires.

 

La “crisis”, el “cambio de paradigmas” o la “danza del cambio” pueden despertar en nosotros, hombres y mujeres del cambio epocal, alguna de las siguientes actitudes:

  • Ignorar el cambio y seguir obrando como si nada ocurriera.
  • Paralizarnos ante el cambio, por el desconcierto. No se sabe cómo actuar.
  • Involucrarnos en el cambio, tratando de conocer y de asumir responsablemente, por un lado, el cambio con todas sus propuestas y, por otro lado, los valores inmutables y objetivos que no cambian.

Esta última opción lleva al hombre de este tiempo a la “destrucción creadora”, lo cual significa dar respuestas positivas, tender el puente entre el cambio y los valores de siempre y considerar el cambio, no como amenaza paralizante, sino como verdadera oportunidad de crecimiento y transformación.

 

Los cambios de paradigmas, contrariamente a lo que podría suponerse, son lentos…Esto se observa en el hecho evidente de que las personas no entran, del todo, en la totalidad de cambio. Se produce, por lo tanto, una asincronía en el ethos cultural. Pueden convivir varios paradigmas diversos y esto se observa, sobre todo, en las épocas de transición. 

 

Como muy bien lo dice García Canclini,  “…estamos dentro de un nuevo fenómeno como es el de la hibridación de las culturas. Ya la diferencia no está afuera, sino que se la encuentra en uno mismo…” 2

Esta “danza del cambio” en la cual coexisten lo diversos paradigmas pide  de educadores y agentes de la evangelización…

 

• Una gran capacidad de diálogo.
• Una profunda actitud de discernimiento que contribuya al descubrimiento de los valores presentes en los nuevos paradigmas.
• La apertura y sensibilidad para descubrir los nuevos paradigmas, para poder hacer consciente lo que, a veces, permanece inconsciente (Como un modo de vivir, pensar y creer no verbalizado, no asumido, casi ignorado…)

 

 La fe como respuesta de sentido

Los obispos latinoamericanos reunidos en Aparecida nos invitan a una vida digna, plena y feliz en Cristo. Seguirlo, haciéndonos sus discípulos e identificándonos con Él, nos asegura una Vida en abundancia y llena de sentido.

Los catequistas, por nuestra vocación y ministerio, nos hacemos testigos de esa Vida, para que Ella se encarne en el corazón de los hombres y mujeres de nuestras culturas. Porque la catequesis es, precisamente, esa acción eclesial capaz de poner a las personas no sólo en contacto, sino en íntima comunión con Jesús3 .

El “cambio de época” es un nuevo “kairós” propiciado por una nueva situación que invita a ser leída en clave de “signos de los tiempos”. Desde esta certeza, algunos catequetas 4 piensan la catequesis a partir de un “nuevo paradigma catequético”. Así como la realidad interpela a la Catequesis con sus cambios de paradigmas, la catequesis ha de ser pensada, en absoluta fidelidad a su naturaleza y finalidad, en términos de un nuevo paradigma catequético.

La clave principal desde la que nos colocamos a la hora de afrontar la nueva situación de la catequesis podría resumirse en la famosa frase de los obispos de Francia en su carta a los católicos franceses de noviembre de 1996: “De lo heredado a lo propuesto”  “Paradójicamente, esta situación nos obliga a valorar la novedad de la fe y de la experiencia cristiana. No podemos contentarnos con una herencia, por muy rica que sea. Hemos de acoger el don de Dios en condiciones nuevas y reencontrar contemporáneamente el gesto inicial de la evangelización: el de la propuesta sencilla y decidida del Evangelio de Cristo”

Entramos, pues, en una nueva lógica, lejos del supuesto de una sociedad enteramente cristiana donde la fe pueda seguir transmitiéndose por ósmosis sociológica. Lo mismo que otros países de la “vieja cristiandad”, tal como ya lo afirmaba el anterior papa Juan Pablo II, estamos en un país “de misión” que requiere una nueva lógica de talante misionero, que se plantee en toda su radicalidad una “nueva evangelización”.

No es el momento de distraerse en ningún tipo de filigrana teológica o dogmática que pueda distraernos del núcleo fundamental de la fe. Debemos ir al corazón del misterio, “al corazón de la fe” (episcopado francés) pues es necesaria una “elementarización de la fe” (episcopado alemán). Un nuevo paradigma de la transmisión de la fe y, consecuentemente, de la catequesis, para los nuevos tiempos exige una redefinición radical del proceso continuo de catequización. 

La transmisión de la fe y el “proceso de catequización”  no quedan encerrados en una serie de “etapas” cerradas a modo de programa que se abre y se cierra con la recepción de sacramentos. Se trata de un “hacer camino” que recorre todas las etapas de la vida. 

La catequesis, una vez realizado el primer anuncio, debe concebirse en clave de “Catequesis iniciática”, acentuando más la “mistagogía de la experiencia” (Martín Velasco) que los aprendizajes conceptuales, en línea con las Catequesis de los Padres, para quienes “la experiencia debe preceder a la explicación”. Adquiere aquí importancia el grupo como “taller de experiencia”.

Se trata, pues, de una cierta catequesis “de inmersión” que necesita, como condición “sine qua non” una comunidad cristiana como sujeto “gestante” de la fe que no “delega” la tarea catequística, en todos sus pasos y procesos, en unos determinados “especialistas” (los catequistas), sino que asume ella misma su carácter de comunidad-catequista. Se abre, pues, el espacio a todo tipo de experiencias catequéticas inter-generacionales en las que el sujeto de la Catequesis entra en contacto con la vida global de la comunidad cristiana. En este marco debe insertarse el papel importante de la liturgia como experiencia global de la fe. 

Ninguna persona es igual a otra. En esta fe que “hace camino” no podemos seguir hablando de modo homogéneo de niños, adolescentes, jóvenes, adultos o familias medidos todos por un mismo rasero. Cada vez más las personas y los colectivos son absolutamente diferenciados, lo que nos obliga a plantear, del modo que sea, itinerarios catequísticos diferenciados de individuos y de grupos, logrando el necesario equilibrio entre lo individual y lo comunitario. 

No es el tiempo ya de una fe heredada y sociológica, cada vez más inexistente en nuestra sociedad. Es el momento de la decisión personal que debe conducir a una “apropiación personal” de la fe, no en un único momento determinado, sino en un proceso que incluye la re-elaboración de la propia fe: la misma de los “mayores” pero no “como” los mayores. En la realización de estos “itinerarios diferenciados” y de esta “reelaboración” personal de la fe, es absolutamente necesario el acompañamiento personal como parte esencial del quehacer del catequista. Esto exige definir de modo nuevo un perfil del catequista en clave misionera, testimonial, anclado en una fe fuertemente vivenciada y personalizada, capaz de realizar el acompañamiento de las personas y de los grupos en su “hacer camino”.

“En este peregrinar el hombre puede avanzar firmemente hacia el descubrimiento de su mejor versión como persona”5 Jesús, el Hijo del Padre, es el modelo de hombre y en él recibimos la revelación simultánea de Dios y del prototipo de hombre, a través de la comprensión de la plenitud de la Revelación en su Encarnación y en su Pascua.

Conocer a Jesús, seguirlo y hacernos sus discípulos implica darle la respuesta de fe que nos plenifica y nos asemeja a Él, configurando nuestras personalidades a su imagen y semejanza. Implica encarnar en nuestras vidas su propuesta y los valores que ella conlleva. Y, como los valores atraen, arrastran por su propio peso e iluminan el camino de los que peregrinan, donde hay valor hay sentido. La fe es la respuesta de sentido más plena que el hombre puede darle  a su vida, es el valor que lo mantiene religado permanentemente  a Dios, como su sentido y fin último.

La catequesis siempre, y más que nunca en la cultura del “sin – sentido”, ha de ser mediación, camino y experiencia para el Sentido y los catequistas de hoy, como hombres y mujeres de esta cultura, podemos decir: “He encontrado el Sentido de mi vida, ayudando a otros a encontrar el Sentido de sus vidas.”6

 

Un aporte del humanismo cristiano a la pedagogía catequética

La encarnación de un estilo de vida evangélico en los dirigentes de una comunidad eclesial favorece la circulación de los valores del Evangelio entre sus miembros. La comunidad se hace atrayente y cautiva a los que no forman parte de ella. Se actualiza en esta dinámica el "miren cómo se aman" de la comunidad de los Hechos de los Apóstoles.

La encarnación de valores constituye una propuesta que el humanismo cristiano ofrece a la educación en la fe.  Edith Stein, filósofa y teóloga carmelita, cuyo pensamiento fue divulgado y profundizado en nuestro país por Emilio Komar, solía referirse a la "irradiación de valores", afirmando que el punto de llegada de toda tarea formativa es precisamente la "encarnación".

Los valores tienen un doble aspecto. Se viven (aspecto de encarnación) y valen (aspecto energético). Tienen fuerza, impulsan, motivan, arrastran por su propio peso. Si la comunidad ha encarnado en su vida los valores del Evangelio, ellos se constituyen en fuerza generadora de conversión y crecimiento. Una comunidad que vive el Evangelio lo irradia, lo muestra, lo propone y se hace más capaz de provocar la adhesión de los que reciben la propuesta.

Contrariamente a la encarnación estampa que, desde afuera, pretende inculcar valores desde la persuasión, el adoctrinamiento o el discurso rutinario, esta propuesta supone un camino inverso. La encarnación de los valores pasa por el corazón.

Esto quiere decir que si los pretendidos valores no hablan al corazón, si el corazón no ha sido arrastrado por el peso propio de ellos, atraído por su evidente valiosidad, la encarnación ya no es posible. Esta evidencia ha sido expresada de manera sencilla por Edith Stein: En la educación, en la formación del alma y del hombre entero obra todo aquello que ha sido asumido en el interior del alma. La exigencia de la encarnación es inseparable de la exigencia de la interioridad".

 

Una catequesis a la luz de la encarnación de valores

 

Una catequesis del testimonio que se apoye en la vida del catequista y de la comunidad que lo envía. Porque la vida irradia el valor y sostiene el anuncio.
Una catequesis del anuncio que, al modo de la Encarnación, traduzca en palabras humanas y comprensibles la Palabra que Dios dice a los hombres. Porque el valor ha de ser explícito, como se hizo explícito el Padre a través del Hijo.
Una catequesis de la comunidad Porque a imagen y semejanza de la Trinidad, la comunidad vive su misión para que los valores del Evangelio circulen, como respuesta de fe, a través de la vida de todos los hombres y mujeres llamados a formar parte del Pueblo de Dios.
Una catequesis del diálogo Porque el catequista ha de saber valorar el trabajo realizado por el grupo, evitando sus propias síntesis. Sin pretender imponer el valor desde afuera, ha de aprender a escuchar lo que dicen los interlocutores, valorando así el lenguaje de la comunidad eclesial que se expresa.
Una catequesis de la propuesta Porque durante mucho tiempo, la catequesis ha sido una catequesis del debe ser. No es éste el tiempo del discurso doctrinario que impone, no es el tiempo de la "encarnación estampa", impuesta desde afuera y por la fuerza. Es tiempo de proponer la fe, a través de una verdadera experiencia personal realizada en el seno de una comunidad iniciadora. Para que los catequizandos y catecúmenos puedan vivir una experiencia de valores que los introduzcan en la iniciación a la vida cristiana, verdadera y fundamental finalidad de la catequesis.
   

 

Del ejemplo a la experiencia personal en un escenario de culturas en comunicación

La "encarnación estampa" responde a un modelo de autoridad, poseedora del saber, de la fuerza, del premio y del castigo. Éste es el modelo de autoridad que hoy está en absoluta crisis. Frente a ella sólo queda obedecer o desobedecer, imitarla o rebelarse…Cuando las culturas en comunicación ofrecen opciones diversas para creer, cuando la identidad y la fe cristianas se hallan en un escenario complejo de múltiples ofertas, parece pertinente pensar en un modelo de transmisión que dé lugar a la opción personal.

No se trata de dar por supuesta la fe en Jesucristo Resucitado, sino de proponerla para que el hombre y la mujer de hoy la hagan suya y la encarnen en su interioridad más profunda. Dicho de otra manera, la transmisión de la fe y, más específicamente, la catequesis se nos presenta hoy en un cambio paradigmático, que nos hace dejar de concebir la fe como una mera herencia, para pasar a asumirla como una propuesta. Hoy podemos hablar, con toda propiedad de “la catequesis de la propuesta”.

La encarnación de valores sustituye el ejemplo y el discurso doctrinario por la experiencia personal. Cualquier experiencia vivida en plenitud no nos deja indiferentes. Cala hondo en nuestras vidas y nos transforma. "A medida que las experiencias son profundas y auténticas, las personas quedan transformadas, cambiadas. Es difícil que haga verdadera experiencia quien no está dispuesto a cambiar, así como es difícil cambiar de vida, si no se viven experiencias significativas." 7

Esta propuesta supone un modelo de autoridad que deja espacio a la experiencia personal de los miembros de la comunidad. Justamente la palabra autoridad significa etimológicamente "autoría", que es la propiedad del "autor", del que produce, del que hace nacer y crecer.  Ésta es la verdadera autoridad, la que deja crecer en la línea de lo propio para tender a la perfección.

Éste es el modelo de autoridad que proponemos para la encarnación de valores en una comunidad que se inicia a la vida cristiana. No la autoridad que impone, desde afuera, un modelo para que lo repitan imperfecta y pobremente, en estereotipados y superficiales actos, sino una autoridad que favorece la experiencia personal. Una autoridad que se atreve a crecer y a dejar crecer… Una autoridad que admite la desregulación de la fe, actuando un nuevo modelo de transmisión, que va de "la simple reproducción de la religiosidad de padres y maestros a la pluralidad de identidades religiosas".

Dirigentes que se animan a proponer la vida como testimonio, explicitándolo en el anuncio, para que muchos otros lo reciban y lo recreen en la propia experiencia de fe personal e intransferible. Ésta es, tal vez, la nota más distintiva de este modelo de autoridad para la iniciación cristiana que proponemos para este tiempo de crisis en las transmisiones.

  • Reconoce, valora y utiliza el modelo intercultural en las transmisiones.
  • Sabe proponer en lugar de imponer.
  • Valora la experiencia como lugar de conversión y de aprendizaje.
  • Adhiere a modelos pastorales participativos y a estilos comunicacionales circulares.
  • Favorece la experiencia personal y evita el discurso doctrinario.

Una catequesis de la propuesta es también una catequesis kerigmática

“La problemática de la proposición de la fe es el punto central en la reflexión y en la práctica catequética. Concierne al cambio de paradigma de la catequesis. La cultura occidental ha salido definitivamente del régimen de cristiandad, donde la fe cristiana coincidía con la pertenencia social. Ser un buen ciudadano significaba ser un  buen cristiano y viceversa…” 8

 

“¿Cuál es la conversión que hoy debe hacer nuestra catequesis para suscitar la respuesta de la fe en los hombres y mujeres que habitan nuestro Continente?

 

El primer paso hacia esa conversión parece ser una cierta capacidad para cambiar de lugar, para desinstalarse… Atreverse a caminar por donde todavía no se ha caminado, o caminar de un modo diferente por caminos que parecían demasiado conocidos… Los conceptos catequéticos parecen estar hoy en una situación de “desborde semántico”9 , de transformación y adecuación a las nuevas realidades a las que hay que nombrar y definir.

Tradicionalmente hemos situado a la catequesis a continuación del primer anuncio. Según las funciones que el Directorio General para la Catequesis de 1997, enuncia para el ministerio de la Palabra:

  • la llamada a la fe,
  • la iniciación,
  • la educación permanente de la fe.

Desde esta concepción y según lo que expresa el citado documento, la Catequesis es distinta al primer anuncio y a ella le corresponde desarrollar la conversión inicial. En este cambio epocal, la realidad pastoral nos invita a revisar los conceptos que hemos formulado, por años, y las prácticas que se fundamentaron en dichos conceptos. La catequesis, en el contexto actual, tiene a menudo una tarea misionera10 . Se habla entonces de catequesis kerigmatica11 . El DGC afirma, en conclusión, que las fronteras entre ambas acciones no son fácilmente delimitables"12

 

Nuestras prácticas catequísticas se resuelven a través de procesos organizados en torno a la suposición de una fe inicial, que no siempre existe. Nos planteamos, entonces, la redefinición de caminos posibles para los que llegan a un  proceso catequístico sin fe o con una fe pequeña, olvidada, casi “adormecida”. La pluralidad y la diversidad de ofertas de todo tipo, como decíamos más arriba, ponen a la persona en situación de reconfirmar y de validar sus opciones cristianas. Por eso, tal vez, no sólo debamos hablar de un primer anuncio, siempre necesario e impostergable en el inicio de un proceso catequístico, sino de una catequesis siempre misionera y kerigmática, que sale a buscarnos en las distintas etapas de nuestra vida, en las diversas “edades de nuestra fe” y en nuestros distintos lugares de encuentro teológico con Dios.

 

Una “catequesis kerigmática o misionera” es una catequesis de la propuesta que busca, atrae y propone siempre. No se trata de un discurso doctrinario estampado desde afuera y por la fuerza de la repetición o de la tradición, sino de un camino de experiencias siempre nuevas, que marcan profundamente la vida de las personas.

 

Una catequesis que se resignifica, muchas veces en primer anuncio, para que éste se diferencie y, a la vez, se integre en  todo el proceso catequístico, otorgándole una fuerza renovadora y catecumenal. Siguiendo a Cesare Bissoli, afirmamos que en la catequesis misionera todo anuncio transparenta el primer anuncio. Él es como una luz siempre viva en el ministerio de la Palabra: en la conversión primera, en la catequesis y en la formación permanente.

Porque, más que un proceso lineal en el cual la catequesis se pone a continuación del primer anuncio, parece que el pluralismo, la diversidad de propuestas, el descrédito de lo religioso, en algunos casos, y una larga serie de cambios que se van produciendo en los modos de vivir, de sentir y de creer, solicitan de la catequesis ese “desborde semántico”, que nos hace concebirla como un proceso espiralado, siempre abierto y en desarrollo. El kerigma se va ampliando y profundizando, a lo largo de nuestra vida, reiterándose siempre, de un modo nuevo, vigoroso y atrayente, aun después de la conversión inicial.” 13

 

Resignificar los modos de transmisión: un cauce de conversión pastoral

Uno de los dramas del hombre de hoy es su falta de ligazón a la realidad. No tiene dónde apoyarse... Sólo el caos y el abismo parecen abrazarlo. En esta situación de absoluta soledad y falta de consistencia, necesita desesperadamente situarse, asirse, reencontrarse, trascender de él mismo para ir al encuentro de los otros y del Otro.

Sólo en las comunidades gestadas en torno al amor, la amistad y la fe es posible descubrir, elegir y encarnar los valores que motivan y dan sentido a la vida, destruyendo el caos y el abismo del sinsentido. La identidad y la misión de las diversas comunidades determinan los valores que en ellas circulan, posibilitando verdaderos itinerarios educativos a través de los cuales las personas hacen suyos esos valores, configurando sus personalidades hacia opciones que perfeccionan la naturaleza humana.

A esta altura de nuestra reflexión es oportuno preguntarnos cuáles son y dónde están aquellas comunidades cristianas en las cuales se viven hoy los valores y las opciones que subyacen a un auténtico proceso de iniciación cristiana. ¿Dónde es posible hoy encontrar comunidades cristianas fieles a su identidad, capaces de constituir el espacio adecuado para un verdadero proceso de iniciación cristiana que no esté condenado al fracaso o a la paradoja de cerrar, obstaculizar o finalizar la vida de fe de sus miembros? Para esto será preciso...

 

 

El surgimiento de nuevas formas de comunidad, pequeñas, de talla humana. Para hacer en la Iglesia la experiencia mistagógica de la presencia de Jesús en medio de todos y para hacer que ella sea una auténtica fraternidad, donde la igualdad y la común dignidad de todos los miembros (LG 32) supere la distinción de cargos y ministerios. De este modo, prevalecerá el acontecimiento y la convocatoria por medio de la fe y el aspecto institucional no sofocará ni dañará el despliegue auténtico de la comunión y de la misión.
Una espiritualidad de comunión, gestada y fecundada en la vida, la Palabra, la fiesta, la oración y la misión. Fruto del Espíritu y expresión de la unidad y del amor trinitarios.
Aceptar, valorar, educar, promover y evangelizar los nuevos modelos de familia, ayudándolas a sumir lo esencial e indelegable de su misión.

 

 

Por otro lado, sabemos que ninguna de las etapas de la evangelización, ni ninguna de las formas del ministerio de la Palabra, ni ninguna de las funciones que componen el entramado orgánico de las acciones pastorales, pueden concebirse como compartimentos estancos.

Una Iglesia en estado de misión, que no se cierra sobre sí misma en una pastoral centrípeta, sacramental y devocional, concibe la evangelización como un proyecto orgánico, global y unitario que se abre a todos para manifestar, construir y hacer presente el Reino de Dios entre todos los hombres. Por eso, siguiendo a Emilio Alberich, afirmamos su tesis fundamental acerca una catequesis evangelizadora y renovada en un renovado plan global de pastoral. Para esto, será preciso...

 

La comunión y la participación expresadas en la realización de proyectos de misión, en los que la catequesis tenga su lugar específico y pueda articularse orgánicamente con los otros modos del ministerio de la Palabra y con las otras acciones pastorales.
El diálogo y el discernimiento como caminos para realizar la pastoral orgánica, fruto y signo de la Iglesia – Comunión.
 

 

Una última y urgente condición: la conversión pastoral

Si de condiciones se trata, no podemos dejar de detenernos en un aspecto acerca del cual mucho se ha hablado en la Iglesia, pero que no siempre se ha asumido con verdadera seriedad y sistematización. La planificación pastoral se ha visto reducida, a veces, a indignos simulacros o a buenas intenciones nunca concretadas.

La Tercera Conferencia Episcopal Latinoamericana reunida en Puebla definió la Planificación Pastoral como la respuesta específica, consciente e intencional a las necesidades de la Evangelización.  En esta línea, afirmamos el valor de la Planificación Pastoral Participativa y reconocemos en ella, más que una acción técnica o política, un medio de creación y transformación de la cultura hacia proyectos históricos liberadores.

Una de las grandes tentaciones de la posmodernidad es pensar que nada puede ser planificado. Todo parece ser tan confuso y el futuro aparece tan inimaginable que, muchas veces, en nuestra acción pastoral quedamos entrampados en el presentismo, la inmovilidad, la improvisación o la rutina de volver a hacer lo que ya hicimos en otros tiempos.

"Por eso se siente la urgencia de un giro decidido hacia una nueva orientación pastoral, optando así por una verdadera conversión pastoral. 14 "  “La experiencia de conversión es el centro de la vida cristiana y de la teología como saber y como práctica pastoral. Es una experiencia teórica (intelectual), relacional (afectiva), práctica (moral) y espiritual (religiosa). Sólo así podrá producirse una transformación de la acción pastoral y una consecuente acción pastoral transformadora: cuando haya sido mediada por la transformación interior de los miembros de la comunidad que llevan adelante dicha acción”.15

La conversión pastoral es un proceso pascual, pleno de gracia, de fe, de esperanza y de caridad. Allí donde hay conversión, Dios está presente. Su Espíritu anima el camino de la comunidad que, con valentía, se hace capaz de torcer su rumbo para ir asumiendo las opciones que la acercan a la utopía... Como todo don de Dios, la conversión implica también una tarea del hombre y esa tarea no puede improvisarse. Se la planifica y se la realiza caminando hacia la utopía que, poco a poco, se va haciendo más posible.

Una lectura evangélica de la planificación pastoral profundiza el llamado a la conversión en estos tres sentidos:

 

“Asumiendo el conflicto latente en la realidad. Sin evasiones, ni disculpas, ni dilaciones, fieles al seguimiento de Jesús, quien al llegar a su situación límite, la enfrentó hasta la entrega.
Definiendo nuestras opciones de vida en función de un proyecto auténticamente liberador, para responder con fidelidad creadora. Se trata de colocar toda la vida en función de la tarea transformadora, con la clara conciencia de la responsabilidad histórica que tenemos frente a la realidad.
Transformando nuestra acción catequístico - pastoral, encontrando las respuestas que encarnen hoy el proyecto liberador de Jesús”. 16

 

Por eso, nosotros creemos que una planificación pastoral participativa, comprometidamente asumida, contribuye a una verdadera conversión pastoral, ayuda a gestar y a consolidar auténticas comunidades cristianas y verdaderos procesos globales de renovación pastoral en los que la iniciación cristiana encuentra su verdadero lugar.

En la radicalidad de estas opciones queda comprometida toda nuestra vida y la vida de los hombres y las mujeres con quienes compartimos la historia. Camino de liberación y de conversión que nos acerca a la utopía de una vida más humana y más cristiana que se inicia, crece y se hace plena en el servicio al Reino.

 

Para seguir investigando/reflexionando

Son diversos los cauces que se abren a la continuidad de esta reflexión. Mencionamos sólo algunos, que surgen del mismo proceso que hemos seguido para abordar la temática de este trabajo, y nos permitimos formularlos inicialmente a modo de interrogantes:

  1. ¿Cuál es un itinerario catequístico posible para los interlocutores a los cuales se refiere esta investigación?
  2. La opción por la identidad cristiana en el adulto. ¿Deseo o motivación? Hacia una clarificación.
  3. ¿Qué es la “conversión pastoral” y cómo puede actuarse hoy en la Iglesia? Condiciones, medios, procesos.
  4. ¿Cuáles son hoy en la Iglesia las estructuras/ámbitos capaces de construir sentido religioso? ¿Cuáles son las “estructuras caducas” a las que se refiere el Documento de Aparecida?
  5. Cultura comunicacional, culturas en comunicación, cultura digital… ¿Conceptos distintos y complementarios?
  6. ¿Cuál es el aporte que pueden hacer la Antropología Filosófica y la Filosofía de la Cultura a la comprensión de la cultura digital, a partir de tres ejes: el hombre, el tiempo, el espacio?
  7. ¿Cómo puede dialogar la Catequética con una Antropología Filosófica y con una Filosofía de la Cultura empeñadas en comprender la cultura digital?

1. Coordinador del área Técnica de la Red Informática para América Latina (RIIAL) y miembro del Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales y de  la Congregación para el Clero.

2. N. García Canclini, Culturas híbridas. Estrategias para salir de la modernidad, Sudamericana, Buenos Aires, 1992.

3. Cfr. CT Nº 5

4. Por ejemplo, los miembros de la Asociación Española de Catequetas  (SCALA) y los integrantes del Equipo Europeo de Catequetas.  En esta fundamentación hemos tomado algunos puntos de partida del Documento de Trabajo correspondiente a la Asamblea 2006 de la AECA.

5. Cfr. Dr. García Pintos Claudio, “De deambulante a peregrino. Sobre el hombre que busca sentido” en Salven al hombre. Latinoamérica unida en la búsqueda de sentido, Ed. San Pablo, Buenos Aires, 2006.

6. Respuesta que dio Viktor Frankl cuando se le pidió que sintetizara en una sola frase el interés primario de su vida.


7. Alberich, Emilio, “Catequesis evangelizadora. Ed. Abya – Yala, Quito, Ecuador, 3003.

8. De este modo se expresaba el tema del Congreso, durante su fase de preparación. Cfr. La presentación inaugural del Hno Enzo Biemmi.

9. Así se expresaba el Hno. Enzo Biemmi, Presidente del Equipo Europeo de Catequesis (EEC), en  su exposición durante la presentación del reciente Congreso organizado en Lisboa.

10. DGC 52

11. DGC 61

12.DGC 62

13. Quijano, José Luis, “Una mirada latinoameriana en un congreso europeo”, ISCA, Buenos Aires, 2008.


14. Alberich, Emilio, “Catequesis evangelizadora. Ed. Abya – Yala, Quito, Ecuador, 3003.

15. Cfr. Rodríguez Mancini, Santiago y otros. “Instrumentos para una planificación pastoral: preguntas de acceso, antología para una reflexión, planeación pastoral”. Ed. Stella. Buenos Aires. 2000. Pág. 19

16. Cfr. Vela, Jesús Andrés. Obra citada. Pág. 50. www.geocities.com/planpasar

 
 
 
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